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lunes, 8 de diciembre de 2025

CARMEN MARTÍN GAITE. Recuerdos de una alegre escritora en su centenario, por Carmen Valero Espinosa

Carmen Martín Gaite, escritora (Foto Zenda)
Sello conmemorativo del centenario de Carmen Martín Gaite

Carmen Valero Espinosa

9/12/25.- Madrid.- Carmen Martín Gaite (1925-2000) fue una figura clave de la literatura española del siglo XX, destacada por su versatilidad en novela, ensayo y teatro, y miembro de la Generación del 55 de posguerra, conocida por obras como Entre visillos y El cuarto de atrás, por la que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1978, además de recibir el Príncipe de Asturias de las Letras en 1988, explorando temas como la incomunicación y la condición femenina con un estilo intimista y personal. Usos amorosos del dieciocho en España (1973) y Usos amorosos de la Postguerra española (1981) fueron sus ensayos históricos más célebres. “Caperucita en Manhatan” (1980) fue una de sus novelas más celebradas y “Lo raro es vivir” (1996), un título admirado y envidiado por Gabriel García Márquez.
La vida de la escritora late en toda su obra y está narrada en una biografía escrita por Natalia Velasco en “Vida de Martín Gaite” (2016). Sus Obras Completas están publicadas por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores.
De Carmen Martín Gaite celebramos su centenario y no quiero que pasen desapercibidos mis recuerdos entrañables sobre ella en Cataluña, Madrid y El Boalo (pueblo madrileño, donde la escritora tenía una casa de fin de semana), a veces con su hermana Ana María o su amiga Juby Bustamante. La he llevado en mi coche muchas veces, en excursiones a distintos sitios, que se permitió dedicarme uno de sus libros con el texto de “Telma y Louise” , como si fuéramos las protagonistas de la célebre película de dos mujeres en busca de aventuras.
    Dedicatorias con dibujos pequeños a los que añadía bocadillos como en los comics, siempre con contenidos graciosos.
    Estar y hablar con Carmiña, así la llamábamos era un goce, por su buen humor , siempre positivo. Fuimos juntas a un balneario o clínica en San Feliú de Guixols (Gerona), el Hipócrates, para desintoxicarnos,"para lavarnos lo intestinos", según decía Carmiña, porque había un programa en ese sentido.  Era un lugar dietético, de donde salíamos "purificadas" del sistema digestivo. También venían conmigo Pedro Fonollosa, que tenía obesidad y Manolo Díaz Ferrán, otro buen amigo mío. Los dos venían, porque iba yo.
    Fueron buenos tiempos. Por la tarde ella, Carmiña, quería visitar librerías y ver como iban allí sus libros. Vivía la escritura, la literatura, con devoción. En mi coche también venía con nosotras la hermana del Dr. Barraquer, igualmente asidua al Hipócrates.
    Tanto Carmiña como yo, éramos amigos del cantante Amancio Prada.

Más información
Casa familiar de Carmen Martín Gaite en El Boalo. Foto Fundación Centro de Estudios de los Años 50




sábado, 15 de noviembre de 2025

SOLEDAD EN EL OTOÑO DE MADRID Y DE LA VIDA. Relato de Carmen Valero Espinosa

"Soledad". (Foto Alejandro García)

15.11.25

    La anciana, de pelo blanco como la escarcha y gafas oscuras que le velan el mundo, descansa en un banco del parque madrileño. Su chaquetón blanco compite con sus canas mientras, detrás de ella, un gran árbol despojado de hojas muestra el otoño inevitable.
    Suspira. Piensa. Medita. Por su mente desfilan, silenciosos, los avatares de una vida larga: la lucha diaria por sostener el trabajo y la familia, las contrariedades que nunca faltaron, su achaques latosos, que a veces la doblaron, sin llegar a romperla, y aquel marido sin empleo durante una  temporada, que tantas noches le robó el sueño; las dificultades de su hijo con accesos imposibles...
    Ella, mujer culta que domina cuatro idiomas, sabe que el mundo es más ancho que los libros. Pero también sabe que la vida —más compleja que cualquier conocimiento académico— la ha llevado, paso a paso, hasta este banco donde el otoño de Madrid le ofrece su más profunda compañía: la soledad, mansa y luminosa.

