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jueves, 13 de junio de 2019

Juana María Herce presenta en Málaga su poemario “Cuando pausa la mar”


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Juana María Herce

L. M. A.
            13/6/19 .- Fuengirola. Málaga.- La poeta riojana residente en Málaga, Juana María Herce, presenta en la ciudad andaluza su reciente poemario Cuando pausa la mar, publicado por Liber Factory e ilustrado por el pintor Juan Jiménez. Andrés Ramos hará el elogio de la autora y libro en el Rincón Poético de la Biblioteca de Benalmádena, el próximo jueves, día 20 a las 19, 30 horas.

        La escritora Julia Sáez Angulo escribe en el prólogo del libro:
            La poesía es el eco de la melancolía del universo en el corazón de los hombres. dice Rabindranath Tagore. Juana María Herce García (Quel. La Rioja, 1954) también lo dice: la actividad poética es íntima, solitaria, surge cuando llega, sin que nadie la convoque, la idea y las palabras comienzan a rondar la cabeza, la mente, el corazón... y cuando se unen conforman la epifanía del poema. José Ángel Valente lo señaló bien claro: El poema no se escribe, se alumbra o P. Quinard cuando afirma: La poesía es la palabra encontrada, es el lenguaje que permite ver de nuevo el mundo. Claro que a veces se produce el encargo y eso tampoco es malo, es el reto ante un tema como en su caso, para un poemario colectivo sobre santa Teresa de Jesús.
            Como lectora es voraz de la poesía en general y como mujer, a la autora le gusta leer a otras mujeres poetas, lo que le lleva a admirar a autoras como Gabriela Mistral, María Victoria Atencia, Wislawa Szymborska, Anna Ajmátova, Piedad Bonet, Antonia Vicens... El espejo del propio género resulta con frecuencia estimulante, ella lo ha sentido.
            A la autora le gusta compartir la poesía, asistir y participar en tertulias poéticas, como la celebrada por Andrés Ramos, buen rapsoda, en la Biblioteca de Benalmádena, o participar en la convocatoria anual de la revista Troquel, dirigida por Carmen Silva, o en antologías como -----o celebrar la sección de Poeta invitado/a en revistas o blogs como en La Mirada Actual. Como señala la poeta María Antonia Ortega, la poesía no es competitiva, ¿cómo podría un poeta competir con otro?
            Ella, Juana María Herce encarga composiciones musicales para algunos de sus poemas a musicólogos como Javier León o Juan Alberto Gómez y los hace grabar en DVD con intérpre- tes como la soprano Aura, o la cantante Nayara Prados. Música y poesía se dan la mano de manera acertada, feliz. YouTube se encarga de difundirlo en la Red.
            La poesía, con su lenguaje metafórico y sintético sugiere, más que dice. Ahí radica su grandeza; no se impone con la lógica racional, sistemática y aplastante de la prosa realista, sino que se desliza en el oído, la mente y la vida para empa- par la emoción, el sentimiento y la inteligencia de sugerencias abiertas y fértiles. De la poesía nunqvam satis. De la poesía nunca se hablará bastante. Lo que permanece lo fundan los poetas, decía Friedrich Hölderlin.
            Juana María Herce, que ha ido publicando poemas en distintas revistas y antologías, vuelve a aparecer con un libro recopilatorio, con el título de Cuando pausa la mar donde acoge los apartados de Instantáneas de un viaje; Un viento de hojas secas y Huellas. La autora agradece a los cielos el don de la escritura.
              Juana María Herce forma parte del Grupo pro Arte y Cultura, GpAyC.
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 Juana María Herce

Juana mARÍA

jueves, 16 de agosto de 2018

RETRATOS. Juan Jiménez, dibujante, pintor, fotógrafo y amigo de los juegos de palabras






 Juan Jiménez



Julia Sáez-Angulo

            15/08/18 .- MADRID ,- Le gustan los juegos de palabras y maneja como pocos, de forma oral, los palíndromos, onomatopeyas, aliteraciones, comparaciones, anáforas, hipérboles, el calambur y otras figuras literarias. Sus ambigüedades de lenguaje y algunos chistes dejan a ciertos interlocutores desprevenidos, un tanto perplejos. Domina la segunda acepción del diccionario en las palabras, que suelen esconder lo contrario de la primera -como “escatológico”-, las suelta y se queda tan ancho. Coloca epítetos juguetones, a veces pícaros o perversos, ante los que una concluye, que es un sabio del lenguaje, porque los que escribimos, sabemos que adjetivar bien es lo más difícil.

