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lunes, 3 de enero de 2022

CRÓNICAS ARGENTINAS XX.- Adriana Zapisek, el color, la curva, los ritmos, las series pictóricas del estado de ánimo

Adriana Zapisek, pintora, ante una obra de la serie "Eos" (1992). Colección Durini

Serie "Cantar de los Cantares" (1999), 120 x 120 cm


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek

3/1/22 .- Buenos Aires.- Hoy tocó la crónica a la pintora Adriana Zapisek, actualmente mi anfitriona en la capital argentina. Su obra la conocí en Madrid, sobre todo en la reciente retrospectiva de 40 años en Casa de Vacas en 2020, pero, en Buenos Aires, dejó buena parte de sus cuadros que van desde los comienzos en los primeros 80, a nuestros días. Una hilera abundante de peines aloja las obras con su consiguiente protección. De ellos van saliendo los cuadros, que muy pronto fueron conformando un lenguaje propio.

La pintora estuvo cinco años estudiando en el taller porteño del maestro Eduardo Mac Entyre (1929-2014), en Buenos Aires, uno de los creadores del Arte Generativo, con una metodología fértil, que da lugar a un sinfín de obras a partir de un núcleo inicial, de una figura previa que se expande sin límites. 

Adriana Zapisek elogia de veras a su maestro Mac Entyre: “Estimulaba, pero no obligaba a seguir su propio lenguaje de modo inexorable, como me consta hacían otros maestros. Sus reflexiones no pasaban de decir: “dale una nueva vuelta a ese campo de color”, “mira bien esa zona” o “fíjate en ese ángulo del cuadro; yo lo revisaría de nuevo”. Le seguía fielmente, porque sus palabras me parecieron siempre sabias. Él por ejemplo nos decía a los alumnos: “No os presentéis nunca a los concursos, a menos que os inviten a hacerlo. Están todos amañados”. Tenía la mala experiencia de que un concurso en el que participó, le devolvieron el cuadro enviado tal cual, sin haberlo desembalado siquiera”. También nos recordaba la máxima de Mies van der Rohe: “Menos es más”.

“Lo mejor del maestro Mac Entyre era su insistencia para que el cuadro siempre funcionara por los cuatro lados. Nos hacía girarlos para comprobar si así sucedía. Mac Entyre era un gran tutor. Poco a poco me fui encontrando con mi lenguaje”. Como decía Cesare Pavese: “todo artista es monótonamente espléndido”, porque el lenguaje identificador va señalando sus obras.

Es asombroso comprobar, ya desde las primeras obras de la pintora, como funciona en todo momento la idea de composición y armonía al “dar la vuelta al cuadro” en sus cuatro posibilidades.

A los cinco años de aprendizaje, Mac Entyre le dijo a la pintora “Ya puedes volar sola”. Zapisek sintió vértigo en principio, pero él la tranquilizó: “Llámame por teléfono para cualquier consulta que precises”. Le costó dejar al maestro, pero fue una decisión necesaria, acertada.

La pintora comenzó muy pronto a trabajar por series, a las que ponía nombre según la situación emocional en que se encontrara: Traslaciones, La mirada de Dios; Nova; Feelings; Gemas; Cantar de los Cantares, Máscaras, Óperas… Muy pronto diseñó su lenguaje, en principio con líneas de borde duro y curvas, hasta que estas últimas fueron imponiéndose en su trabajo artístico. Los campos de color aparecen ya limpios y sus cuadros ya funcionan por los cuatro lados. 

Trabaja siempre con boceto, para no dar lugar a la improvisación de la forma, aunque a veces, cambia los colores al llevarlo al lienzo. Guarda todos sus bocetos hechos con lápiz de color Faber Castell. Todavía recuerda el gran regalo de Navidad que le hicieron sus padres siendo niña: una gran caja con 48 lápices de color de la citada marca, que ella contemplaba golosa en la vitrina de una tienda, cada vez que pasaba por ella.

