Mostrando entradas con la etiqueta Alicia Mariño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alicia Mariño. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de abril de 2016

“Numancia” entre el espectáculo y Cervantes, en el Teatro Español








Julia Sáez-Angulo

            La obra de teatro Numancia se presenta  el en  Teatro Español, dentro de la conmemoración del IV centenario de la muerte del Príncipe de los Ingenios; una representación entre el espectáculo y Cervantes, en versión de Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, antes de sus relevo al frente del citado teatro.

            Los más añejos tenemos en la memoria la misma obra, dirigida por Miguel Narros en el mismo Teatro Español de hace unos años. Una buena versión que se quedó prendida en oído y retinas, con una licencias curiosas e ingenuas, como la de grandes relojes en las muñecas de los actores.

            Algunos sentimos cierta nostalgia por escuchar a los clásicos sin excesiva mediación, aunque una adaptación sea casi siempre necesaria. Los actores aparecen en escena, se mueven y pasean y cuando las luces indican al espectador silencioso que va a empezar, rompe la espera un saludo de bienvenida en altavoz del Ayuntamiento  de Madrid y de que se apaguen los móviles, algo que acaba con la espera del comienzo y que debiera haberse hecho antes.



            Seguidamente comienza lo que creíamos la obra de Cervantes, pero una parrafada dual de dos actores nos lanzan una moralina sobre el amor, la libertad, el laicismo y los dioses que vagan por el éter.  No suena ni sabe a Cervantes. Desconcierta. No se sabe si es del adaptador o del director; de Cervantes, imposible. Al final más de lo mismo. Será por eso que la obra no se denomina El cerco de Numancia, título que le dio Cervantes. Con este título estuvo otra versión en el Festival de Mérida en 2015.

            Dicho esto, solo cabe disfrutar la representación de Numancia. La puesta en escena con sucesivos paneles prácticos de subida y bajada en la escenografía resulta vistoso y en alguno momentos espectacular . Quizás un exceso de incienso, que hacía toser a ciertos espectadores. Parece que hubiera necesidad de envolver en neblina la historia de un pueblo, Numancia, que cercado por los romanos se vio abocado al hambre y al suicidio. Un heroísmo extremo que ha creado el término de “numantinismo”, morir antes que entregarse al enemigo.

            La vestimenta de los romanos con largo abrigo militar y gorra de plato, tiene algo de deja vu.

            Doce  actores dan vida a Numancia Beatriz Argüello, Alberto Velasco, Chema Ruiz, Raúl Sanz, Carlos Lorenzo, Alberto Jiménez, Markos Marín, Maru Valdivielso, Julia Piera, Críspulo Cabezas, Mélida Molina y Miryam Gallego), con escenografía de Alessio Meloni, vestuario de Almudena Huertas, iluminación de José Manuel Guerra, música de Luis Miguel Cobo y audiovisuales de Miguel Ángel Raió.

Más información
www.cervantesvirtual.com




           


lunes, 25 de febrero de 2013

Alicia Mariño, estudiosa de la Literatura Fantástica, ante un genero que crea arquetipos literarios




Julia Sáez-Angulo

25.02.13.- Madrid.- Alicia Mariño Espuelas es licenciada en Filología Francesa y en Derecho, doctora en Filología Francesa y profesora titular de Universidad  (UNED). Hizo su Tesis Doctoral sobre “La función y el significado de la literatura fantástica en Villiers de l’Isle-Adam”.

Ha trabajado desde entonces sobre el género fantástico en distintos autores, como Nodier, Gautier, Maupassant, Mérimée, Barbey d’Aurevilly, Pedro Antonio de Alarcón, E. T. A. Hoffmann, E. A. Poe, Adolfo Bioy Casares, Borges, etc. Fruto de esos trabajos han sido diferentes artículos publicados en revistas especializadas y un libro, editado por Cátedra en su colección “Clásicos Universales”, sobre La novela de la Momia, de Théophile Gautier. Ha dirigido Memorias de Licenciatura sobre lo fantástico en autores como Antonio Hoyos y Vinent y José Mª Merino.

Asimismo ha trabajado en otras áreas de la literatura francófona, especialmente en el ámbito de las letras francocanadienses (ss. XIX y XX), publicando numerosos artículos al respecto.

