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domingo, 29 de enero de 2017

Mercedes Ballesteros, retratista en pintura y escultura


Retrato Felipe VI en Ayuntamiento de Noblejas. Toledo


Julia Sáez-Angulo

            "9.01.2017.- Madrid .- La pintora y escultora Mercedes Ballesteros está destacando como notable retratista. Ha llevado a cabo cuatro retratos de S.M. el rey Felipe VI, que figuran en cuatro museos, el más reciente el Museo Casa Spínola en Azuaga (Badajoz). La retratista prepara otro retrato del rey de España para la Asociación  de Pintores y Artistas Españoles. AEAE.

            “El retrato es siempre un reto en la pintura; el rostro y la figura del retratado han de tener vida, reflejar la personalidad del que posa, que siempre serán más auténtico que el retrato hecho de fotografía. Además exige el parecido con el modelo”, declara Mercedes Ballesteros Rodríguez (Noblejas. Toledo, 1946), residente en Madrid.


Retrato de Isabel Florica

            “El retrato no es solo una mirada, son muchas, que el pintor capta cuando mira al personaje que posa en su estudio. El retrato es expresión del modelo y anhelo del pintor. Yo me asombro cuando miro retratos en los museos y percibo la psicología del personaje por el retrato que tengo enfrente”, dice Ballesteros, quien se lamenta cuando algunas veces tiene que trabajar con fotografía en vez de modelo, porque el personaje solo puede posar poco tiempo.


Retrato, por M. Ballesteros
            “Un retrato es auténtico cuando transmite presencia, eso indica que esta bien hecho. El retrato tiene su clave y su misterio a la hora de aplicar las pinceladas; una se asombra todavía, cuando con un toque de pincel se encuentra de pronto la expresión buscada y deseada. El retrato e bonito y complicado al mismo tiempo”, añade la pintora..

            “Da igual que sea en escultura o con pigmento, el retrato tiene su exigencia más allá de las técnicas que tienen igualmente la suyas”, explica la retratista, que lleva a cabo sus obras en óleo, acuarela, barro y su paso al bronce.

            Entre los retratos realizados, además de los de sociedad, se encuentra en su haber el de poeta Luis Hernández del Pozo, que se encuentra en la Asociación Española de Pintores y Escultores, AEPE  o el crítico de arte Juan de Ocaña. Actualmente prepara un busto del pintor Antonio López.


            Al retrato se le ha llamado el “género nutricio” de los artistas y ha tenido épocas en las que no ha gozado de buena reputación, sobre todo en aquellos pintores que, como en la fábula de La zorra y las uvas, no tenían buen mano para el retrato, es decir para lograr el parecido con el modelo y tenían que acudir, como contaba Cervantes en El Quijote de un mal pintor, que tenia que escribir debajo de cada cuadro el motivo representado, por ejemplo ”Esto es gallo”.

            La escuela de pintura española, como bien se aprecia en el Museo del Prado, no puede entenderse sin el retrato. El gran cuadro de Velázquez, “Las Meninas”, obra cumbre de la pintura española, es un gran retrato de varios personajes. Los nombres más relevantes como Velázquez, Goya o Picasso  son grandes retratistas.



Mercedes Ballesteros en su estudio

Datos biográficos

Mercedes Ballesteros Rodríguez (Noblejas, Toledo, 1950), residente en Madrid, estudió en la madrileña Escuela de  Artes y Oficios de Madrid, donde obtuvo matrícula de honor en Dibujo. Pintora y escultora, reside en Madrid, donde tiene su estudio. Su pueblo natal ha creado un premio de pintura que lleva su nombre.

A lo largo de su carrera artística M. Ballesteros ha sido seleccionada en numerosos certámenes como el Salón de Otoño de Madrid o el de la Ciudad de Nueva York y ha obtenido distinciones como el primer premio Certamen Nacional Villa de Sotillo (Ávila); el del Hotel Wellington; segundo premio Nacional de Pintura Galería Pradilla; el de Animalística de San Antón; el de la Cámara de Comercio de Arévalo y otros.

Su especialidad en el retrato ha merecido que posen para ella distintos escritores, artistas, empresarios, juristas y médicos.

Su obra se inscribe en la figuración realista llena de perfección y matices para los textiles y paisajes fundamentalmente. Sus cuadros de mantones de Manila, dibujados y pintados, han merecido una exposición monográfica junto a los ejemplares en tela y bordado, para estableces la relación visual entre la pintura y el modelo real.

