¡Que viva México! (2):
Llegamos al calor y al trópico: Veracruz
Viaje de
Natacha de Mingo y Antonio de Ayllón
LMA
¡Hola a
todos!
Empecemos
con algunos chascarrillos mejicanos tomados en la calle o en el metro de la
capital. A ver qué os parecen:
* Don Fiado se murió, mala paga lo mató
* En Dios confío y de los envidiosos me río
* Estrictamente prohibido hacerse pendejos en este lugar
* Mielifícate, con miel pura de abeja mexicana. Gobierno Federal. México
produce
* Si es fresca y sana, es carne de cerdo mexicana. G. F. México produce
* Hasta los marranos son más limpios, edúcate. No tires basura
* Precaución: el tren ligero tiene prioridad de paso. Cuide de su vida
* Por favor no toque el claxon. Gente relajada. Gente descansando. Gente
descifrando sentimientos. Gente dejándose llevar
* No me digas que no porque te cuelgo en serio (un estudiante a su chica)
Y ahora va de poesía (una
redondilla de Sor Juana Inés de la Cruz y un fragmento de la casita del poeta
local Manuel Jose Othon):
Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recata
Si no os admite es ingrata,
y si os admite es liviana.
Que, ¿de donde amiga vengo?
De una casita que tengo
más abajo del trigal.
Una casita chiquita
para una mujer bonita que
me quiera acompañar.
Nada mejor para escapar de la
contaminación, del ruido del tráfico y de los 25 millones de almas de la
capital, que venirse a descansar a ¡Qué chula es Puebla!. Así que después de
picarnos los billetes y escuchar el consabido :"gracias, que tengan un
bonito viaje", nos acomodamos en nuestros asientos favoritos 3 y 4 de la
empresa ADO (Autobuses de Oriente) flanqueados por unos cartelones de
"Bienvenido a bordo" y "Gracias por su preferencia", y dos
banderitas mejicanas pegadas al parabrisas. Tapándonos casi los ojos para no
ver los horrendos suburbios de la capital llenos de miseria y cemento, sin
poder divisar los picos del Popo, del Izta y de la Malinche por la mezcla de
niebla y contaminación que no dejaba ver nada y atormentados por la inevitable
peli violenta norteamericana, subimos por Sierra Nevada y, dos horas después de
buena carretera, llegamos al bellísimo oasis que es el centro histórico de
Puebla, la ciudad que guarda la mayor cantidad de construcciones del siglo
XVIII de Méjico: unas 70 magníficas iglesias y miles de de bellos edificios
coloniales bien conservados. Fundada en 1531 por los españoles, pronto se la
conoció por Puebla de los Angeles o Angelópolis.
Sor Juana Inés de la Cruz
Hasta el
Lonely Planet menciona que es un bastión de conservadores, católicos y
tradicionalistas, lo que pudimos comprobar en cuanto llegamos al toparnos en la
calle con cartelones como: "Presidente Asesino" Impuesto por el
Cartel de Televisa, el Borracho Fecal y el Chorejas Salinas El Ladrón".
Un inciso aquí para deciros que por
poco nos cierran la estación de San Lázaro, desde la que vinimos hasta aquí.
Resultó que el 1 de diciembre era la toma de posesión de EPN (Enrique Peña
Nieto, el nuevo presidente y una especie de guaperas a lo ZP) y el Zócalo y su
estación de metro estaba cerrada y acordonada por la policía. Así que,
acompañados por otros dos guiris, le dijimos al hotel que nos consiguiera un
taxi. Tardamos media hora larga en llegar, aunque la estación está
relativamente cerca de nuestro hostal, porque el taxi intentaba acercarse a la
estación y encontraba la calle acordonada por la policía. Al final, después de
dar muchas vueltas, nos dejaron a 3 minutos andando y ¡no os lo creeréis! pero
en cuanto entramos nosotros 4 a la estación, la policía cerró la entrada. Las
manifestaciones fueron fuertes, como pudimos comprobar al día siguiente leyendo
los titulares de los periódicos. He aquí algunos: "¡Barbarie! Anarquistas
dejan como zona de guerra Av. Juarez y Reforma. Destrozaron y saquearon
comercios, dañaron la Alameda. Son 92 detenidos y varios heridos. Vandalismo en
las calles del Centro Histórico: sangre y saqueo".
