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jueves, 29 de noviembre de 2018

Jean Paul León presenta su serie pictórica “Ulises” en su nueva Casa –Estudio de Madrid

“ULISES: Sino o Destino”... la interminable travesía del judío errante.
De Dublin a Madrid 2008-2018





Juan Pablo León, pintor y escritor



J.S.A.

        30/11/18 .- MADRID .- El pintor Jean Paul León presenta su serie pictórica “Ulises” en  su nueva Casa –Estudio de Madrid. La inauguración estuvo concurrida de coleccionistas y amigos, con Ofelia León, esposa del artista, como co-anfitriona.
            Jean Paul dirigió una palabras a los asistentes, para recordar la tradición del judío errante, también encarnada en su persona, ya que nació en la estación de Hendaya, su madre lo registró como nacido en Madrid, donde vivió algunos años, para hacerlo más adelante en París, seguido de Los Ángeles, un año en Irlanda para preparar la serie Ulises, y de nuevo en España hasta afincarse de nuevo en Madrid. Seguidamente habló de la reciente serie en su pintura.
            Génesis de la serie pictórica Ulises
            “En la primavera del 2008, flanqueado por la hecatombe de Lehman Brothers y la creciente rebaba que más tarde llegó a tiros hasta la redacción de Charlie Hebdo, volví a dejar Paris. Veinticinco años en América no me habían servido para echar raíces ni en Nueva York ni en Los Angeles. Irlanda, con su claustrofobia isleña se me ofrecía como un refugio de paz verde, ambarina y sola, desde la que a tiro de piedra, en Londres, se pudiesen respirar los aires del mundo, o los principios alambicados que orquestó la Commonwealth. Tras el Ulises de Joyce y en clave de Homero, me dediqué a pintar las 24 horas del día que suelto por Dublín, recopiló en sus huesos Leopold Bloom. Penélope, Circe, Nausica y Calypso, desfilaron una tras otra, envueltas en seda de manufactura femenina. Si bien, al llegar a Itaca, conquistado por el verde esmeralda, supe en mi corazón que me encontraba muy lejos de mi casa.
            De Dublín a Berlín. Ese salto era un tirabuzón más propio del Mago Merlín que de un pintor de cuadros ambulantes como yo. En Alemania, fuera de la cancela que enmudece a la historia, en carne propia, comprendí el fuego del Holocausto, esa cámara de gas que aún se extiende hasta nuestros días en esta Europa dividida que se aferrra al hierro del Norte y al mercachifleo del Oeste con una política racista que cuestiona el Este y se atrinchera atemorizada contra el Sur como si fuese una vieja América presidida por cualquier Donald Trump. Un cóctel molotov, propio de la post-guerra que aún se mastica en el Bundestag, tirado contra el ventanal de mi estudio en Ku´Dam, me hizo poner los pies en polvorosa como si fuese un rebotado más de Kristalnacht ochenta años más tarde.
            Dando tumbos, me presenté en Oxford, sin ganas de dar clases a nadie ni considerarme voz adicta a la Universidad podrida por el clasismo. El clima y dos embolias cerebrales se ocuparon del resto. Jávea, paraíso terrenal para los ingleses pre y post Brexit, se mostró acogedora, con una Ibiza al fondo, prístina y clara, en las que las mañanas límpidas con la punta de los dedos se podía llegar a tocar.
            Frente al Mare Nostrum nació "Mortal Migrations", una colección de acuarelas dedicada a los muchos Ulises a los que irremediablemente el sino o el destino se ha venido empeñando en hacerles naufragar. Como otro náufrago más, las olas me vomitaron de nuevo en Madrid, en la capital de un país en el que nací, procedente de la Gare de Austerlitz, con destino Príncipe Pío. La noche cerrada de un 24/25 de enero tempestuoso, al tener que bajarse mi madre del tren en Hendaya para entrar a pie en Irún junto a su madre, se produjo el evento. Dio a luz en el andén francés, antes de que el tren de la Renfe llegase con retraso y sirviese de refugio para una noche de perros, desolada y fría en la que se produjo mi nacimiento. ¿Destino de entonces y de ahora? El corazón del foro, Madrid”
Estancia en Irlanda