La pintora cuenta con una amplia bibliografía sobre su obra y su nombre figura en el Diccionario Enciclopédico de Pintores y Escultores españoles del Siglo XX y en el de Grandes Artistas de Hoy de Ediciones Ecuador. Es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Pintores y Escultores y ha participado como jurado en numerosos concursos de arte.

Sus obras se encuentran repartidas en instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo Casa Spínola de Azuaga (Badajoz); Museo del Dibujo Castillo de la Larrés en Sabiñánigo (Huesca); el Museo López Berrón en Gotarrendura (Ávila); el Museo de Arte Contemporáneo Mayte Spínola de Marmolejo (Jaén); la Fundación Wellington; el Ayuntamiento de Madrid o  el Ayuntamiento de Sotillo (Ávila), además de numerosas colecciones privadas españolas y extranjeras.

El pueblo de Noblejas ha organizado un premio anual de pintura al aire libre con el nombre de Mercedes Ballesteros.


Retrato de Dolores de Lara


lunes, 4 de noviembre de 2013

"Velázquez, Inocencido X y el Obispado de Canarias", descubrimiento documental del profesor Díaz Padrón



Retrato de Inocencio X por Velázquez

 L.M.A.

04.11.13.- Madrid .- El profesor Matías Díaz Padrón (El Hierro, Canarias, 1934) ha pronunciado una conferencia en Canarias, su tierra natal, después de su investigación sobre la carta que sostiene el papa Inocencio X en sus manos:

“No sabemos por qué Velázquez pintó el retrato de Inocencio X, ni por qué el pontífice posó ante Velázquez. Es una pregunta que se hizo Carl Justi en el siglo pasado y José López Rey recientemente. Es desde entonces un enigma sin respuesta. Una interrogante que no se ha dejado de hacer. Y la respuesta para nosotros desde Canarias una sorpresa a un agradecimiento del pintor al papa con lazos decisivos como sorprendentes del Obispado de Las Palmas de Gran Canaria. 

Hace unos años, con ocasión a la exposición del retrato en el museo del Prado (1996), Trinidad de Antonio, conservadora jefe de pintura española, se hizo la misma pregunta en un documentado estudio del cuadro, con precisión sobre las circunstancias que facilitaron que este retrato se llevara a efecto.

Su respuesta es otra más del rosario de hipótesis que ahora resumo escalonadamente, esperando despejar un  misterio que, de hecho, no lo es desde hace escaso tiempo, quizás por su publicación en compendios ajenos al arte. Si esto es interesante, no lo es menos la vinculación de la respuesta con la vida de nuestros protagonistas y con el Obispado de las Islas Canarias, entonces de las colonias más lejanas del Imperio Español.

Un retrato que nos observa

El retrato del pontífice nos observa. Esto obliga a un “in passe” para decir algo sobre él. Estamos en los años de 1649-1651 y cuando Velázquez reside en Roma. Su fama fue reconocida en la Ciudad Eterna, y para Antonio Palomino, es el mejor retrato de los pintados en aquel viaje. La incisiva mirada de este rostro rudo, frío y distante es inolvidable. Es biografía desnuda del personaje. Mira de frente. Difícilmente puede soportarse la fuerza de sus ojos grises. Desconcierta y pasamos de ser críticos activos a víctimas de una implacable observación. Es difícil resistir a la fascinación de esta mirada. Estamos ante un papa que “quiere retener a quien está ante él”. Velázquez transmitió la realidad física y moral de Inocencio X: su poder temporal más allá de su misión en la tierra. Esto define el contenido del retrato al tiempo que la ejecución plasma los esfuerzos del pintor a través de la lenta conquista del color conjunto y la técnica discontinua. Transmite la visión espectral de un rostro ungido de la luz tenue del interior.

Los perfiles se funden en ósmosis. Un rostro sin sombras entre los rojos y blancos irisados armonizando las carnaciones. La uniformidad tonal se impone. Los ojos insisten intimidando.

Hoy comprendemos los juicios de Hipólito Taine al decir: “este retrato es imposible de olvidar”. A todos los que lo miran deja una impresión estremecedora. Su realismo extremo alcanza a lograr fingir el sudor del rostro que delata la fecha estival de su ejecución.