Últimamente, además de proseguir con sus investigaciones sobre literatura fantástica, Mariño ha orientado su labor hacia la literatura comparada, estudiando la génesis y evolución de ciertas leyendas europeas. Y en este mismo campo de la literatura comparada se incluyen sus últimos trabajos sobre literatura japonesa.

En el campo de la literatura femenina ha estudiado a autoras como George Sand o Flora Tristan y proyecta completar el análisis de los personajes femeninos en Cervantes, del que un estudio, ya realizado, sobre las mujeres en el Quijote es una primera aproximación. Se plantea también estudiar el papel de las mujeres en la obra dramática de Calderón.

Alicia Mariño ha accedido a esta entrevista:



Creo que fue Borges quien dijo que la verdadera literatura era la fantástica. ¿Lo cree usted así?
- Sí. Borges opinaba que la verdadera, la primera literatura era la fantástica, porque se remite al mito, al origen de los tiempos. Decía que la literatura fantástica es tautológica, y estoy totalmente de acuerdo.

¿Sofronizamos los miedos y terrores con lo fantástico y el terror?
- Sí, así lo creo. Solo citando a la muerte, uno deja de temerla; solo sacando a la luz los propios fantasmas, estos dejan de acosarnos. Lo fantástico y el terror exorcizan, sin duda, nuestros miedos.

¿Cabe literatura fantástica en países meridionales de sol o requieren cierta bruma o niebla? ¿Galicia juega con ventaja?
- No creo que la buena literatura fantástica sea cuestión de clima o geografía, sino de perfección formal en torno a un tema trascendente. Pero no cabe duda de que esta literatura nace y se desarrolla con mayor intensidad en los países anglosajones y también en los antiguos territorios celtas, lugares idóneos para entretejer sueños.

Rebelión contra el racionalismo
La tradición literaria en castellano suele ser bastante realista, ¿a qué cree que se debe?
- Pienso que el siglo XIX, en España, no dejó traspasar al cien por cien las influencias que venían de Europa aportando una nueva literatura de imaginación que se rebelaba contra el racionalismo y que desembocaría en la literatura fantástica stricto sensu de la mano de E. T. A. Hoffmann y, más tarde, de la de E. A. Poe. De ahí que las obras fantásticas clásicas españolas se hayan producido en menor número que en las  literaturas de otros países.

¿Escribir con alcohol, mezcalina u otras sustancias alucinógenas ha favorecido la creatividad en este campo?
- Yo no lo pienso así. Las mejores obras de literatura fantástica se han escrito por autores en estado sobrio, lo que no quiere decir que experiencias o sensaciones del tipo al que usted se refiere hayan podido tejer, en el imaginario de los autores, una red temática o emotiva al respecto.

Su tesis fue sobre un autor francés, ¿qué autores españoles encarnarían mejor la literatura fantástica y por qué?
- Villiers de l’Isle-Adam, el autor que trabajé en mi tesis doctoral, pertenece a la segunda mitad del siglo XIX francés. De esa misma época en España citaría a Dª Emilia Pardo Bazán, a Gustavo Adolfo Bécquer y a Pedro Antonio de Alarcón y su estupendo relato La mujer alta.

¿Se han creado algunos arquetipos literarios en la literatura fantástica?
- Por supuesto: el vampiro, la vampira, la muerta enamorada o,  temáticamente, todo lo que tiene que ver con el amor más allá de la muerte, por citar algún ejemplo.

¿La literatura fantástica es evasión o liberación?
- Para mí es claramente liberación. Liberación de todas las ataduras a las que nos somete nuestra sociedad racionalista, porque al fin y al cabo ¿no es cierto -como preguntaba Hamlet a su amigo Horacio- que en el cielo y en la tierra hay mucho más de lo que puede explicar la [tu] filosofía?

¿Hay subgéneros dentro de esta literatura?
- Sí, por ejemplo, la literatura de terror en el sentido estricto del término, la literatura de lo insólito, e incluso, me atrevería a decir, cierta literatura del absurdo.

 Antología de Borges, Bioy y Ocampo


¿Qué libro o antología de literatura fantástica nos recomienda?
- Hay muchas, pero yo recomendaría una que para mí es un auténtico fetiche, la primera que leí, la Antología de literatura fantástica de J. L. Borges, A. Bioy Casares y Silvina Ocampo.

