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jueves, 25 de junio de 2020

EL MUSEO UNIVERSIDAD DE NAVARRA INAUGURA ‘EL RESTO’, UNA EXPOSICIÓN COLECTIVA QUE INVITA A EXPLORAR EL ROL DEL ARTISTA Y SUS PROCESOS CREATIVOS


La muestra, que puede visitarse hasta el 13 de septiembre, reúne obras de Irma Álvarez-Laviada, Miren Doiz, Esther Gatón, Guillermo Mora y Wilfredo Prieto
El proyecto ha sido seleccionado de la promoción 2019 del Master in Curatorial Studies del Museo, que se concede a la mejor propuesta de Trabajo de Fin de Máster

L.M.A. 
Pamplona, 25 de junio de 2020- Una invitación a explorar la gestación de la obra de arte, el proceso creativo de los artistas y a reflexionar sobre su papel. Esta es la propuesta de la  exposición colectiva El Resto, que inaugura este 25 de junio el Museo Universidad de Navarra. La muestra reúne obras de Irma Álvarez-Laviada, Miren Doiz, Esther Gatón, Guillermo Mora y Wilfredo Prieto. El resto acerca restos de taller, experimentos fallidos, efectos colaterales..., más que objetos finales pensados para ser consumidos como productos. 
Se trata del proyecto seleccionado de la promoción 2019 del Master in Curatorial Studies del Museo, que se concede a la mejor propuesta de Trabajo de Fin de Máster, y sus comisarios son Marina Alonso, Pau Cassany, Sofía Enríquez y Dailey Fernández.
“Empezamos a trabajar hace más de un año. Como equipo, queríamos generar una exposición que nos abriese interrogantes y preguntas sobre el comisariado y los procesos artísticos. Por eso, siempre mantuvimos un diálogo abierto con los artistas para no imponer una selección cerrada sino llegar a un acuerdo conjunto. Nos interesaba mucho trabajar sobre el proceso y esto llevó al concepto de ‘resto’”, ha explicado Marina Alonso, del equipo de comisarios, acompañada por Cassany y Fernández. La comisaria Sofía Enríquez se encuentra en Chile, donde reside. En la presentación también han participado los artistas Irma Álvarez-Laviada, Miren Doiz y Guillermo Mora. Esther Gatón y Wilfredo Prieto no han podido asistir porque actualmente se encuentran en Londres y La Habana.
CINCO PERSPECTIVAS
“Presento tres piezas de momentos muy diferentes de mi trabajo. Vengo de la pintura y hay un punto de inflexión en el que empiezo a fijarme en los materiales que rodean la práctica artística, como la pieza del material de embalaje. Me interesaba hablar de estos materiales que en sí mismos contienen un cierto índice de negación, que hablan de la ausencia”, ha destacado Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) sobre su trabajo. En la muestra pueden contemplarse sus obras Sin título (Lo necesario y lo posible VI) (2019) y Lo necesario y lo posible II (2015).
Por su parte, Doiz (Pamplona, 1980) ha presentado su trabajo La forma dada (2019-20) y uno de estos murales está terminado después de la cuarentena. “En mi caso, ‘el resto’ tiene mucho que ver con el fragmento, con los restos que vamos dejando de otras obras y procesos anteriores. Cuando realicé mi última exposición individual en la galería Moisés Pérez de Albéniz, utilicé la imagen de una pintura yéndose por el lavabo para la fachada. Cuando acabó, recuperé ese papel y lo recubrí sobre retales sobre DM y maderas de otras obras, con formas que he cortado. Y luego compuse estos murales”.
Para Mora (Madrid, 1980), la idea de ‘resto’ se relaciona con “lo escondido, lo oculto, lo que queda detrás”. Así, desde esta clave el artista ha presentado cuatro obras “basadas en la idea de superposición, ocultación y desvelo. Cada pieza tiene su título, con dos fechas, como 2015 en 2019. Por un lado, es el año de realización y, por otro, el de dibujos que esconden bajo sus capas. Funciona como una cápsula del tiempo que funciona como un contenedor, no solo simbólico, sino también físico. Planteo el debate de si la pintura es más importante por la superficie o por lo que esconde tras sus capas”.
            Gatón (Valladolid, 1988) ha participado con el proyecto Sobre el pasillo de la casa que alquilo, dibujo el interior de una ballena, en referencia al episodio bíblico de Jonás 1:17; 2:10 (2012-2013), su Trabajo de Fin de Máster. “Durante un año, que vivió en un piso de alquiler, estuvo pintando el interior de una ballena en el pasillo. La muestra recupera ese proyecto y rescata todos los restos que se generaron en torno a él. Además del dibujo, creó un blog en el que recogía fotos y ese pasillo era visitado por amigos suyos que hacían fotos, escribía textos… Ahora lo llevamos a sala aunque nunca había sido concebido para ello”, ha detallado Pau Cassany.
En caso de Prieto (Zaza del Medio, Sancti Spíritus, Cuba, 1978), el punto de partida es una idea constante en su trabajo, el cuestionamiento del lenguaje. En concreto, de dos expresiones cotidianas, ‘pasarse la patata caliente’ y ‘cara o cruz’.  “Son dos piezas que buscan jugar con el lenguaje pero que quedaron frustradas en su trayectoria. En el caso de Cara o cruz (2011) era parte de una exposición que se planteaba en la Casa Encendida en Madrid, pero que por problemas físicos no pudo realizar la idea inicial, que la moneda quedara levitando”, explica Dailey Fernández. En el caso de Papa caliente (2011), no era científicamente posible. “Estos proyectos han quedado bocetos, ideas, investigación y reuniones con expertos, y todavía no lo descarta porque a lo mejor algún día se pueden hacer”, apunta la comisaria.
Tanto artistas como comisarios han destacado lo enriquecedor que ha resultado el diálogo entre ellos, que ha permitido explorar nuevas líneas y discursos.


