lunes, 14 de septiembre de 2026
"CUANDO OSCURECE" DE PETER STAMM, EN TRADUCCIÓN DE JOSE ANIBAL CAMPOS
SIGMUND FREUD : CÉLEBRES ESTUDIOS DE FREUD SOBRE CATALINA E ISABEL DE R. ILUSTRADO POR: CARMEN BUENO Y TRADUCIDO POR LUIS LÓPEZ-BALLESTEROS
domingo, 13 de septiembre de 2026
GRUPO VOTILESCO. Exposición de artes visuales en la Fábrica de Cerámica y Vidrio de Valdemorillo (Madrid)
Inauguración con los cuadros de Pilar Suja al fondo.
P.S.E.
Fotos: Pilar Suja
14/9/26.- Valdemorillo (Madrid).- Se ha inaugurado la exposición de arte del Grupo Votilesco, colectivo artístico de la zona noroeste de Madrid que reúne a pintores, escultores, fotógrafos y artesanos. El evento tiene lugar dentro de una antigua fábrica de cerámica y vidrio del s. XIX, un lugar que no deja indiferente.
Pilar Rodríguez Laserna es la curadora de la exposición. Y entre los artistas: Héctor Delgdado, Pilar Engelmo, Pilar Suja... hasta el 31 de septiembre.
El viernes 18, inaugura Héctor Delgado la exposición suya individual, en los jardines. La Casa de Cultura con dos exposiciones magníficas merecerá una visita.
Es un espacio que sorprende muchísimo, ya que las obras de arte se exponen literalmente dentro de las chimeneas de la antigua fábrica. Su interior me parece que tiene un atractivo increíble, quedó gravemente dañada durante la Guerra Civil en el año 1937, pero han logrado darle ese toque de espacio alternativo con encanto para crear un ambiente artístico único.
Se puede visitar el Museo de Cerámica y Vidrio en el mismo edificio para conocer más sobre la historia industrial del municipio y a pocos metros está la iglesia Nuestra Señora de la Asunción del s.XVI.
Ven a la exposición de arte 🎨 , aprovecha para disfrutar del paisaje de la sierra del Guadarrama ⛰️ , respira aire puro 🌞, come en uno de sus restaurantes 🍴 y ya tendrás un día de lo más completo 😊
Más información:
📍 Centro cultural Giralt Laporta, Valdemorillo (Madrid).
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sábado, 12 de septiembre de 2026
MAMÁ Y MAMA SIN ACENTO. Relato
Julia Sáez-Angulo
lunes, 7 de septiembre de 2026
Yo era pequeña cuando descubrimos que Celia lloraba cada vez que se sentaba a comer en nuestra mesa. Eran los años 50.
Al principio no sabíamos qué le pasaba. Había comida de sobra, como todos los días, y Celia tenía su plato delante. Pero, en cuanto empezaba a comer, se le llenaban los ojos de lágrimas. Mi madre se dio cuenta y, después de mirarla durante varios días, le preguntó:
—Celia, ¿por qué lloras?
Celia no respondió.
Mamá se lo volvió a preguntar. Y otra vez. Y otra más. Hasta que Celia bajó la cabeza y dijo:
—Es que aquí no falta comida y mi madre viuda, en el pueblo, se muere de hambre.
Eran los años 50.
Todos nos quedamos callados. A mí me pareció que aquella frase se había quedado sentada en medio de la mesa, ocupando el sitio de alguien.
Celia nos explicó que su madre estaba sola en el pueblo y que, cuando ella comía con nosotros, no podía dejar de pensar en ella. Querría guardarle un poco de su cena, pero el pueblo estaba muy lejos y no podía llevársela.
Mi madre se quedó pensando un momento. Luego dijo:
—Pues tráetela a casa.
Celia levantó la cabeza, como si no hubiera oído bien.
—¿A mi madre?
—Sí, a tu madre. Que viva contigo en tu habitación. Le pondremos un plato en la mesa todos los días.
A mí me pareció una idea enorme. Como si mi madre hubiera dicho que podíamos traer a casa a cualquiera que tuviera hambre.
Y así fue.
La madre de Celia llegó a nuestra casa y, desde entonces, tuvo su sitio en la mesa.
Celia la llamaba mama, sin acento. Nosotros empezamos a llamarla también mama, sin acento, porque así la llamaba Celia, su hija. Y yo tuve dos madres.
