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domingo, 26 de noviembre de 2023

MIGUEL ÁNGEL BLANCO. Retrato homenaje, 25 años, pintado por Inés Serna Orts, para la Fundación que lleva el nombre del homenajeado en Madrid

 

Retrato de Miguel Ángel Blanco. 

Inés Serna Orts con el retrato de Miguel Ángel Blanco

      

“Homenaje a Miguel Ángel Blanco. 25 años “ 

Óleo s/lienzo. 60x80cm

Inés Serna Orts. 2023            

Colección: Fundación Miguel Ángel Blanco. Madrid


            L.M.A.

        27. 11. 2023.- Madrid. Miguel Ángel Blanco Garrido (Ermua, 13 de mayo de 1968-Lasarte-Oria, 13 de julio de 1997)​ fue un político español, concejal de Ermua (Vizcaya) por el Partido Popular entre 1995 y 1997. De profesión albañil y economista, en 1995 se afilió al Partido Popular del País Vasco y fue elegido concejal ese mismo año.

    El jueves 10 de julio de 1997, Blanco fue secuestrado por tres miembros de la banda terrorista ETA, que exigieron a cambio el acercamiento de todos los presos de la organización terrorista a las cárceles del País Vasco. El secuestro generó una importante reacción social en contra de ETA. 

    Dos días después, se convocó en Bilbao una manifestación contra el secuestro de Blanco. Fue la mayor manifestación contra ETA de la historia, reuniendo hasta 500 000 personas. También hubo manifestaciones en San Sebastián, Vitoria, Madrid, Barcelona, Zaragoza y otras ciudades. En total, alrededor de 2,5 millones de personas participaron en alguna manifestación contra el secuestro.​

    Ante la negativa del Gobierno central a negociar con la banda terrorista ETA, Blanco fue tiroteado en un descampado la tarde del 12 de julio. Fue encontrado con vida, pero murió en la madrugada del día 13. (Wikipedia)


Retrato de Miguel Ángel Blanco

miércoles, 10 de abril de 2019

El Museo Arqueológico Nacional acoge la muestra ‘Lapis specularis. La luz bajo tierra. Miguel Ángel Blanco’


·      La muestra podrá visitarse hasta el 23 de junio. Posteriormente viajará al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida e Italia

L.M.A.

10-abril -2019.- El Museo Arqueológico Nacional  acoge desde hoy la exposición ‘Lapis specularis. La luz bajo tierra. Miguel Ángel Blanco’, que se podrá visitar hasta el próximo 23 de junio en el Museo Arqueológico Nacional. A continuación, viajará al Museo Nacional de Arte Romano de  Mérida  y  posteriormente,  itinerará por Italia gracias a la colaboración del  Instituto Cervantes.
         ‘Lapis specularis. La luz bajo tierra. Miguel Ángel Blanco”
Miguel Ángel Blanco explora las cualidades plásticas y poéticas de este sorprendente mineral, que nunca había sido tratada como material creativo, actualizando la Historia Antigua.

El artista fusiona desde hace décadas Arte y Naturaleza en un singular proyecto: la Biblioteca del Bosque, que  está integrada en la actualidad por 1.191 libros-caja y contiene todos los reinos naturales e innumerables experiencias.

Tras conocer el lapis specularis ha dedicado un conjunto de libros-caja a esta piedra fascinante con la que ha abierto ventanas al pasado histórico y geológico.

En este conjunto de libros-caja que forman parte de su Biblioteca del Bosque, ha recreado no tanto sus funciones prácticas como sus usos rituales, con un enfoque más visionario que arqueológico.

En la sala del Foro Romano del Museo Arqueológico Nacional, ha situado un bloque de lapis que toma cuerpo entre los dioses y emperadores y reclama su lugar en la historia, y un tondo que deja penetrar en la sala la luz sobrenatural que procede del subsuelo; y sobre el suelo, como hacían los romanos en los grandes eventos, ha esparcido cristales pulverizados que la transforman en un escenario fastuoso y sobrehumano.



martes, 22 de agosto de 2017

Mónica Mittendorfer y la pintura homenaje a Miguel Ángel Blanco tras su asesinato por ETA




"La muerte de Miguel Ángel Blanco", pintura por Mónica Mittendorfer


Carmen Valero
           
            23/08/17 .- Toda España se conmocionó tras la muerte del concejal vasco Miguel Ángel Blanco en 1997, a manos asesinas del grupo terrorista ETA, que ha dejado tras de sí casi un millar de víctimas mortales y varios miles de heridos, huérfanos, padres y hermanos llenos de sufrimiento por esas ausencia. La pintora madrileña Mónica Mittendorfer de origen austriaco se sintió conmocionada el día que ETA mató sin piedad al concejal Miguel Ángel Blanco y la artista sintió la necesidad de plasmar esa muerte del inocente en un cuadro de grandes dimensiones (181 x 100 cm en técnica mixta de óleo y acrílico) con la estética expresionista que le caracteriza como estilo y que tan bien se avenía con el hecho de su martirio por bestias humanas.

