Julia
Sáez-Angulo
La conocí
en Madrid en uno de sus periódicos viajes y la traté sobre todo en París
durante dos meses durante un verano de los 80, cuando ella trabajaba en la embajada
de México en la capital francesa. Helena Paz Garro, hija del premio Nobel de
Literatura 1990, Octavio Paz y de la escritora Elena Garro, vivía entonces con
su madre y un primo en un piso bajo –no sótano- del elegante París XVI.
Helena
Paz (México, 12 de diciembre de 1939 - 30 de marzo de 2014) murió un día antes
del centenario del nacimiento de su padre, el gran Octavio Paz, para el que se
ha proyectado un sinfín de actos culturales para celebrarlo, sobre todo en
México y España. Ella es autora de dos libros notales: el poemario La rueda de la fortuna (2007), que le prologara Ernst Jünger y sus Memorias
(Planeta, 2003), magníficamente escritas, que dan cuenta de su infancia y ambiente que la fueron conformando. Clara Janés hizo una primera edición manual en 1991.
Escritora tardía en cuanto a libros, pero colaboradora habitúan en periódicos. “Helena Paz amaba por encima de todo la belleza”, dice Clara Janés al hablar de ella.
Escritora tardía en cuanto a libros, pero colaboradora habitúan en periódicos. “Helena Paz amaba por encima de todo la belleza”, dice Clara Janés al hablar de ella.
La escritora
y poeta española Clara Janés estuvo muy cerca y detrás de la publicación de
ambos libros de la escritora mexicana, ya que sostuvo una permanente amistad
con Helena Paz. De hecho fue ella la que logró el prólogo de Jünger para la
autora.
Madre e hija se fueron al exilio
neoyorquino primero y parisino después, hasta la década de los 90, después de
los acontecimientos revolucionarios de 1968, en que ambas fueron acusadas de
organizar los movimientos estudiantiles. Entremedias de Nueva York y París, en
Madrid, donde ambas pasaron grandes necesidades económicas hasta que el padre,
enterado de la situación logró un trabajo para su hija en la embajada mexicana
en París.
“Niña” es el poema que
Octavio Paz dedicó a su hija y que Clara leyó en la Residencia de Estudiantes durante los actos del centenario del Nobel.
Nombras
el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,
verde deslumbramiento,
hasta volvernos verde la mirada.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,
verde deslumbramiento,
hasta volvernos verde la mirada.
Nombras
el cielo, niña.
Y el cielo azul, la nube blanca,
la luz de la mañana,
se meten en el pecho
hasta volverlo cielo y transparencia.
Y el cielo azul, la nube blanca,
la luz de la mañana,
se meten en el pecho
hasta volverlo cielo y transparencia.
Nombras
el agua, niña.
Y el agua brota, no sé dónde,
baña la tierra negra,
reverdece la flor, brilla en las hojas
y en húmedos vapores nos convierte.
Y el agua brota, no sé dónde,
baña la tierra negra,
reverdece la flor, brilla en las hojas
y en húmedos vapores nos convierte.
No
dices nada, niña.
Y nace del silencio
la vida en una ola
de música amarilla;
su dorada marea
nos alza a plenitudes,
nos vuelve a ser nosotros, extraviados.
Y nace del silencio
la vida en una ola
de música amarilla;
su dorada marea
nos alza a plenitudes,
nos vuelve a ser nosotros, extraviados.
¡Niña
que me levanta y resucita!
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!
¡Ola sin fin, sin límites, eterna!
La separación y divorcio de sus
padres la marcó notablemente en la amargura y ella lo refleja con verismo en su
libro. Durante algún tiempo Helena Paz reprochó a Octavio Paz el abandono como padre,
pero él no se desentendió de ella. Me consta que en cierta ocasión, después de
hablar con Clara y Janés, Octavio Paz invitó a su hija a viajar con él a
Londres y a Estocolmo, viaje que la hizo inmensamente feliz. Helena Paz tenía
hambre y necesidad de padre.
La hija
del premio Nobel, fallecida a los 74 años, pasó los últimos años de su vida en
una casa de reposo y en algunos momentos estuvo algo desequilibrada. Ha dejado
inconclusa la segunda parte de sus memorias.
1 comentario:
Armando Benigno Jorge Alvarez
1:16 (hace 4 horas)
para mí
Buenas Noches Da. Julia Saez-Angulo.
Gracias a Usted y a Da. Dolores Gallardo por el articulo sobre Da. Helena Paz Garro. Cubano, procedente de La Habana junio 1987, de paso por París para continuar viaje a Aguadulce, Ver. México, me "salvó la vida" Helenita. Me llevó a su casa, cuando me trató muy mal una funcionaria del Consulado de México en París, negándome la visa a México.
Cuando esperaba yo el ascensor, apareció Helenita como un ángel, bella, y con su dedo índice clamando silencio puso en mi mano un papel con su teléfono y hora de llamarle: Los mexicanos queremos a los cubanos, si puede me llama después de las 6. En la calle Edouard Fournier 5 bajos, tuve el apoyo de ella y su madre la también escritora Elena Garro. También conocí al primo materno Jesús Garro (Chucho??) aunque menos
Ayúdeme a redactar, a publicar ese apoyo brindado por Helenita Paz Garro. Saludos, Armando B. Jorge Álvarez. Vivo en Madrid.
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