martes, 3 de octubre de 2017

GUILLERMO MORA GANA LA CUARTA EDICIÓN DEL PREMIO LA PALABRA PINTADA AL MEJOR LIBRO DE ARTISTA



·         La Fundación Ankaria, organizadora del certamen, ha recibo este año 345 proyectos procedentes de todos los rincones del mundo

·         Dos segundos premios han distinguido las obras de Rossell Meseguer y de Beatriz Díaz Ceballos

·         En la categoría de artista joven, instituido por primera vez, ha resultado ganadora Beatriz Gregores  

Guillermo Mora

L.M.A.

Madrid, 3 de octubre.- La cuarta edición del premio La Palabra Pintada al mejor libro de artista, que concede la Fundación Ankaria, ha recaído en Guillermo Mora (Alcalá de Henares, 1980) por su obra La Maison, una pieza fruto de la combinación de dos libros entrelazados (La Maison Tellier, de Guy de Maupassant, y L’espagnol, de Bernard Clavel) y cubiertos por pintura que forman un solo objeto.

El jurado del premio ha otorgado además dos segundos galardones, que han recaído en Rosell Meseguer (Orihuela, 1976), por su obra Carbón dulce, y en Beatriz Díaz Ceballos (Oviedo, 1971), por el proyecto Custodia.  Del mismo modo, y por primera vez en la vida de este premio, se ha querido premiar el trabajo de un joven creador para fomentar la producción de libros de artista. La ganadora en esta categoría ha sido Beatriz Gregores (Vigo, 1995).

El premio La Palabra Pintada se ha convertido en sus cuatro años de vida en el más importante que se convoca en España dentro de esta especialidad y está abierto a la participación de artistas plásticos procedentes de todo el mundo. A la presente edición han concurrido un total de 345 proyectos pertenecientes a otros tantos artistas de diversas nacionalidades. 

El jurado del Premio La Palabra Pintada está formado por el presidente de la Fundación Ankaria, Ricardo Marí Fluxá, y por los patronos de la institución, Saleta y Javier Rosón, Jaime Mairata y José María Luna.