        Carmen Valero Espinosa
        14.11.2025



martes, 4 de junio de 2024

COMO EL GRANO DE MOSTAZA (CARMEN VALERO ESPINOSA), poema de Rogelio Sánchez Molero


Carmen Valero Espinosa, abogada y periodista (Foto: Mai Pire)



En su octogésimo cumpleaños.


El primer llanto de vida incipiente

de aquella criatura,

fue la voz que luego clamará alta

sobre los estrados. 

Contundente y clara; concisa y mordiente.

Honesta abogada.


…Era por mayo. Y ese primer llanto

buscando la vida,

inundó el hogar. Corazón latiente 

tras la incertidumbre. 

Lágrimas de gozo mojaron el rostro

de un padre orgulloso, 

del hombre feliz, tenaz y prudente.

Le enseñó el oficio

su ángel guardián de entonces y siempre.

Y aquellos valores

que la convirtieron en mujer sapiente,

en mujer cabal:

justicia, prudencia, fe y lealtad.


Le movió, no obstante,

el fervor profundo por las bellas artes.

Su inicial pasión.

Buscar la sutil belleza en la parte

oculta del alma.

La quietud de un lienzo en que desvelarse

una mariposa

que traza bucles de luz para posarse.

O el arte mural,

donde quiso Sancho inmortalizarse

junto a los cabreros

mientras don Quijote escucha un romance.


Es luchadora, fuerte y activista.

Grano de mostaza

ha sido su fe, su anhelo humanista.

Removió prejuicios,

recelos, odios y envidias machistas.

Eran nuevos tiempos.

Joven, soñadora y fina jurista,

creyó en la justicia

como cree en Dios, buena y altruista. 

Por ella luchaba.

Por ella sigue siendo una idealista

de la causa humana.

La toga es su coraza de agonista.

La ley su estandarte.

La tenacidad su arma pacifista


Mujer abnegada.

Se dio, generosa, a gentes sufridas 

de Dominicana.

Tras el huracán, que segó las vidas

de tantas personas,

forjó con su ayuda y filantropía

un lema de honor:

que puede más la busca que la huida.(*)

Y vivió y buscó

cómo regalarles una vida digna.

Aún hoy, la recuerdan.

Y su alma llora por la injusticia

que les oprime,

como baldones, en su piel prendida.


Ahora, sobre la repisa del tiempo

-que nunca es perdido-,

acoda, reflexiva, sus recuerdos.

Mira pasar las nubes 

columpiadas en los retazos del viento.

En esos meandros

donde toda una vida son versos

dictados al aire,

ella nos habla de amor y de aprecios.

Toda ella es bondad,

es corazón puro y franco y abierto.

(*) Adaptación libre de un verso de Claudio Rodríguez de su poemario “Don de la ebriedad”

Carmen Valero Espinosa, flores a primera hora, en su cumpleaños

miércoles, 22 de mayo de 2024

CARMEN VALERO ESPINOSA. Celebración con banquete y flores a cientos, en el restaturante Antonio. Madrid

Carmen Valero, abogada y periodista

Carmen pronuncia palabras de agradecimiento a Dios y a los presentes

Carmen, entre las periodistas Julia Sáez-Angulo y Patricia 
Antonio Mittendorfer, Maite Fonollosa y Cuqui Valero
Ágatha, Pirula, Carmen y Hans


Carmen entre Mónica Mittendorfer y Ágatha
Antonio, Alba y Antonio


Carmen Valero entre Susana Arregui y Luis Magán. Ambos le llevaron un soberbio ramo de flores
Carmen Valero, entre Susana y Luis Magán
Carmen con Antonio, director del restaurante

Carmen entre los dos camareros, que atendieron el almuerzo

********

Visita de Carmen y Maite a la Hermana Claudia, religiosa Vedruna
Carmen Calero Espinosa

miércoles, 15 de mayo de 2024

CARMEN VALERO ESPINOSA cumple 80 años, tras una vida de Directora de Recursos Humanos, abogada, "misionera" en R. Dominicana y comentarista de arte

Carmen Valero Espinosa, abogada

Carmen Valero, en la sierra de Collado-Villalba


Julia Sáez-Angulo

12/5/24.- Madrid.- Carmen Valero Espinosa (Madrid, 1944) forma parte de esa serie de mujeres que fueron “la primera que…”, en su caso, la primera que, en los 80, dirigió un Departamento de Recursos Humanos en empresas como Fujitsu o la Agencia de noticias EFE. Fue también la primera que ganó una sentencia en el Tribunal Constitucional en 1982, en favor de los enfermeros hombres, que se veían discriminados en sus condiciones de nocturnidad, ante las enfermeras mujeres. Carmen fue también la mujer misionera, encargada por Caritas Española, para administrar un generoso presupuesto de ayuda y rescate en la República Dominicana, tras el devastador huracán Georges en 1998. Allí hizo ambulatorios, escuelas, servicios sanitarios, botiquines, aulas formativas, programas de radio-TV… -"misionera" la llamaban y salvó vidas en Haití, pasando perseguidos a Dominicana en en su pikup.