            “En 2007, por recomendación de la consultante de arte, Clare McAndrews, Jean Paul Leon aceptó la invitación de la editora Noelle Campbell-Sharp,​ fundadora de la residencia de artistas Cill Rialaig Arts Centre en Irlanda. En 2008 trasladó su estudio a Dublín donde creó “Ulises, Sino y Destino”, una colección de arte que ilustra los 18 capítulos del Ulises de James Joyce  según explora el sujeto de Leopold Bloom como ejemplo del judío errante, y el Ulises de Homero​ como símbolo del héroe por autonomasia que se enfrenta al peligro de muerte en cada recodo del camino de vuelta a casa, a su reino, a su Ítaca.
            Tras completar “Ulises, Sino y Destino” en Dublín, Jean Paul Leon se asentó en Berlín,​ donde creo el memorial al Holocausto, "Cuando la Muerte se convirtió en Industria", concepto finalista seleccionado entre más de ochocientas propuestas, ganando Mención de Honor, en un jurado encabezado por Daniel Libeskind. En Berlín, Leon enfocó su energía en una colección pendiente: “Reflejos del Islám”, comenzada en 1978 cuando, durante su luna de miel en el Sahara, recibió una copia del Corán de manos de otro viajero. Este trabajo lo retomó en 1991 a raíz de la invasión de Kuwait, en otro desierto, el Desierto de Sonora, Arizona, donde el grueso de la obra fue creada con objetos 3D y espejos que reflejan al espectador y lo/la incorporan en el arte, proyectando imágenes exteriores y reflejos interiores. La obra resultante está "basada en la lectura del Texto, en la contemplación, en el espejismo del desierto, en el oasis, en la arena, en el viento, en el amor por la caligrafía, en el embrujo de La Alhambra con su tendencia única a viajar consigo, no sólo en el arabesco y en la filigrana del tiempo, si no en los confines más ojivales de la imaginación."
            Las tres colecciones: “Herencia Hebrea”, I.N.R.I. y “Reflejos del Islam”, conforman “Tres Culturas”, el resultado de la dedicación de toda una vida y de su más profunda convicción... que “en estas tres religiones, por más que se comience buscando el Maggid -el oír la voz de Dios- inexorablemente, uno se acaba encontrando con el hombre, que en plural se hace masa y en singular, se diluye en soledades”. Ong Namo Guru Dev Namo.​ En su introducción al artista, el renombrado Tasador de Arte de la ciudad de París, Maître Pierre Cornette de St-Cyr, Presidente de la Asociación del Palais de Tokyo, escribe: “... Estamos hoy sumidos en una violencia imbécil, como todas las violencias. Pero la luz del arte, como nos lo muestra Jean Paul León, nos guiará hacia la inteligencia”.
            Desde Berlín, su trayectoria continua hacia Inglaterra y de ahí a España hasta asentarse en Madrid hace seis meses, donde abre su estudio con la colección, ULISES... Sino o Destino.
 Juan Pablo León


lunes, 21 de marzo de 2011

James Stern en el apasionante libro de relatos “La tierra sin alma”, situado en África



La tierra sin alma” 
James Stern 
Ediciones del Viento 
Viento Simún, Nº 57 
La Coruña, 2010 (148 pags)




Julia Sáez-Angulo 



Narrador de primer orden, James Stern (Irlanda, 1904- 1993) nos ha dejado entre otras obras una espléndida colección de relatos bajo el título de “La tierra sin alma”, publicados por Ediciones del Viento. Situados en África, el escritor sumerge al lector en una atmósfera muy particular que cala y empapa la sensibilidad para ofrecer una manera de vivir de los hombre en una geografía y en su propio interior.

Los títulos de los relatos son “La nube”, “La tierra sin alma”, “El hombre amado”, “Dos hombres”, “Rule Britania”, “Proscritos”, “El Sr. Don Charles Congreve” y “La fuerza”. Además de sus relatos, es conocido por sus traducciones de Bertold Bretch,Thomas Mann y Stefan Zweig.

Publicado en 1932, cuando el autor tenía 29 años, había permanecido perdido desde entonces; apenas se custodia algún ejemplar en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, en Washington y en la British Librery. Los relatos fueron escritos al regreso de Stern de un viaje por África, que como dicen muchos viajeros al continente negro, es una tierra que se mete en la piel.

Tierra de intensidad indígena, al tiempo que de presencias coloniales: holandeses, británicos, irlandeses, hombres y mujeres que buscan en África, entre gentes extrañas, una oportunidad o que huyen de la penuria. Un mundo duro y difícil, un medio hostil, una tierra sin corazón o sin alma como indican los editores, al menos en medio de los personajes de los cuentos narrados.

Stern pasó buena parte de su vida entre Alemania –donde se casó- y Nueva York, donde colaboró en el “New York Times”. Trabajó para la inteligencia militar americana. Viajó a Rhodesia en sus años de juventud y África le marcó como a otros muchos europeos. El autor mantuvo una buena amistad con el escritor W. H. Auden, que duró toda la vida.

