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sábado, 9 de septiembre de 2017

Teresa Ahedo, pintura de búsqueda y de mujeres generosas




 Teresa Ahedo (Autorretrato)




 "Mujeres 2", pintura por Teresa Ahedo


L.M.A.


                        09/09/17 .- La pintora vizcaína residente en Bilbao Teresa Ahedo muestra su pintura de búsqueda y de mujeres generosas en el espacio Niketz de Castro Urdiales. Incansable y prolífica dibujante, expone todo un muro de sus dibujos al carboncillo –otros al grafito- en los que que la figura humana se aboceta en cuerpos y masas que bordean la abstracción.

            Mujeres generosas de grandes caderas y senos, constituyen su repertorio iconográfico habitual, junto a las flores, que parecen una prolongación conceptual  de su misma idea de la mujer, a la que admira y defiende, por todas las féminas que ha conocido en su familia, desde su madre y sus tías hasta sus tres hijas. (Su iconografía trae a la memoria la célebre novela china Grandes pechos, anchas caderas del escritor chino Mo Yan –pseudónimo de Guan Moye, que significa “no hables"-, premio Nobel 1912). Las “gordas” de Teresa Ahedo nada tienen que ver con las pintadas por Botero, ya que la estética del colombiano es claramente latinoamericana y la de Ahedo más dibujada y abocetada.

            Óleo, acrílico, además de carboncillo, grafito,  tintas, rotring, ceras, pastel, o técnica mixta, pueden apreciarse en sus diferentes obras.

            Para María Teresa Gutiérrez-Ahedo Txavarri de la Herrera (Carranza, Vizcaya, 1941) –pintora y poeta- la mujer es la generosidad y la abundancia, que se da en sus grandes desnudos femeninos, con sonrisas francas, abiertas y protectoras. Por eso se indigna cuando lee una noticias de menosprecio o malos tratos a las mujeres, no digamos ya cuando son víctimas. De hecho, en el espacio Narrainkua de Bilbao llevó a cabo en 2014, una interesante exposición titulada ¡Ni una más! para denunciar esta lacra que pesa sobre las mujeres en nuestra sociedad  y nuestro mundo. (Recordemos que llevamos un registro de una treintena de mujeres asesinadas por violencia machista –casi siempre por su pareja o ex pareja-, amén de más de treinta mil víctimas sin muerte de esa misma violencia).

            A Teresa Ahedo también le gusta pintar el paisaje, sobre todo el de su querida Karrantza natal, principalmente el valle de Biañez.

            El pintor Alfonso Sebastián destaca de modo especial, en esta muestra, su cuadro “La niña del muñeco”, en el que Teresa Ahedo representa una niña con un muñeco en la mano, como una figura oscilante, que visualmente se mueve o agita, en medio de pinceladas de blanco que la esconden o velan, produciendo un espacio intermedio en el cuadro, entre la figura, el fondo y la superficie. En este cuadro hay un interesante camino de investigación y búsqueda.

       Este mismo efecto parpadeante lo ha logrado en una de sus Crucifixiones.

Más información
http://www.teresaahedo.com/

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https://eu.wikipedia.org/wiki/Teresa_Ahedo


"La niña del muñeco", por Teresa Ahedo


"Calvario"



 Dibujos

"Tierra amada", por Teresa Ahedo


domingo, 11 de septiembre de 2016

Castro Urdiales, hermosa ciudad costera de Cantabria para vivir y acoger visitantes






Julia Sáez-Angulo


            Castro Urdiales es una hermosa ciudad costera de Cantabria que cuenta con más de treinta mil habitantes. Ciudad acogedora de turistas y visitantes ofrece un espléndido paseo marítimo desde el que se contempla, además del Cantábrico, la soberbia colegiata de Santa María de la Asunción y el castillo de Santa Ana.