    Todo esto y muchas cosas más, seguiremos comentando, después de anunciar que Carmen Valero Espinosa cumplirá 80 años el próximo día 19 de mayo de 2024. Dispuesta está a celebrarlo, primero con toda su familia variada de hermanos, cuñados, primos y sobrinos-nietos, y más adelante, a lo largo del año, con todos y cada uno de los amigos que estime menester, según sus propias declaraciones a “La Mirada Actual”.

    El banquete lo tiene previsto en el tradicional restaurante de “Antonio” de la madrileña calle Ibiza, donde la quieren y la miman, porque es cliente asidua, desde sus años de Facultad de Derecho, cuando iba a comer allí con Soledad Córdoba, Tona de Diego o José Antonio Griñán entre otros. Carmen es muy generosa en las propinas, y esto no lo olvidan los camareros y hosteleros, que la reciben como a una reinona -¡qué digo reinona, como a una diosa!, y digámoslo claramente, a ella le encanta. 

    También le gustan mucho los coches y tiene dos: un BMW y un Mercedes utilitario para aparcar con facilidad en los huecos de una ciudad difícil como es Madrid. “Para mí los coches no son un lujo”, afirma convencida. “A mí me gustan los coches y en ellos me gasto el dinero, como otros en viajes, trajes o comilonas”. Siempre le ha gustado la velocidad y los que, con frecuencia, viajamos con ella -los más asustadizos, se entiende-, se nos descolocan los congojos. Es toda una emoción, viajar con ella.

    Lo cierto es que Carmen Valero iba para artista visual, pues estudió primero Arte y Decoración en FAE (Fundación de las Artes Españolas), situada en la madrileña calle Presidente Carmona, donde también estuvieron sus pintoras amigas: Inés de Mateo Bardají y Carmen Lastra, pero su padre, el abogado don Antonio Valero de la Vega, que tenía un despacho muy activo, le pidió que estudiara también Derecho, y como ella tenía complejo de Electra, obedeció al padre sin resistencia alguna. El Derecho le llevó, después, por apasionantes derroteros profesionales como el asesoramiento de empresas y la docencia de Derecho Mercantil en el CEU. 

    A su padre, como si fuera un ángel guardián, le encomienda buscar aparcamiento y él, desde arriba, se lo encuentra.

    Una de sus hazañas fue recuperar una valiosa máquinaria textil, exportada por la empresa Moliné S.A, de Tarrasa a Oporto. Con la revolución de los claveles, nadie sabía nada, ni daba razón de la misma en Portugal. La abogada Carmen Valero cogió el portante y se presentó en Oporto, con los documentos oportunos y fue siguiendo las huellas hasta que apareció. ¡Vaya que sí apareció!, pese a que el embajador Chencho Arias en Lisboa le advirtió que sería difícil. El caso lo expuso como ejemplo en la cátedra del Derecho Mercantil, en la Complutense, a petición del catedrático Rafael García Villaverde. Carmen Ha sido todo energía.

    De las Bellas Artes le quedan obras, como el mural sobre el episodio de los cabreros de El Quijote, que llevó a cabo en cemento y policromía en el Hostal San Sebastián de Villacastín (Ávila), junto a Daniel Quintero. Ambos eran muy jóvenes. Carmen estudió y practicó muralismo en Cataluña con Santiago Padrós.

    Como todas las chicas de su generación, Carmen fue a Inglaterra, un curso, para aprender mejor el inglés y residió en la residencia de las Vedruna de Wimbledon, donde también trabajó en murales y vidrieras con Eyleen Graham. Juntas visitaron a Henry Moore en su taller. En Wimbledon, se ganó unas cuantas libras haciendo paellas en los jardines de algunos vecinos, que celebraban sus partys con ese plato español. Carmen Valero es y ha sido una mujer de recursos, para salir adelante en la vida y ser del todo independiente. En Wimbledon, hizo una gran amiga para toda la vida: la catalana Maite Fonollosa. 

