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viernes, 27 de mayo de 2016

Amin Maalouf: “No vamos a ninguna parte, porque no sabemos a dónde ir. La literatura permitirá repensar el mundo y adivinar el camino”





L.M.A.

El hombre contemporáneo vive en el mundo globalizado que han diseñado las nuevas tecnologías. Los problemas desatados en este nuevo contexto se deben, en opinión de Amin Maalouf, a que “la aldea global ha venido sin instrucciones de uso”. 

El escritor libanés de lengua francesa advierte la paradoja que representa vivir en un mundo extraordinariamente avanzado en tantos ámbitos, en el que enormes países como China e India han salido de su postración y emprendido un proceso de industrialización, y que, sin embargo, no sabe hacia dónde camina. 

“No vamos a ninguna parte, porque no sabemos a dónde ir. Es preciso repensar, reimaginar el mundo. Y la literatura es un vehículo extraordinario para adivinar el camino”, aseguró en la conversación que mantuvo con el periodista Jesús Ruiz Mantilla durante la sesión inaugural de la 75ª edición de la Feria del Libro de Madrid.

Ruiz Mantilla, quien se confesó un devoto lector de Maalouf, subrayó la serenidad de su escritura, que “adopta un tono lejos de los extremismos, tremendamente dialogante y consciente de una identidad múltiple”, y recordó, en particular, la actualidad de los asuntos que abordó en Identidades asesinas, un libro escrito en 1999. En sus últimas páginas, Maalouf expresaba el deseo de que aquella obra no dijese nada a su nieto, porque los problemas que analizaba estuviesen resueltos. 

El escritor lamentó que esto no fuese así; es más, se manifestó convencido de que los problemas que generan los discursos identitarios “se van a perpetuar durante todo el siglo XXI”. Maalouf evocó su país natal, Líbano: “En mi juventud, confiaba en que los problemas ocasionados por el comunitarismo, el reparto de puestos en función de las comunidades de origen y no en función de los méritos, se terminaría resolviendo. Mi país no lo ha superado y la sorpresa que me deparaba la historia es que ese comunitarismo se ha extendido por el mundo entero”.

El autor de Un sillón que mira al Sena se mostró alarmado por un mundo en el que todos se creen amenazados y en la necesidad de defenderse, “tanto las sociedades avanzadas, como también los vencidos de la Historia que se sienten marginados”: “Ninguna cultura siente que ocupa el lugar que merece en el mundo. Y así surgen quienes se arrogan el papel de salvadores o defensores de las identidades preteridas”. Si los conflictos se extienden es, en su opinión y aunque parezca paradójico, “precisamente porque nos parecemos cada vez más”.  

Maalouf citó al historiador Marc Bloch, quien sostenía que somos hijos de nuestra época más que hijos de nuestros padres. En ese sentido, subrayó que tenemos más cosas en común con cualquiera de nuestros contemporáneos, allá donde se encuentren, que con nuestros tatarabuelos, y la literatura puede ser un instrumento para no olvidarlo.

Amin Maalouf defendió la importancia de los libros en esta época desorientación, como hizo Orwell tras la II Guerra Mundial, cuando algunos decían que los esfuerzos que exigía la reconstrucción no permitían prestar atención a la literatura. En su opinión, “es precisamente en este momento cuando se necesita la literatura para superar las representaciones que nos ponen contra las cuerdas”. Y él, en particular, dijo sentir “el deber y la ambición de construir a través de la escritura otra forma de vivir juntos, de  hacer una literatura que conjure los mitos y relatos destructivos que se extienden por doquier”.


martes, 20 de octubre de 2009

La burka y los derechos civiles de las mujeres en Occidente





Julia Sáez-Angulo


“La burka no es bien recibida en Francia” dijo el presidente francés Nicholas Sarkozy en Versalles ante la reunión conjunta las dos Cámaras: la Asamblea Nacional y el Senado. Toda una declaración y toma de posiciones en el país galo ante una prenda femenina que va contra la holgura de la mujer para desenvolverse y en contra de la sociedad, porque impide la identificación del personaje que va debajo de la burka, donde bien pudiera esconderse, pongamos por caso un terrorista. “Es una cuestión de seguridad ciudadana”, añadió el presidente.

Lamentablemente en algunos barrios de París como el de la calle Jean Pièrre Timbaud, en el distrito XI de París, es habitual ver un paisaje de mujeres tapadas con guantes negros y la burka, por la que asoman con frecuencia en su parte baja pantalones vaqueros y deportivas. El espectáculo no deja de ser chocante en un país europeo como Francia.