              El palacete y los jardines de los Ocharán, el chalet de los San Martín, la Residencia de Pedro Velarde, el monumento a Ataulfo Argenta... son algunos de los lugares dignos de contemplación.



            Tercera ciudad cántabra en población, está a 18 km. de Bilbao –lo que la llena de vascos- y a 75km. de Santander. La presencia romana tuvo lugar en su suelo bajo el nombre de Flaviobriga. Una estatua lo recuerda junto a la colegiata, amén de las ruinas romanas que se muestran al público en la parte antigua.

            Para los amantes de la gastronomía, el Mesón Marinero ofrece buenas raciones de pescado y de marisco, además de buenos platos de setas y ensaladas de ventresca.


Chalet junto al paseo Marítimo

Castillo de Santa Ana

viernes, 13 de septiembre de 2013

Ataulfo Argenta. Una batuta centenaria en Castro Urdiales



L.M.A.

·   Organizada por Acción Cultural Española (AC/E) en colaboración con el ayuntamiento de Castro Urdiales y la familia Argenta, se podrá ver en el la Plaza Amestoy de su ciudad natal hasta el próximo 6 de octubre

Desde Castro Urdiales, donde nació en 1913, al podio de la dirección orquestal de su tiempo, Ataúlfo Argenta rompió moldes y abrió fronteras hasta su tiempo cerradas para la música española. Del piano dio el salto a la dirección, animado por su maestro Carl Schuricht. Sin duda, en él apreció esa cualidad con la que triunfó en su corta vida. Ambición para abordar repertorios comprometidos, una extraordinaria sensibilidad y un carisma muy próximo al encanto de las estrellas de cine le convertían en una gran figura de la época. Su apego popular y el triunfo a nivel internacional –su muerte temprana a los 44 años truncó que firmara un contrato en Estados Unidos como el director vivo mejor pagado del mundo- contribuyeron a que fuera difícil de olvidar. La huella de su trayectoria trasciende como un ejemplo artístico a la posteridad.
Jesús Ruiz Mantilla