    Los deportes le chiflan, no para practicarlos, sino más bien para verlos. Jugó al tenis en Wimbledon y, desde entonces, no se pierde un solo partido interesante e internacional. La Caja Mágica fue casi pensada para ella, que ha seguido la carrera de Rafa Nadal atentamente, ahora la de Carlitos Alcaraz, y conoce bien el ranking mundial de cada tenista.

    La nostalgia la practica Carmen, cuando piensa en los tres años que pasó activa en la República Dominicana, país que considera el paraíso terrenal y a sus gentes como ángeles, querubines y serafines de la Corte celestial. Se hubiera quedado a vivir allí, si no hubiera sentido la responsabilidad de cuidar a sus padres mayores, pero mantiene continua conexión e información telefónica con los muchos amigos y conocidos que dejó en la isla. Allí los negros y mulatos le decían: "Golda" blanca, Dios la bendiga.

    La solidaridad en R. Dominicana le sigue preocupando y sobre todo el problema del Seibo, una zona donde las empresas voraces de la caña de azúcar explotan de modo esclavo a los haitianos, con los consiguientes problemas de expulsión y entrada y salida entre Haití y Dominicana. Carmen lo sigue de cerca y confía en que el dominico español Miguel Ángel Gullón, que ayuda en las reclamaciones de la gente, pueda evitar la flagrante injusticia. El Seibo es hoy para Carmen, al igual que para el padre Miguel Ángel, la inquietud mayor de su amada Dominicana, como ella llama a la isla, de la que sabe todo, desde su historia y geografía, a la economía más reciente. De ello piensa dar una conferencia en la Tertulia Ilustrada.

    De gustos, costumbres y manías de Carmen Valero, podría hablarles mucho. Obtuvo el título de periodista, yendo a los cursos de fin de semana, cuando trabajaba en la Agencia de noticias EFE, de ahí su gusto por algunos campos informativos como la primera llegada a la luna de los astronautas USA o la figura del presidente John Fitzgerald Kennedy, del que tiene un busto en lo alto de una vitrina y siempre temo que me caiga encima cuando voy a su casa.

    De Carmen Valero, nunqvam satis, nunca se hablará bastante. Tiene escritas unas memorias sinceras y amenas -yo las he leído-, pero no las saca a la luz, no sé si por pudor o pánico escénico. Ella alega que espera el momento oportuno para hacerlo. Los 80 años podrían ser buena fecha, pero ella lo decidirá, porque es muy suya.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Carmen+Valero

https://lamiradaactual.blogspot.com/2019/12/miguel-angel-gullon-padre-dominico-en.html

Carmen Valero Espinosa, conferenciante

Carmen Valero Espinosa, madrileña, ante la Puerta del Sol

Carmen Valero Espinosa, su retrato preferido, por la pintora Mercedes Ballesteros

Carmen Valero, rodeada de haitianos (1999)



Carmen Valero ante el tórculo del Círculo de Bellas Artes (2025)
Carmen Valero Espinosa, en el Museo Tyssen-Bormisza
Carmen Valero Espinosa (2025)

jueves, 2 de mayo de 2024

CARMEN VALERO ESPINOSA cumple y celebra sus 80 años, tras una vida de Directora de Recursos Humanos, abogada y comentarista de arte

Carmen Valero Espinosa cumple 80 años en 2024

Reclutadora de Recursos Humanos para dos empresas: Fujitsu y Agencia EFE






Carmen Valero Espinosa. Retrato pintado por Mercedes Ballesteros

Carmen Valero con un perro japonés shiba

jueves, 3 de agosto de 2023

CRÓNICAS VERANIEGAS. Ana Queral y MLuisa Valero, pintoras: encuentro con críticas de arte en El Escorial y el Coto de Puente Viejo (Ávila)