        Con motivo de la conmemoración de este acto de barbarie, a los veinte años de la muerte del concejal de Érmua, la pintora ha querido poner de manifiesto su pintura.

            A partir de este exterminio criminal, pese a la solicitud de miles de manos blancas en España pidiendo la liberación de su secuestro, ETA perdió bastantes apoyos y comenzó el “espíritu de Ermua”, aunaba a distintas fuerzas políticas contra los encapuchados terroristas de la boina.

            La pintora Mónica Mittendorfer Valero (Madrid, 1976) quiso representar a Miguel Ángel Blanco como un ser humano doliente en una cruz, con el cuerpo maltrecho en el que se adivinan las costillas, junto a otros personajes laterales en grises negros y blancos, a modo de acompañantes de su propio calvario.

            La pintora Mittendorfer estudió Bellas Artes en la Facultad de la Universidad Complutense, es una gran dibujante y comenzó a exponer a partir de 2000 con la Comunidad Itinerante de Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Trabaja el óleo, el acrílico, el dibujo, grabado y fotografía. Ha llevado a cabo diversas exposiciones individuales y colectivas.

            El cuadro “La muerte de Miguel Ángel Blanco” es un testimonio de dolor, ante un ser humano que es asesinado como simple motivo político de intereses políticos antidemocráticos de una banda asesina. Lasociead civil supo reaccionar y también algunos artistas como Mónica Mittendorfer que plasmó un gran cuadro, que perpetuará la memoria de un inocente. “Fue un cuadro que salió de mi propio dolor, de mi espíritu. Era lo único que yo podía y sabía hacer ante tamaña salvajada de ETA”.

            El grupo terrorista ETA, que dividió la sociedad vasca en cobardes y valientes, según se atrevieran o no a hacerles frente con valentía con palabras y hechos, todavía no ha entregado las armas, pese a que suspendían la orden de matar, después de lustros haciéndolo sin haber conseguido ninguno de sus malditos objetivos, sino dejar un rastro doloroso de sangre con el tiro en la nuca y masacres de colectivos humanos de distinto orden. Aparte queda lo de que los asesinos de ETA movían las ramas y otros, políticos vecinos, se beneficiaban de recoger las nueces.

           

 Mönica Mittendorfer

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martes, 11 de julio de 2017

L’ETA c’est finie








Miguel Ángel Blanco





11.07.17 .- Aquel veraniego sábado 12 de julio de 1997 no fue una hoja más del calendario, aunque coincidiera en mi agenda una de tantas escapadas que desde mi adolescencia he repetido al sur de Francia. La de aquel día había sido un desplazamiento más corto y rápido que de costumbre, un viaje express en coche hasta Hendaya, desde cuya fronteriza estación de tren partía mi hija en un viaje programado a París. Apenas tuvimos tiempo de disfrutar de un apresurado menu du jour y de un entrañable saludo a Bernardo Sánchez y Teresa Rodríguez, coincidentes viajeros de los ferrocarriles franceses. Mi presencia en el turno de fin de semana del periódico me obligaba a un regreso inmediato, en alerta radiofónica en todo instante por la impactante actualidad que uniformemente giraba en el dial en torno al secuestro, dos días antes, de Miguel Ángel Blanco, un concejal del PP por Ermua de apenas 29 años.
 
