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viernes, 28 de enero de 2011

Fundación Otero Herrera, Importante colección de Arte Latinoamericano en España




Julia Sáez-Angulo


La Fundación Otero Herrera, especializada en arte latinoamericano ha llevado a cabo una interesante exposición con los fondos de sus colecciones en la Universidad de Málaga, provincia en la que está situada. Una muestra hermosa a la que sólo hay que ponerle una objeción: sólo un nombre de mujer, lo que la hacía coja e incompleta. Un fallo a subsanar en el futuro, máxime cuando los nombres femeninos cuentan mucho hoy en el circuito de las artes plásticas y visuales.

“Arte Vivo” se denominaba esta exposición en la que participaban los nombres de Rodolfo Abularach (Guatemala, 1933); Pedro Alcántara (Colombia, 1942); Luis Caballero (Colombia, 1943- 1995); Miguel Ángel Carini (Argentina, 1948); José Luís Cuevas (México, 1934); Alberto Dávila (Perú, 1912 – 1988); Ever Fonseca (Cuba, 1938); Enrique Grau (Colombia, 1920 – 2004); Manuel Hernández (Colombia, 1928); Darío Jiménez (Colombia, 1919 – 1980); Wifredo Lam (Cuba, 1902 – 1982); Armando Morales (Nicaragua, 1927); Darío Morales, (Colombia, 1944 - 1988); Luís Moscoso (Ecuador, 1915); Edgard Negret (Colombia, 1920); Alejandro Obregón (Barcelona. España, 1920 – Colombia, 1992); Miguel Ocampo (Argentina, 1922); René Portocarrero (Cuba, 1912 -1985); Eduardo Ramírez Villamizar (Colombia, 1923 – 2004); Domingo Ramos (Cuba, 1897 – 1957); Omar Rayo (Colombia, 1928 -2010); Emma Reyes (Colombia, 1919); Leopoldo Richter (Alemania, 1896 –Colombia, 1984); Carlos Rojas (Colombia, 1933 – 1997); Elmar Rojas (Guatemala, 1937) y Hermann Schmidlin (Chile, 1965).

La colección adolece de mayor número de artistas de Colombia, lo que se explica porque su creador es de aquel país. Camilo Otero Herrera, director de la exposición explica el criterio seleccionador de la muestra: “Pretendimos establecer un juego con los elementos que componían las obras, con el trasfondo de su historia y su producción. Estábamos seleccionando piezas de un rompecabezas, instrumentos con los que posteriormente teníamos que contar una historia, armar un relato. Este tenía dos elementos principales: El Ser Humano y el Espacio”.



Arte ligado al contexto socio-político

Para Otero Herrera, “las artes en América Latina han estado íntimamente ligadas a su contexto social, histórico y político, así como a un legado ancestral que puede rastrearse hasta los comienzos de los primeros pobladores del continente. Uno de los rasgos principales de los que José Martí llamó “Nuestra América Mestiza” es precisamente la mezcla de tres grandes bloques étnicos, que desde hace más de cinco años comenzaron a convivir: las comunidades amerindias, nativas de las distintas regiones del continente, los conquistadores europeos y las migraciones forzadas del África negra”.

“Fue a mediados del siglo XIX que la búsqueda identitaria americana tomó un rumbo distinto al que llevaba (...) Fueron el siglo XX y sus revoluciones”, los que consiguieron despertar e impulsar la necesidad de encontrar una identidad propia, mostrando un modo particular de estar en el mundo”, continua Otero Herrera, que se explaya en algunos movimientos como el muralismo mexicano.

“Si Botero es mundialmente conocido por sus volúmenes desorbitados y el retrato irónico de una sociedad llena de tabúes y doble moral, Wifredo Lam lo ha sido por ofrecernos un mundo mitológico lleno de mujeres caballo o guerreros con cabeza de pájaro, en el que el barroquismo y la festividad de su “Jungla”, dan fe de la imaginación desbordante del Caribe”, añade el director de la Fundación.



domingo, 31 de enero de 2010

Carlos Boix, la Pintura como sedimentación del Mundo



pintura de Carlos Boix


Julia Sáez-Angulo

Reside en Madrid desde hace siete meses, después de un recorrido de cubano errante por diversos países del norte de África y de Europa. Carlos Boix (La Habana, 1949) es un pintor de trayectoria sólida con importantes exposiciones en París, Estocolmo o Ginebra. De su obra han escrito, entre otros, Fernando Arrabal, Régis Debray y Jose Pièrre.

