martes, 2 de junio de 2026

ISABELA LLEÓ EXPONE SUS ESCULTURAS CON EL TÍTULO DE "FUEGOS FATUOS" EN LOS JARDINES DE LA CRUZ ROJA

Isabela Lleó, artista interdisciplinar



Carmen Valero
Fotos: José Luis Menéndez

2/6/26.- Madrid.- La artista multidisciplinar Isabela Lleó expone sus esculturas en los antiguos y protegidos jardines de La Cruz Roja (Avda. Reina Victoria, 22-24). La inauguración institucional tuvo lugar el día 28 de mayo, y la del circuito artístico, el 2 de junio. La muestra permanecerá abierta hasta el 26 de marzo de 2027.
Isabela Lleó Castells (Madrid, 1962) es una escultora, artista visual y psicóloga española. Con raíces y residencia en Mallorca, destaca por sus creaciones tridimensionales en piedra —especialmente en alabastro— que exploran la geometría, el minimalismo y la conexión con el espacio. 
    Cursó Bellas Artes y Psicología. Completó sus estudios en las Academias de Bellas Artes de Múnich y Hamburgo y trabajó varios años en Alemania.
    Su obra ha sido expuesta en galerías y espacios institucionales a nivel nacional e internacional, así como sus series expuestas en Madrid o su vinculación con proyectos de humanización de espacios hospitalarios, como actualmente en Cruz Roja.
     Palabras de presentación de Isabela Lleó en la inauguración: 
“Mis primeras palabras son de agradecimiento a vuestra generosidad al elegirme para exponer mis obras “Fuegos fatuos” en el Hospital de Santa Adela y San José, cuya construcción se completó hace 101 años con la capilla de estilo mudéjar. Voy a utilizar para explicarme el discurso de Carmen Conde, primera mujer nombrada académica numeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1979, 227 años después de su fundación por el escultor de la Casa Real Juan Domingo Olivieri en 1752. A día de hoy, en la academia hay 49 académicos numerarios, de los cuales únicamente 6 son mujeres. 
    El discurso de Carmen a la toma de su silla K se llama “Poesía ante el tiempo y la inmortalidad”, y me tomo la libertad de cambiar Poesía por Escultura, lo cual, espero que a Carmen Conde no le moleste, sino al contrario, le agrade que retome sus sabias palabras y las recuerde en esta ocasión. 
    Si de la memoria “sólo vale el don preclaro de evocar los sueños”, cuando suscito los míos resalta mi entrega al arte. Desde la infancia, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado lo eterno. No la inmortalidad sino la eternidad o el sueño de lo inextricable. 
    Por ello conectar con la vida plena sin apartarme de la Escultura, entregándole cuanto percibo y siento, inmersa en visible totalidad, anhelando aquello misterioso que conduce al hallazgo de formas que accedieran conmigo o por mí al todavía sueño: el más hermoso y respetado por mi existencia. 
    Padecer por hallar desde el subconsciente a intentar o a ser un puente que alcanzara las orillas del misterioso creador. Haciéndola pasajera, intocable en mi travesía, la Escultura sirvió no solamente a sueños, también a esperanzas y a realidades que por mínimas que fueran bastaban para mantenerse cada día. 
    “En los sueños no hay mañana, es todo ahora…” 
    Mientras se sueña y se lucha por el acomodo de lo propio a personal expresión, se va acercando el misterio penúltimo y siempre quedarán por amar… tierra, aire, agua, fuego. Para la apasionada tarea se hizo necesario prescindir de lo superfluo, de lo convencional de lo no auténtico. Existe paz en saber que se mantuvo fidelidad a la vocación no traicionada. Vocación que ha ido condicionando la existencia”. 
    “Puede que la sensación de ser mujer aporte un nuevo matiz al arte, especialmente en la escultura, pues existe un amplio abanico de percepción propia de la experiencia femenina, dice Barbara Hepworth, principal escultora del siglo XX. 
