sábado, 28 de agosto de 2021

UNA APELACIÓN AL ENTENDIMIENTO ENTRE ESPAÑA Y MARRUECOS

Averroes, filósofo andalusí


Víctor Morales Lezcano

    28.08.21.- Madrid.- Que sepamos, nunca ha sido rectilíneamente cómodo el entendimiento entre las gentes que proceden de países convecinos; por el contrario, el malentendido o algún que otro constructo, más o menos prefabricado, ha solido desvirtuar la inclinación mutua de las comunidades vecinas hacia lo que en el lenguaje diplomático de nuestros días  se ha bautizado con el genérico de acuerdos de cooperación. Dicho de otra manera, la oscilación cíclica entre la economía del entendimiento y el reflujo de la conflictividad ha venido forjando la sustancia de las relaciones entre los reinos de Marruecos y de España, al menos desde el acceso de los países del Magreb central a su independencia: Túnez y Marruecos en 1956 y Argelia en 1962. En la inteligencia de que las repúblicas IV y V francesas también  han sufrido, en ocasiones, los efectos beneficiosos del mutuo entendimiento transmediterráneo y, en ocasiones, también, los rebotes que provocan o intereses deletéreos encontrados o contenciosos territoriales, cuando no se ha tratado de prejuicios culturales arraigados en el subconsciente colectivo de formaciones nacionales que se aprestan con entreguismo fácil al cultivo de la xenofobia.

El lector no habrá tardado tiempo en intuir que la breve deliberación anterior se dirige a   España (peninsular y archipelágica) y a Marruecos, naciones colocadas a una  y otra orilla del estrecho de Gibraltar. 

Nadie dotado de una mediana cultura histórica, además de geoestratégica, puede hacer menos que captar las motivaciones centenarias (y, acaso, ancestrales) que vienen actuando a favor, a veces, y, adversamente, otras, en el tupido historial de rencillas, pero también de rapprochements continentales entre las dos orillas que acabamos de evocar. 

Cuando las rencillas se imponen, ninguno de los contendientes suele ganar, mientras que, cuando la voluntad de entendimiento prevalece, ambos púgiles pueden quedar en tablas e iniciar el itinerario conducente a que la cooperación logre abrirse paso, aunque con alguna que otra dificultad. Es documentalmente comprobable aquello de que “todo está bien, si bien acaba”. La tarea es ardua, lector, pero se nos impone a todos: príncipes y cortesanos, parlamentos, ejércitos y sociedad civil; todos estos pilares están involucrados en el ejercicio de una conllevanza progresivamente más sólida y, por tanto, menos expuesta cada día a la riña que dejamos atrás, entre buenos vecinos, aunque ambas partes, a veces, parece que hacen oídos sordos a las razones del contrincante.

Es de justicia recordar ahora el espíritu de lucidez que animó el pensamiento de un ilustre filósofo andalusí, que en España solemos reconocer con el nombre de Averroes (1126-1198). Llenémonos de empeño para hacer de su mensaje un legado más del patrimonio hispano-marroquí, tal y como lo han hecho Alfonso de la Serna y Omar Azziman (entre tantos hombres y mujeres ilustres euro-norteafricanos)  en sendas reflexiones contemporáneas, vertidas las dos al árabe y al castellano: son para muy tenidas en cuenta por todos los ribereños del estrecho de Gibraltar.      

 

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