Una era mamá, con acento. La otra era mama, sin acento (Entonces yo no sabía lo que eran los acentos).
Yo notaba la diferencia cuando las llamaba. Una sonaba como la mamá de mi casa. La otra sonaba como la mama de Celia y cómo las madres que vivían en su pueblo.
No sabía explicar muy bien por qué sonaban distintas. Solo sabía que una tenía un acento al decir y la otra no. Y también sabía que las dos eran mamás.
A veces las decía en voz baja, una después de la otra, para escuchar cómo cambiaban. Mamá. Mama. Me parecía raro y bonito tener dos palabras casi iguales para querer a dos personas.
La madre de Celia había llegado a casa para ser su madre, pero poco a poco se convirtió también en un poco madre nuestra, de mi hermano y mía. Nos quería a todos por igual y nunca parecía que le sobrara cariño para nadie.
A mí me gustaba mucho verla cuando iba al colegio.
Se vestía como una niñera de cuento. Llevaba un delantal blanco muy limpio, el pelo recogido en un moño alto y unas horquillas que parecían florecitas. Se arreglaba con mucho cuidado, porque decía que tenía que representar bien a la casa que la había acogido, la casa donde le daban de comer y le ponían un plato en la mesa todos los días.
Yo me ponía contenta y me sentía orgullosa cuando la veía llegar a recogerme en el colegio. Me daban ganas de decirles a todos:
—Es mi mama, sin acento.
Pero luego pensaba que también era la mama de Celia y que, de alguna manera, era de las dos.
Entonces todavía era niña, pero empezaba a entender algunas cosas. Entendía que un plato en la mesa podía ser algo muy importante. Que compartir una habitación podía cambiarle la vida a alguien. Y que una madre podía dejar de pasar hambre, porque otra madre había dicho:
—Pues tráetela a casa.
Con los años comprendí que aquella frase no solo había abierto una puerta. También había hecho un sitio en nuestra familia, en nuestra mesa y en nuestros corazones. Desde entonces, cada vez que pronunciaba mamá o mama sin acento, escuchaba dos voces distintas y el mismo amor al responderme.
Una mamá. Y otra mama. Dos mujeres, dos acentos, dos maneras de abrazar. Pero un solo lugar donde cabían las dos: mi corazón.
viernes, 11 de septiembre de 2026
JOSÉ MIGUEL ORTÍ BORDÁS, autor del libro "Memoria de la Dictadura y de la Transición"
CARMEN DÍEZ MEDINA, AUTORA DEL LIBRO “RAFAEL MONEO, CONSTRUIR LAS IDEAS (1954-2024)”
Julia Sáez-Angulo
11.09.2026.- Madrid.- A lo largo de siete décadas, Rafael Moneo ha construido una obra arquitectónica en la que la reflexión, la práctica y la docencia son inseparables. Si bien sus edificios—la materialización tangible de sus ideas—han sido ampliamente estudiados, este libro propone la primera lectura global del pensamiento que subyace a su arquitectura y de su biografía intelectual. De Tudela a Madrid y Barcelona , pasando por Dinamarca, Italia o Estados Unidos, el recorrido traza un mapa vital y profesional en el que viajes, responsabilidades académicas y docentes, el intercambio con figuras clave—entre otros Peter Eisenman, Aldo Rossi, Frank Gehry, Rem Koolhaas o Herzog & De Meuron—y la exigencia del trabajo en el estudio se entrelazan con los debates que han marcado la discusión teórica y la práctica arquitectónica desde mediados del siglo XX.
A partir de material de archivo, publicaciones, testimonios y conversaciones con Moneo, este volumen ofrece un viaje inédito al origen de sus ideas: una mirada a la intrahistoria reciente de la arquitectura a través de uno de sus protagonistas más lúcidos e inspirados.
Carmen Díez Medina (Madrid, 1962) es arquitecta por la Universidad Politécnica de Madrid, doctora por la Technische Universität Wien y catedrática de Composición Arquitectónica en la Universidad de Zaragoza. Antes de orientar su trayectoria hacia el ámbito académico trabajó como arquitecta en el estudio de Nigst, Hubmann y Vass en Viena, y, más tarde, en el de Rafael Moneo en Madrid. Actualmente es responsable del grupo de investigación Paisajes Urbanos y Proyecto Contemporáneo (PUPC) y presidenta de la Asociación de historiadores de la Arquitectura y el Urbanismo (AhAU).