La riqueza de Puebla le viene de la
cerámica, el vidrio y los textiles desde tiempos de los españoles y se ve nada
más llegar. Caros restaurantes, tiendas elegantes, muchos hoteles y hostales,
muchos "blanquitos", alguna que otra rubia y... ¡cultureta gratis!
Llegamos justo al final del Festival Internacional de Teatro Puebla 2012.
Juzgad su programa: 13 países invitados, 800 artistas y 127 funciones;21 foros,
17 compañías internacionales de teatro, 10 grupos de arte cirquenses, 19
compañías nacionales, 44 compañías de Puebla, 7 clases magistrales y 7
talleres. Y todo gratis. Lamentablemente llegamos el 1 y el festival acabó el
2, pero llegamos a ver 3 actuaciones: la Compañía de Danza Regional de Puebla
en "Las Noches Poblanas", la obra "El Rumor del Incendio"
del grupo mejicano Lagartijas tiradas al sol y la clausura del festival en la
plaza del Zócalo: "Voalá Station" del grupo hispano-argentino Voalá
Project.
Presenciamos también el domingo un medio
maratón y escuchamos a la Banda Sinfónica Municipal interpretar en "el
zócalo más bonito del mundo convenientemente cerrado al tráfico": Colonel
Bogey (marcha militar), la 2ª Rapsodia Húngara de Liszt y la fantasía La Creme
de la Creme, antes de irnos a otro sitio. Ah, y cambalache de libros el primer
jueves de cada mes, mercados de antigüedades y de artesanía, unas cuantas
librerías, el Teatro de la Ciudad, el Teatro Principal y cines a 30 pesos la
entrada (2 euros). Así son los poblanos.
Puebla
Destaquemos, entre lo que vimos, la
Catedral naturalmente, la impresionante Capilla del Rosario llena toda ella de
oro (la 8ª maravilla del mundo según el guía) en el Templo de Sto. Domingo, la
iglesia de los Jesuitas y el Templo de San Francisco, por citar algo, y el
Museo Amparo, que es el mejor con una buena colección de arte prehispánico. Lo
peor de Puebla es indudablemente su contaminación ya que está a 2.100 m de
altitud, tiene millón y medio de habitantes y los chorretones de gasolina que
sueltan los vehículos quitan el poco oxígeno que queda en las calles.
De los cuatro días que estuvimos en
Puebla, el último nos fuimos de excursión a Cholula, a media hora escasa, para
ver su Gran Pirámide. En efecto, la Pirámide Tepanapa es la más grande que se
construyó en toda la "mesoamérica precortesiana". Su construcción se
inicia en el siglo I y concluye en el VII, y tiene 54 m de altura y 400 m por
cada lado. Fue un importante asentamiento prehispánico con gran multitud de
templos que lo convertían en un lugar sagrado como denota el comienzo de este
soneto:
Cholula es el espejo de la Luna
Donde despierta el Sol de madrugada
Señora de los Dioses, ¡La Sagrada!
