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domingo, 22 de marzo de 2026

MIQUEL BARCELÓ, EXCELENTE AFICIONADO Y PINTOR DE PLAZAS DE TOROS, EN LA LÍNEA DE GOYA, CARNICERO Y PICASSO

Cuadros taurinos de Miquel Barceló (Galería Elvira González)
Corrida de Toros. La muerte de la mujer torera", Pablo Picasso



Julia Sáez-Angulo

23/3/26.- Madrid. Con una arriesgada puerta gayola del torero Pepe Moral se abre la nueva temporada taurina en la plaza de Las Ventas, corrida que he tenido la suerte de ver junto al buen aficionado taurino y catedrático de Historia del Arte, Juan Vicente Rubio Sánchez (1951). La corrida resultó un tanto decepcionante por los toros de Cuatri, pero “ya lo dice el pintor Miquel Barceló, en los toros como en la pintura te puedes tirar 15 días sin ver o hacer nada interesante y, de pronto, aparece el arte y vale la pena”. 

Los toreros Damián Castaño y Gómez Escorial siguen a Pepe Moral en el toreo. Los tres se atienen al protocolo de aparición en la plaza -el más joven en la plaza, en el centro de los que tomaron la alternativa en Madrid, antes que él- y saludos al presidente.

El profesor Rubio es un habitual conferenciante en distintas peñas y clubs taurinos sobre la arquitectura, la escultura y la pintura en los toros. 

“El mundo del torero tiende a la geometría, el círculo es clave en el arte taurino, desde la plaza hasta los movimientos del toro y el torero, me hizo notal Barceló, que había observado atentamente las corridas, como buen artista plástico”, me cuenta el profesor de Arte, aficionado y riguroso al mismo tiempo con el arte de Cúchares, no en valde nació en Béjar (Salamanca), que cuenta con la primera plaza de toros de 1711.

Pasamos a Picasso y su arte taurino, que el catedrático elogia sin dudar y aplaude la gran afición del pintor malagueño. Su cuadro “La mujer torera” es elocuente de lo que es el drama y la fiesta taurina. Picasso entonces estaba unido a Maya, pero se enamora de Marie Therese Walter, una menor de edad de 17 años, con la que tiene relaciones. El pintor siente el peligro y sufre, lo manifiesta en el caballo, que es el animal que sufre en la plaza y así lo refleja su pintura, junto a la muerte de la mujer torera…”

Hay otro aspecto de Picasso que trae a colación: “Él quiso ser torero, o más bien, picador. Uno de sus primeros dibujos en una caja de puros, a los diecisiete años fue un picador. Picasso quería construir, junto a Dominguín, la plaza de toros cubista en la Casa de Campo. Quería que todos sus cuadros taurinos se representaran en cerámicas dentro de esa plaza. No cuajó el proyecto. El conde de Mayalde era entonces el alcalde de Madrid”, cuenta Rubio Sánchez.

Hablamos del pintor colombiano Botero, como otro artista interesado por la corrida. "Él hizo un año el cartel de la plaza de las Ventas". Cita al pintor actual Diego Ramos, como uno de los mejores, en medio de un panorama manifiestamente mejorable. Cito a Hanoos con sus espléndidas plazas de toros, al acuarelista, también aficionado a los toros, Pablo Reviriego… El mundo taurino sigue interesando a los artistas plásticos, viene a ser la conclusión.

Nos remontamos a los pintores Carnicero y Goya, a los que el catedrático de arte aplaude sin dudar. Sus series de grabados sirvieron para difundir la belleza y plasticidad de las corridas, del mundo del toro y el toreo, de las suertes taurinas…Luego está Gustave Doré. “Goya es increíble de bueno, sus aguafuertes y aguatintas son magníficas a la hora de ilustrar el sol y sombra de la plaza. Al principio tuvo algunos errores por seguir el libro de Moratín, que habla del origen moro de la fiesta, nada más falso. Goya tiene una estampa de “moro alanceando un toro”.

“El origen de los toros es mítico. El toro es un animal sagrado en todo el Mediterráneo, con Egipto a la cabeza, por su fuerza y fecundidad. Un semental puede fecundar a 40 hembras. A algunos muchachos flacuchos y débiles, se les alimentaba con criadillas…” va comentando el profesor. “Con Alfonso X el Sabio se conoce que el toreo era siempre a caballo, como un arte de prepararse contra la guerra". 

    “Los Borbones, dinastía francesa, estuvieron en contra de la Fiesta. Carlos IV en 1805, decretó la absoluta prohibición de las fiestas de toros en todo el reino y, sin embargo, los Borbones han sido decisivos en la evolución de la misma, ya que, al no gustarles la corrida caballeresca, dejaron el campo libre para que naciera la corrida a pie”, explica Rubio Sánchez. 

    “Solo el rey emérito, Juan Carlos, fue aficionado a los toros”, añade. “Y su augusta madre, doña María de las Mercedes y la Infanta doña Elena, también”, le digo yo.

        TOROS Y LITERATURA

Cómo lo sabe todo del mundo taurino, pasamos a la literatura: “El mundo del toro es cultura, mito, religión... El lenguaje taurino es metáfora de la vida, insiste el profesor. Véanse las expresiones que él aunó para explicar su pregón en Almería en 2025: (…) se pone el mundo por montera, me pidió que le echara un capote, aceptando ser el pregonero de este año, intenté  darle una larga, argumentando que en Almería había gente mucho más preparada que yo para este menester, y que un verano con mis nietos  me dejaban para el arrastre, pero pinché en hueso, y  supo llevarme, con mano izquierda, sin obligarme, a media altura, a la querencia y yo entré al trapo y con mucho gusto, porque se trataba de lidiar un toro de bandera y no quería pegar un petardo, recibir un revolcón y quedar como Cagancho en Almagro". 