Del motivo del retrato las fuentes más antiguas aventuran dos hipótesis. Lázaro Díaz del Valle, amigo del pintor, dice que para traerlo al rey; Antonio Palomino algunas décadas después dice: “cuando se terminó” sin más. En fechas recientes, José Camón Aznar piensa que se lo encargó a Velázquez directamente el papa, y Jonathan Brown, que Velázquez se ofreció para conseguir ayuda en su misión. Trinidad de Antonio ve la ambición de Velázquez por ampliar su “curriculum”. Se piensa en la intervención de personalidades amigos de Velázquez y allegados a Inocencio X como Monseñor Camillo Massimi y el Cardenal Camillo Astalli. Martínez de la Peña propuso además la intervención de Monseñor Giovanni, amigo del conde Oñate, que facilitó a Velázquez la entrada en los jardines del Vaticano.

Estas hipótesis están potenciadas por la suposición que ve en el pintor del rey un ambicioso cortesano. Velázquez no era muy conocido en Roma, y el papa no es gran conocedor de pintura, sí de los libros.

Yo pienso que la iniciativa del retrato fue del pintor. Pero lejos del ánimo mezquino que apuntan algunos estudiosos, condicionados por las tesis de Ortega y J. Brown, que ven un pintor al que no le gusta pintar y un cortesano acomodaticio. Trinidad de Antonio añade: “fue para conseguir honores deseados por él y conseguir el favor papal”. Parece no importa la pintura, si no conseguir mercedes: un Velázquez interesado en elevar su condición social. Esto se escribe en 1996.

De hecho, se ignoran noticias de una década antes. Es una comunicación de Quintín Aldea dedicada a M. Batllori, años antes de los juicios de J. Brown y catálogo del Museo del Prado dedicado al retrato. Aquí revela una realidad que llena este vacío de la vida del pintor: un pintor de fino espíritu, discreto y silencioso. El retrato fue “el pago de una deuda” de un hombre de honor. En este extremo de ideas y hechos está implicado el Obispado de Las Palmas de Gran Canaria. Veamos por partes.

Respuesta en un Memorial de Velázquez

La respuesta está en un memorial que dirigió Velázquez en 1626 al nuncio de Su Santidad en Madrid, la petición que sigue:

“Excmo. Y Rvdmo. Señor: Diego Velázquez, pintor de Su Majestad, dice que, atento a que es pobre y tiene mujer e hijos. Su Majestad le ha hecho merced de darle trescientos ducados de pensión cada año en moneda de Castilla sobre beneficios eclesiásticos u obispados, y siendo, como es casado no lo puede gozar sin particular dispensación para ello de Su Majestad”:

“A Vª Sª Ilma. Suplica, pues tiene en esta parte sus veces, le hago merced dispensar con él, atento que no tiene hijo varón en cabeza de ganar pueda poner la dicha pensión, que esto menos han hecho los Pontífices de beata memoria que han pasado, con otros muchos que, siendo casados, gozan hoy pensiones eclesiásticas, que en ello recibieron merced de la mano de Vª Sª Ilma”. En el reverso está la firma de mano de Velázquez: “Pintor de Su Majestad”.

La carta la firman Velázquez y Pamphili, la envían desde Madrid al Secretario de Estado del Vaticano el 11 de octubre de 1626. Debemos recordar que esto de “pobre” es algo burocrático de la época. También es importante recordar la fecha de 1626, dos años antes de pintar Los Borrachos. Adjunta a la carta va una nota con una recomendación del Conde Duque de Olivares. Pero lo más interesante de esto es que la pensión le va a ser pagada a Velázquez por el Obispado de Canarias.

El nuncio Pamphili que hace esta gestión, será aclamado papa con el nombre de Inocencio X. Esto revela el motivo del retrato y dice mucho de la personalidad del pintor del rey, tan controvertida para quienes alcanzan a ver el valor del silencio del hidalgo de España, donde la gratitud es signo del honor.

Velázquez, como se desprende de la dedicatoria y firma que lleva el Pontífice en la mano, pagó la deuda a su benefactor al llegar a Roma. Esto explica su negativa contumaz a aceptar dinero por el retrato. El papa le regaló una cadena de oro con su efigie. Velázquez la conservó hasta su muerte pues consta en su testamento.

No hay duda que el retrato del papa fue personal, pues no pasó a las colecciones oficiales del Vaticano. Inocencio X lo donó a su sobrino y está hoy en el palacio Doria Pamphili.

