martes, 2 de diciembre de 2025
lunes, 29 de julio de 2024
RETORNO A EL ESCORIAL VI. Historias de familia. El "desgraciado asunto" de la isla de Cortegada (Pontevedra)
Isla de Cortegada (Pontevedra) Foto: Turismo de Galicia
Julia Sáez-Angulo
30/7/24 .- El Escorial .- Entre mis múltiples virtudes, que me he labrado a lo largo de una vida, no figura el orden, lo cual me hace sufrir sobremanera, porque la mitad de las veces que busco algo, no lo encuentro, y he de dejar que ello aparezca en el tiempo y forma, que la cosa quiera. Eso ha ocurrido con el libro, donde se narra la historia de la abuelita María; debe de estar en Madrid, pero yo creía que en la casa de El Escorial había un ejemplar también.
Porque hoy quería contar alguna historia de familia, como la de el "desgraciado asunto de la isla de Cortegada”, según figuraba en el exterior de un sobre grande, en papel de estraza, de la condesa viguesa. Hasta donde yo recuerdo y, al parecer, una serie de prohombres gallegos, entre los que se encontraba el conde, esposo de Doña María, cónsul de Noruega, a la sazón, decidieron regalarle a S.M. Alfonso XIII un amplio terreno en Galicia para que también fuera allí a veranear, y no solo al palacio de Ayete en San Sebastián o al de la Magdalena, en Santander. Se llegaron, incluso, a hacer algunos planos para la construcción.
Era una operación con el “do ut des”, que venía desde los romanos. Un “doy para que me des”, y poner a Galicia en la ruta de los Sitios Reales. La isla de Cortegada cuenta con 54 hectáreas.
Dicho y hecho, se adquirió la isla de Cortegada (Pontevedra) y se le regaló al rey, al tiempo que se iba pagando paulatinamente al Banco -supongo- el precio de la misma por los citados prohombres de la amada Galicia. Aquello era un censo insoportable, que la condesa viuda tuvo que asumir en unos pagos que parecían interminables, de ahí su escritura a lápiz en el sobre de papel de estraza: “el desgraciado asunto de la isla de Cortegada".
Los tiempos revolucionarios de los años 20 y 30 no estaban para construir palacios, ni levantar el valor de las cosas con la presencia real, así que el proyecto regio se quedó sin hacer y los prohombres gallegos se quedaron con las ganas de su propósito. La propiedad, eso sí, quedó en manos del querido Alfonso XIII, un rey gentil pero malhadado, y pasó a sus herederos. Su hijo, Don Juan de Borbón, ilustre marino, no tuvo reparos en vender la isla de Cortegada, cuando fue dueño de ella, sin considerar que había sido un regalo costoso de los prohombres gallegos para un fin. Fue criticado por ello, pero los hechos son siempre más poderosos que los deseos o las críticas.
Estas cosas pasan y así suceden y así son. Hoy la isla de Cortegada es un magnífico parque natural para los gallegos y no gallegos que queramos visitarla, según decisión de la Xunta de Galicia en 2007. Forma parte del Parque Nacional de las islas Atlánticas, donde se respeta la flora y fauna autóctonas. Se da un tipo de bosque nuboso subtropical o selva alta, con grandes árboles, bejucos y lianas, sus hojas se parecen a las del laurel, de lo cual toma el nombre de laurisilva, planta que yo también pude ver en las Islas Canarias.
La isla de Cortegada está comunicada en la baja mar con la localidad de Carril, por un camino que se denomina Camino del Carro. En 2015 sufrió un incendio, que afectó a 400 metros cuadrados. Afortunadamente, los vecinos de Carril, que estiman mucho la isla, se apresuraron a apagarlo con cubos de agua del mar, hasta que llegó el profesional servicio de bomberos.
Y este es lel “desgraciado asunto de la isla de Cortegada”, que le sacó los cuartos a la condesa viguesa, viuda durante años, y que estaba del pago periódico de los prohombres, hasta el trigémino.
Más información
https://elmanifiesto.com/nacion/3162/la-isla-gallega-que-vendio-don-juan-de-borbon.html
lunes, 27 de diciembre de 2010
Manuel Rubial: “La libertad del artista está en hacer su obra sin concesiones”
Julia Sáez-Angulo
27.12.10 .- El pintor y escultor Manuel Ruibal (Barro, Pontevedra, 1942) explica que “la libertad de un verdadero artista se cifra en un proyecto desde que comienza su carrera, hacer lo que él considera, llevar a cabo su obra sin concesiones a modas ni imposición de galeristas ni clientela; digamos aunque suene algo agresivo, hacer lo que le de la gana, esto como es lógico a veces se paga muy caro, pero en verdad vale la pena”.