    Almería y el Foro obligan mucho y ver este precioso claustro neoclásico lleno hasta la bandera también, por lo que no podía escurrir el bulto, y no tenía más remedio que sacar mi vergüenza torera, coger el toro por los cuernos, dejar de hacer brindis al sol, atarme los machos y bajar a la arena.

 Y por eso hoy estoy aquí, ante ustedes, porque ha llegado la hora de la verdad y ya estoy en capilla; no puedo caerme del cartel; dejo de ver los toros desde la barrera y me dispongo a lidiar este compromiso con la intención de no dar la espantá, asomarme al balcón, rematar la faena, ir siempre por derecho, hacer lo que se pueda, crecerme en el castigo, intentar que no me echen el toro al corral, armar un taco y, si puedo, salir por la Puerta Grande.

    Y en una rueda de preguntas rápidas le inquiero al profesor Rubio, por el mejor torero del momento: “Morante de la Puebla, sin dudar. El peruano Roca Rey llena más las plazas y cobra más, pero Morante le supera en el toreo. Rafael de Paula lo fue en su día”. ¿La mejor suerte taurina?: “La verónica, como sostuvo el paño la mujer evangélica delante de Cristo en la Pasión”. ¿La mejor plaza taurina?: “la Maestranza y Las Ventas, que guarda la idea de Plaza Mayor con andanadas y gradas. La de México es la más grande, pero se va escala, parece un embudo”. ¿Los mejores escritores taurinos?: “Joaquín Vidal, ya fallecido. Sus críticas taurinas y literarias eran excepcionales se recogieron en un libro”. También hablamos de Zabala de la Serna. ¿Mujeres toreras?: “El toreo no tiene sexo. Ahí están la primera, Cristina Sánchez; Conchi Ríos, que cortó dos orejas en Las Ventas, y, ahora, Olga Casado”. ¿La mejor afición?: “Yo la encontré en Albacete”.

    Podríamos seguir hablando y lo hicimos, de toros, dehesas, ganaderías, plazas que echan a los aficionados para meter públicos masivos o turísticos, del sectarismo antitaurino de algunos políticos, de los catalanes que pasan a Francia a ver los toros, porque en su tierra se han cancelado de facto, que si en Portugal se mata a los toros de modo innoble, como en un matadero, después de la corrida… Y sobre todo del arte del toreo, cuando este se presenta, aunque sea cada 15 días como dice Barceló y el público se arranca con oles y oles, que se escuchan a varias leguas a la redonda. El mundo taurino conlleva muchas historias humanas y literarias dentro.

Moro lanceando un toro, de Goya

Pablo Reviriego muestra una de sus acuarelas taurinas
Martín Hanoos ante una de sus plazas de toros en la pintura.
Diego Ramos ante uno de sus toros en la pintura




jueves, 18 de mayo de 2023

FINA DE CALDERÓN. Homenaje en la Real Sociedad Económica Matritense y recepción de sus archivos, donados por los herederos

Fina de Calderón, compositora y escritora

Ponentes e hijos de Fina de Calderón

Julia Sáez-Angulo

Fotos: Carmen Palomero

        19/5/23.- Madrid.- La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País ha rendido un homenaje a la desaparecida Fina de Calderón, autora, compositora y benefactora de la cultura. Durante este acto de homenaje, la Matritense recibió la donación por sus herederos del archivo documental de la escritora -sus tres hijos: Mariola, José Rafael y Giovanna-, siendo a partir de ese momento responsable de la custodia y encargada de la difusión de tan importante legado cultural.

Presididos por Manuel Rodríguez Alcayna, cabeza de la Matritentse, actuaron como ponentes del acto: el ex alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, el académico Luis Alberto de Cuenca, la catedrática de Arpa María Rosa Calvo Manzano, que elogiaron la vida y obra de la homenajeada, e intervinieron como rapsodas de los versos de Fina de Calderón: Enrique Trinidad y Soledad Serrano. 

        Luis Alberto subrayó que Fina de Calderón representaba a la tercera España, que nunca le importó si los poetas era de izquierdas o de derechas.

    Seguidamente se leyó una carta de Emiliano García Page, presidente de la comunidad de Castilla-La Mancha, recordando a Fina de Calderón como hija adoptiva de Toledo, donde sostuvo el cigarral del Santo Ángel -donde estuvo en su día el fraile y literato Tirso de Molina-, en el que convocó a numerosos escritores a lo largo de su vida.

    José Rafael Gutiérrez de Calderón, hijo de Fina, quiso recordar también a su padre, Fernando, pues si su madre era la escritora, su padre siempre actuó con ella como “tramoyista”.

    Los ponentes recordaron especialmente la creación por parte de Fina, de los conocidos “Miércoles de la Poesía” en el Centro Cultural de la Villa, por donde pasaron numerosos poetas, porque la homenajeada decía que ella tenía como propósito “servir a la Poesía”. Se recordó igualmente su faceta de compositora musical de ballets, textos clásicos y de música ligera. Se puso también de manifiesto la faceta de luchadora de Fina frente a la adversidad de su enfermedad, una coxalgia, así como su amistad con todos los escritores, sin sectarismo cultural o político alguno, y entre ellos los franceses Colette o Jean Cocteau. Fina recibió distintas condecoraciones, entre otras, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el Lazo de Isabel la Católica o el nombramiento de académica de Bellas Artes de Toledo.