El aerógrafo fue una técnica que ocupó quince años de su trabajo, de 1985-2000, de ahí salieron grandes y bellas obras, sobre todo en la serie Gemas, pero llegó un momento en que dijo basta, para volver a la pintura de pigmento y materia. Se trataba de seguir indagando o investigando en la pintura, arenas, polvo de mármol, yesos…un campo infinito para hacerlo. Más adelante llegó en Madrid, en 2014, la herramienta de la computadora, que permite investigar en la forma y el color, y llevarlos a ejecución más adelante.

Al recorrer Buenos Aires, Adriana Zapisek va señalando los distintos lugares en los que expuso, desde su galería en la calle Arroyo, hasta el Museo José Hernández, Centro Cultural Recoleta, Museo Raggio, Museo Antropológico de Buenos Aires y otros.

    La pintora, cosmopolita, ha expuesto en distintas ciudades internacionales como Londres, Zurich, Varsovia, Roma, Sevilla, Málaga, Colonia, Bruselas, Sofia, Miami, Beijing, Yakarta, Hong Kong, Singapur...

Más información

www.adrianazapisek.com

https://lamiradaactual.blogspot.com/2020/09/adriana-zapisek-buscando-lo-sublime.htm

        "Santo Espíritu" (1997), de la serie "La mirada de Dios"

                     Guang -Dong (2007), de la serie "Máscaras"

                    "De la serie "Feelings" (1989), 100 x 100 cm
                                   "Energía I" (1985,) 100 x 100 cm

martes, 6 de diciembre de 2016

Adriana Zapisek despide el estudio artístico y anuncia la apertura de uno mayor en Madrid





Adriana Zapisek en su estudio  


L.M.A.
Fotos J. Mendoza y M. Saslovsky


            Madrid, 07.12.16 .- La pintora italo-argentina-polaca residente en Madrid, Adriana Zapisek, -hispano argentina de facto- ha despedido su antiguo estudio entre amigos del mundo del arte, al tiempo que anunciaba la próxima apertura de uno mayor en el mismo barrio de Salamanca de Madrid. La artista recordó que en el espacio que deja se han gestado sus últimas series, todo un proceso sin solución de continuidad que denomina Núcleos, Vertientes y Ensambles.

            Adriana Zapisek (Buenos Aires) hizo un recorrido por su trayectoria plástica de 35 años, en la que comentó sus primeros años de aprendizaje con Eduardo Mac Entyre y práctica geométrica con aerógrafo. Desde sus comienzos en los 80 abarcan diversas series como Gemas, Feelings, La mirada de Dios, Ópera, Erótica, Eos, Leyendas polacas…

            “Tras la muerte de mis padres, todo cambió, me di cuenta de que yo no podía controlar el mundo, y decidí cortar con los 20 años de aerógrafo, pese a que tenía una gran acogida entre coleccionistas, para volver de nuevo al pigmento y la materia”, declaró Zapisek.

Adriana y el pintor Julio Mendoza

            La artista argentina se hizo pluridisciplinar y trabaja hoy con ordenador y diversos soportes, entre ellos la fotografía, partiendo de iconos previos. la autora ha expuesto recientemente en el Ateneo de Madrid así como en las Ferias de Sevilla y San Sebastián. Actualmente investiga el proceso de 3D, así como el campo de la escenografía y la escultura.

            “Trabajo siempre con bocetos previos para controlar la curvas, el ritmo y la aceptación final”, explica la pintora, que en .

            Podría decirse que el magisterio de los escultores Moore y Arp late tras estas obras, así como el mecanicista Fernand Leger. El lenguaje de Zapisek guarda una continua coherencia desde sus orígenes, dentro de un brillante cromatismo.

            La pintora se inspiró también en la poesía de la premio Nobel 1996, la polaca Wislawa Szymborska, concretamente con los versos de su obra “Amor a primera vista”. La autora mostró igualmente su cuadro “Bicentenario” en el que, con su propio lenguaje enlaza formas y colores de las banderas española y argentina.



Julio Mendoza, Adriana Zapisek, Julia Sáez-Angulo y Ana Gutiérrez Aznar



Julio Mendoza, Julia S.Angulo, Mario Saslovsky y Ana G. Aznar