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martes, 26 de enero de 2021

Carlos Antón, médico de familia en Melilla, autor de la novela “El embrujo del Rif”







L.M.A.

  26/1/21.- Madrid.- Carlos José Antón Gutiérrez (Málaga), médico de familia que ejerce en Melilla, es el autor de  la novela “El embrujo del Rif”, ambientada en la guerra de África.

  Los hechos suceden en el Protectorado español en Marruecos. Javier, el protagonista, a los trece años conoció a una chica en el Campo Grande de Valladolid y se enamoró como sólo puede hacerlo un adolescente. La joven desapareció a los pocos días. Sólo sabía de ella que su padre era capitán de caballería. Como no tenía otra forma de buscarla, ingresó en la academia militar cuando acabó el bachillerato.

    Años después, recién ascendido a capitán, Javier disfrutaba de la Málaga de los años veinte y de sus gratas novedades como la inauguración de los Baños del Carmen, primer balneario que permitió que hombres y mujeres se bañaran juntos, el café de Chinitas y otras maravillas, antes de ser destinado al regimiento de Alcántara en Melilla y participar de lleno en la contienda africana.

    “Muchos riojanos lucharon y murieron en la guerra del Rif. Unos son héroes reconocidos, como el cabo del regimiento de África, Jesús Arenzana Landa, sus hazañas están grabadas con fuego en la historia de España; y otros fueron soldados anónimos cuyos cuerpos están enterrados en la salvaje tierra africana”, explica Carlos Antón.   

     “Escribí la novela con la intención de describir la guerra del Rif y el "Desastre de Annual". Resulta lamentable que, cuando, en 2012, el gobierno concedió la Laureada de San Fernando al regimiento de Alcántara por las heroicas cargas en el río Igan, muy pocos españoles conocían este episodio. Ni siquiera les sonaba el nombre del regimiento”.

   En la novela hay 17 mapas diseñados a partir de mapas militares, relatos históricos, fotografías aéreas antiguas y muchas visitas a los lugares donde se desarrolló la acción. “Los mapas están en blanco y negro porque su PVP habría sido elevado si aparecen en color, pero se pueden imprimir desde la web en su color original”.

  “Tardé más de tres años en recopilar información y escribir la novela. La obra está dividida en tres tomos debido a su extensión”.

  Se puede ver la sinopsis, el primer capítulo y los mapas en:

 www.guerradelrif.es


martes, 4 de febrero de 2020

DEL RIF A MADRID (Crónica sarracina de un hispanista marroquí), de Mohamed Abrighach



DEL RIF A MADRID (Crónica sarracina de un hispanista marroquí), 
Mohamed Abrighach
(Editorial Diwan, Madrid, 2019)