Argenta. Una batuta centenaria, organizada por Acción Cultural Española (AC/E) con motivo del centenario de su nacimiento, en colaboración con el ayuntamiento de Castro Urdiales y la familia Argenta, nos muestra al director de orquesta en sus distintas etapas desarrollando una visión polifacética, desde el hombre cercano con su gente hasta la celebridad y el personaje mítico que llegó a ser. Tras su paso, en el mes de agosto, por la Plaza Porticada de Santander en el marco del Festival Internacional ahora se podrá ver en la Plaza Amestoy de la localidad cántabra del 13 de septiembre al 6 de octubre de 2013.
La exposición, comisariada por Jesús Ruiz Mantillase presenta de una manera gráfica a través de 12 paneles expositivos en forma de prisma que dibujan la huella de su trayectoria dividida en cinco secciones precedidas de un Preludio que sitúa a Argenta en el momento musical que le tocó vivir. Así cuando Europa renacía de sus propias ruinas tras la Segunda Guerra Mundial había llegado el momento de reinventar todo. Incluso la música. Y con ella a los músicos también. Como director de orquesta, este cántabro se preocupó por atraer nuevos públicos, por relacionarse de manera natural con su público y quiso construir un mundo mejor a través de su arte. Un director estrella, una figura con carisma, personalidad, raza, un visionario y un artista audaz que rompía moldes, fronteras y atravesaba el aislamiento de un país detenido en el tiempo, con una carrera internacional sólida. Nacido en Castro Urdiales el19 de noviembre de 1913, Argenta llegó al mundo para cambiar radicalmente un panorama tímido y acomplejado como era el de la música clásica en España. Su figura atrajo el entusiasmo del público y multiplicó el compromiso de quienes integraban las formaciones que dirigió, sobre todo el de la Orquesta Nacional de España, que con él vivió un antes y un después en su historia.
Tras el Preámbulo, el visitante se encuentra con el entorno personal del músico, con Su Gente: su familia y su raíces que son clave en la vida de Argenta. Castro Urdiales, su localidad natal, representaba un compromiso permanente. Hijo del jefe de estación de la villa marinera, la familia se trasladó pronto a Madrid para que Ataúlfo tuviera una más completa formación. A pesar de ello, el futuro músico regresaba una y otra vez a su tierra donde era más que habitual disfrutarle tocando el órgano en la iglesia, dirigiendo un coro o confraternizando en comidas con sus vecinos. Aficionado a la pesca y a la navegación, Argenta fue hombre de mar, una pasión que quiso trasladar a sus hijos. Del matrimonio con Juanita Pallarés, su fiel compañera de por vida, con quien se casó en plena guerra civil en Segovia, nacieron: Ana María, Margarita, Angelines, Fernando y María Cristina.
Uno de los escenarios favoritos de Ataúlfo Argenta era la imponente Iglesia de Santa María de la Asunción, del siglo XIII. Los veranos y las vacaciones las aprovechaba para organizar veladas musicales con sus paisanos y hacer crecer la afición en su tierra. El tiempo libre lo empleaba a fondo en sus aficiones. La pesca de bonitos era una de ellas, pero también la playa, en la que sabía disfrutar en compañía de toda la familia. Otra de sus pasiones fue la danza, un arte al que se dedicó su hija Ana María que fue apadrinada por Margot Fonteyn. Fernando siguió los pasos de su padre en la misión de divulgar la música con programas radiofónicos mítico, como Clásicos Populares, en Radio Nacional de España o televisivos, como El conciertazo, en La 2 de RTVE.
Santander también fue para Argenta un lugar fundamental. Un concierto dado por él en 1948 junto a la Orquesta Nacional de España en el claustro del seminario de Corbán sirvió para dar el primer impulso al Festival Internacional, que posteriormente se fijaría en la Plaza Porticada y hoy tiene su sede en el Palacio de Festivales.
Otras de sus aficiones, fueron los coches ¾se recorrió España entera y buena parte de Europa conduciendo¾, el fútbol, los toros o la fotografía, una maña que se le reconoció hasta en la prensa con la publicación de algunas imágenes realizadas por él.
Visto su entorno familiar el visitante pasa a conocer al Argenta Popular. El carisma del músico, la fuerza de su talento mezclado con su atracción natural y su ambición de pasar a la posteridad contribuyó a que entorno a su figura se fuera perfilando una cultura musical. Lo logró primero a escala nacional. Empezó como pianista pero pronto su maestro Carl Schuricht le convenció para dedicarse a la dirección de orquestas, una decisión que toma en 1944. Tras los primeros pasos al frente de la Orquesta de Cámara de Madrid, vinculada a Radio Nacional, debutó con la Orquesta Nacional en la temporada de 1945-1946 y en 1947 quedó como titular.
La fama y el prestigio que Argenta comienza a coger en Madrid se va trasladando al panorama nacional muy pronto. El joven director es el aliciente perfecto para que el público de la capital se entusiasme con una figura ascendente. Los nuevos festivales de verano y las actuaciones al aire libre le permiten crear nuevos públicos y afianzar el gusto de los entendidos y los que no lo son tanto. Granada y Santander son citas fijas en su calendario y lugares donde logra llenos indiscutibles. Su nombre comienza a atraer una muy original popularidad entre seguidores ya fieles. Si en sus apariciones en el teatro Monumental o en el Real de Madrid, los repertorios eran variados, eclécticos e incluso arriesgados para la época con la introducción de autores contemporáneos de su gusto como Béla Bártok, en los conciertos multitudinarios, Argenta mezclaba con un muy moderno sentido del eclecticismo la música española con la alemana, los colores sugerentes de los franceses con la zarzuela o la música italiana.