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miércoles, 16 de junio de 2010

Kate O´Brien, una calle para la escritora irlandesa sobre Ávila y Santa Teresa



L.M.A.

        16.06.10 .- Ávila .- José Antonio Sierra Lumbreras, abulense, fundador y ex director del Instituto Cervantes de Dublín, acaba de solicitar a todos los partidos políticos de la corporación municipal de Ávila que se de el nombre de Kate O'Brien a una calle, plaza o jardín de la ciudad de Ávila. El 3 de junio de 2010 ha presentado en el Registro del Ayuntamiento de Ávila una instancia en la que expone:

El 22 de mayo de 2007, presentó una instancia en el Registro del Excmo.Ayuntamiento de Ávila para que, si procedía y se consideraba de interés para la ciudad de Ávila, se diese el nombre de Kate O'Brien - destacada escritora irlandesa muy vinculada con Ávila e interesada en la obra de Santa Teresa de Jesús - a una calle, plaza o jardín de Ávila.

En la instancia solicita también el apoyo de todos los partidos políticos de la Corporación Municipal de Ávila para que se proceda a llevar a cabo lo antes posible lo solicitado.

Curiosamente, Gotarrendura, el pueblo abulense que sostiene que allí nació Santa teresa porque allí nacieron todos sus hermanos y está El Palomás de la familia Cepeda y Ahumada, sí cuetna con una calle a su nombre.

Conferencia y placa homenaje a Kate O'Brien

Por iniciativa de José Antonio Sierra, el Club de Pensamiento y Cultura Jorge Santayana de Ávila organizó una conferencia homenaje a Kate O'Brien el 2 de junio de 2010, impartida por el Dr. Daniel Pastor, doctor en Filología Inglesa y profesor de la Universidad de Salamanca, acerca de las relaciones de Kate O'Brien con Ávila y su interés en la personalidad de Santa Teresa. El Hostal Puerta del Alcázar - anterior Hotel Jardín - de Avila, establecimiento en el que se alojaba la escritora irlandesa, ha descubierto una placa en su honor en la recepción del hotel así como en la habitación que solía ocupar Kate O´Brien (Limerick, 1897 -1983).

El profesor Daniel Pastor recordó en su conferencia “Kate O'Brien: una escritora irlandesa en Ávila”:

Desde que Kate O’ Brien viniera hacia mediados de 1922 por primera vez a Portugalete para trabajar como institutriz para los hijos de la familia Areilza, se puede afirmar que inició una intensa relación con nuestro país que no sólo no perduraría con el paso del tiempo sino que se transformó en una verdadera pasión. En sus comienzos como novelista sus dos primeras obras están ambientadas en su ciudad natal, Limerick, pero es a lo largo de la toda la década de los treinta y después cuando España se convirtió en su inspiración literaria y existencial llegándole a proporcionar un caudal de inagotables recursos que se reflejaría en dos de sus novelas más conocidas, Mary Lavelle (1936; traducida al español como Pasiones rotas) y Esa Dama (1946), un libro de viajes Adiós España (1937) y una de las mejores biografías de la lengua inglesa de la mujer que más admiró, Santa Teresa, titulada Teresa de Ávila (1951). Se puede afirmar que España le permitió trascender las limitaciones imaginativas que le ofrecía Limerick y le provocó, a cambio, nuevos estímulos para su carrera como novelista. Viajera infatigable, motivada siempre por un afán de aprender y conocer, decidió regresar a España cada verano y de manera ininterrumpida desde 1931 hasta el comienzo mismo de la guerra civil para recorrer palmo a palmo el norte, cuyo clima le recordaba el de su propio país, y sobre todo la mayoría de los pueblos de la alta y seca Castilla. Le impresionó gratamente la diversidad geográfica y paisajística del país, los contrastes humanos, la variedad de costumbres, y descubrió por su cuenta lo que ella misma llama la “España inesperada”, todos aquellos rincones menos habituales para los ojos extranjeros, alejados por completo de los circuitos turísticos, convirtiéndose en una viajera sentimental que apegada a los viejos usos y costumbres sabe apreciar emocionada los momentos sublimes que le proporcionan su contemplación. De todas las ciudades castellanas, Ávila ocupó desde el principio un lugar preferencial y fue ya su destino casi obligado cada verano hasta el comienzo mismo de la guerra. Le encantaba la ciudad, sus calles, le gustaba sentarse en las terrazas de los cafés y observar a los transeúntes, y siempre que podía entablaba conversación con la gente. Todo despertaba su curiosidad e interés. Sus monumentos, sus calles, su pasado histórico, la sencillez y el calor humanos, la sensación de no sentirse extraña y, por supuesto, la personalidad de su hija más ilustre, Santa Teresa, cuyas obras empezó a leer en total admiración en 1934, atraparon por completo el corazón de la escritora irlandesa como ninguna otra ciudad. Ávila representaba, para O’Brien, la esencia misma del espíritu español: era Castilla en su estado más puro, la tierra de los grandes místicos y escritores, y lo austero del paisaje, el cielo azul inmaculado, como de ensueño, y la sobriedad de sus edificios y monumentos, de un intenso color dorado, como insistentemente dice, cobraban expresión en las cualidades de abnegación, sencillez, nobleza de sentimientos y escrupuloso respeto a la tradición, con las que en fin, se identificó plenamente.