En el mágico azar de la Fortuna
Así que con los cholultecas nos
pasamos un día aunque sus restos arqueológicos son menos famosos que sus
contemporáneos de Teotihuacan o Tula. Entramos solos por un túnel después de
desestimar amablemente la petición del guía de acompañarnos por 180 pesos. Los
minutos en el túnel se te hacen eternos, ¡qué miedo, me quiero ir de aquí decía
Nati, pero llegas hasta el centro de la pirámide por debajo. Al parecer varias
pirámides fueron construidas una encima de otra y los arqueólogos han excavado
ya (empezaron en 1931) unos 8 km de túneles. En fin, al salir vimos el Edificio
Teotihuacano y el Patio de los Altares y después el Altar Méxica, varios patios
abiertos y el altar con ofrenda. Según costumbre, cuando había escasez de agua,
los campesinos pedían ayuda a los sacerdotes y éstos mandaban sacrificar a
niños de entre 6 y 7 años porque, al ser éstos mensajeros de Tlaloc, creían
que, al sacrificarlos, irían a pedirle agua al Dios. Al final subimos al famoso
Santuario de Nuestra Señora de los Remedios que los españoles construyeron de
1554 a 1666 sin darse cuenta que lo hacían encima de la gran pirámide y de los
templos paganos. Las vistas arriba, en el santuario, son impresionantes, con la
sierra y los 3 volcanes (el Popo, el Itza y la Malinche) majestuosos a
distancia. Estando allí descansando observamos una procesión que iba subiendo
hacia la iglesia. Se trataba de una romería de la Madre Santísima de los
Remedios de Zapata que, con su banda de música, su incienso, sus cohetes y sus
más de 100 fieles romeros venían a presentar la imagen de su virgen al
Santuario.
Al bajar recorrimos el museo para ver las
explicaciones, la magnífica maqueta de la Gran Pirámide y el gran mural de los
Bebedores y de las Chapulinas (mariposas). Todo pues muy recomendable.
Una vez comidos quisimos ver el
Popocatepetl más cerca y, después de preguntar a los locales, cogimos un combi
hasta Xalizintla. Craso error. Cuanto más cerca estás, menos lo ves porque lo
tapa la vegetación circundante. Además, se nos hizo tarde y no pudimos llegar
al Paso de Cortes, donde al parecer se ve mejor. Es lo mismo, al bajar en el
combi de vuelta veíamos por el retrovisor cómo se despedía de nosotros la
fenomenal silueta nevad del Popo en el horizonte.
Para terminar con Cholula comentaros
que fue aquí donde Hernán Cortés mató a 6.000 cholultecas antes de que la
ciudad fuera arrasada por los indios tlaxcalanos, que eran amigos de Cortés, y
que los españoles se dedicaron a construir y urbanizar la cercana Puebla (y al
llenarla de iglesias) para "chinchar" a los paganos de Cholula, que
quedaron diezmados después de que una gran plaga en 1540 arrasara gran parte de
su población indígena.
De Puebla llegamos dos horas después al
bonito pueblo de Orizaba. Ubicada en el centro de la región de las Altas
Montañas del estado de Veracruz, Orizaba es la "ciudad que inspira",
el "lugar de las aguas alegres" o "la pluviosilla", llamada
así por la lluvia y brisa permanente durante ciertas épocas del año. Así que en
los tres días que estuvimos aquí, con los orizabeños vimos el Palacio de Hierro
(el icono de la ciudad diseñado por Eiffel, construido en París y embarcado
pieza a pieza para montarlo aquí todo completo), la Catedral, varias iglesias,
el museo de la ciudad con una buena colección de obras de Diego Rivera que no
pudimos ver por estar prestadas y, que en su lugar, ocupaban unos 35 Sorollas
venidos directamente del Museo de Bellas Artes de Cuba, paseamos por el Parque
Alameda y por una especie de pasarelas construidas debajo de los 13 puentes
coloniales que hay a lo largo del río Orizaba, deteniéndonos a ver las aves,
monos, zorros, venados, avestruces y hasta una llama, cocodrilos y dos jaguares
que, en sus jaulas respectivas, forman una especie de zoológico muy sui generis
en las orillas del río.