El tema del chador o del velo en la cabeza en las mujeres islámicas ya ha sido motivo de polémica en Francia, sobre todo en sus escuelas, puesto que como país laico declara que deben evitarse los signos externos de religiones o creencias en los sitios oficiales. A las escuelas las niñas no pueden acudir tapadas

A este respecto el Ayuntamiento de París ha llamado la atención a una funcionaria islámica que, mientras ha trabajado en empleos temporales para la propia alcaldía no ha llevado el pañuelo en la cabeza pero, una vez alcanzado el puesto fijo de trabajo, apareció con él. Se le ha amonestado al respecto y se le ha pedido que elija entre mostrar el cabello de su cabeza o el empleo de funcionaria municipal. El alcalde de París es socialista.

Según la costumbre islámica las mujeres deben cubrir sus orejas y cabello porque es lo que más excita a los hombres. La tradición viene desde los tiempos en que las mujeres acompañaban a los hombres en la guerra y recogían su pelo para no distraerlos en la contienda bélica. “Donde hay pelo, hay alegría”, dice un dicho popular castellano.

La reina Rania de Jordania, de origen palestino y educada en los Emiratos, declaraba recientemente en una entrevista que ella, desde muy joven tomó la opción de no lucir velo en la cabeza y sigue con esa decisión en su vida. Por su parte, la jequesa de Qatar, que ha visitado Francia recientemente, donde ha llamado la atención por su elegancia, lucía en su cabeza un turbante por el que asomaba el cabello y permitía ver sus orejas con largos pendientes.

La piedra de toque de la presencia islámica en Occidente está y va a estar en la mujer. Será difícil que los derechos civiles de la mujer vayan a mermarse y, como ha señalado recientemente Amin Maalouf en su reciente viaje a España para presentar su libro "El desajuste del libro" (Alianza Editorial) : no tiene sentido que esos derechos de la mujer en Occidente no se apliquen a las islámicas. Iría contra el espíritu democrático.

domingo, 18 de octubre de 2009

Amin Maalouf, ensayo sobre el desajuste del mundo

El desajuste del mundo
Amin Maalouf
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Alianza Editorial; Madrid, 320 pags





Julia Sáez-Angulo

Amin Maalouf (Beirut, 1949), escritor libanés, afincado en Francia ha presentado en la Casa Árabe de Madrid su ensayo “El desajuste del mundo”, en el que da cuenta de la situación, siguiendo el postulado del subtítulo “Cuando nuestras civilizaciones se agotan”. Un libro editado por Alianza. En esta ocasión ha dejado la ficción para “plasmar las ideas de manera clara y no interpuestas a partir de los personajes”.

Autor de libros de éxito como “León, el Africano”, “Samarcanda” o “Los jardines de luz”, Maalouf es un narrador reconocido que bien pudiera alcanzar el premio Nobel en un futuro inmediato. No olvidemos que sólo un escritor reconocido ha sido reconocido con el galardón en el mundo árabe. Hasta ahora ha obtenido los premios Goncourt y el Maison de Presse. Maalouf se exiliÓ en Francia en 1975 con motivo de la guerra del Líbano.

El escritor libanés ha denunciado que “el mundo árabe está en plena regresión, lo que contribuye a la regresión de todo el mundo”. Además –añadió- “sufre una situación de ausencia de liderazgo” y ello contribuye a una “falta de credibilidad y falta de legitimidad”. El autor libanés francófono destacó que se subestima “la amplitud de la hostilidad y la desconfianza que hay entre Oriente y Occidente”, al tiempo que aboga por tratados y proyectos de paz que “no sean un simple apretón de manos”.

Las mujeres no deben ser excepción

Respecto a las mujeres señaló que ellas han de ser objeto de los mismos derechos humanos y éticos, porque no conviene hacer excepciones en aras de la cultura de origen, en clara alusión a la “inaceptable” situación que ellas sufren en el ámbito árabe. “El respeto a las personas está por encima de las tradiciones”.

La tesis de Maalouf es que el siglo XXI ha comenzado con síntomas de sufrir serios desajustes, como “el intelectual”, caracterizado por el desencadenamiento de afirmaciones identitarias que hacen difícil la convivencia armoniosa. Un desajuste que se suma al climático y al económico. Denunció que la humanidad había llegado al “techo de su incompetencia moral” y que la democracia era exportable a todos los países sin necesidad de imponerla. “Todos los pueblos han sufrido con regímenes autoritarios y no creo que existan regiones impermeables a la democracia”

El ensayo “El desajuste del mundo” busca una esperanza en repensar el mundo, dando primacía a la cultura para evitar la violencia. “Hemos entrado en el siglo XXI sin una brújula”, afirmó y “La inversión en cultura es inversión en paz cívica”. “Hay que establecer la Universidad de los valores éticos y aceptar la diversidad de culturas”.

Maalouf declaró que no temía amenaza alguna sobre sí por sus posiciones y tesis.