Encarna Cabello 

            4/2/20 .- Madrid .- El libro Del Rif a Madrid, de Mohamed Abrighach, lleva por subtítulo Crónica sarracina de un hispanista marroquí, y el término “sarracina” ya debería prepararnos para intuir cuál va a ser su contenido, pero yo debo de ser algo ingenua, porque no me lo esperaba. A lo que se añade que Abrighach comienza su relato con un buen tono irónico -que es de agradecer- cuando nos habla de su nombre y apellido, y su indiferencia por la genealogía (algo corriente en su Rif natal), en contraposición a los que, en su país, se consideran descendientes de andalusíes o moriscos, y que, aparte de conservar algunos la llave de la casa de Al-Ándalus, peregrinan a lo que queda de esta en la Península Ibérica “en un intento emocional de volver al origen o, al menos, a presenciar los monumentales vestigios del pasado, su paraíso perdido, que reviven y lamentan in situ”.
            Él, nacido en 1965 en un aduar muy cercano a Melilla, no necesitaba cambiar de continente ni cruzar ningún charco para estar en contacto con lo español, no había lugar para la nostalgia. Todo era presente. Y es ese presente, con la televisión en casa (gracias al desahogo que suponía que su padre fuera emigrante en Alemania), conectando las dos cadenas españolas de la época, lo que, ya desde niño, le va a hacer entrar en contacto con la lengua española de una forma íntima, y familiarizarse con ella.
            Preciosa la descripción de su primera llegada a Melilla, a lomos de un burro, con su abuelo, para quien, por cierto, “el español era, en su mente, sinónimo de rectitud…” Personalmente, he conocido en el Rif a hombres así, que recordaban con cariño -y hasta quizás con nostalgia- a los españoles de a pie con los que habían trabajado en tiempos del Protectorado.
            El niño Abrighach experimentó en Melilla la seducción y la atracción de “lo otro”, lo diferente. Como nos ha pasado a no pocos españoles al pisar Marruecos. Algo muy humano, en definitiva, y hasta sano, y que no tiene nada que ver con el exotismo.
            Ya adolescente, su familia se traslada a vivir a la ciudad de Nador (capital de la provincia), y allí, en el Instituto, elegirá el español como segundo idioma extranjero. Y hay que destacar aquí la encomiable labor de esos profesores de Secundaria: “el profesor animaba la clase con muchas actividades, exigiendo la implicación de todo el alumnado para hacer teatro, o para exponer ponencias sobre la problemática de la España de entonces, siempre con un debate al final. Incluso formábamos mesas redondas con moderadores, con un nivel muy alto en el debate, así como en la fluidez de la lengua y en el vocabulario, que no llegamos a tener más tarde en la Universidad”.
            Sin duda es aquí donde se forja su curiosidad intelectual hacia el español en su vertiente lingüística, pero también hacia la cultura y la civilización española. Es decir, aquí está ya el futuro hispanista en ciernes.
            Luego ya, va a estudiar a Fes Filología Española, y relata su experiencia universitaria, con detalladas críticas al mundo académico y a la enseñanza del hispanismo marroquí (cuesta trabajo imaginar esa misma situación en el reputadísimo hispanismo anglosajón…).
            Y aquí surge en mí la pregunta: ¿Cómo se hace alguien hispanista? En su relato, Abrighach nos hace sentir empatía hacia esa especie tan particular, según nos va contando sus vicisitudes y las deficiencias del mundo académico en Marruecos.
            Luego vinieron los siete años de Madrid, que, aparte de hacerle entrar en contacto con la inmigración y el mundo asociativo, culminaron con la lectura de su tesis, y que ya, en la misma Universidad, supusieron para él “una riqueza intercultural insuperable e inédita, un contacto con la lengua más vivo y directo, con las distintas variedades de acento, de fonética y de nivel entre los doctorandos”.
            Nada más regresar a Marruecos, en 1995, consigue ser admitido como profesor en el -todavía reciente- Departamento de Español de la Facultad de Letras de la Universidad de Agadir, y es allí donde seguirá hasta la fecha: los primeros cinco años, solo como profesor, y después, también como investigador, labor esta que, según cuenta, es la que más le satisface, dando como resultado diferentes publicaciones en forma de artículos y de libros.
            Y aquí Abrighach nos ofrece toda una panorámica de la situación del hispanismo marroquí, y ya nos avisa en el Prólogo de que, lo que tenemos ante nuestros ojos, no es sino su propia visión. E incluso, más adelante, lo llega a calificar él mismo como “una radiografía puntillosa”…
            Importante la llamada de atención que hace a la pérdida de peso del idioma español en Marruecos, y a sus causas y posibles efectos. Su Prólogo es realmente interesante y lúcido.
            Me he dejado por el camino el largo inciso que hace para hablar de Melilla, que él conoce muy bien, poniendo el dedo en la llaga en lo que se refiere a su situación actual. Y aquí no he podido evitar acordarme de mi novela La cadena, de 2016, ambientada en dicha ciudad y sus alrededores.
            Claro que, de su pertinente crítica, tampoco se salva la vecina Nador, de la que deplora la urbanización caótica llevada allí a cabo desde la independencia hasta los tiempos actuales.
            En fin, en Abrighach tenemos a un intelectual reflexivo y comprometido, que no se amedrenta y que llama a las cosas por su nombre.