Cuqui Valero y Ana Queral, pintoras


Julia Sáez-Angulo

Fotos: J. Sáez; Guadalupe R.; A. Queral

3/8/23.- Madrid.- Como en los últimos veranos, llegó Ana Queral, pintora mexicana, al Real Sitio de Felipe II, con la intención de pasar unos días con las amigas que disfrutamos aquí el estío. En esta ocasión vino acompañada de su asistente personal Lupita Rodríguez, una nicaragüense gentil, deseosa de conocer el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Después de visitar la Silla de Felipe II y los jardines de la Casita del Infante Don Gabriel (los horarios de la Web de Patrimonio Nacional y del cartel de entrada no coinciden con la realidad), almorzamos en los jardines de la Casita del Príncipe Don Carlos, al lado de mi casa, en el establecimiento de Paco Pastel, que sirve las mejores carnes de la vecina dehesa abulense. Se nos unió Carmen Valero Espinosa, que llegó con algo de retraso y una frasca de licor de madroño, obsequio para Ana. Alternamos hamburguesas y rabo de toro, servido por un amable camarero colombiano y atendidas por una maitre -una mesera que diría la mexicana- nativa local.

De Iberoamérica llegan a España muchos y buenos profesionales entre su emigración. En pocas horas, un peruano me arregló el móvil, y las sandalias, un argentino que acababa de lograr el traspaso del negocio zapatero. Son luchadores. Los nuevos llegados de Iberoamérica conquistan España con su trabajo y la nutren, frente a su escasez demográfica.

Pero me he ido del tema. Las amigas conversamos sin parar. Hablamos de la vida y el arte. Es lo nuestro. Ana tiene su casa/estudio en el madrileño pueblo de Alalpardo, donde se muestra como una “influencer” para mejorar la estética municipal. A medio pueblo, ella lo ha llevado a visitar el Centro de Interpretación de “Las Moradas” de Santa Teresa, que creó junto al convento carmelita de Villanueva de la Jara (Cuenca), donde hizo una singular “ambientación” de las siete moradas teresianas, al que peregrinan muchas parroquias. Ana nos cuenta también, que el pueblo ha progresado mucho con la "mina del Champiñón", en el que han invertido capitales chinos y mexicanos. “Están ganando tanto dinero que se han construido casas espléndidas por todo Villanueva de la Jara”, nos explica.

“Los de Alalpardo también viajamos juntos a Tierra Santa y fue emocionante seguir allí los lugares que pisó Cristo”, nos cuenta Ana, que tiene un notable lado ascético, que le viene seguramente de tanto leer a Santa Teresa, para hacer la “ambientación” sobre Las Moradas.

En el Coto de Puente Viejo

La pintora María Luisa Valero Espinosa (Cuqui) nos invita por teléfono a comer al día siguiente con ella, en el Coto de Puente Viejo (Ávila), donde veranea. No dudamos un momento en aceptar y allí nos presentamos con un bizcocho tierno y mi libro recién editado. Ella nos recibió en el jardín, vestida de negro como es su costumbre, pero animada con un delantal de colores. Había cocinado, para todas, bacalao a la riojana, con cebolla, tomate, ajo y pimiento (receta de su madre), que estaba soberbio. De entrada, en la gran ensalada, no faltaba de nada: lechuga Batavia, tomate pelado con atún, espárragos de Mendavia y aceitunas de Campo Real (no las hay mejores). Cada elemento en su recipiente, para que los comensales eligieran a su gusto y aliñaran con un aceite de almazara andaluza, que le suministran a Cuqui de modo particular. La cerveza Estrella de Galicia acompañaba el condumio.

Lupita bendice de modo piadoso y poético la mesa, antes de comenzar la comida.

Puente Viejo es una urbanización en el municipio de Maello, rodeada de encinas, de 650 casas construidas hace 70 años, una de ellas compraron en su día los padres de Cuqui y Carmen. De ellos, Antonio y Sofía, quedan muchos recuerdos en la casa, como la colección de platos de cerámica valenciana de Doña Sofía Espinosa; el apostolado neorrománico, que Cuqui les regaló con su primer sueldo; un par de serijos junto a la chimenea; unos curiosos zuecos de madera contra el barro o la nieve… pero la pintora nos muestra, sobre todo y  con entusiasmo, sus cuadros en las paredes y en el taller. “Más bien pinto Naturaleza al aire libre”, explica y se suceden flores y más flores con su sinfonía de color: girasoles, rosas, claveles…”Una vez que me apropio de la forma de una flor, compongo el cuadro libremente con ella”, nos señala.