En el acto, que tuvo lugar en la Torre de los Lujanes, estuvo la Infanta Doña Margarita de Borbón y su esposo Don Carlos Zurita, duques de Soria, Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco y numerosos escritores y amigos hasta completar la sala, entre ellos: Javier Lostalé, Montserrat Cano Guitarte, Emilio Porta, Rogelio Sánchez Molero, Angelina Lamelas, Carmen Valero Espinosa, Alberto Martín Baró, Juan Ignacio Vecino, Jaime Lamo de Espinosa, Cristina Alberdi, Elena Kirby, Floker, Carmen de Rocamora, promotora del acto…

Josefina de Attard y Tello (Madrid,1927-2010) dejó, además de las composiciones musicales, diversos libros de poemas y unas memorias que recrean su vida. 

    Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2020/12/mi-amiga-fina-de-calderon-amo-y.html


Fina de Calderón y Buero Vallejo (c. 1970)


viernes, 28 de enero de 2022

CRÓNICAS VIENESAS I- De la Ciudad Imperial de la Música, de Sissi Emperatriz, de Freud y Wittgenstein

Viena y el Danubio

Palacio de Belvedere. Viena



Julia Sáez-Angulo

Viena, 28.01.2022.- Viena evoca muchas cosas a la vez. Desde los valses románticos y la edulcorada visión de Sissi Emperatriz a las visiones filosóficas intensas de Edmund Freud o Ludwig Wittgenstein, pasando por el arte ornamental y sólido de la Secesión Vienesa. Todo ello requiere matices. 

Un Archiduque de Austria, buen escritor, (no digo su nombre, porque no le he pedido permiso para hacerlo) describe a su bisabuela, la emperatriz Elisabeth de Habsburgo, Sissi, como una mujer singular, avanzada de su tiempo y muy buena madre, especialmente de su hija menor Valeria, la única que le dejaron educar por ella misma en la férrea Corte Imperial. Netflix ha llevado a cabo una enésima biografía de esa emperatriz mediática, lejos de la versión de la antigua película, pero tampoco ha convencido a todos. A ciertos miembros de la familia, les ha escandalizado esa nueva versión televisiva. Ya lo decía la Infanta Doña Pilar de Borbón, cuando le pregunté que le había parecido la ultima biografía de su abuela la reina Victoria Eugenia: “Yo ya no leo las vidas de quienes pertenecen a mi familia, porque me encuentro con una versión que en nada se parece a la que yo tengo y me disgusta”.

El profesor Ignacio Gómez de Liaño me ha recomendado para este viaje a la capital austriaca el libro “La Viena de Wittgenstein”, que él tradujo de los autores Allan Janick y Sthefen Toulmin, editado por Athenaica. El libro se afirma como uno de los estudios clásicos sobre “aquella «ciudad de genios» de hace un siglo, a la que han convertido en un espléndido paradigma de investigación: la llamada «Viena fin-de-siglo» o «Viena 1900» como marchamo de la decadencia de toda una cultura y forma de vida y del resurgir genial de otras.                   Ha originado un acervo impresionante de bibliografía de altura digna de esa Viena ya eterna donde la clara conciencia de la extinción inmediata del imperio austro-húngaro y su mundo hizo más evidente que en ninguna parte la famosa «crisis» cuya conciencia había comenzado a reventar con Nietzsche; su paisaje fantasmal: un mar que se vacía, un horizonte que se borra, un sol que gira alocadamente en torno a sí; ser, verdad y bien desvanecidos, desquiciados”, dice Carla Carmona. 

Ciudad de gentes hipersensibles también a los signos de los tiempos desde todos los campos de la ciencia, la cultura y el arte, que pusieron sobre nuevas vías una renovada autoconciencia cultural de Europa: crearon la impronta, marca, estilo de lo que hoy somos o al menos de lo que hasta ayer mismo éramos. Junto con Sigmund Freud máximo ejemplo en aquellas cimas”.

(La artista visual Elena Asíns era una gran lectora de Wittgenstein y a él le dedicó algunas de sus obras que hoy alberga el Museo Reina Sofía)

Durante mi último viaje a Viena en 2020 -los tres previstos para 2021 se cortocircuitaron por la pandemia- leí el libro “La cripta de los Capuchinos” de Josep Roth. No hay nada más placentero que leer un libro alusivo de alguna manera al país que se visita. La cripta de los Capuchinos es el lugar de enterramiento de los Habsburgo. Los últimos restos mortales que entraron en ella fueron los de la emperatriz Zita (1892-1989) -madre de Otto de Habsburgo- que residió una parte de su exilio en España.

Lo que nadie le discute a Viena es ser la Ciudad de la Música. El concierto de primero de año atrae a todo el mundo: a los privilegiados dentro de la Ópera de Viena y el resto, pegados a los aparatos de televisión. Durante el año, la programación musical no puede ser más seductora en diversos auditorios y palacios e iglesias. Viena honra a sus músicos. El precioso cementerio de los músicos es todo un homenaje a estos creadores del arte más abstracto y universal que es la música.