¿No se ha sentido tentada por escribir un relato de terror?
- No lo descarto. Pero lo que más me gusta es leerlos, y a veces, incluso, en voz alta, a alguien que quiera escucharlos.

¿Tiene un perfil del lector de literatura fantástica? ¿Son los niños los mejor iniciados?
- El lector de literatura fantástica es por lo general alguien abierto a la imaginación, alguien que no racionaliza ni cuadricula la esencia de la vida, alguien con un profundo sentido de la trascendencia aunque no lo manifieste. Los niños son seres sin prejuicios de ningún tipo, y mucho menos racionales; nacen abiertos a la imaginación, una imaginación que nuestra sociedad pragmática se encargará cuanto menos de minimizar… Por eso puede parecer que los niños son los mejor iniciados para la literatura fantástica, pero pienso que para apreciar en profundidad la literatura fantástica stricto sensu hay que haber superado el período la adolescencia.

¿Qué libro está leyendo actualmente sea o no de literatura fantásica?
- Estoy releyendo una Antología de relatos sobre mujeres vampiro. Vampiras, de la editorial Valdemar. Y leyendo La escuela de la carne de Yukio Mishima, de Alianza Literaria, y una nouvelle deliciosa de Antón Chéjov que se titula Flores tardías, de la editorial Rey Lear, que voy a terminar esta misma noche.

¿Qué proyectos editoriales y profesionales tiene?
- Intento realizar un antiguo proyecto que es la elaboración de una teoría sobre la literatura fantástica, que ayudará en el estudio del tema a mis alumnos de máster de la UNED. En el terreno de la creación, acabo de terminar un libro de haikus que saldrá en el próximo otoño, y en el terreno profesional, el próximo mes de mayo impartiré el Seminario En la frontera de lo imposible, en un curso sobre literatura fantástica en la Universidad de Monterrey (México).



miércoles, 1 de junio de 2011

Alejandro Roemmers, Homenaje y Debate con escritores en la Fundación FIArt


Alejandro Guillermo Roemmers


L.M.A.


       01.06.11.- Madrid .- El escritor argentino Alejandro Roemmers, autor del libro "El Regreso del Joven Príncipe; el académico español, Luís Alberto de Cuenca; Roberto Alifano, director de la revista de poesía “Proa”; el poeta Antonio Requeni y Alejandro Vaccaro, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, disertaron sobre “La Filosofía Oriental y Occidental en El Regreso del Joven Príncipe” en la sede de la Fundación Fondo Internacional de las Artes, FIArt.

Al finalizar el acto, Guillermo Ramas, presidente de la Fundación FIArt, hizo entrega de una placa conmemorativa de su nombramiento como Patrono de Honor de la citada Fundación al autor del citado libro El Regreso del Joven Príncipe, Alejandro Guillermo Roemmers (Buenos Aires, 1958), que agradeció el gesto.

Luis Alberto de Cuenca celebró que el acto de homenaje a Alejandro Guillermo Roemmers tuviera lugar en la hermosa sede la la Fundación, "una casa madrileña, galdosiana, en la calle de las Infantas", dijo.

En el debate estuvieron presentes numerosos escritores y artistas como Angelina Lamelas, Tomás Paredes, Luís del Pino, Ignacio Junquera, Ángel de la Peña, David Blesa , Alicia Mariño y otros.


Datos biográficos del autor
Alejandro Guillermo Roemmers nació en Buenos Aires en 1958, en el seno de una familia que le brindó una educación excepcional. Desde muy joven fue reconocido por su poesía, por la que ha sido objeto de diversas distinciones y publicaciones.

Actualmente Roemmers presenta en España, su novela El regreso del Joven Príncipe, una novela publicada por la editorial Planeta, con una visión espiritual del mundo, donde trata del regreso a la Tierra del Príncipe que ya no es un niño. Es la continuación autorizada del libro de El Principito de Antoine de Saint -Exupéry, quien tuvo vínculos muy estrechos con Argentina, ya que su esposa era de este país.

Alejandro Roemmers quiso dar un giro al final de El Principito, que es triste, y compuso una segunda parte con la autorización de los familiares de Saint Exupery, que conlleva un final feliz.