Debo advertir a quienes no están familiarizados con la moneda en el siglo XVII que 300 ducados es una cifra mas que estimable, son 284 maravedíes diarios, cuando una libra de carne valía 8 maravedíes. Esto, fuera de su sueldo y encargos, da idea de la holgura económica que gozó el pintor contra los tópicos generalizados. Velázquez lo cobró sin interrupción desde 1627 hasta su muerte: unos treinta y tres años.  

Con sobradas razones, mi profesor y amigo, don Joaquín Pérez Villanueva, escribió que los canarios contribuyeron así al bienestar de Velázquez. Podría añadir que sin esta generosa pensión del Obispado de Canarias, este retrato no existiría.

Pienso a mis adentros que no sería nada difícil que los Pamphili correspondieran con Canarias prestando este retrato por un tiempo razonable, como lo hizo al Museo del Prado hace unos años sin las poderosas razones que hemos esgrimido en el transcurso de estas páginas. A este Obispado de Canarias debe Velázquez mucho de su bienestar y que el palacio Doria posea en sus salones el retrato más bello del barroco europeo”.           

sábado, 24 de abril de 2010

Autorretratos y retratos para un 15 aniversario en Utopia Parkway




“La frontera de los visible”
Autorretratos y retratos
Galería Utopia Parkway
Del 23 de abril al 4 de junio



Julia Sáez-Angulo

En tiempos en que la figuración y el retrato no gozan de un predicamento máximo, la galería Utopia Parkway de Madrid ha querido celebrar su 15 aniversario con una exposición titulada: “La frontera de los visible. Autorretratos y retratos”.

Siete artistas de la galería: Chechu Álava, Miguel Galano, Carlos García-Alix, Concha Gómez Acebo, Elena Goñi, Fernando Martín Godoy y Alberto Pina han sido los seleccionados para esta ocasión con sus respectivas interpretaciones sobre sí mismos o sobre otro modelo.

“A pesar de ser referente ineludible de la gran pintura, el retrato es el gran ausente de la escena contemporánea”, se dice en el catálogo de la muestra. “La tragedia de la segunda guerra mundial traza una línea roja que nos deja sin representación. El hombre deja de mirarse a sí mismo y a los demás. Son años de pudor frente al horror, y el retrato entra en un letargo de medio siglo del que parece despertar en la última pintura. La noche ha sido larga pero amanece.”

“No es la primera vez que la galería Utopia Parkway dedica sus exposiciones al retrato”, explica la directora Lola Crespo. “Me interesa este tema en la pintura y lo hemos abordado en otras dos ocasiones en las que hicimos los respectivos catálogos”.

La inauguración celebrativa del 15 aniversario estuvo muy concurrida de público y en ella se dieron cita numerosos artistas, escritores y coleccionistas.

Inquietantes y misteriosos los cuadros de Miguel Galano que tituló su autorretrato como “Cabeza cortada”, al ofrecer su efigie al modo de la iconografía clásica en las cabezas cortadas del Bautista, servida en bandeja por Salomé a su padrastro Herodes

“San Francisco” es el retrato elegido por el mismo Galano, -que tiene su estudio en Oviedo-, quien declara su interés por los personajes de la pintura religiosa. El santo de Asís aparece en su cuadro con expresión ascética, encapuchado y con los ojos cerrados.

Una visión contemporánea del rostro humano

Alberto Pina ha utilizado el mismo formato para su autorretrato y el retrato de Andrés Barba. En pequeña escala –al igual que otros artistas que exponen- el autor muestra en sus óleos el dominio del dibujo y su capacidad expresiva para mostrar la expresión y personalidad humana, con cierta reserva y seriedad.

Muy interesante el autorretrato de Carlos García-Alix, en mediano formato. El pintor se ha representado pensativo, “decontracté”, sentado en un sofá cubierto con diversas telas que ponen el color al cuadro.

Concha Gómez-Acebo condensa la personalidad del retratado en pequeño formato de tabla o lienzo, con fondo verde grisáceo y al óleo. Soberbio el retrato de Joana y sugerente en autorretrato con cabeza reclinada sobre un fondo que marca tres bandas.

Elena Goñi perfila bien las figuras en las que cierto hieratismo y fijeza de mirada configuran un retrato directo, valiente y moderno, como el de Roberto Atance.

Poética y brumosa Chechu Álava en su autorretrato dibujando o en su gemelos sonrientes e inquietantes, titulado “Twins”- Sus retratos funcionan como cuadros sin subrayar la cualidad de referentes personales concretos.