Ah, y también subimos al Cerro del
Borrego, una hora para arriba y otra para abajo, parándonos en los sucesivos
miradores que jalonan la ascensión hasta llegar a la cima, en la que se
encuentran las ruinas de un fuerte construido por los franceses en 1862 y dos
cañones con vista hacia el valle de Orizaba. Deciros que, así como subimos los
1660 escalones , que dice que contó Nati, también bajamos ¡los 500 escalones!
en el Parque Nacional del Río Blanco para ver la Cascada del Elefante, al
sureste de la ciudad. Como es un circuito ecoturístico, primero bajas hasta
llegar a la Hidroeléctrica, abajo del todo, y emprendes el camino de vuelta
subiendo primero por un sendero, bajando luego otro poco, atravesando dos
puentes que hay sobre las compuertas de la presa y subiendo finalmente otros
¡500 malditos escalones!. Vistas magníficas, picachos verdes por doquier y
exuberante vegetación. Todo perfectamente señalizado, es una excursión muy
recomendable si venís por aquí.
Comentaros también que tampoco
pudimos subir a las faldas del pico Orizaba, el más alto de Méjico. La idea era
ir a la ciudad de Tlachichuca y, de allí, al refugio que hay a 4.000 m haciendo
trekking. Pues nada, nos pidieron 1.600 pesos en la agencia y no pudimos
encontrar a nadie que nos acompañara. Ën el hotel nos dijeron que lo
intentarían, pero al final no cuajó. Es muy difícil encontrarse con mochileros
extranjeros por aquí porque simplemente no los hay. Hasta ahora sólo hemos
encontrado algunos en ciudad de Méjico y desaparecieron en 2 días.
De Orizaba paramos una noche en
Córdoba (40 minutos en bus), camino a Veracruz. Dejamos las maletas en el hotel
en frente de la estación y ¡ala! a patear la ciudad. Paseamos por la bonita
Plaza de Armas, vimos la bonita Catedral y, justo al pasar por detrás, vimos el
Casino Español, entramos, nos hicimos una foto con la cristalera del escudo de
España, y nos encontramos solo a un señor mayor viendo, en un pantallón enorme,
el Valladolid-Real Madrid. Era el Sr. Bello, que entre gol y gol nos contó su
historia. En el año 1949 se vino a hacer las Américas desde León porque en
España había mucha pobreza. ¡Y vaya si lo consiguió!
Nos dijo que era el
presidente del Casino y el propietario del Hotel Bello allí al ladito (ya
habíamos visto en la estación de autobuses el cartelón de "El Hotel Bello
les da la más cordial bienvenida a Córdoba"), que todos sus amigos y su
familia española ya habían muerto, que se había casado de nuevo y que tenía 4
hijos y 94 años, y que el Madrid era un buen club. Se despidió de nosotros al
acabar la primera parte diciéndonos que podíamos quedarnos en el Casino el
tiempo que quisiéramos y que nos invitaba después a visitar su hotel. Le había
ido tan bien que era además propietario, allí en la misma Plaza de Armas, del
Hotel Virreynal, en el que comimos un buen menú del día por 100 pesos.
Visitamos después el museo Arqueológico (otro más) y, sentados allí en el
Zócalo, presenciamos 3 ó 4 procesiones de la Virgen de Guadalupe que iban y
venían por los alrededores de la plaza con toda su parafernalia:
estandartes,
banda de música, imagen de la Virgen en coche, peregrinos y fieles devotos y,
cerrando la procesión, más coches engalanados y llenos de globos. Así que,
cuando al caer la tarde, nos fuimos a despedir del Sr. Bello a su hotel, nos dijeron
que ya se había marchado (estaría ya en su hacienda a 3 km de la ciudad, tal
como nos dijo él) y le dejamos una nota de agradecimiento por su amabilidad.