"Un hombre que viaja solo en automóvil por las extensas y desoladas rutas de la Patagonia, ese territorio mítico y extraordinario, encuentra a un adolescente desvalido, casi muerto de hambre, que resulta ser aquel pequeño Príncipe ya crecido, que regresa a la Tierra. Los dos viajeros tan dispares, entablan un diálogo profundo y sorprendente que va desnudando con sencillez los grandes interrogantes de la existencia. Así, el viaje se transforma en un auténtico recorrido espiritual que va de la inocencia a la madurez, de lo cotidiano a lo trascendente y de la tristeza a la alegría y el entusiasmo de vivir. Un libro para todas las edades, que aspira a convertirse en un aporte para que la vida pueda ser mejor. Una lectura que no deja indiferente a nadie".

El libro, que sido un éxito en diversos países, ha sido traducido a numerosos idiomas.


.

viernes, 16 de abril de 2010

Edith Wharton, "Relatos de fantasmas", publicados por Alianza editorial


Edith Wharton


"Relatos de fantasmas"
Edith Wharton
Biblioteca de fantasía y terror
Alianza Editorial; Madrid 2010


Julia Sáez-Angulo


La narrativa del terror conjura los miedos, dice con frecuencia la crítica literaria. A los niños se les cuenta historias, a veces truculentas como “Pulgarcito”, “Piel de asno”, “Caperucita roja”... con ellos los niños aprenden que en caso de dificultad han de agudizar el ingenio, detectar el incesto o ser cauto ante las seducciones interesadas.

Edith Wharton (1862 -1937), la escritora norteamericana muy celebrada por sus relatos bien articulados, es objeto de una antología que acoge sus relatos de fantasmas, un género muy celebrado, sobre todo en el mundo de habla inglesa, que ha dado lugar incluso a una singular serie de películas sobre fantasmas como la célebre “El fantasma va al Oeste”.

Once relatos que van desde “La campanilla de la doncella” a “El día de difuntos”, que aportan una atmósfera inquietante al lector que se adentra en ellos. Dado que la realidad o lo que llamamos realidad no es más que apariencia y que detrás de ella, en lo invisible late lo invisible o espectral.

Con los fantasmas sucede lo mismo que con las brujas que “no creemos en ellas, pero haberlas, hailas”, al igual que los espectros de los muertos se avistan desde distintos puntos de vista, desde la guija a las piedras de los castillos solitarios.

“No creo en los fantasmas, pero me dan miedo” es otra afirmación al uso. “Creer en ese sentido es un acto consciente del intelecto, y en la calidad oscuridad del fluido prenatal, muy por debajo de nuestra razón consciente, en donde se aloja la facultad con la que sentimos a los espectros que tal vez no estamos capacitados para ver”, se dice en el prefacio del libro.

Escocia, por sus brumas, es una tierra muy dada al cultivo de fantasmas. Las ciudades están llenas de relatos de fantasmales. Madrid por ejemplo cuentan con los dramáticos fantasmas del palacio de Linares y la Dama Blanca en la Casa de las Siete Chimeneas, hoy Ministerio de Cultura, una mujer que se aparece de vez en cuando, casi siempre a los hombres y en una ocasión a un fontanero del inmueble que subió blanco y despavorido después de haberse topado con ella.

La historias y relatos de fantasmas como los bien construidos de Edith Wharton, hacen siempre referencia a vidas anteriores donde una muerte, un drama o una vida inconclusa en algún sentido, requieren un “ajuste de cuentas” con los vivos, el lugar donde se desarrollaron los hechos clave de sus vidas o la reubicación definitiva de un objeto decisivo para que el fantasma descanse de una vez en paz.

Poco importa el argumento si la historia no está bien escrita, pero Edith Wharton escribe con un estilo plástico y elegante, con una agudeza sutil para resolver en una frase o pincelada las claves de la situación.

Alicia Mariño, profesora de la Universidad a Distancia de España y especialista en literatura fantástica, ha escrito mucho sobre las historias de fantasmas.






jueves, 15 de abril de 2010

El haiku, composición poética en auge en España





Julia Sáez-Angulo

    15.04.10.- El haiku, composición poética japonesa por excelencia, que recorre las estaciones del año a base de tres palabras clave: cerezo, luna nieve, es esa composición poética de cinco, siete, cinco sílabas, que ha arraigado con cierto éxito en la lengua castellana más propicia al octosílabo del romance.