Finalmente Fernando Martín Godoy sintetiza la figura en rasgos esenciales bajo una luz artificiosa que subraya el interés y misterio por los personajes que interpreta. Sugerente el retrato de Meter Garden.

En suma una manera renovada y contemporánea de ver el retrato. Un género que periódicamente aparece celebrado en algunos foros. No olvidemos que en el Círculo de Bellas Artes e Madrid tuvo lugar una exposición sobre el retrato contemporáneo, comisariado por María Antonia Castro

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jueves, 31 de marzo de 2016

Alfonso Sebastián, Pintor internacional de Retratos, regresa de Florencia


Retrato de Malena de Firenze, por Alfonso Sebastián


L.M.A.

            31.03.2021.- Madrid.- El pintor toledano residente en Madrid, Alfonso Sebastián, ha regresado de una estancia en Florencia para llevar a cabo el retrato de Malena, alta funcionaria de la Comunidad Económica Europea. Anteriormente había pintado los retratos del Doctor Jean-Paul Larvre, médico reumatólogo en Lyon, y el de Isabelle Hirschi, diseñadora de joyas. En España ha realizado recientemente el retrato de la escritora Julia Sáez-Angulo.

            Alfonso Sebastián Beltrán (Torrijos, Toledo, 1941) tiene formación de arquitecto y ejerció su profesión en paralelo a la pintura, su verdadero y profunda vocación desde muy joven. Ha cultivado de manera continuada el paisaje y las escenas de tauromaquia, pero la pintura del retrato le ha interesado particularmente como reto con la naturaleza más viva que es la del rostro humano.

            Confiesa que unos personajes se resisten más que otros, pero todos sus modelos acaban saliendo en sus cuadros sobre tabla o lienzo como soporte. Ninguno se le ha resistido. “Todo es cuestión de encontrar la mirada, el rictus o el gesto que define al hombre o mujer que se tiene delante”, asegura el pintor y añade que antes de entregar un retrato, lo hace convivir con él en su estudio durante un tiempo, para estar seguro de que no necesita una pincelada más. A veces una intervención de más puede hacer peligrar el cuadro; ese momento del acabado o no acabado es el más tenso para el artista.

            El pintor habla del estudio previo con el modelo que va a retratar, lo mira, lo observa mientras conversa, retiene… la mirada del pintor es analítica desde que sabe que va a pintar un retrato. Después viene el comienzo, el croquis previo, el deseo de ser fiel, pero no cruel ante los rasgos del rostro que tiene delante. Óleo sobre el soporte. Hay todo un proceso de reflexión para encontrar la pose y el momento elegido para aquel modelo concreto.

            Alfonso Sebastián vive cerca del Museo del Prado, del Reina Sofía y del Thyssen-Bornemisza. Es la ruta de los museos con mayor porcentaje de obras maestras por metro cuadrado. El artista los visita con periodicidad y se detiene ante los grandes maestros del pasado que enseñan cada día a pintar. Velázquez, Tiziano, Goya… Otto Dix y los expresionistas alemanes en el Museo Thyssen. Son retratistas extraordinarios del siglo XX y el pintor los conoce a fondo porque son sus colegas y los admira.

Retrato de Julia Sáez Angulo, por Alfonso Sebastián

            Cada retrato tiene su pose; cada persona dicta como quiere posar aunque no lo exprese verbalmente. El retratista lo percibe en una relación atenta y silenciosa. La mirada es fundamental en a pintura. Cada ojo emite un mensaje. Somos asimétricos aunque no lo creamos. La boca y los ojos forman un triángulo decisivo en el modelo para ofrecer su rostro. Finalmente el artista necesita quedar satisfecho de la obra  hecha. Ha de ser buena pintura, sugerente. bella… lo que no quiere decir siempre “bonita”.

            En el retrato de Malena de Firenze, el rostro descansa sobre una mano y la atención del espectador se concentra en esa mujer pensadora que se abstrae de lo que la circunda. Fue lo que el pintor captó al observarla. Un retrato casi escultórico, esencial, que no se pierde en anécdotas. Una pintura que revela a una mujer inteligente y sobria, con un mundo interior intenso. Una obra maestra.

            En el retrato de la periodista Julia Sáez Angulo, el artista quiso manifestar la alegría del modelo, al tiempo que su reserva como protección ante los otros. La mirada lo refleja. El ojo derecho lo muestra con claridad, el izquierdo es más contenido. Las cejas reflejan un mundo interior más agitado. La sonrisa atrevida y con todos los dientes, ha sido una audacia valiente del pintor. La mayoría de los retratistas evitan pintar los dientes, pueden ser peligrosos cuando se busca el favorecer en exceso. En el caso de Julia ha acertado, incluso con el carmín de los labios que toma acentos diferentes en el inferior.