Coincidió en el tiempo aquel final programado por los terroristas con mi tránsito de regreso por la circunvalación de San Sebastián camino de Leizarán. Y recuerdo cómo al escuchar por la radio las señales horarias del fin de las 48 horas de infame ultimátum, mi mujer y yo rompimos a llorar dentro del coche conmovidos por la inevitable muerte de aquel inocente prisionero. En nuestra imaginación también habíamos creído oír los disparos en la nuca de Miguel Ángel, un hecho que realmente sucedió a poca distancia física y temporal de nosotros. La tragedia se había afianzado como inevitable al concluir sin resultados policiales el límite imposible que ETA había impuesto al Estado, sin que ninguno de sus verdugos políticos, la Batasuna de entonces, manifestara valentía alguna en aquellas dramáticas horas ni un mínimo atisbo de piedad ante la creciente petición de clemencia que imploraban cientos de organizaciones y personalidades españolas y del resto del mundo. Las últimas declaraciones públicas del brazo político del terrorismo vasco se habían limitado jornadas atrás a una advertencia de que después de la borrachera de la liberación de Ortega Lara podría llegar la resaca. 
El hallazgo del joven concejal de Ermua se produjo por casualidad a las 16,40, pocos minutos después de ser tiroteado en uno de los idílicos rincones del contorno natural donostiarra, la regata de Oztaran. Un grupo de vecinos con perros encontraron el cuerpo de un chico joven «que parecía dormido». El concejal de Ermua estaba tumbado boca abajo, tenía las manos atadas por delante con un cable eléctrico y todavía respiraba. La noticia dio la vuelta al mundo de inmediato. Ainhoa, mi hija, aún la tiene presente al rememorar su viaje en tren rumbo a París, con sus trece años recién cumplidos: «Una mujer rubia de pelo corto se cambió de asiento cuando me vio llorar y me hablaba en francés. Creo que ella también lloraba. Me acompañó todo el viaje dándome la mano. Yo no entendí bien el mensaje por los altavoces pero sí recuerdo que parte del vagón dio un grito ahogado».
Congregó aquel fin de semana de 1997 un sinfín de aconteceres históricos que afloran 20 años después, una mezcla de responsabilidad política personal con aquella Transición ejemplar que indignamente algunos se atreven hoy a cuestionar y de compromiso periodístico, entonces como redactor jefe de este diario y presidente de la Asociación de la Prensa de La Rioja. Las horas se hacían trepidantes entre los teletipos que enviaban las agencias de noticias, reuniones organizativas de Redacción y citas con compañeros de otros medios informativos de la región con los que compartía dirección asociativa profesional. La cafetería Casablanca de Avenida de Portugal sirvió de improvisada sede a nuestra junta directiva para acometer un inusual encargo lleno de responsabilidad: los partidos políticos habían depositado en la Asociación de la Prensa el deber de redactar un comunicado de repulsa por el asesinato de ETA y de comunión con la ciudadanía que reclamaba manifestarse en paz. Los miembros de la junta acordamos el papel protagonista de dos periodistas, que aceptaron generosamente su cometido: Jorge Alacid asumió la redacción del texto colectivo, que sin retoques en lo sustancial avalaron todos los grupos políticos y sociales, y Jorge Gómez aceptó la responsabilidad de su lectura pública en la plaza del Ayuntamiento. Era un 14 de julio, fiesta nacional francesa, dos días después del cruel asesinato de ETA, cuando Logroño participaba en la mayor manifestación de su historia.
 
La muerte de Miguel Ángel Blanco no fue inútil y su memoria sirvió de inmediato para la consolidación democrática de España. Con el asesinato del concejal de Ermua, ETA perdió su mayor batalla nacional e internacional ante la opinión pública y abrió el camino a la rendición incondicional terrorista, precisamente comunicada este mismo año 2017. La contienda contra el totalitarismo etarra había tenido el antecedente más serio cinco años antes con la detención en Bidart, al sur de Francia, de la cúpula de la banda, un hecho que sirvió de estímulo para que creyeramos posible la derrota policial del terrorismo. (Este éxito de las fuerzas de seguridad del Estado, que en marzo pasado cumplió 25 años, lo viví en Biarritz a la mañana siguiente de mi presencia en un recital pro ikastolas en la Gare du Midi; lo habían protagonizado una orquesta sinfónica de San Sebastián, Paco Ibáñez y George Moustaki, y sin duda fue el último concierto en libertad de algunos de los detenidos horas después). Los hitos contra el terrorismo se sucedieron incesantes e implacables en los años siguientes: ilegalización de Batasuna (2003), y sucesivas detenciones de comandos y cabecillas etarras hasta el cese definitivo de la violencia de ETA (2011).
 
Hoy, a la vez que recordamos el dolor que a los hombres de bien nos produjo el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hemos de celebrar que a los terroristas les hemos derrotado sin concesiones. Y que sin la presencia de la banda el País Vasco y España son hoy más libres que hace dos décadas (‘¡Libertad!’ fue el grito más coreado en las manifestaciones de hace 20 años). Medio siglo después de su bautizo criminal, l’ETA c’est finie.