Encarna Cabello, escritora

lunes, 31 de julio de 2017

Marruecos ha celebrado su fiesta nacional con discurso y amnistía del Rey Mohamed VI. Recepción en el Hotel Intercontinental de Madrid




 Mohammed VI de Marruecos



Julia Sáez-Angulo


            31/07/17 .- MADRID .- El reino de Marruecos ha celebrado su fiesta nacional que exalta la subida al trono del rey Mohamed VI hace dieciocho años, los mismos en que murió su padre el rey Hasan II, el superviviente de dos atentados contra su vida, lo que le hizo reaccionar y políticamente y acabó siendo calificado como Hassan II el cruel. El actual monarca habla español con fluidez, pues fue cuidado por una niñera española.

            Mohammed VI dijo un discurso a la nación y en él, además de recordar sus logros, anunció una amnistía para salir de la cárcel a más de un millar de súbditos, entre ellos algunos del Rif, zona de disturbios secesionistas en los últimos meses.

            En Madrid, la Embajada de Rabat celebró su fiesta en el Hotel Internacional con cientos de invitados entre música del reino alauita interpretada por un grupo marroquí. El embajador, que pronto será relevado en el cargo por su hermana -ambos hijos del médico de Hassan y educados en palacio-, pronunció palabras de bienvenida a los centenares de asistentes.

            La chilaba, las babuchas y el fez o tarbush (gorro rojo con borlón de origen turco) constituye el traje árabe protocolario de Marruecos y otros países árabes. No eran muchos los que lo lucían, pero curiosamente lo levaban todos camareros del hotel, aunque desconocían su nombre. Se podían ver hermosos vestidos bordados en las damas marroquíes y no demasiados pañuelos en la cabeza. Bellísima la embajadora.
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            Entre los asistentes al acto: Elena Gutierréz, presidenta de la Fundación de Cultura Islámica, FUNCI; Inés Eléxpururu, directora de comunicación de Funci; el entrañable Doctor José Edery Benchluch, nacido en Larache, que lamentaba el deterioro progresivo de esta hermosa ciudad de antigua presencia española; el historiador Víctor Morales Lezcano, que recomendaba el libro La Historia, un país extranjero y elogiaba la recientemente entrevista de Ignacio Gómez de Liaño en La Vanguardia; la profesora Leonor Merino; Francisco Trujillo Calzado, presidente de la Asociación La Medina, de antiguos residentes en Marruecos, amantes de ese país; el escritor Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural en Madrid; la pintora Francisca Blázquez, el adivino Rappel, bien atendido por la embajadora…

            NOTA BENE .- La Federación de Asociaciones de la Prensa de España, APE y la Asociación de Periodistas de Valladolid (APV) condenan la expulsión de Marruecos del director y el delegado en Madrid de “Correo Diplomático”. Ambas organizaciones profesionales piden al Ministerio de Asuntos Exteriores español que exija explicaciones a su homónimo marroquí sobre las razones que han motivado la deportación de José Luis Navazo y Fernando Sanz, a los que no se ha dado ninguna aclaración sobre por qué se ha adoptado esta medida. Rsf también muestra su condena y pide explicaciones.
            Los periodistas esperamos con interés una explicación.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com.es/2017/07/final-del-ramadan-hora-de-tregua-en-el.html




miércoles, 5 de julio de 2017

FINAL DEL RAMADÁN. HORA DE TREGUA EN EL RIF





Víctor Morales Lezcano
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05/07/17.- MADRID.- Los habitantes nativos de varias regiones de Argelia y, particularmente, Marruecos, se autodenominaban en su lengua  amagzíes, o sea, hombres libres. Los romanos y subsiguientes invasores del norte de África que se asoma al Mediterráneo occidental los “bautizarán” como barbaroi, o sea beréberes. Entre los ulteriores invasores del Magreb figuraron las milicias y harkas del Oriente musulmán que profesaban el islam, cuya implantación marcó el signo histórico del norte de África. Ello fue así en amplia medida sin sobrevalorar el asunto. Marruecos y Argelia han constituido en sus formaciones sociales dos comunidades etnolingüísticas diferenciadas, aunque comunicadas a través de la lengua árabe (predominante) y la profesión de la religión musulmana; lo cual no quiere decir que no hubiera conciencia colectiva de una parte y de otra  de que cada comunidad solo podía convivir en el Magreb si una (la árabe) imponía su lengua y sus leyes mientras que la otra (la amagziz) aceptaba la dualidad cultural lingüística, legislativa y consuetudinaria.