            Entre otros retratos que Alfonso Sebastián ha llevado a cabo, sobre todo entre empresarios y escritores, figura el del empresario Félix Hazen. También los imaginarios del Duque de Ahumada, para el Museo de la Guardia Civil o  de Teresa de Jesús para la Universidad de la Mística en Ávila.

Julia Sáez Angulo y Alfonso Sebastián

Alfonso Sebastián en Florencia

viernes, 10 de julio de 2026

EL RETRATO DE ALVARO POMBO, PREMIO CERVANTES 2024 YA FORMA PARTE DE LA GALERÍA DE RETRATOS DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA


• El retrato ha sido realizado por Hernán Cortés en una técnica novedosa, impresión glicèe.


Retrato de Álvaro Pombo, escritor en la BNE




L.M.A.


Madrid, 9 de julio de 2026- La BNE ha presentado el retrato del galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” en el año 2024, Álvaro Pombo.

La Biblioteca Nacional de España presenta el retrato correspondiente al Premio Cervantes 2024, que ya ocupa su lugar en la Galería de Retratos de los galardonados con el Premio Miguel de Cervantes. Fue iniciada a finales de los años 90 del siglo pasado y hasta la fecha estaba compuesta por 48 retratos. Esta galería, que presenta obras en diferentes técnicas y soportes artísticos contemporáneos, se amplía con la llegada de este retrato, imagen del escritor y académico Álvaro Pombo, que recibió el galardón el 23 de abril de 2025.

El escritor cántabro, poeta, ensayista y novelista, fue distinguido con este premio por su obra narrativa, en la que se condensa la emoción y el humor, caracterizada por el tándem que forman la ironía y los sentimientos. Nacido en Santander y formado en Madrid y Londres, durante más de cincuenta años ha desarrollado su carrera literaria con numerosas publicaciones en diversos géneros, desde su obras de poesías, Protocolos (1973) y Variaciones (1977) premio Bardo y su primera novela El héroe de las mansardas de Mansard (1983) Premio Herralde con los que comienza su ingente legado a la literatura. Académico de la Real Academia de la Lengua, ocupando la silla “j”, ha recibido numerosos premios que culminaron con el Premio Cervantes.

Cada premiado suele elegir al artista que le va a retratar. Pombo se decantó por Hernán Cortés, reconocido pintor que ha documentado la sociedad española contemporánea. Figura clave en el panorama español, Cortés nació en Cádiz y se formó en Sevilla y Madrid. Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Bellas Artes de Cádiz y de la Hispanoamericana, se caracteriza por la sobriedad de sus retratos, en los que sitúa al retratado en un espacio casi vacío, acompañándole de algunos elementos claves. En sus obras se conjugan realismo y abstracción.

En el caso del retrato de Álvaro Pombo, muestra al escritor con apenas sus herramientas de trabajo, cercano, con una gran naturalidad. Con esta obra original de gran formato, realizada en impresión giclèe sobre papel de algodón, consigue captar con gran realismo el color y las texturas de la escena representada.

La BNE cuenta con dos retratos más de este artista, los de Dámaso Alonso y José Manuel Caballero Bonald, premios Cervantes 1978 y 2012, respectivamente.

El acto de presentación ha contado con la presencia del escritor, Álvaro Pombo, el artista que le ha retratado, Hernán Cortés, el director de la Biblioteca Nacional de España, Óscar Arroyo, así como la subdirectora adjunta de Promoción del Libro, la Lectura y Las Letras Españolas, Almudena Hernández de la Torre.

El director de la BNE, Oscar Arroyo, ha destacado cómo el pintor ha conseguido captar la mirada de Pombo. En el retrato, el escritor es tal y cómo es, de forma natural. El cuadro es un regalo al galardonado, que permanece para la posteridad formando parte de la Galería de retratos, ocupando durante un año el lugar preeminente en el Salón Italiano.

En su intervención, Hernán Cortés ha manifestado que ha sido un placer retratar al novelista, destacando el desafío de plasmar su aguda y afilada personalidad, su mirada analítica y ese aire de melancolía que se le antoja de un santanderino. Se ha detenido en la técnica utilizada y ha recalcado cómo la obligación de un pintor es mostrar a través de la apariencia sin olvidar lo que esconde la esencia del literato.