La gran exposición del pintor español Salvador Dalí aguarda a los reyes de España que llegan en breve a Viena. Un reconocimiento a este genio del surrealismo, obsesionado por Freud y el psicoanálisis. De la exposición Dalí en el Palacio de Belvedere hablaremos después de verla en la visita de los Reyes de España, invitados por el Presidente de Estado de Austria. 

Danubio

viernes, 11 de diciembre de 2020

MI AMIGA FINA DE CALDERÓN QUE "AMÓ Y DEFENDIÓ LA POESÍA"

Fina de Calderón, escritora



    Julia Sáez-Angulo

    Madrid, 12.11.2020.- “Amó y defendió la poesía” este fue el epitafio que Fina de Calderón (Madrid, 1927-2010) quiso para sí y doy fe de que así fue en vida, después de que yo la tratara intensamente durante los últimos diez años en nuestros numerosos encuentros de fin de semana en su casa para dictarme sus memorias, que publicó bajo el expresivo título Los pasos que no regresan (2004). Eran nuestras tardes de sábado o domingo, o ambas, en las que trabajábamos, hablábamos, nos reíamos con anécdotas pasadas o nos parecía conspirar, cuando hablábamos en voz más baja -como si quisiéramos aplicar la discreción- al hablar de situaciones o sucesos sabrosos de los colegas escritores, conocidos políticos, nobles sin nobleza de corazón… y hasta de la realeza. 

Polo (Apolonia) era su doncella de toda la vida, ruda, directa y espabilada, que la atendía, cuando le pedía un analgésico y un vaso de agua, porque no podía soportar más el dolor de su cuerpo dañado en sus piernas desde niña o cuando le solicitaba la merienda para ambas o cuando le pedía que le ayudara a encontrar un papel en su océano de papeles, porque Polo, pese a ser analfabeta, tenía el don de encontrarlo con más facilidad, por las indicaciones descriptivas que le daba Fina. A la segunda o tercera vez de mostrarle alguno, Polo acertaba.

Era un placer estar y conversar con la escritora Fina de Calderón, una mujer guapa, lista, inteligente, astuta, coqueta, seductora y amante de la poesía, hasta entregarle su vida y generosidad en los eventos poéticos que organizaba y llevaba a cabo en los Miércoles de la Poesía, recital poético mensual todos los meses en el Centro Cultural de la Villa, para los que preparaba con cuidado su disertación previa sobre el poeta o el grupo poético homenajeado, así como en los cocidos o comidas anuales en su cigarral de Toledo, Santo Ángel Custodio, adquirido a mediados del XX, cuando convocaba a los vates en primavera. El Ayuntamiento de la capital imperial nombró a Fina de Calderón hija adoptiva en 1986. Se lo merecía. Su obra póstuma se titula Toledario y abre con la cita de los célebres versos de Garcilaso de la Vega: Cerca del Tajo, en soledad amena/ de verdes sauces, hay una espesura…. En este libro están también los versos de Fina: Entre Toledo y yo, sólo Toledo y yo. Y también aquellos en los que dicen en su libro "La sed que dura" (2002): Tengo miedo a morir, al renunciar al pájaro, a la fuente, a las altas campanas, espadañas y torres, al Tajo rumoroso.

    Yo le ayudaba recogiendo en mi ordenador sus indicaciones verbales o buscando puntualmente algún dato en sus libros y diccionarios para insertarlos. Con ella se aprendía como de una maestra, al tiempo que se dejaba decir o aconsejar sobre algún punto literario. Se podía discrepar en asuntos literarios, porque las dos éramos prudentes y diplomáticas.

Los Miércoles de la Poesía se los facilitó el alcalde Enrique Tierno Galván, cuando en 1984 ella le pidió un día al mes para la poesía en el Centro Cultural de la Villa, un lugar céntrico, casi ombligo de Madrid, que facilitaría la llegada del público. El alcalde le advirtió que los miércoles era el día de partidos de fútbol en los estadios y en la televisión, por lo que le iba a ser difícil encontrar público. Pero Fina de Calderón se vino arriba y le dijo que ese era precisamente el día que ella quería para demostrar que la poesía y sus poetas tienen un público generalmente fiel y distinto al de los futboleros, salvo en su día Dámaso Alonso al que gustaba el futbol, pero no lo confesaba porque no estaba bien visto en aquellos tiempos primeros de Dictadura. Así fueron, pues, sus Miércoles de la Poesía, siempre concurridos de gente y algunos de ellos hasta rebosar. A Fina le gustaban mucho los poetas de la Generación del 27, en especial Federico García Lorca y Rafael Alberti, al que había tratado durante el exilio del poeta en Roma junto a su esposa María Teresa León. Tenía tal pasión por Alberti, que en uno de sus Miércoles de la Poesía lo defendió frente al poeta Luis Antonio de Villena, que acababa de calificar de poeta menor al gaditano en su intervención previa.

    No faltaba la música al final de los recitales de poesía, sobre todo el piano, también violín o canto. Digna de recordar la actuación de Felipe Campuzano vestido con un precioso traje de seda blanco o las de la arpista María Rosa Calvo Manzano.

Después del recital en los Miércoles de la Poesía, precedido siempre de una amplia alocución de Fina y otra ponencia de un experto invitado sobre el poeta a recitar, algunos elegidos íbamos al salón burgués de Fina en el paseo de Martínez Campos, a tomar una copa y conversar.