La popularidad y el prestigio nacional de Argenta fueron fácilmente exportables a algunos escenarios europeos donde eran más expertos en organizar conciertos multitudinarios. Inglaterra venía a ser todo un ejemplo. Si la tradición de los Proms de Londres llega hasta hoy, no menos importantes fueron las veladas en Haringay, donde Argenta debutó ante 10.000 aficionados de la mano de José Iturbi. Así comenzó su carrera internacional, que también tuvo un lugar de referencia en París, donde el director triunfó en varias ocasiones con conciertos que se grababan en vivo. Supo Argenta comprender el fenómeno de la extensión popular como muy pocos. Su extrovertida personalidad otorgaba viento a favor en su clara estrategia. El ansia por transmitir belleza al mayor número de personas posible en un país que a duras penas sorteaba el trauma de la guerra, también influyó para forjar una simpatía y un respeto mutuos muy auténticos.
Si Cantabria fue el cuartel general de verano a mitad de camino entre la Plaza Porticada y Castro Urdiales, Granada resultó otro de los escenarios preferidos de Argenta. Los dos festivales sobreviven a los años. La fuerza pionera del director seguramente influyó para que hayan resultado indestructibles. Tanto el patio de Carlos V en el recinto de la Alhambra como la Porticada en Santander, donde echa a andar esta exposición, guardan su energía.
La sección dedicada al Argenta Universal arranca en Inglaterra en 1948 y se sucede sin interrupción hasta 1958. Las actuaciones en toda Europa se multiplican y los más prestigiosos nombres del panorama en su tiempo bendicen su talento y su poderío. Desde los escenarios de París o el Festival de Lucena crece su nombre hasta ser felicitado por auténticas leyendas de la dirección como es el caso del alemán Wilhelm Furtwängler y el pianista Alfred Cortot, en las imágenes superiores, o su colega Herbert von Karajan, superpoderoso ya en esos tiempos, que llegó a liderar la Filarmónica de Berlín y el Festival de Salzburgo.
Pero si hay un nombre que marcó su vida fue Carl Schuricht, su maestro. Su relación con los intérpretes es rica continua y variada. Del pianista Wilhelm Kempff, en la fotografía izquierda, a Joaquín Achúcarro, la colaboración es constante. El piano fue su primera lanzadera en el mundo musical y como concertista de dicho instrumento alcanzó también varios éxitos.
El arte popular y la fiesta también eran del agrado de Argenta. Los flamencos y folclóricos le demostraban respeto y veneración, como es el caso de Antonio el bailarín o Pastora Imperio, que posan junto al director y más gente.
Para el canto, Argenta tenía un cuidado y una devoción especiales. Había acompañado en recitales desde sus inicios a Miguel Fleta o al propio Beniamino Gigli, pero una vez en el podio disfrutaba con divas de la talla de Elisabeth Schwarzkopf, así como actuó en varias ocasiones con Victoria de los Ángeles, Pilar Lorengar o Teresa Berganza.
La tarea de Argenta con los músicos de su tiempo fue ejemplar. Se empeñó en colocarlos en sus programas contra las reticencias de los sectores del público más conservadores. Stravinski, Béla Bártok, Alban Berg, Hindemith o españoles como el joven Halffter fueron algunas de sus apuestas. Si el público protestaba o se removía, como fue el caso una vez con un “Divertimento” de Bártok, lo volvía a repetir en los bises ante la alucinada reacción de algunos: “La segunda vez entra mejor”, decía. Y no le faltaba razón.
Una de las personalidades más importantes en la carrera de Argenta fue Ernest Ansermet. El creador de la Orquesta Suisse Romande acogió al cántabro en su país con los brazos abiertos y le cedió el podio varias veces. El afecto fue tal que cuando murió, desde la institución, se hicieron cargo de los estudios de su hijo Fernando.
Las colaboraciones con los españoles fueron constantes, con la ventaja de que el director abrió muchas puertas y también se le abrieron en el extranjero junto a compatriotas suyos como Teresa Berganza o Victoria de los Ángeles. Con la gran dama del ballet Margot Fonteyn también le unió una gran amistad.
Yehudi Menuhin fue otro de los colaboradores de lujo con los que contó Argenta en el festival de Granada del que fue responsable el músico castreño. El empuje y el encanto personal del director sedujeron a los grandes. Sus 10 años de carrera internacional fueron intensos y fructíferos. Junto a Herbert von Karajan, Leonard Bernstein o Sergiu Celibidache, estaba considerado dentro de su generación a suceder en el trono los tiempos en que reinaron Furtwängler o Arturo Toscanini, con quien fue comparado algunas veces por la crítica internacional. La carrera por el mundo del músico fue imparable y muy meditada en cada paso, aunque resultara, a menudo, agotadora. Argenta estaba obsesionado por cimentarse en Europa antes de dar el salto hacia Estados Unidos o Australia, de donde le llegaban constantemente ofertas. Pero sólo tuvo tiempo de conquistar el continente donde habitaba y en el que se convirtió en imprescindible en países como el Reino Unido, Suiza, Alemania, Francia o Italia.