            Hubo muchos conversos beréberes a la concepción árabe del Estado y la ley, aunque también hubo no pocos disidentes, rebeldes y, por ende, proscritos. Sobre esa dualidad congénita del tándem argelo-marroquí se basó el famoso dahir de 1930, con el que la Francia colonial intentó enfrentar a unos y otros, árabes y beréberes.

            La geografía de la disidencia amagziz terminó por quedar configurada en vastos territorios marroquíes, como las repúblicas tribales del Atlas y del Rif,  mientras que en Argelia fueron Kabilia y el sistema montañoso del Aurés los reductos más irredentos de la población norteafricana nativa.

                                                       ***
Tengo para mí que hay ocasiones en que procede recuperar con brevedad meridiana el paisaje  físico-humano de un territorio, como, por ejemplo, lo ha sido y lo es actualmente el norteño Rif del reino de Marruecos. ¿Con qué finalidad? ¿Erudita, gratuita, o como telón de fondo de lo que ha venido ocurriendo secularmente en un territorio de marras, que en este caso se llama el Rif? Ya  emires, autoridades caidales y justicieras enviados por el majzén saadí (poder central de la dinastía marroquí que precedió a los alauíes entre los siglos XVI-XVII) a territorios amagzíes insumisos hubieron de imponer finalmente la ley y la norma del sultán con el apoyo de las armas. Vieja ley esta de la legitimación y la legalidad que termina por aplastar la disidencia regional cuando esta, a su vez, se levanta en armas contra la corte.

            Crónicas y documentos redactados en árabe, o en lenguas románicas como son el castellano, el portugués y el francés, recogen abundantemente las confrontaciones habidas entre el majzén fassi (Fez)  hoy rabatí  y  las confederaciones tribales rifeñas, siendo la más llamativa de aquellas confrontaciones la habida entre Abd el-Krim el Jatabi (1882-1963) y sus fieles milicias frente a los ejércitos de España y Francia entre 1921-1926. Es decir, en la que todos reconocemos como Guerra del Rif entre amagzíes y europeos.

            Las tensiones entre Argelia a partir de su independencia (1962) y su población beréber (en torno a un 30%), de un lado,  y las de Marruecos con rifeños y otras tribus amagzíes (casi un 45%), de otro, podrían denominarse tensiones internas de la arquitectura co-existencial de la monarquía alauí y la república argelina con los nativos africanos de ambos Estados.

            Ahora bien, cierto parece que los tiempos que corren no son los de antaño. Quiero decir que el medioambiente inter-náutico y audiovisual predominante hogaño aconseja no extremar las represiones contra la disidencia   justificada, o no—; quizá la introducción parlamentada de correctivos y la concesión de algunas reivindicaciones (sobre todo económicas) por los poderes fácticos de Argelia y Marruecos ayudarán más  en el presente y en el futuro políticos de nuestros vecinos norteafricanos a una coexistencia más amable con aquellas regiones que un designio divino ha preferido mantener fieles a sus tradiciones diferenciadoras, a sus llamamientos, lenguas y huellas. El dios de la clemencia en el que creemos los herederos de las tres religiones del Libro seguro que estará de acuerdo con la propuesta conciliadora que invita a hacer virtud de la necesidad.

            Además, no se olvide que el calendario invita al festejo del Aid el Fitr, punto final del Ramadán. ¿No basta ello para zanjar por lo pronto la pendencia?
Muchos creemos que sí desde la orilla española del estrecho de Gibraltar.

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