La escritora española de la denominada Generación del 27, Ernestina de Champourcín (Vitoria, 1905 – Madrid, 1999) fue la gran traductora e introductora del haiku en España, junto a su marido, el también escritor Juan José Domenchina, cuando ambos estaban exiliados en México tras las guerra civil. Su obra más célebre en este campo es “Hai-kais espirituales” (1967).

Rosa Yagüe (Barcelona) es una de las poetas que ha cultivado el haiku en su reciente libro “Momentos”, publicado en Bubok, así como Mar Capitán o Julia Sáez-Angulo, que han publicado algunos de estos poemas en la revista “Marejadas”.

Alicia Mariño, profesora de literatura de la Universidad a Distancia (UNED), también escribe haikus, “Una composición poética poderosa que te lleva incluso a pensar en haikus”. Esta escritora, experta en la literatura fantástica, prepara una antología sobre relatos de sirenas y ondinas.

El escritor extremeño, residente en Madrid, José María Bermejo es uno de los mejores teóricos sobre el arte del haiku. Él ha sostenido un taller itinerante de este género poético durante cierto tiempo en Guadalajara. 

.

martes, 13 de abril de 2010

Carmen Pallarés presenta los "Cuadernos de Hamburgo" de Jorge Rando



Obra de Rando


L.M.A.


La escritora Carmen Pallarés ha presentado el libro “Cuadernos de Hamburgo”, con los dibujos que el artista Jorge Rando (Málaga, 1941) hizo en la mencionada ciudad alemana. El acto tuvo lugar en la madrileña galería Victor i Fils y en él estuvieron numerosos escritores y artistas como Luis Alberto de Cuenca, ex Secretario de Estado del Ministerio de Cultura y miembro del patronato del Museo del Prado o la escritora Alicia Mariño.

Carmen Pallarés dijo en su exposición:

“En un teatro de Viena, Brahms está interpretando una de sus sonatas. Se escuchan ya los últimos sonidos del piano. La obra llega a su fin. Y estalla la ovación, cerrada, larga, llena de entusiasmo. Cuando los aplausos se debilitan..., se abre paso, excitada, una voz, de entre el público: “Señor Brahms, ¿qué ha querido decir con la música que acaba de interpretar?” En la sala, se corta de repente el silencio y se corta también el asombro en la estampa del compositor, que permanece inmóvil durante unos segundos. Y entonces..., reacciona: se dirige al piano, se sienta, pone sus manos sobre el teclado e interpreta de nuevo, de principio a fin y de la misma forma, la misma sonata.

No les puedo contar cual fue la respuesta del público tras la segunda interpretación. No lo sé. Lo que sí se es que este episodio resulta ejemplar para poner de manifiesto un problema del cual yo soy ya casi dolorosamente consciente: el de la transmisión del sentido y el significado de una obra de arte.

Pensamiento, sentimiento y voluntad

De este problema, sólo pueden salvarse: en primer término, la propia obra que para bien o para mal se manifiesta a sí misma; en segundo lugar, el autor, quien siempre puede interpretar de nuevo su sonata; y finalmente, el historiador, que puede llevar perfectamente a cabo su tarea sin enfrentarse si no lo desea con los ángeles del sentido ni con los dragones del significado. Los que escuchamos, contemplamos, asistimos al drama, leemos..., sólo nos salvamos cuando templamos bien los órganos anímicos, como dice Rudolf Steiner, de manera que el pensamiento, el sentimiento y la voluntad puedan vibrar con tino y convertir en experiencia lo que el Arte nos da. Porque, el Arte se nos da, sí, pero... sin duda, cada uno de nosotros tiene que merecérselo. Es un puente de luz o de tiniebla, tendido entre dos realidades imponentes: la del espíritu y la de la materia, y no puede cruzarse sin respeto, sin asombro, sin dignidad, sin agradecimiento.

Yo estoy hablando de obras hechas de verdad, de órganos anímicos bien afinados, del puente misterioso que nos tiende el Arte, pero...: hoy, todo esto suele rechazarse, negarse y combatirse. Y se combate, claro que sí, casi siempre con malas, con malísimas artes.