Institutriz en el País Vasco
En su tercera novela, Mary Lavelle, basada en parte en su propia experiencia como institutriz en el país vasco, fluye la pasión romántica, pero sobre todo trata de costumbres sociales y lugares extraños a la protagonista, pues no en vano el nuevo entorno donde vive representa la oportunidad de escapar del insoportable ambiente irlandés de provincias y también de poder explorar el mundo a su manera. Mary está fascinada por todo lo que descubre cada día, y el famoso viaje a Madrid, atravesando la meseta castellana, se convierte en una auténtica revelación porque encuentra una belleza distinta, singular, de un encanto especial en la inolvidable luminosidad y en el paisaje de Castilla. La ciudad de Ávila aparece mencionada repetidamente como un lugar imprescindible de visitar, sobre todo cuando está cubierta de nieve. Pero es ya en su libro Adiós España donde Kate O’Brien da rienda suelta a sus preferencias personales, y de nuevo Castilla, sus ciudades, sus gentes y costumbres, destacan muy por encima de otros lugares.

Elaborado en unos pocos meses, en pleno conflicto español, el libro es su respuesta personal como pacifista convencida ante el horror, la indignación y la rabia que le produjo el golpe militar. De hecho, intercala evocaciones nostálgicas de lugares, escritores, cuadros, paisajes, gentes, de los que ahora teme su aniquilación por la barbarie y la destrucción, con comentarios de total rechazo del golpe militar encabezado por Franco, y el resultado son brillantes momentos del pasado en torno al legado artístico y cultural del país, de todo aquello que significa permanencia y tradición cuya contemplación produce placer y da sentido a la vida, frente a momentos más siniestros, vulgares e intimidatorios del presente dominado por una guerra devastadora que está ensangrentando el país. El extenso capítulo dedicado a Ávila es todo un catálogo de las múltiples sensaciones que despiertan el atractivo de la ciudad y, por supuesto, el reconocimiento de admiración por Santa Teresa. No es difícil de imaginar de que la contundencia de sus comentarios de rechazo al golpe militar y su posición inequívocamente al lado de la República, Adiós España fuera un libro censurado por el régimen franquista, Kate O’ Brien fuera calificada de persona non grata e incluso se le prohibiera la entrada en España.

Tendría que esperar hasta 1957 y gracias a la intervención del entonces embajador irlandés en España para que de nuevo se le permitiera regresar a su querida España después de más de 20 años de ausencia. Fue sin duda un duro golpe al que se sumarían otros contratiempos. En pleno conflicto mundial Kate O’Brien entró en una fase complicada de su actividad creativa: a los problemas económicos se unió la censura de otra de sus novelas en Irlanda. Además el panorama europeo no podía ser más desolador y la segunda guerra mundial, atroz, parecía no tener fin.