Por último, un emocionado Álvaro Pombo ha hecho gala de su rasgo más distintivo, el humor, con el que ha desgranado su opinión sobre el cuadro. “Pasmado”, en sus palabras, ante la obra, ha incluido a los asistentes en la metamorfosis producida, en la realidad paralela, en el realismo salvador del artista que prohíbe embellecer y en su lugar, cambia esta belleza por la precisión de su pincel. Ha destacado que su imagen otorga un poder rejuvenecedor, debido a esa postura recostada tan verosímil que, en realidad, hoy día, no es tan posible.

Asimismo, el escritor ha destacado el espacio, lleno de magia, que va más allá de la imagen reflejada en un espejo. El retrato de Álvaro Pombo se encuentra en el Salón, como último retrato recibido en la biblioteca de un Premio Cervantes.


domingo, 30 de diciembre de 2018

Retratos de Ambrosio Spínola, descubiertos por el historiador Matías Díaz Padrón


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 Matías Días Padrón, historiador de Arte

Retratode Ambrosio Spínola (colección madrileña)



Julia Sáez-Angulo

            30/12/18 .- MADRID .- Dos retratos del general Ambrosio de Spínola y su hija de Polixena Spínola, marquesa de Leganés, pintados por Van Dyck, han sido objeto de descubrimiento y estudio por el profesor de la Universidad Complutense Matías Díaz Padrón, historiador del Arte y conservador de pintura flamenca en el Museo del Prado. El investigador ha publicado recientemente un libro sobre Anton Van Dyck, otro sobre Jordaens y tiene en espera inminente de edición, otro libro sobre Rubens, por el Instituto Moll, Centro de Investigación de Pintura Flamenca, dirigido Díaz Padrón.

            Un coleccionista madrileño de origen vasco, llamó al profesor Díaz Padrón para confirmar la autoría del cuadro de Juan Carreño de Miranda, que se vendía en una galería de París. Había que saber si era auténtico. El profesor vio la pintura y la descatalogó como Carreño para atribuirla a Van Dyck, por su estilo. En su investigación al respecto localizó una réplica del cuadro por el taller del pintor y un dibujo preparatorio.

            “No fue difícil rectificar la atribución en 1923, cuando figuraba en la Exposición de Arte Antiguo Español en el palacio Charpentier de París. Una réplica prácticamente exacta está hoy en la colección Hebsacker de überlingen  expuesta en Zurich en 1974 como pieza del taller de Van Dyck. En ambas figuras, el general está retratado de pie con bastón de mando, banda roja ceñida en el brazo izquierdo y mano apoyada en el pomo de la espada con gesto y símbolos propios de los capitanes generales del ejército español del siglo XVII. En su pecho pende el Toisón de Oro, distinción que Felipe III le otorgó en 1605. El fondo se cierra con una columna de fuste estriado y un amplio cortinaje con espacio abierto al exterior: es una teatral ornamentación típica de los retratos de aparato de la nobleza del Barroco internacional. El retratado domina el primer plano con la mirada fija y arrogante frente al espectador. Es un retrato de poderío y exaltación de las glorias militares que protagoniza Spínola en aquel siglo de dominio español”.

            “España nunca agradeció el esfuerzo personal de este general, cuyos méritos no fueron suficientemente comprendidos en vida, al chocar frontalmente con el Conde Duque de Olivares en su política belicista”, explica el profesor en otro momento, al tiempo en que se detiene a resaltar los colores y brillos  de la pintura. Díaz Padrón habla también del descubrimiento del dibujo preparatorio de esta pintura, encontrado en el Museo Atger de Montpelier, “alentador para la identificación del retrato” de A. Spínola pintado por Van Dyck, “quien “redujo el tamaño del bastón de mando que es más largo en el dibujo y corrigió la posición del pie izquierdo”.

"Ambrosio Spínola", dibujo preparatorio. (Museo Atger de Montpelier)



Segundo retrato, armado hasta la cadera

            Más adelante, el mismo coleccionista le habló al profesor de otro cuadro, localizado en Ginebra para que fuera a inspeccionarlo. La obra estaba en una casa amplia y elegante junto al lago, de un descendiente de un armero de Carlos V, que había adquirido la pintura recientemente. Díaz Padrón investigó y localizó la pintura citada en el testamento del marqués de Leganés; se trataba de un retrato del general  Ambrosio de Spínola.