La dotación económica del Premio La Palabra Pintada está destinada a la adquisición de obra de los artistas galardonados. Asimismo, el proyecto ganador pasará a formar parte de la exposición “La Palabra Pintada”, que continúa su itinerancia por España. En ella, se pueden encontrar los trabajos de los artistas que se han alzado con el premio hasta el momento: Javier Pividal (2014), Shirin Salehi (2015) y Daniel Verbis (2016), junto a las piezas de figuras consagradas que constituyen el cuerpo central de la muestra.


Reflexión sobre el tiempo y el espacio
Guillermo Mora, que ha sido incluido recientemente en el libro 100 Painters of Tomorrow, de Thames & Hudson, plantea en La Maison una reflexión sobre el tiempo y el espacio. Según explica el propio autor, la pintura juega en la obra un papel fundamental. “Funciona no como imagen, sino como materia que cubre y encierra. Las masas de color bañan parcial o totalmente las portadas, contraportadas y lomos de los libros, ocultando literalmente su contenido. La información se desvanece capa tras capa. La pintura sella unas páginas que jamás volverán a ser abiertas, pero a su vez generan una nueva historia”, declara.
Guillermo de Mora atesora una vasta obra que ha sido ya reconocida y premiada en numerosos certámenes, tanto nacionales como extranjeros. Entre las distinciones más recientes que ha cosechado figuran el premio del décimo certamen de pintura del Parlamento de La Rioja (2017), su participación en programa de movilidad para la internacionalización de la cultura española (2016), la beca de artes plásticas del Colegio de España en París (2015), el premio Audemars Piguet de ARCO (2014) o el premio Generación 2013, de Caja Madrid.

Lo invisible

Rosell Meseguer, premiada con uno de los segundos premios, desarrolla su actividad profesional desde 2005 entre Europa y América Latina a través de colaboraciones con instituciones museísticas, galerías de arte y workshops en diferentes universidades. Finalista de los premios de fotografía de Enaire y Pilar Citoler, entre las distinciones más recientes, su trabajo se desarrolla en distintos medios – fotografía, instalación, archivo, publicaciones, dibujos, pintura y vídeo- siempre vinculado a la investigación de los procesos históricos y las consecuencias sociopolíticas y económicas. Actualmente está desarrollando el proyecto Lo Invisibe, que formaparte de la programación futura del Museo de Arte Contemporáneo en San Juan de Puerto Rico.
La otra galardonada del segundo premio, Beatriz Díaz Ceballos, desarrolla una obra muy cercana a la poesía visual, para lo que se vale de diversas técnicas, como la fotografía, la pintura, el collage o la escultura. “La fuerza de la manifestación verbal, la belleza de la palabra, la búsqueda y el esfuerzo por contar sensaciones, han formado siempre  parte de mis obras . Las esculturas-libro nos adentran en aquello que ha sido vivido y contado. Se trata de la memoria de lo leído y lo vivido”, declara la artista, que ha participado en más de medio centenar de exposiciones, entre individuales y colectivas.
Espacios intimistas
La obra de Beatriz Gregores, galardona en la categoría de artista joven, constituye una introspección en mundo del arte y su reflejo voluntario o involuntario en la sensibilidad de las personas que la contemplan. Para ello se apoya en la metáfora y la poesía como medios para afrontar lo real y en la creación de espacios intimistas en los que se produce un choque de contraposiciones.

Acerca de la Fundación Ankaria
La Fundación Ankaria surge en 2009 como iniciativa del empresario y coleccionista de arte Javier Rosón, con el propósito de convertirse en una plataforma de pensamiento y actividades dentro de los campos relevantes en el momento actual: por un lado, la reflexión en torno a la política y su influencia determinante en el conjunto de áreas que conforman la sociedad, y por otro, la promoción de la cultura en general, y en particular del arte contemporáneo, como manifestación y medida del grado de sensibilidad, civilización y desarrollo de las sociedades.