Boix está encantado de vivir en la capital de España. “Es el primer país en el que me reencuentro con mi lengua, después de treinta y tres años que salí de Cuba”, explica. Tiene la nacionalidad sueca, sin perder la cubana. “Hay que tener varias nacionalidades para no tener que tomar leche en polvo, decía con humor Roberto Matta, el pintor chileno, que me honró con su amistad”. Se refería a que la gente del tercer mundo acababa por tomar leche en polvo.

Boix se plantea la posibilidad de solicitar la nacionalidad española porque sus abuelos eran catalanes. “Mi bisabuelo fue mecenas de Gaudí”, dice el pintor con orgullo. “Mi lenguaje es la pintura, pero también estoy recuperando el español, mi lengua materna”, añade.

La pintura de Carlos Boix se desenvuelve mayormente en grandes formatos, lo que le permiten hacer sucesivas capas de pintura con presencias y alusiones diferentes, de modo que el espacio y el tiempo se funden sin solución de continuidad en el trasunto pictórico rico y acumulativo.


Pintura de Carlos Boix


Un artista que viene del Pop

“No se olvide que yo vengo del pop y asumo la vida cotidiana en un ritmo frenético con el humor y la ironía que capaz. Soy un urbanita confeso y necesito la velocidad, el ruido, los cafés y la vida en las calles para nutrirme y nutrir mi pintura”, declara Boix, que ha instalado su taller en un amplio apartamento de techos altos, en la céntrica calle Mayor madrileña, a pocos metros de la Puerta del Sol.

Colorista y dibujante, ambos aspectos se funden con inteligencia en sus grandes lienzos. “De vez en cuando me gusta sentir la madera y la utilizo también como soporte”, explica el pintor.

El “Agua” es el tema de una larga serie de obras en las que aparecen, desde el hermoso edificio del Canal de Isabel II, icono arquitectónico del agua en Madrid a conducciones mecanicistas del agua, grifos, duchas, lluvia, tormentas... El agua como valor precioso más allá del petróleo.

En la pared pueden verse grandes dibujos, bocetos de sus cuadros; dibujos que se superponen, realizados con pigmento, al ya trabajado soporte del cuadro; dibujos que a su vez admiten otros dibujos en un plano o visión más cercana.

Coches, aviones, personajes femeninos, perros, gatos, arquitecturas, letras, palabras en castellano e inglés, números... un controlado “totum revolutum” con títulos irónicos como “Car wash” en el que hay lavado de automóviles y de genitales.

Vampiros literarios y políticos
Su última serie va de “Vampiros” literarios y políticos... Una versión renovada de Drácula, personaje de permanente actualidad. En la recámara del taller, el pintor guarda otra serie titulada “Fidel”, referida al mandatario cubano, pintada curiosamente sobre palés de madera, reciclados como soporte de su pigmento. El personaje aparece con puro habano, con micrófono o de mil formas... Fidel como repetición de icono, casi tan pop como el Ché Guevara. “Él tiene cuadros míos, de cuando yo vivía en La Habana”, cuenta Boix.

Recuerda con frecuencia a Matta, aunque Boix advierte que con quien aprendió pintura fue con el pintor cubano René Portocarrero. “Conocí a Matta a través de Antonio Saura durante un almuerzo en un hotel de La Habana. Querían aparecer juntos en una publicación y yo les llevé a la revista “El Caimán Barbudo”, que entonces tenía prestigio. Desde aquel día yo también empecé a colaborar en la revista como ilustrador de la misma.

Boix se confiesa trabajador empedernido y por eso tiene tanta obra en su taller. “La pintura no se hace en el bar y yo trabajo incluso en los fines de semana”. Confiesa que necesita la luz para vivir y por eso dejó Suecia, donde “los inviernos son demasiado largos; me fui a Ginebra donde conservo todavía mi estudio, pero ahora es el tiempo de Madrid.”