Por los Miércoles de la Poesía pasaron los aedos más relevantes del momento como José Hierro, Claudio Rodríguez, Jaime Siles, Luis Alberto de Cuenca, José María Muñoz Quirós, Guillermo Carnero, Joaquín Benito de Lucas, Antonio Colinas, Santiago Castelo y otros muchos. Pasar por estos homenajes era deseo de muchos poetas. Pocas mujeres lo hacían y yo se lo reprochaba, le decía que era por ser ella coqueta y preferir a los hombres. Se sonreía y no desdeñaba mi comentario. Por sus recitales, recuerdo que pasara Pilar Aroca, que tiene muy a gala esa elección de Fina y pocas más. Algunas como Ana María Navales viajaba periódicamente a los recitales o iba a los cocidos anuales del cigarral toledano, pero no logró recitar en los Miércoles de la Poesía. Por aquellos eventos culturales iban siempre dos sobrinas de Antonio Machado, a las que Fina distinguía con su aprecio. 

Recuerdo algunos comentarios suyos sobre poetas, uno sobre Luis Alberto de Cuenca, a quien quería muchísimo, al igual que a Alicia Mariño, su mujer, pero la poesía del primero le desconcertaba, le resultaba demasiado moderna quizás para su sensibilidad y gusto. Tanto Luis Alberto como Fina eran dos personas relacionadas con la música pop o ligera, como composiciones de la misma. Fina componía canciones, letra y música. Fue compositora de música para ballets, algunos de ellos como Cancela o El Greco figuraban en la Compañía Nacional de Danza y fueron estrenados en el Bolshoi de Moscú. Varias de sus composiciones de música ligera participaron o ganaron los festivales de la canción de Mallorca o Benidorm en los años 60. La canción Caracola fue al festival de Eurovisión con los TNT en 1964. Sus canciones las han interpretado artistas como Víctor Manuel (Primer plano) o, en francés, los cantantes Maurice Chevalier (Nous de Paris) o Edith Piaf (Pouvoir). Fina también compuso canciones infantiles. Luis Alberto de Cuenca, por su parte, ha escrito letras o poemas llevados a la canción por algunos grupos jóvenes o cantantes como Javier Gurruchaga.

Tampoco se entusiasmaba con la poesía de Clara Janés. "A ti te gusta?, me preguntaba. A ella le gustaba José María Pemán y escribió un estudio titulado “Pemanerías”. Respecto a Carlos Murciano, premio nacional de Poesía, Fina apreciaba mucho su obra y admiraba su facilidad versificadora, pero a él lo consideraba muy mandón, incluso atrevido y excesivo a la hora de tratar corregirle algunos poemas.

    La tarea de Fina de Calderón como conferenciante no fue desdeñable. Como buena ateneísta, allí habló del humor en la poesía y doy fe de que ella preparaba a conciencia todas sus intervenciones. Quizás quede por publicar una selección de todas sus presentaciones y ponencias, así como de sus pregones en distintos municipios como el de Consuegra (Toledo) en 1964.

Afrancesada, mimosa, tolerante, cordial, generosa

Fina de Calderón (nacida Josefina de Attard y Tello), tomó el apellido de su marido para funcionar en la vida y la literatura. Su nombre artístico. Quizás porque es lo que se hace en Francia y a ella, muy española, le gustaba mucho lo francés, empezando por la lengua gala, que la consideraba muy suya, pues fue la lengua de su bachillerato durante su larga estancia en Berck Plage, en la costa del norte del Paso de Calais, donde trataba de recuperarse de una coxalgia que le contagió una niñera nodriza siendo muy niña. De vez en cuando, Fina y yo, juguetonas y snobs, hablábamos en francés o trufábamos el español de citas francesas para divertirnos. Algunos personajes del Instituto Francés acudían a visitar a Fina y con ellos alternaba la lengua francesa y española. Fina publicó un libro de poemas bilingüe, francés español, bajo el título de Pluriels (Plurales) en 2006.

    Le gustaba vestir colores claros que la favorecían, aunque también la he visto elegante de traje negro animada siempre con collares de perlas y sus labios rojos de rouge intenso. Lucía un bastón transparente, según Cuchi de Osma para que pasara desapercibido, dada su coquetería simpática innata.

A veces Fina organizaba comidas o cenas en su casa para conocer mejor a alguien. Ya se sabe -los masones lo hacen muy bien- que el ágape ayuda a confraternizar en las tenues blanches-. Su marido, José Fernando Gutiérrez de Calderón y Scapardini-Andreu, marqués de Mozobamba del Pozo, -Fernando para su esposa Fina- algo cansado con tanta charla de poetas, no asistía en algunas ocasiones y Fina lo excusaba con elegancia, al comprender que el hombre estaba ahíto de versos. En una ocasión organizó un almuerzo a tres para Juan Manuel de Prada, ella y yo, con ánimo de conocer y conversar con el escritor largo y tendido, que yo le había presentado. Se cayeron muy bien y se trataron después. Juan Manuel de la Prada le dedicó a Fina, en uno de sus artículos en ABC, el más hermoso obituario que comenzaba diciendo: 

“Tenía sus ramalazos de afrancesada hasta el tuétano y sus ráfagas de castiza impenitente, tenía sus achaques de viejita que oculta coquetamente su edad y sus exultaciones de muchacha apenas núbil; y siempre, siempre, siempre, era una criatura de una generosidad desbordante, codiciosa de exprimir las delicias del arte y la vida y de regalarlas jubilosamente al primero que se tropezara en su camino. Así era Fina de Calderón, la mujer más espléndida, sensible, simpática y ávida de belleza que jamás me haya tropezado; y también la más dotada y derrochona de talentos. Se nos ha muerto como un pajarillo, nonagenaria y recién nacida (…). Fina ya habrá organizado su salón literario en el cielo.”

