DOLORES GALLARDO LÓPEZ
A punto de cumplir los 70 años, Plácido Domingo vuelve al Teatro Real el papel de Orestes de la ópera Ifigenia en Táuride.
Ifigenia en Tauride relata la última parte de la larga serie de tragedias que ensombrecieron la casa real de Micenas: Agamenón, rey de Micenas y general en jefe del ejército griego que debía dirigirse a Troya para traer de regreso a la adultera Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta y hermano de Agamenón, sacrificó a su hija pequeña, Ifigenia, a la diosa Ártemis a fin de que las naves griegas, detenidas en Aúlide por la falta de viento, pudieran hacerse a la mar.
En el último momento la diosa sustituyó a la joven por un cervatillo y la llevó con ella a Taúride, donde se convirtió en su sacerdotisa.
Tras regresar victorioso de Troya, Agamenón fue asesinado por su esposa Clitemnestra y por su amante, el joven Egisto.
Tiempo después Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, instigado por su hermana Electra, asesinó a Clitemnestra y Egisto. Pero las Erinias, vengadoras de la sangre que se derrama, en especial de los parricidios, lo persiguieron y enloquecieron. Finalmente en Atenas, por intercesión de la diosa Atenea, fue perdonado por las Erinias, que a partir de ese momento en la ciudad de Atenas se convirtieron en Eumenides “Bienhechoras”.
Ifigenia en Táuride presenta el viaje que emprendió Orestes, junto con su inseparable amigo Pílades, y que acabo en naufragio en las costas de Táuride.
El rey del lugar quiso matar a ambos jóvenes sin embargo consiguieron salvarse gracias a la sacerdotisa de Ártemis –Ifigenia- que enseguida reconoció a su hermano y a su vez se dio a conocer. Los tres escaparon en el barco que había llevado a Orestes y Pílades y regresaron a Micenas. El poeta trágico griego Eurípides (480 -406 a.C), uno de los tres grandes poetas trágicos griegos, dio forma a esta tragedia.
La ópera que desde hoy hasta el próximo 27 de enero se representa en el Teatro Real de Madrid es de Christoph Willibald Gluck, compositor alemán del siglo XVIII pero que en palabras de P. Domingo "podría ser un compositor de nuestros días".
Esta obra es uno de los jalones decisivos en la reforma de la ópera que llevó a cabo Gluck en su búsqueda de la serena belleza y la sobriedad del teatro clásico y el alejamiento de los excesos de la ópera del Barroco.
Placido Domingo cantará el papel de Orestes. El papel de Ifigenia lo canta la mezzo norteamericana Susan Graham y el de Pílades el tenor, tambien estadounidense, Paul Groves.
El espectáculo está dirigida escénicamente por Robert Carsen y musicalmente por Thomas Hengelbrock, experto en el repertorio del XVIII y que con esta producción debuta en Madrid.
El Teatro Real rendirá un hermoso y merecido homenaje a Plácido Domingo con motivo de su 70 aniversario
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miércoles, 12 de enero de 2011
miércoles, 6 de octubre de 2010
Rosa Yagüe, “Trípticoteando”, exposición sobre Rostros de Mujeres
Dibujos/Pintura 2000-2010
Sala de la FJC, Rambla 10 de Barcelona
Del 7 de octubre al 6 de noviembre de 2010
L.M.A.
06.10.10 .- Barcelona .- Occidente narra con Plinio el nacimiento del dibujo y la pintura, el día en que una muchacha corintia, hija del alfarero Butades de Sición, dibujó el perfil de su enamorado en el muro de su casa, siguiendo los rasgos que proyectaba la sombra a la luz de una vela. El tema ha sido llevado a los cuadros con asiduidad, alternando el título de “nacimiento del dibujo” o “nacimiento de la pintura”. Resulta curioso que uno y otra se fundan en esta fábula, que si no es cierta está bien contada por el autor latino.
Rosa Yagüe (Barcelona, 1947) nos presenta una serie de obras de cierto tamaño, en los que la idea del dibujo y la pintura se funden sin solución de continuidad. Hay trazo y hay color; hay línea y hay valores pictóricos; hay grafito y lápices de colores, junto a texturas de oro y plata, de piedras o espejos; hay trazos y sombras; hay tinta china a pluma de ave y pigmentos cromáticos que encienden la forma sobre el soporte... Hay blancos, negros, amarillos, ocres... que distribuyen en la geometría del soporte con ritmos matemáticos.
¿Dibujo?, ¿pintura?... Yo diría que Dibujos/pintura o Pinturas/dibujo, porque los géneros se mezclan y funden en la obra de esta artista versátil y proteica, que no se atiene a un solo material sino que los conjunta con armonía en piezas sorprendentes y sabias. Dibujos únicos como caligrafías de autor; pinturas especiales en las que el concepto se impone a la par que la forma.
Dibujante, pintora, grabadora, ceramista, instalacionista... para Rosa Yagüe no caben los límites en el arte sino la hibridación y fecundidad. En esta muestra, la autora se ha centrado en los dibujos/pinturas para ofrecer una serie singular en la que ha trabajado con ahínco, con la maestría de quien indaga y se deja sorprender por la forma y el color que nacen de sus manos hasta decir ¡Eureka!, para afirmar junto a Picasso: “Yo no busco, encuentro”.
Mujeres de la Historia, la Mitología y la Literatura
Y en su indagación e investigación casi automática, Rosa Yagüe se ha encontrado con rostros enigmáticos a los que ha reconocido de inmediato y les ha puesto nombre, porque sabe, como señala la Kábala, que la tarea de poner nombres corresponde al último acto del creador.
En la obra de Yagüe leemos títulos como “Zenobia de Palmira”, la reina sometida por Aureliano cuando entró con sus tropas en Siria; a “Ifigenia”, la hija de Agamenón y Clitemnestra; Minerva, Terpsicore…; Mujeres relevantes de la historia, la mitología o la literatura; mujeres víctimas de su propio destino, reivindicadas en estos dibujos/pinturas.
Títulos, nombres, figuras, personajes... que aparecen como fantasmas liberados de su leyenda para cobrar protagonismo plástico. Como decía el pintor Henner: frente al lenguaje escrito, que sólo nos ofrece el concepto “casa”, el dibujo o la pintura nos entregan la visión retiniana concreta y cercana de una “casa”.
Para Rosa Yagüe pintar, dibujar... son claves en su vida, por eso ha querido titular la exposición “Trípticoteando, después de la marea”. Ahora es tiempo de esta serie de cuadros con visiones, formas y sugerencias muy particulares, rebosantes de maestría, de plenitud en su fecunda carrera de artista.
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