En su caso, se fue haciendo con una clientela por medio mundo que a día de hoy ronda los 500 coleccionistas que poseen obra suya, “esto a veces, cuando lo pienso, me parece un milagro”, añade.
-¿Cómo fue su formación artística?
Autodidacta, no concibo otra cosa ¿te figuras una escuela para hacer poetas?
´-¿Cuáles han sido y son sus maestros históricos referentes? En distintas épocas siempre he tenido referentes pero el que más posibilidades
me ha proporcionado ha sido el trabajo en el taller.
-¿Qué ha supuesto la pintura en su vida?
La pintura, digamos el arte en sí, ha sido y sigue siendo todo en mi vida, tal vez hasta la tumba.
-¿Cómo fue el paso de la figuración a la práctica abstracción última?
Todo obedece a un proceso evolutivo por ser yo sumamente curioso pero la verdad estriba en trabajar en medio de distintos materiales y colores en mi estudio.
-Usted practica el paisaje y la figura ¿Cómo es su elección de los géneros?
En mi primera época practiqué el paisaje y la figura, a veces del natural y otras imaginativamente.
-¿Cómo se apoderó de usted la escultura?
Siempre hice escultura de una manera que yo consideraba secundaria, pero hubo un momento en que se me presentó como algo principal; fue cuando concebí esos grandes menhires de granito pintados, basados en pequeños bocetos de piedritas de formas caprichosas que durante muchos años fui recogiendo en los ríos y playas.
-¿Se siente a gusto en la escultura monumental?
Fue una época y ya pasó, ahora estoy en otra cuestión, nunca pude entender que un artista estuviera haciendo treinta o cuarenta años las mismas cosas y no se haya pegado un tiro.
-¿Cómo ha sido su relación con el color, con los colores? ¿Le han definido etapas?
El color en mi obra a veces es protagonista y otras menos, todo depende de lo que me traiga entre manos.
-¿La Naturaleza enseña más que la docencia o los grandes maestros?No solo la naturaleza es la maestra en la creación de un artista, también los objetos que nos rodean influyen y la propia imaginación tiene que proporcionarnos cosas que aparentemente no vemos. La docencia está en el taller trabajando con materiales y colores, digamos que investigando algo siempre va saliendo y ese resultado siempre será personalizado.
-¿Qué museo visitado le ha interesado más?
Fueron tantos y en cada momento todos de una manera u otra me aportaron mucho. No obstante, hablando de museos El Prado de una manera también sentimental es mi Dios, pues con 17 años venido de un rincón de Galicia, encontrarme con aquellos pintores de la antigüedad que solo conocía por reproducciones de los libros de textos o calendarios, comprenderás que de aquella no se hacían los grandes libros de arte de hoy y menos tenía yo ocasión de ver algo en mi aldea. Difícil es que yo vaya a Madrid y no me acerque al Museo del Prado.
-¿Qué quitaría y añadiría en el circuito del arte?
Quitaría la politización, que es la causa del empobrecimiento artístico de hoy día y no solo en España; La globalización hermanada al relativismo de que todo vale, en la que cualquier pillo puede ocupar el mejor espacio financiado por el estado, porque los miembros que lo componen de arte no saben absolutamente nada de nada y en esa situación los atentos pillos están al acecho de las prebendas que están destinadas para entretener a una parcela social que se hace llamar intelectual y resulta ser de una pobreza espantosa.
-Como poeta, ¿qué comentario le merece la Poesía?
Hace un tiempo escribí: “La poesía es un estado de unos seres, que al criterio de la multitud resulta risible. El poeta no tiene incidencia en una sociedad torpe de pensamiento y sentimiento, por lo cual escribir poemas es una cuestión personal, y lo mejor es esconderse para no levantar sospechas de ser un inútil.
Vivimos hace tiempo en una sociedad de griterío, donde la distinción, la belleza y la elegancia están prohibidas.
La mayoría impuso su criterio, que es el espectáculo de las gradas y el brillo cegó la luz de la grandiosidad de toda causa.
Así pues, no se tiene otra opción que volver al pequeño grupo donde la creación y el saber aún tiene sentido, y tendremos en cuenta que la mayoría, por el hecho de ser mayoría, considerará una tribu a esta minoría que se rebela y no se conforma con vivir en un estado torpe y frívolo”.
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