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jueves, 25 de junio de 2020

"La edad de la inocencia", novela clave de Edith Wharton, premio Pulitzer 1921


La edad de la inocencia es una novela de Edith Wharton publicada en 1920 y que fue galardonada en 1921 con el Premio Pulitzer.

Este año se conmemoran los 200 años de su publicación, y Ediciones Cátedra publica la obra en su colección Biblioteca del Siglo XX.

L.M.A.

      25.06.2020.- Madrid.- La edad de la inocencia pertenece a esa categoría de obras escritas durante la Gran Guerra o la posguerra en las que los fantasmas de la conflagración se resisten a descansar. Se infiere de ese sentimiento de pérdida que llevó a la autora a escribir la novela y en su aguda conciencia del devenir de la historia y la caducidad de la vida.
        El libro ha sido publicado por Ediciones Cátedra.

Situada en el Nueva York de su niñez, constituye ‘una mirada atrás’ a un mundo íntimamente conocido, plasmado en todo su conformismo y su pertinaz mediocridad. La edad de la inocencia es una de las obras más íntimamente ligadas a la biografía de la autora, no solo porque en ella reproduce al detalle la sociedad en la que creció, sino también porque al hacerlo vertió muchos de los sentimientos que marcaron el momento de escribirla.

En su reveladora autobiografía, Edith Wharton nos relata una infancia llena de bienestar material, buena cocina y ropa cara. Pero lo que se trasluce es la imagen de una niña solitaria, que entabla una apasionada relación con los perros y con el sonido de las palabras. No recibió una educación formal, pero aprendió idiomas con una institutriz alemana y leyó todo cuanto cayó en sus manos que su madre no censurara. En su vida adulta, Edith emprenderá su particular huida a través de los que serán los dos pilares centrales de su vida: la creación de casas y jardines y la escritura. Estas actividades se entrelazaban simbióticamente y no es casualidad que en sus memorias utilice una imagen espacial, ‘el jardín secreto’, para referirse a su vocación literaria.

Para la realización de la edición de Cátedra se ha acudido al texto que hoy se tiene por estándar, que es el que Edith Wharton revisó minuciosamente para la sexta tirada de la primera edición. Algunas notas a la traducción ayudan a comprender las muchas referencias topográficas, literarias y culturales que Edith Wharton utiliza de forma evocativa para reconstruir ese mundo.

La lectura de La edad de la inocencia no decepciona, todo lo contrario. La elegancia con que está tejida su trama memorable, la verdad existencial de los conflictos que plantea y su capacidad para generar nuevas lecturas sugieren la vitalidad de un texto que trasciende a cualquier edad y por ello merece la noble etiqueta de clásico de la literatura universal.
Texto alternativo






















Colección: Biblioteca Cátedra del Siglo XX
ISBN: 978-84-376-4150-8
Páginas: 496
Precio: 20,00 €

martes, 16 de octubre de 2018

“Edith Wharton. Una mujer rebelde en la edad de la inocencia”, libro de Jorge Freire, publicado por Alrevés


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Julia Sáez-Angulo

            17/10/18 .- MADRID .- La incursión de Edith Wharton en la literatura le llevaron a descubrir la decadencia de un mundo de nuevos ricos opulentos americanos, procedentes de la industria o de la banca, sociedad a la que pertenecía, un mundo que iba desapareciendo y del que ella fue la cronista implacable, que desentrañó un ambiente de palacetes en la Quinta Avenida neoyorquina, cuyo objetivo máximo era mostrar su refinamiento y buenas maneras.

            Edith Wharton (Nueva York, 1862 – Francia, 1937) es una gran narradora americana educada en Europa, que nos ha dejado medio centenar de libros y un puñado de poemas. El escritor Jorge Freire (Madrid, 1985) nos ha proporcionado una buena biografía de la escritora norteamericana, bajo el título de Edith Wharton. Una mujer rebelde en la edad de la inocencia, recogiendo en el subtítulo del mismo el título de uno de los mejores relatos y libros de la autora.

            Fue la primera mujer que obtuvo el premio Pulitzer y una de las primeras reporteras de la historia, lo que le valió el galardón de la Legión de Honor francesa, por haber estado en las trincheras de la I Guerra Mundial. Vivió 30 años de infelicidad conyugal y tuvo que enfrentarse a los prejuicios pacatos de una sociedad corta de miras.

            Edith Warton es una de las mejores narradoras del siglo XX, sus relatos son flashes de lucidez y delicia literaria, sus novelas agudas en la perspicacia de los caracteres. El libro de Jorge Freire nos ofrece una brillante biografía de ella, acompaña de un índice onomástico y una bibliografía orientadora. Un libro que no debe perderse todo aquel interesado en la autora o la alta sociedad americana de su tiempo.


Edith Warton

miércoles, 5 de octubre de 2011

Edith Wharton reflexiona sobre el cuento y la novela en “Escribir ficción”




“Escribir ficción”
Edith Wharton
Traducción y Prólogo.
Amalia Pérez de Villar
Editorial Páginas de Espuma
Madrid, 2011 (172 pags.)







Julia Sáez-Angulo


Reflexionar sobre la propia escritura es tarea que en un momento u otro llevan a cabo los narradores o poetas, en lo que tiene de docencia y transmisión de experiencias literarias propias. Edith Wharton (Nueva York, 1862) lo hizo en una serie de ensayos recogidos bajo el título “Escribir ficción”, que publica Páginas de Espuma. Sus consideraciones literarias se unen así a las de autores célebres como Antón Chejov, Mario Vargas Llosa o en España, la académica Soledad Puértolas.