Fina de Calderón encarnaba el espíritu de la tolerancia y la concordia de la Transición avant la letre. Lo suyo era la música y la poesía, que son lo mismo, y no paraba mientes en derechas o izquierdas, dando por sentado que eso era arcaico y propio de tiempos pasados cainitas. Lo suyo eran los personajes cruzados. En su infancia había conocido en su propia casa, a diversos escritores invitados por su padre, a Federico García Lorca, quien animó a la niña Fina, postrada en cama que se negaba a andar con muletas: 

-Las muletas son alas de palo para los ángeles y las niñas buenas. 

-Y tú ¿por qué no las llevas si te gustan tanto?

-Son escaleras traidoras, contestó el poeta.

-Y las gomas que están en la punta, ¿como para borrar los pasos?, preguntó la niña al poeta.

-Los pasos no se borran nunca, aunque así lo parezca, le respondió el poeta.

    A Fina le gustaba recordar estas palabras del escritor granadino. 

    Juan Ramón Jiménez, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Miguel de Unamuno y Ramón del Valle Inclán, entre otros, también pasaron por la casa paterna, que ella vivió y heredó en alquiler y siguió viviendo en ella hasta su muerte.

    La escritora disfrutaba escribiendo y trabajando sobre asuntos literarios, por eso dedicaba igualmente sus fines de semanas a leer, escribir y preparar conferencias en su casa, casi siempre acompañada de distintos escritores de todo tipo y pelaje, con los que cambiaba impresiones, opiniones, risas y meriendas. No le gustaba estar sola. Su casa era un salón como el de Madame Recamier, puesto que ella también aparecía reclinada en su cama y a su lado había unos sillones bajos, casi descalzaderas, junto a una mesa igualmente baja para las visitas habituales de poetas y no poetas. A Fina de Calderón le gustaba recibir en su habitación y a todos nos parecía lo más natural del mundo. Su biblioteca junto al salón guardaba celosa un inconmensurable número de libros dedicados, uno de ellos, del académico José Alcalá Zamora me lo regaló porque lo tenía repetido con distintas dedicatorias. Un poemario erótico y políticamente incorrecto, muy comentado.

    El amor de su vida era su padre, al que citaba con frecuencia como una Electra herida. Quedó huérfana de madre muy pronto -una mujer venezolana de la que venía la gran fortuna de su familia- y el padre se volcó con ella para formarla intelectualmente y tratar de curar su coxalgia que le hacía cojear progresivamente de modo más doloroso y notorio. El otro gran amor de su vida era su nieto Antonio de Campos Calderón, marqués de Iznate, al que prácticamente crió y mimó hasta el final de su vida, diciendo que era el ser más cariñoso y adorable que pisaba el planeta. “Siempre está con una sonrisa en los labios y cuando le reñimos Polo o yo, por algún asunto doméstico, nos dedica una sonrisa tal que nos desarma. Afortunadamente es una gran persona”, me repetía. Antonio, hoy doctor en Medicina, fue mi ahijado en la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo, a la que también pertenecía Fina. Un muchacho magnífico, como no podía ser menos, nacido del alma de Fina.

    El recuerdo de Fina del escritor francés André Malraux, intelectual y aventurero, era uno de los más gratos para ella. Sostuvieron una buena amistad que algunos imaginaron como una liaison y que ella dejaba en el aire. Del escritor, tradujo al español su célebre novela La condición humana (1933). También recordaba con agradecimiento y admiración a la escritora francesa Colette, que se fijó en sus poemas cuando solo era una niña de once años y los divulgó por foros literarios y artísticos.

    Las hermosas memorias de Fina de Calderón Los pasos que no regresan -tomado el título de las palabras de García Lorca- lo cuentan todo muy bien de sí misma y de sus circunstancias. Yo solo quiero dejar por escrito unas pinceladas de mi paso por su vida y su alma. Me contaba de sus viajes a Estoril a visitar a don Juan de Borbón y a doña María. Una vez les llevaron un cuadro con el retrato de Alfonso XIII y les interrogaron en la frontera de Portugal, ella contestó sin inmutarse que se trataba del retrato de un ancestro, para regalar a otro pariente. La respuesta funcionó.

    Tenía mucho cariño al rey Don Juan Carlos y todos años Fina le enviaba por Navidad una bonita corbata con una tarjeta en la que le decía con humor: “Majestad cuando le vea lucir esta corbata, me haré la ilusión de que lo tengo abrazado por el cuello”.

    Fina decía que su mejor amiga fue la reina Giovanna de Bulgaria, a la que conoció en el Hotel Miranda de San Lorenzo de El Escorial, donde ambas veraneaban con su familia. "Era muy italiana", decía Fina. La amistad fue tal que la poeta puso el nombre de Giovanna a su hija menor, que hoy dirige la asociación Mujeres para el Diálogo. Cuando Simeón de Bulgaria, hijo de la reina Giovanna, se casó por el rito ortodoxo con la madrileña Margarita Gómez-Acebo, Fina intervino ante el gobierno de Franco, ante la posibilidad de que los expulsaran de España. La reina Giovanna, tras el matrimonio de su hijo en Madrid, se retiró discretamente a Portugal y nunca perdió el contacto con Fina, su marido y tres hijos: José Rafael, Mariola y Giovanna.