Defensora a ultranza de la libertad individual por encima de todo, y en parte como respuesta a los líderes autoritarios y dictatoriales del momento, Kate O’ Brien empezó a escribir en 1943 la novela que más éxito le proporcionó de toda su carrera literaria, titulada Esa Dama, publicada en 1946. Ambientada en la España del siglo XVI, adapta a su manera la figura enigmática de Ana de Mendoza, princesa de Éboli, para crear una preciosa novela histórica en la que muestra a una mujer capaz en todo momento de vivir de acuerdo con sus creencias, de sacrificar su reputación y libertad defendiendo su derecho a vivir a su manera, al margen de todo tipo de imposiciones, incluyendo las de Felipe II, que es visto como un rey déspota, insensible y acostumbrado a ejercer un poder absoluto incontestable. La figura de Santa Teresa aparece mencionada repetidamente como una gran mujer, valiente y emprendedora, que todo el mundo admira y respeta excepto Ana de Mendoza. Su carácter orgulloso, dominante y altivo choca con el magnánimo temperamento de Santa Teresa de Ávila, con quien Ana tuvo relación y a quien ayudó a fundar dos conventos carmelitas. Ana nunca perdonó su oposición a su vano intento de ingresar como religiosa en uno de los conventos, y precisamente en la novela se refleja en distintos momentos su antipatía hacia la labor reformadora de la santa, su total animadversión, y la imborrable sensación de humillación y ridículo que le produjo la negativa. El éxito de Esa Dama fue rotundo tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos; además fue adaptada al teatro y estrenada en Broadway y luego en Londres, y llevada al cine en 1955.

Un libro sobre Santa Teresa
Parecía inevitable que más pronto o más tarde Kate O’ Brien dedicara una libro completo a la mujer que más admiró, Santa Teresa; su personalidad como mujer excepcional y la ingente tarea de reformadora que llevó a cabo, resultaban demasiado ricas como para no tratarlas en profundidad. Su libro Teresa de Ávila, publicado en 1951, no es un sesudo trabajo de investigación ni pretende llevar a cabo un estudio biográfico exhaustivo; en menos de cien páginas nos ofrece un retrato personal de la santa, o mejor dicho, sus propias reflexiones sobre una gran mujer, una de las pocas que, en su opinión, verdaderamente merecen el calificativo de geniales. El libro tiene el mérito de saber acercar de manera amena y sencilla la figura de Teresa al público de habla inglesa en general y, por otro lado, de destacar por encima de todo que fue una mujer que se comportó, actuó y escribió como una precoz feminista, y aunque tradicionalmente se la ha presentado como modelo de sumisión y acatamiento, Kate O’ Brien la descubre el lado más contestatario que se pudo dar en la época. No hace excesivo hincapié en su lado místico ni en su trayectoria espiritual; le interesa el lado más humano, su faceta como reformadora de la orden carmelita, esa campaña en la que tuvo que luchar con inteligencia, tenacidad, y humildad, y que le valió ser vigilada por sus superiores, sometida al cerco de la Inquisición, y ser ridiculizada y envidiada por el ambiente hostil de Ávila. Su determinación, su indomable naturaleza de mujer de acción que supo pelear contra viento y marea le sirvió, sin embargo, para hacerse poderosa en un mudo de varones y fundar y dirigir con éxito una gran organización de mujeres.

La ciudad de Ávila, la figura de Santa Teresa, como feminista, reformadora o su obra literaria, las tierras de Castilla, su glorioso pasado, y sus gentes, seguirían siendo motivo de inspiración de varios reportajes periodísticos, cuentos, ensayos, temas de conferencias y charlas radiofónicas que Kate O’ Brien prodiga tras reanudar en 1957 sus visitas a España. Escribió para periódicos como The Spectator, The Bell y The Irish Times, y regularmente colaboraba para la B.B.C. Los últimos catorce años de su vida estuvieron plagados de dificultades de todo tipo; no obstante, en noviembre de 1961 decidió establecerse en Ávila, como el lugar más idóneo para llevar una vida sosegada, y durante seis meses, y hasta que fue nombrada representante irlandesa de la Comisión de Escritores Europeos, vivió completamente feliz en lo que consideró su segundo hogar, el Hotel Jardín. Lamentablemente con motivo del nombramiento de Santa Teresa de doctora de la Iglesia no pudo asistir, como fue su intención, a la ceremonia, pero desde su columna habitual titulada “Long Distance” para el Irish Times escribió de nuevo sobre la santa y Ávila. Su última visita a su querida Ávila la realizaría en diciembre de 1971, tras su participación en un congreso organizado por la Universidad de Valladolid. La ocasión de nuevo le sirvió para escribir sobre la maravillosa experiencia de volver a pisar como dice “los viejos escenarios de auténtica delicia” de su adorada Castilla, mostrando el mismo entusiasmo y cariño que casi cincuenta años antes. Kate O’ Brien mantuvo siempre una actitud abierta y receptiva a otras culturas y a otros modos de vida que la enriquecieron como persona y como escritora, y a esto precisamente se refirió Mary Robinson cuando asumió la presidencia de Irlanda en 1990 citando en más de una ocasión en sus discursos a Kate O’ Brien ante el Parlamento irlandés en relación con el papel que Irlanda debería ocupar en Europa
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