Al día siguiente pusimos rumbo a
Veracruz (2 horas escasas en bus). Y nos encontramos con el trópico, el calor,
la humedad, los mosquitos y el pescaíto frito, como si estuviéramos en Salvador
de Bahía hace 4 años. Y eso que aquí ahora es invierno o estamos entrando en
él. Veracruz fue la puerta de entrada a Méjico para los conquistadores ya que
fue fundada por Hernán Cortes, quien la nombró e 1519 la "Villa Rica de la
Vera" y luego le añadió lo de "Cruz". Elegimos otro hotelito en
el centro histórico y salimos a comer y a ver la ciudad.
A veces parece Bahía por su deterioro
y su suciedad pero, amigo, estamos en el Golfo de Méjico y en una ciudad que
destaca por su vida "colorida y bullanguera", como dice la guía. Y
que corrobora el taxista: "aquí vienen a la pura pachanga, no más".
Hemos visto actuaciones en el zócalo todas las tardes de payasos, músicos,
bailes populares, cantantes, y ruido, mucho ruido por toda la ciudad. El
malecón es otra cosa y, siempre y cuando huela bien, es una delicia pasear por
ahí.
Un día hicimos una buena excursión a la
Fortaleza de San Juan de Ulúa. Fuimos en taxi y no en lancha, como normalmente
se hace, porque la noche anterior "vino un Norte" y dejó la mar
embravecida. Aquí llegó el primer español en 1518, un tal Juan de Grijalba, un
año antes que Cortés, cuando esto era una isla frente a las costas de Veracruz.
¿Queréis saber porqué se llama así? El cronista Bernal Díaz del Castillo lo
narra así:
"Tenían
sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos y los
corazones, ofrecidos a aquel maldito ídolo. Y el general preguntó al indio
Francisco porqué hacían eso... y respondió que los de Culúa los mandaban
sacrificar, y como era torpe de lengua decía ¡Ulúa, Ulúa! y nuestro capitán
estaba presente y se llamaba Juan y era por San Juan de junio, pusimos por
nombre a aquella isleta San Juan de Ulúa"
Aquí tuvo lugar el primer encuentro
de Cortés con los enviados de Moctezuma, aquí fue donde se rindieron las
últimas tropas españolas ante las fuerzas mejicanas en 1825 y la fortaleza fue
también utilizada como prisión por el Santo Oficio y en los comienzos del
Méjico independiente y durante el porfiriato:
"Cuando estaba yo en prisiones,
solito me entretenía
contando los eslabones
que mi cadena tenía.
Si eran pares o eran nones
solito yo lo sabía".
Fue la principal fortaleza y puerto de
entrada y salida de la Nueva España y su construcción ¡con piedras de coral!
("como no tenían piedras, usaron coral" dijo Nati en cuanto lo vio)
se realizó entre los s. XVI y XVIII, convirtiéndose en puerto, aduana, fortaleza,
cárcel, residencia presidencial, arsenal de la Armada y, hoy, monumento
histórico. ¿Hay quién dé más?
Recorrer ahora su gran Plaza de
Armas, sus calabozos, su muro de las argollas; subir y bajar por los torreones
y visitar su buen museo es una grata experiencia. Y las vistas desde allí del
puerto son inmejorables.
Y otro día nos fuimos en un combi a Boca del Río. El bus te baja, y luego
te sube, por toda la costa del Golfo y, una vez con los boqueños, una lancha
nos llevó, junto a otros 5 locales, y por 100 pesos/persona a una hora y media
de recorrido por los manglares, por el río Jamapa y por sus diversos afluentes.
Nos comimos después una excelente borraja frita en la zona de restaurantes
y fuimos a visitar por fuera el famoso Acuario de Acapulco. Aquí la atracción
principal es La Tiburonera, en la que, por 400 pesos ¡una enormidad!, te meten
en una jaula de vidrio transparente y te sumergen en medio de los tiburones a
los que dan de comer. ¡La adrenalina debe subir mogollón ahí dentro! pero
claro, rehusamos.
Bueno, terminemos ya hoy 12-12-12. Mañana nos vamos rumbo al Yucatán.
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