Seguidora de Henry James, Edith Wharton es la primera mujer que mereció el premio Pulitzer en los Estados Unidos y entre sus obras se encuentran su reconocida “La edad de la inocencia” (1920), su compilación de cuentos “Vieja Nueva York” (1924), Ethan Frome (1911) o “El valle de la decisión” (1902).

Los apartados del libro de Wharton en el índice son: Contar un cuento; Construir una novela; Personaje y situación en la novela y Marcel Proust. En una segunda parte escribe sobre “El vicio de leer”, que se complementa con una amplia reseña bibliográfica. El oficio de escribir es duro, la página en blanco puede ser un trauma, pero algunos, como señala Amelia Pérez de Villar en el prólogo, lo hacen especialmente dramático en sus declaraciones como Pessoa, Hemingway o Flaubert.

Escribir bien es muy difícil, por lo que exige una continua atención y corrección de la escritura, después de haber leído mucho, de haber aprendido el oficio a través del conocimiento de la gramática y la sintaxis. El prólogo se abre con una cita de W. Burroughs en la que se pide atención, “ojos abiertos” del escritor ante el mundo que le rodea.

La forma y el estilo

Wharton aborda el tema de la forma y el estilo, claves para una narración que desea ser considerada literaria. “El estilo es el ingrediente más personal en la combinación de los componentes de los componentes de los que está hecha cualquier obra de arte. Las palabras son la representación física del pensamiento...”

La escritora americana da importancia al tiempo para que la masa de la escritura fermente y permita una nueva revisión. Las prisas y los atajos no son buenos. Nada peor que una escritura precipitada. Cada escritor aporta su visión y eso es algo irremplazable. Cada autor tiene su mundo y visión del mismo, por lo que poco importa el tema sino el punto de mira que enriquece la visión.

La ensayista arremete contra la moda, el temor a no ser original, aboga por la precisión y sencillez del lenguaje y aplaude la ironía y el ligero sarcasmo en lo que ella era maestra. Para el cuento, la autora señala el “preciosos instinto que hace posible la selección” y que se destila con paciencia infinita.

La cuestión de la verosimilitud es también abordada por Edith Wharton y recuerda que “James buscó el efecto de la verosimilitud ajustando rigurosamente todos los detalles de su retrato al tamaño y a la capacidad del ojo que los miraba”. El punto de vista es importante y a la escritora no se le escapa un aspecto del arte de narrar para transmitir y conversar con los jóvenes escritores o alevines de la narración. Fabular en literatura es un oficio y un arte. Wharton ha sido una de sus mejores artífices.

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viernes, 16 de abril de 2010

Edith Wharton, "Relatos de fantasmas", publicados por Alianza editorial


Edith Wharton


"Relatos de fantasmas"
Edith Wharton
Biblioteca de fantasía y terror
Alianza Editorial; Madrid 2010


Julia Sáez-Angulo


La narrativa del terror conjura los miedos, dice con frecuencia la crítica literaria. A los niños se les cuenta historias, a veces truculentas como “Pulgarcito”, “Piel de asno”, “Caperucita roja”... con ellos los niños aprenden que en caso de dificultad han de agudizar el ingenio, detectar el incesto o ser cauto ante las seducciones interesadas.

Edith Wharton (1862 -1937), la escritora norteamericana muy celebrada por sus relatos bien articulados, es objeto de una antología que acoge sus relatos de fantasmas, un género muy celebrado, sobre todo en el mundo de habla inglesa, que ha dado lugar incluso a una singular serie de películas sobre fantasmas como la célebre “El fantasma va al Oeste”.

Once relatos que van desde “La campanilla de la doncella” a “El día de difuntos”, que aportan una atmósfera inquietante al lector que se adentra en ellos. Dado que la realidad o lo que llamamos realidad no es más que apariencia y que detrás de ella, en lo invisible late lo invisible o espectral.

Con los fantasmas sucede lo mismo que con las brujas que “no creemos en ellas, pero haberlas, hailas”, al igual que los espectros de los muertos se avistan desde distintos puntos de vista, desde la guija a las piedras de los castillos solitarios.

“No creo en los fantasmas, pero me dan miedo” es otra afirmación al uso. “Creer en ese sentido es un acto consciente del intelecto, y en la calidad oscuridad del fluido prenatal, muy por debajo de nuestra razón consciente, en donde se aloja la facultad con la que sentimos a los espectros que tal vez no estamos capacitados para ver”, se dice en el prefacio del libro.

Escocia, por sus brumas, es una tierra muy dada al cultivo de fantasmas. Las ciudades están llenas de relatos de fantasmales. Madrid por ejemplo cuentan con los dramáticos fantasmas del palacio de Linares y la Dama Blanca en la Casa de las Siete Chimeneas, hoy Ministerio de Cultura, una mujer que se aparece de vez en cuando, casi siempre a los hombres y en una ocasión a un fontanero del inmueble que subió blanco y despavorido después de haberse topado con ella.

La historias y relatos de fantasmas como los bien construidos de Edith Wharton, hacen siempre referencia a vidas anteriores donde una muerte, un drama o una vida inconclusa en algún sentido, requieren un “ajuste de cuentas” con los vivos, el lugar donde se desarrollaron los hechos clave de sus vidas o la reubicación definitiva de un objeto decisivo para que el fantasma descanse de una vez en paz.

Poco importa el argumento si la historia no está bien escrita, pero Edith Wharton escribe con un estilo plástico y elegante, con una agudeza sutil para resolver en una frase o pincelada las claves de la situación.

Alicia Mariño, profesora de la Universidad a Distancia de España y especialista en literatura fantástica, ha escrito mucho sobre las historias de fantasmas.