Entre sus escalas universales, Argenta recalaba sin excusas en Castro Urdiales. Pero solía hacerlo acompañado de grandes figuras del momento como es el caso del gran guitarrista español Narciso Yepes. Allí les agasajaba habitualmente con una visita a casa Encarna, la taberna donde Argenta degustaba junto a sus amigos guisos marineros y pescado fresco antes de jugar una partida de mus, en la que planeaba alguna que otra salida a pescar jibiones. Su paso ya habitual por los mejores auditorios, festivales y teatros de Europa no le impedían disfrutar también en su tierra de las romerías o los conciertos de la banda municipal. La villa quedaba cerca de otros escenarios que a él le gustaba frecuentar como eran Bilbao y San Sebastián, en cuya Quincena Musical también participó. Argenta fue el mejor embajador de su tierra allá por donde iba. Y un promotor incansable que conseguía las visitas y la participación, en los lugares donde se sentía comprometido, de las mejores figuras del momento, encantadas de colaborar con él.
El Carisma de Argenta se ve reflejado en la cuarta sección de esta muestra. Las manos armoniosas y expresivas, los brazos largos y en constante movimiento, la figura alta, espigada y elegante componían la imagen del director de orquesta ideal.
El carisma en un director no está reñido con la autoridad que ejerce. Al contrario, se complementan. Y Argenta lo administraba de puertas para adentro y de puertas para afuera. Es decir, entre los músicos y ante el público. Con los primeros se empleaba a fondo en la búsqueda de la perfección, la lucha constante contra el estancamiento y el compromiso. Al público en cambio les proponía pactos no escritos: él les ofrecía la gran música, incluidos ciclos completos de sinfonías como las de Brahms o Beethoven y a cambio debían dejarle presentar reportorios contemporáneos y arriesgados.
Si la crítica española lo había catapultado en un ambiente pequeño, la internacional supo entender la verdadera dimensión de su talento a lo grande. Lo captaron rápido y quedaron rendidos ante sus habilidades naturales. Queda para el registro la que le dedicó Alois Mosser en La Suisse, de Ginebra en 1954: “Facilidad increíble, ardor tempestuoso, autoridad y dignidad soberanas, poder de comunicación inmediato e irresistible”. No son los únicos elogios, pero resumen perfectamente el impacto tanto físico como sensorial que Argenta dejaba en la memoria y que ha marcado también a figuras de generaciones posteriores que lo vieron en acción como fue el caso de Zubin Mehta.
Las manos y los brazos también fascinaron al crítico Mosser: “Los brazos, cuyas indicaciones poseen una claridad deslumbradora, lanzando entradas infalibles y la mano izquierda, cuyo juego sutil e infinitamente diverso, al modelar discretamente la fraseología y la sonoridad, hemos seguido con un interés apasionado”.
Otro de los secretos para construir ese carisma que le resultó infalible fue la expresión en la cara. Como la de un actor trágico, decían algunos, lo cual unido a su porte más propio de estrella hollywoodense que a un sobrio maestro musical, le convertían en blanco de auténticas persecuciones. El carisma de doble sentido conseguía lo que quería de los músicos y atraía la total atención del público.
Para finalizar el recorrido, el visitante se acerca Hacia el Mito de Argenta. La muerte por accidente del maestro una fría mañana del 21 de enero de 1958 fue un impacto absoluto. Había encendido la calefacción de su coche en el garaje y al esperar se intoxicó. Sus débiles pulmones, afectados por una reciente tuberculosis, no aguantaron el despiste. Aquella mañana debía dirigir un ensayo ante la Orquesta Nacional con la ‘Sinfonía Renana’, de Schumann.
A partir de entonces surge el mito. Nunca un director español había triunfado de manera tan contundente fuera de sus fronteras. En 10 años, Argenta había dirigido a 40 orquestas distintas, ofrecido 720 conciertos en Europa y acababa de triunfar con El Mesías de Haendel en el Monumental de Madrid. Pero sus hitos no se reducen al brillo de sus actuaciones, sino a una nueva forma de afrontar un oficio que después de él cambió para siempre, curiosamente con buena parte de las pautas que él había explorado. La celebración constante de la música en grandes aforos, la ambición a la hora de abordar repertorios, el impulso de los festivales tan aglutinadores de nuevos públicos, el riesgo y el entusiasmo con el que abordó las giras y las grabaciones, su magnetismo, el compromiso de compartir la música y la cultura con amplios espectros de la sociedad, el empeño en sacar a la calle lo que tradicionalmente se encerraba en guetos elitistas, convirtieron a Argenta en el referente que ha pasado a la posteridad.
Los 100 años de su nacimiento son la mejor ocasión para que AC/E recuerde sus logros, sus hazañas y la impronta que impuso a nivel internacional. El mito se agranda a medida que los tiempos que le suceden se empeñan en darle la razón como al auténtico pionero que fue. Argenta es hoy gigante pero a la vez cercano en todas las esferas. Como el comprometido hombre de su tierra que sabe trascender a lo universal y romper barreras, el maestro se encaminó hacia el lugar de la historia que le pertenece y nos contempla allí día a día como la figura legendaria que es.