    La poeta también me contó la anécdota de la perdida de un anillo que le había regalado su esposo Fernando de Calderón, y encomendó su encuentro al famoso fraile franciscano padre Pío -Pío de Pietrelcina (1887-1968)- que tenía fama de santidad en vida y padecía los estigmas de la Pasión. Estaba tan agradecida por el hallazgo de la joya, que decidió viajar a Italia con su marido para darle las gracias personalmente al padre Pío y pidieron una audiencia con él. Nada más encontrarse ante el célebre fraile, éste le preguntó:  l´hay trovato? ¿Lo encontraste?

    Otra anécdota que me hizo reír fue la de Polo en Marbella, en cierta ocasión que Fina quedó en con un personaje de la farándula marbellí durante un caluroso verano. Cuando este se presentó en la puerta, Polo lo retuvo allí hasta consultar previamente, porque no le parecía que iba vestido adecuadamente con una chilaba blanca transparente. 

-Señora, abajo hay un hombre, vestido con una sotana blanca que le transparenta los colgajos. Dice que ha quedado con usted.

Fina veraneaba en Marbella donde adquirió un apartamento, comprado después de vender un cuadro de Sorolla.

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    Al funeral de Fina de Calderón en la madrileña basílica de la Milagrosa, acudieron el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano y su esposa, la reina Margarita de Bulgaria, la Infanta Doña Pilar,  la Infanta Elena, Leandro de Borbón, Myriam de Ungría, Carla Royo Villanueva,  la condesa de Montarco... y no faltaron numerosísimos escritores, especialmente poetas y artistas del cine y el teatro como Victoria Vera o Raúl Sénder. Ella lo merecía, al igual que la calle que lleva su nombre en la zona de Valdebebas de Madrid.

    A los diez años de la muerte de Fina, en 2020, la asociación Mujeres para el Diálogo y la Educación organizó un homenaje a esta Dama de la Poesía, en la que prestaron sus voces para la laudatio: Luis Alberto de Cuenca, Juan Manuel de Prada, Jaime Siles, Jorge del Arco, Sol Durini, Luis Antonio de Villena, Pepe Elgarresta, Angelina Lamelas, Enrique Gracia Trinidad, Emilio Porta, Javier Lostalé, Manuel López Azorín, Antonio Hernández, Miguel Losada, Carlos Murciano, María Antonia Ortega, Jorge Urrutia o Fanny Rubio entre otros. La pandemia del covid-19 aplazó este homenaje desde abril a sine die, si bien Giovanna de Calderón confía en hacerlo en abril de 2021.

De Fina nos queda sus seis libros de poesía, y otros de teatro, prosa y canciones. De los primeros destacaría: La cicatriz de arena (1983) y Las raíces del alba (1988), Glorieta de la melancolía (1998) ... Y quienes la tratamos, guardamos con agrado su espíritu sonriente, grato y cordial.

    El sueño de Fina de Calderón era lograr para Madrid, lo que era decir para toda España, de una Casa de la Poesía, donde hubiera a diario el recital de un autor, donde se conocieran y reunieran los poetas, donde se presentaran y vendieran todos los libros de poemas del mundo… La soñaba como al Casa de la Poesía en París, incluso mucho mejor. “podría instalarse en un palacete o algo así en la calle Alfonso XII”, decía, al tiempo que soñaba con un mecenas privado a falta de iniciativa oficial al respecto. De este asunto le habló más de una vez a la Reina Sofía, con la que sostenía un buen trato y con otras autoridades, pero ya se sabe que la poesía se vende mal.

Ahora cuando a mí me duele la rodilla, me acuerdo de Fina de Calderón y sus insoportables dolores de pierna que exigían infiltraciones de vez en cuando, al tiempo que compruebo como escribiendo o leyendo se mitiga u olvida ese dolor, porque la literatura sirve también para esto, además de para mostrarnos la realidad de la vida humana con formato estético.


URGENCIA

Es tiempo ya, Señor, que hable contigo,
que no rebaje nuestro encuentro a solas,
que amen tu arena mis rebeldes olas
y vea en Ti no al juez sin o al amigo

Es tiempo ya, Señor, que pruebe el trigo
que alegre nace y crece entre amapolas,
y que te abra mi alma sus corolas
y al frío del invierno des tu abrigo.

Es tiempo de olvidar vanos amores,
las sensuales, venenosas flores
que nos dejan amargas dependencias

Tiempo es de huir quimeras caprichosas
-girándulas, bengalas engañosas-
y no temer la luz de tu presencia.

Fina de Calderón


Fina de Calderón junto a la ministra de Cultura Pilar del Castillo y el Secretario Genral de Cultura, Luis Alberto de Cuenca


Fina de Calderón con Emiliano Page


URGENCIA

Es tiempo ya, Señor, que hable contigo,
que no rebaje nuestro encuentro a solas,
que amen tu arena mis rebeledes olas
y vea en Ti no al juez sin oal amigo

Es tiempo ya, Señor, que pruebe el trigo
que alegre nace y crece entre amapolas,
y que te abra mi alma sus corolas
y al frío del invierno des tu abrigo.