Cerca de mi casa, en el barrio de Ciudad Jardín, hay un grafito de esos que cuentan con todos los permisos, ayudas y licencias públicas y privadas. Está en el muro exterior de un colegio. En su parte central se ve... esto. Es la representación de un profesor, infatuado y mandón, que ha escrito en la pizarra lo siguiente: “No existe el arte; sólo existen los artistas”. ¡Seré antigua! ¡Seremos antiguos e indocumentados quienes nos apenamos y nos rebelamos ante declaraciones semejantes!

Lo falaz y lo destructivo de estas manifestaciones viene de lejos, desde luego, y en su momento tuvo su sentido, claro. Pero los lodos han sido y están siendo excesivos y necesitan respuestas cada vez más enérgicas y más quintaesenciadas. Hoy, presentamos una respuesta así.

Una colección de dibujos en Alemania

“Cuadernos de Hamburgo” es una gran colección de dibujos, nacida en las últimas estancias que Jorge Rando ha pasado en Alemania. Allí, el pintor no suele pintar: allí dibuja. ¿Cuáles son las diferencias que nos hacen distinguir claramente dibujo y pintura cuando, en muchos casos, se utilizan las mismas materias, los mismos pinceles, los mismos colores, y se representan los mismos asuntos?

Dos de mis sobrinos, Carlos y Laura, cuando eran niños, distinguían lo que era un dibujo y lo que era un cuadro con una emocionante seguridad mágica. Y hacían como Bramhs cuando yo les preguntaba cómo sabían que una cosa era dibujo y la otra pintura: sencillamente, me enseñaban de nuevo sus papeles, situándolos esta vez más cerca de mis ojos. Con sus distintos caracteres y temperamentos, y los dos reaccionaban igual en este asunto.

Lo mismo haría Rando hoy, si le dejáramos. Y lo haría, porque él sabe bien algo importante: que la actividad de un artista es tan sólo parcialmente consciente.

Nos lo advirtió Aristóteles, uno de los filósofos más modernos del Pensamiento Occidental, con el que podemos seguir contando, cuando en su Metafísica hizo la distinción entre la noesis, la ideación, la concepción de la obra, y la poiesis, su trance, su manifestación física, su ejecución. Lo que nace así, no podemos convertirlo en razonamientos completos, a no ser que no nos importe comportarnos de mala manera con el arte, cruzar ese puente con precitación y ser unos fariseos con los artistas.
Y es que el dibujo... tiene cualidades curiosas: una de ellas, es la del movimiento, como si fuera la huella de ese paso entre la idea artística y su evidencia, sea con línea, con mancha, o con ambas cosas, como suele hacer Jorge Rando. Otra de esas cualidades es la de que vale casi como carnet biográfico, como dietario de las intenciones, acciones y emociones de su autor. Y otra, es la de que parece que está haciéndose siempre, en el sentido de que no es un sello, no cierra posibilidades, no impide que intervengan otras cosas, no se defiende y no se niega a cambios y variaciones que le enriquezcan.

Alma y mano moran en el dibujo


Así, alma y mano, mano y alma moran en el dibujo, viven en los dibujos de Jorge Rando, en estos Cuadernos de Hamburgo: cinco cuadernos reunidos en uno y en cada uno de los cuales late bien distribuida una verdad artística, un respeto, un entusiasmo por el arte, una afirmación de su necesidad y de su importancia para que la cultura actual y con ella nosotros no desaparezcamos bajo los densos mantos anti-antísticos de nuestra sociedad.

Nada hay aquí de los lodos del racionalismo, el positivismo, el dirigismo, el igualitarismo, el materialismo, la politiquería ni el oportunismo. Lo que impera es el buen conocimiento artístico, la impronta del pensamiento y del sentimiento imaginativos, bien dosificados. Y las hechuras de una voluntad creadora que se convierte en dibujos intensos y ligeros, alertadores y amigables, personales y sociales, atareados consigo mismos, y amantes siempre de un porvenir humano.
Son obras del arte del dibujo y de la pintura, procedimientos que siguen siendo de nuestro tiempo, junto a los nuevos métodos y medios artísticos. Dibujos de Jorge Rando, excelentemente reproducidos en esta publicación. Dibujos que saben espabilarnos, estremecernos y serenarnos, que nos ayudan a tener criterio, a agradecer el hecho de que exista el Arte, y a relacionarnos con él, fundamentadamente, con verdad.