Colaboran:
Ayuntamiento de Castro Urdiales
Comisario:
Jesús Ruiz Mantilla
Sedes y fechas:
Parque Amestoy – Castro Urdiales
Del 13 de septiembre al 6 de octubre de 2013

Esta exposición ha sido posible gracias al apoyo de la Familia Argenta.




miércoles, 11 de septiembre de 2013

"Argenta. Una batuta centenaria", exposición en Castro Urdiales




INAUGURACIÓN Y VISITA GUIADA


El viernes día 13 de septiembre a las 11:00 horas, se inaugurará en la Plaza Amestoy la exposición Argenta. Una batuta centenaria organizada por Acción Cultural Española (AC/E) en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Castro Urdiales.

Estarán presentes:
·        D. Iván González Barquín, Alcalde
·        Dña. Ana Belén Urrestarazu Rodríguez, Concejala de Cultura y Educación
·        D. Pablo Álvarez de Eulate, Área de programación de AC/E
·        D. Jesús Ruiz Mantilla, comisario de la exposición

Argenta. Una batuta centenaria, organizada por Acción Cultural Española (AC/E) con motivo del centenario de su nacimiento, en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Castro Urdiales y la familia Argenta, nos muestra al director de orquesta en sus distintas etapas desarrollando una visión polifacética, desde el hombre cercano con su gente hasta la celebridad y el personaje mítico que llegó a ser. Tras su paso, en el mes de agosto, por la Plaza Porticada de Santander en el marco del Festival Internacional ahora se podrá ver en la Plaza Amestoy de la localidad cántabra del 13 de septiembre al 6 de octubre de 2013.