    “Muchas ideas surgen de una respuesta interna a la forma, una nuez en su cáscara, la estructura del cristal, el movimiento del agua o de las nubes, el útero y sus contenidos crecientes, o los ritmos de la vida y la materia. La pura y delicada cualidad del reflejo de la luz en las superficies y el uso de los colores puros produce la sensación de idealidad, de calma y de seguridad. La libertad de crear según la propia imaginación y voluntad se hace evidente y se manifiesta.
    Me sumo con los FUEGOS FATUOS a las celebraciones del centenario de la Generación del 27 en Madrid, retomando las figuras nombradas en numerosas ocasiones, los fuegos fatuos por Lorca, y por Manuel de Falla en “El Amor Brujo” donde describe el querer como los fuegos fatuos, que nos persigue cuando huimos y huyen cuando lo perseguimos. Este conjunto escultórico se ha ido gestando desde el año 2019, cuando encontré tirados por el campo mallorquín de mis alrededores enormes trozos de poliuretano expandido, que habían volado por doquier en uno de los huracanes que suelen asolar la isla. Así, sin saber qué hacer con este material y tan ni siquiera con grandes ganas de trabajar con ello, pues este cuando se talla, ya sea con hilo caliente, con sierra, con cuchillo o con lo que sea produce unas pequeñas y horrorosas bolitas blancas que se quedan pegadas al cuerpo con electricidad estática y se meten hasta en la ropa interior, cosa que ya sabía porque había tallado un Harry Potter para la cabalgata de Reyes del pueblo unos años antes… 
    Aprovechando los días complicados de trabajar a la intemperie, ya fuera por demasiada lluvia, demasiado viento o demasiado sol, fui tranquilamente trabajando este material, de una manera intuitiva y sin tener clara la forma ni para qué o para dónde lo hacía. Luego el tratamiento de superficie con masilla, después el pulido, finalmente pensé… tengo aquí unas temperas escolares que ya no uso porque ya no le doy talleres a los niños y pinté las piezas de colores, las saqué al campo, las fotografié, fuí enseñando las fotos y gustaban mucho. Empecé a gestar el deseo irreprimible de convertirlas a un material imperecedero y dejar así una huella eterna en el camino, una que describa algo aún incomprensible, incluso para mí misma. 
    El propósito no siempre se desvela desde el principio y lo único que nos da la energía suficiente para seguir en el camino es la fe absoluta en ello, ello, que sale de un lugar vacío, indomable, una fuerza telúrica. Y como tal fuerza telúrica se levantan estos fuegos fatuos con sus vivos colores de esta preciosa pradera en este hospital para disfrute de los pacientes, para curar el alma, y no, como los fuegos fatuos para hacernos errar y llevarnos al abismo o perdernos, sino por el contrario, para mostrar que el arte, cuando es positivo y claro, tiene una fuerza sanadora. Y, cuando no, también. 
    Vinieron a buscar los modelos José María y su hijo José María de la fundición y vinieron a Es Llombards, y cuando cogieron el barco de vuelta cayó la Dana en Valencia, esa misma noche y pasamos Javier Ponce y yo la noche asustados, cada uno a un lado del charco, sin saber de ellos y pensando que habían desembarcado, que las carreteras estaban cortadas e inundadas.     En fin, estas piezas han sufrido varios huracanes antes de llegar a este lugar, remanso de paz y tranquilidad en medio de la vorágine de Madrid. 
    Deseo de lo imposible, por tanto. Es también sueño o frenesí, el riesgo que debe correr en cada instante todo artista de lo profundo. Por eso estoy no solamente muy agradecida a quienes han hecho posible esto, la Fundación H-Arte, el Hospital de San José y Santa Adela, la Fundición Ponce, cuya colaboración y empeño y buen hacer son extraordinarios y merecen toda nuestra admiración. El proceso de fundición es increíblemente complicado y si no se ve es difícil de imaginar”.
Asistentes a la inauguración: Kay Woo, Patricia Larrea, Carmen Valero, Isabela Lleó, Julia Sáez-Angulo... José Luis







Isabella y su hija



Patricia, Isabela Lleó y su hija




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