            “Toda la grandeza del general está impresa en este retrato, con la moderada contención de la etiqueta impuesta por los Austrias que Van Dick acata”, señala Díaz Padrón. “La noble imagen de Spínola es reflejo de lo que se lee en cartas de Rubens: (Spínola) es el ser más sagaz y perspicaz que he conocido. No deja adivinar sus intenciones, no es muy comunicativo, más bien por temor a hablar demasiado que por falta de elocuencia e inteligencia...”

            Este cuadro de Ambrosio Spínola es un óleo sobre lienzo de 197 x 119 cm. “El retratado está aquí armado hasta la cadera, con banda roja ceñida al brazo izquierdo y la mano apoyada en el pomo de la espada, típica fórmula de los capitanes del ejército español en paralelo al otro retrato del personaje con armadura completa. En su pecho pende el Toisón de Oro distinción que Felipe III le otorgó en 2605. Cierra el fondo una columna estriada detrás, de un amplio cortinaje rojo intenso: ornamentación teatral de los retratos de aparato del barroco internacional”,  describe Díaz Padrón en su libro Van Dyck en España, publicado por la editorial Prensa ibérica.

            El general Spínola fue el más prestigioso de su tiempo. Brilló en la tregua de las negociaciones de los Doce años. Felipe IV reconoció sus servicios y los premió con el marquesado de los Balbases en 1621.

            En suma: “Van Dyck inmortalizó al general en sucesivas ocasiones. En los retratos de cuerpo entero siguió dos modalidades: una con armadura completa y otra donde figura medio armado hasta la cadera. Preparó el retrato en un espléndido dibujo, hoy en el Museo Atger de Montpelier, que permite observar las modificaciones aplicadas en la mesilla, el pie izquierdo, el bastón de mando y el cortinaje más ampuloso en el dibujo.

            “En la Scottish National Gallery en Edimburgo existe una repetición en la que figura de tres cuartos de altura con taburete y casco. Otra de taller y formato oval en el Sterling and Francis Valark Arte Institute de Williamstown. Massachussets. Una grisalla atribuida a Lucas Worsterman, sirvió al grabado que difundió la imagen del general. Otro grabado con guirnalda y cartel firman Peter Soutman y Jacob Loyis. Este modelo coincide con un dibujo recientemente catalogado con atribución a Soutman. Un copia en papel pegado a tabla conocemos por una antigua fotografía”, concluye Díaz Padrón..

Retratos de Polixena Spínola

            El museo del Prado cuenta con el retrato de Polixena Spínola (1600 – 1639), marquesa de Leganés, un óleo de 204 x 130 cm, retratada de cuerpo entero, sentada en una silla de brazos sobre la que reposan las manos lánguidamente. La sombra y oscura indumentaria permiten resaltar el rostro y las manos, acentuando el porte señorial y elegante, típico del periodo italiano del pintor Anton Van Dyck (Amberes, 1519 – Londres, 1641) (...), explica el profesor Díaz Padrón. Beroqui propone la fecha de 1621 para la ejecución de este retrato del Prado, año de la llegada de Van Dyck a Italia, pues en 1622, doña Polixena Spínola está ya de dama de compañía de la Infanta Isabel.

            Algunas atribuciones anteriores en diversos inventarios la calificaban como Retrato de señora de negro sentada. Entre las réplicas y copias de esta pintura se conserva la del Museo Columbus de Ohio, de taller y adquirida a principios del siglo XX, con probable procedencia en el coleccionismo hispano.

            La marquesa de Leganés fue la hija mayor de Ambrosio Spínola. Nació en Génova en 1600 donde permaneció hasta 1622, fecha en que viajó a Madrid. Desposada con don Diego de Mexía en 1628, tuvo dos hijos. Murió en 1639.

            Otro retrato de Polixena Spínola figura en el Museo de Ohio. 

      En la National Gallery of Art de Washington, figura un óleo de 109 x 97 cm, con amplio vestido blanco de grandes lazos en las mangas y sobrepuesto obscuro sobre el mismo, broche con cadena en el pecho y abanico en la mano izquierda, que sse identificó en su día como otro retrato de Polixena Spñinola, pero hoy se cuestiona la identidad. Su procedencia en distintas colecciones europeas lo avalan como cuadro de buena trayectoria.

"Polixena de Spínola", por Van Dyck (Museo del Prado) 


Polixena Spínola (réplica en el Museo de Ohio)

 Van Dyck (National Gallery de Washington)