Es tiempo de olvidar vanos amores,
las sensuales, venenosas flores
que nos dejan amargas dependencias

Tiempo es de huir quimeras caprichosas
-girándulas, bengalas engañosas-
y no temer la luz de tu presencia.

Fina de Calderón




lunes, 24 de septiembre de 2018

RETRATOS: S.A.R. Doña Ana de Orleans, princesa de Francia y Duquesa de Calabria, acuarelista desprendida


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Infanta Doña Elena y Doña Ana de Orleans


 S.A.R. Doña Ana de Orleans


Julia Sáez-Angulo

            25/09/18 .- MADRID .-  Refleja la bondad en su mirada de ojos calmos azules y tengo dicho, en alguno de mis libros, que la bondad es la forma suprema de la inteligencia. Su belleza es refinada y distinguida, lo lleva en la sangre. Se casó con Don Carlos Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria, más adelante Infante de España, cercano al rey Don Juan Carlos. Se conocieron en la boda de los reyes eméritos en Atenas en 1964, y siempre tuvo el tratamiento de Alteza Real. Fue la esposa y compañera perfecta de Don Carlos, siempre buena madre y abuela. Una mujer silenciosa, con la virtud de la discreción, observadora y quizás cautelosa.

             Pinta muy buenas acuarelas, sobre todo paisajes urbanos y flores, que envidiaría el mismo Redouté. Tiene gran sensibilidad y creatividad para el arte. Si me permiten, diría que no tiene mérito propio alguno, porque lo de la creatividad y la pintura está en la genética de todos los Orleans en todas las generaciones. Todos los hermanos de Doña Ana pintan bien y en familia se conservan hermosas acuarelas de antepasados. Los pequeños Orleans siempre han tenido profesor de pintura.

            En el Grupo pro Arte y Cultura, PAC, se la quiere y respeta, porque ha sido durante años, desde que se fundó en los 90, su presidenta de honor y nos representaba con alteza y empaque en todos los foros presentes. Ahora ha querido dejarlo, para dar paso a la juventud, pero en el Grupo se decidió por unanimidad que su puesto era insustituible. Solo habrá vicepresidencias a partir de ella.

            S.A.R. Doña Ana Margarita María de Orleans y Orleans-Braganza (Bélgica, 1938) fue la quinta hija de los condes de Paris, en una familia de once hermanos. Los recuerdos de su abuela la duquesa de Guisa en Larache, cuando iba a visitarla durante el verano, están llenos de gracia y ternura. A su abuela le gustaba el silencio –como a ella misma- y decía con humor que la música era un bruit fait exprés, un ruido hecho a propósito. En Larache adoraban a la duquesa de Guisa como a una diosa, por su belleza y por sus iniciativas a favor de los niños necesitados. El palacete y los jardines de aquella casa de Larache le dejaron a su nieta Doña Ana muy buenos recuerdos afectivos y retinianos, ahora está transformado en un pequeño hotel.

            La Duquesa de Guisa –junto a su esposo pretendientes al trono de Francia- es un personaje que yo he fabulado un poco en mi próximo libro –escrito desde hace cinco años- titulado Historias y personajes del norte de África, que Dios mediante, si nada cambia, se publicará en breve en Madrid. Doña Ana de Orleans me contó algunas anécdotas de su ilustre abuela, que me sirvieron para enriquecer su historia. Mayte Spínola fue la que me puso en pista, cuando le hablé del libro que me traía entre manos: Habla con Doña Ana, me indicó. Doña Ana de Orleans y Mayte se han ayudado en la vida y en el arte, desde recién casadas.
            Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias (1938 -2015), esposo de Doña Ana, sufrió una dolorosa y prolongada enfermedad en los últimos años de su vida, que ella supo mitigar con su compañía y cuidados. A su muerte, Doña Ana le ofreció un homenaje indirecto al exponer 90 de sus acuarelas en el monasterio de las Comendadoras de Santiago el Mayor en Madrid, ya que su esposo fue el Gran Maestre de la Orden de Santiago en España, la más importante de las cuatro órdenes militares, si no la más rica, que es la de Calatrava.

            El resultado de la venta de las acuarelas fue entregado en su integridad a las Comendadoras para restaurar el gran convento, de la mano de la arquitecta italiana, residente en Madrid, Enmanuela Gambini. Por esta exposición desfilaron nobles, aristócratas, pro hombres y mujeres emprendedoras, que adquirieron prácticamente toda la exposición. Este convento es de los pocos que permanece en las mismas manos privadas de la religiosas, desde su fundación en 1584, siempre ligado a la Orden militar de Santiago. Cuenta con un hermoso Rubens del patrón de España.

            No es la única vez que Doña Ana de Orleans dedica la venta de sus acuarelas  a causas benéficas. Es una mujer de acendrada fe religiosa y de ahí le viene su energía espiritual, que contagia en silencio donde esté.

            Tiene una finca, La Toledana, donde ella se reencuentra con la naturaleza, descansa, pinta paisajes y encuentra árboles y flores que selecciona para sus cuadros.

            Doña Ana tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un varón, Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias, que es hoy Duque de Calabria y preside las cuatro grandes Órdenes militares de España: Santiago, Alcántara, Calatrava y Montesa. Es padre de siete hijos, nietos de Doña Ana de Orleans.

            Más información












 Doña Ana y Mayte Spínola
Doña Ana de Orleans, Mayte Spínola y la condesa de Hohenems
Doña Anca con artistas del PAC

Doña Ana de Orleans el día de su boda (1965)