            Juan Jiménez Gómez (Madrid, 1942) no estudió Filología Hispánica sino Dibujo y Arte en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde acudía a diario, algunos decían que a pintar a la Trini, la célebre modelo que posaba desnuda como nadie, incluso dormida, -ya se jubiló- y que el pintor la modeló en su croquis en todas las posturas posibles. Juan sabía, que cuando la Trini dejaba de posar y bajaba del estrado central era una mujer corriente, pero cuando posaba se metamorfoseaba en diosa o ninfa según las miradas de los asistentes.

            La vida se la ganó como comerciante dueño del gran establecimiento Jiménez, donde su hermana Mari Carmen, sombrerera prodigiosa,  y él, junto a varios dependientes, vendían los mejores mantones de Manila, las mantillas españolas hechas a mano, las peinetas de concha de toda altura de teja y modelo, desde la sevillana a la valenciana de las falleras, los abanicos con toda clase de países exóticos… una gran tiende de toda la vida en la céntrica calle Preciados de Madrid, que tras la crisis, desapareció.

            A simple vista, Juan Jiménez detecta y califica la calidad y valía de un mantón, una mantilla o una peineta. También tenían en la parte de atrás un alquiler de smokings y fracs y por ese espacio han pasado ministros, subsecretarios, directores generales, militares, empresarios o artistas de cine y teatro, a los que Juan Jiménez calibraba igualmente por su actitud y lenguaje de gestos, que son más elocuentes que el de la palabra casi siempre maquilladora de los pensamientos. “El comercio obliga a callar y a observar, es una escuela de psicología,a nada que uno esté atento”, explica el pintor. Hay barandas que van con séquito y otros con sencillez van ellos mismos, sin máscara ni estrado puesto.

            Del establecimiento Jiménez vivieron bien durante seis décadas los dueños y varias familias que trabajaban allí, con altibajos, ya se sabe, en tiempos de crisis vienen mal dadas para todos. Pero Juan Jiménez no cejaba en el arte, con sus visitas asiduas para hacer mano en las sesiones de desnudo del Círculo de Bellas Artes y practicar con el grafito o el óleo que era su querencia profunda. La cámara fotográfica se incorporó paulatinamente en su forma de mirar y de hacer, cambiando de modelos a medida que la técnica los iba mejorando. Ha buscado con ellos la imagen singular y llevado a cabo el reportaje gráfico de las artes visuales.

            Disfruta con un buen vino, y es capaz de buscarlo y encontrarlo, dentro de un orden, a precio razonable. Ha sido noctívago y festivo durante mucho tiempo y sus fotos con smoking –no sé si propio o tomado prestado de su tienda- revelan a un caballero elegante, siempre con copa en la mano y mirada pícara, cuando no de sátiro. Quedó calvo muy pronto y se dice que la calvicie es paralela a la potente virilidad. ¡Quien sabe! Ahora lleva un marcapasos y sus hábitos se han moderado, al lado de otra artista, Linda de Sousa, una portuguesa/española de la que hablaremos otro día.

            En los últimos años Juan Jiménez ha ilustrado diversos poemarios o libros de narrativa, porque su trazo rápido y condensado gusta a los autores y editores. Silencioso y observador, se le ve con frecuencia en las reuniones y exposiciones del Grupo pro Arte y Cultura, PAC, al que también pertenece. Una buena copa de buen vino no la desdeña, en esto es como el juglar Gonzalo de Berceo.




Dibujo de Juan Jiménez