domingo, 16 de septiembre de 2012




Castro Urdiales, una hermosa ciudad para conocer y vivir



Julia Sáez-Angulo

         Castro Urdiales es de las ciudades que hubieran hecho las delicias del arquitecto Le Corbusier: tiene escala humana y, con poco más de veinte mil habitantes – que aumentan en verano- vivir en ella es un don de privilegiados.

         Situada en la cornisa cantábrica, perteneciente a la pacífica comunidad autónoma de Cantabria y a treinta y cinco km. De Bilbao, Castro Urdiales reúne la importancia de la historia y la belleza de un lugar, que ya fue descubierto y disfrutado por celtas y romanos, como atestiguan los vestigios arqueológicos que han aparecido y seguirán apareciendo. Flavióbriga da fe de su construcción en tiempos del emperador Flavio.
        
Castro Urdiales es la tercera ciudad más poblada de la comunidad, a continuación de Santander y Torrelavega. Varias pedanías pertenecen a su municipio. La ciudad tiene el honor de haber sido visitado por el rey de España Alfonso VIII, antes de que lo hiciera a Santander o Bilbao.

         La presencia humana se remonta a la prehistoria como lo demuestran las numerosas cuevas rupestres cercanas y que bien merecen la visita de alguna de ellas: Cueva de Urdiales, cueva de La Lastrilla, cueva de la peña del Cuco, cueva del Macizo de Juan Gómez o Cueva de la Dársena.


Iglesia gótica de Santa Maria y ermita de Santa Ana

         En la puebla, acrópolis  o ciudadela antigua destacan la iglesia gotica de Santa María de la Asunción, que se comenzó a construir en el siglo XIII y se terminó dos siglos más tarde. Junto a esta iglesia de planta basilical, el castillo y la ermita de Santa Ana, unidos con un hermoso arco a la iglesia. Un faro activo emerge de la punta que da orientación a los barcos que llegan al puerto deportivo. San Pelayo y san Andrés son patronos de Castro y sus fiestas se celebran, así como la de la Virgen Bien Aparecida, patrona de Cantabria.
        
         En Castro Urdiales nació el célebre pianista y director de orquesta Ataulfo Argenta (1913 - 1958), que cuenta con una estatua de cuerpo entero en el centro de la ciudad, así como el arquitecto Eladio Laredo (1864 - 1941) o el joven poeta Lorenzo Oliván (1968), que ganó el premio Loewe de poesía en 2001.

         Varias playas enriquecen el lugar de baños de la población y visitantes, la del paseo marítimo y la de Ostende son las más frecuentadas. El paseo marítimo es la arteria más concurrida de la ciudad y va desde la vieja ciudad hasta el monte de Cotolino. Todo el mundo se ve, se encuentra y saluda en este espacio, que viene a ser el ágora de Castro.

Bastantes de las viejas villas que bordeaban el paseo marítimo han desaparecido a favor de casas de pisos, pero aún conserva algunos chalets/palacetes como el de los San Martín, Casa Sotileza, Casa Los Chelines… y en la paralela calle de Marcelino Menéndez y Pelayo, el hermoso palacio/observatorio de los Ocharán (1914), del arquitecto Eladio Laredo.

En suma, Castro Urdiales es una ciudad que nadie debe perderse de conocer. “He vivido y trabajado en varios sitios”, pero ninguno tan completo y feliz como Castro”, dice Asunción Hernaiz, maestra nacional. La pintora vasca Teresa Ahedo lleva veraneando varios lustros en un chalet junto al paseo y reconoce que “Castro Urdiales es una ciudad cómoda y privilegiada, por eso la eligen numerosos vascos para veranear o residir en ella”.