El paisaje es otro género que MLuisa Valero cultiva con gusto, y allí vemos pinturas en gran formato de las murallas de Ávila, la iglesia de Villacastín (Segovia), casi una basílica, construida por Fray Antonio de Villacastín, ayudante del arquitecto escurialense Juan de Herrera. La obra más sobresaliente, quizás, sea la del madrileño y dieciochesco “Jardín El Capricho”, que mereció un premio en un concurso de pintura al aire libre. “Siempre utilizo el óleo, aunque tarde en secar, me da unas calidades matéricas, que no me ofrece el acrílico”, explica la artista.

Ana Queral dialoga con Cuqui sobre técnicas, composiciones y recomendaciones mutuas. Se indica que los trabajos de estaño deben barnizarse varias veces, para controlar sus emanaciones venenosas; se comenta sobre la conveniencia y el trato con agua del lino para que tense… Las críticas de arte escuchamos atentas, porque sabemos más de estética que de “trucos y cocina de taller”.

Al final del almuerzo, alguna, es decir, yo misma, me retiro a la hamaca para el dulce placer de la siesta. El resto cambia de mesa, más a la sombra, para seguir con el otro placer de la palabra. Todas contemplamos los árboles del jardín: un olivo, un manzano, dos prunos, una arizónica… Al borde del porche, una hilera de macetas con petunias, claveles chinos, rosas, plantas crasas… que compiten en color con la pintura de Cuqui. Ya sabemos que la Naturaleza, envidiosa, siempre imita al Arte.

"Iglesia de Villacastín", O/L de MLuisa Valero

Casa de Puente Viejo

Dos serijos junto a la chimenea

Ana, Julia, Carmen y Guadalupe en Puente Viejo

Carmen Valero, Ana Queral y MLuisa Valero

Nenúfar en el jardin de la Casita del Infante Don Gabriel. San Lorenzo de El Escorial

jueves, 2 de junio de 2022

50 años del "Mural de los Cabreros" sobre el episodio cervantino, en un Hostal de Villacastín

Don Quijote y Sancho Panza (Wikipedia)
Carmen Valero, artista y crítica de arte


Carmen Valero Espinosa

2/6/22.- Villacastín. Segovia.-  He vuelto a ver el Mural de los Cabreros en el antiguo Hostal San Sebastián de Villacastín (Segovia), que realicé junto al pintor Daniel Quintero hace cinco lustros, cuando yo contaba con 26 años.  El Hostal quedó descolgado de la carretera general, al construirse la autopista, y el negocio hostelero se vino abajo.
    El hecho de que haya pasado medio siglo y siga allí impecable y apreciado por los dueños me conmueve, sobre todo de Tomasa García Martín, que sigue residiendo en el antiguo hostal. Me recuerda el viejo dicho latino: vita brevis, ars longa. La vida es más breve que el arte, porque éste se prolonga en el tiempo. Algunos de los once hijos de Antonio García Martín, dueños del hostal han fallecido, pero otros siguen viviendo y recuerdan el tiempo en que se hizo aquel precioso mural de cemento que permanece con la fuerza de le da el cemento.
    Los recuerdos iban y venían sobre aquel verano de los 70, a medida que contemplaba el mural y resonaban en mí algunos párrafos del episodio cervantino sobre la Edad de Oro:
    Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. 
    Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia (…) Del  capítulo XI del libro "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha"
 José Antonio García Martín, uno de los once hermanos, era buen amigo mío y en su finca de la sierra abulense, al lado de la que poseía Conchita Piquer, conversábamos mucho de filosofía de la vida y la existencia. Él era un buen pensador, amigo del profesor don Enrique Tierno Galván, entonces profesor en Salamanca y, curiosamente, yo lo era también del hijo del viejo profesor. Nos veíamos en Madrid. 
    Un día, José Antonio se puso a recitarme en voz alta el episodio de los Cabreros, en la parte en la que Don Quijote alaba la edad dorada, en la que todo llegaba de forma fácil e igualitaria a los hombres. Mi amigo era visionario y muy sensible al deseo de igualdad y superación de todos los ciudadanos. Sabedor de mis estudios de arte en la Escuela de Fomento de las Artes me dijo de pronto:
-¿Por qué no haces un mural sobre este tema cervantino?
    No lo dudé ni un momento y le dije que sí, porque tenía conocimiento y experiencia de murales en cemento, aprendido en la Escuela y llevados a cabo en Inglaterra (más tarde también en Cataluña). Cuando llegué a casa, se lo comenté a mi hermana Cuqui, que entonces salía con el pintor Daniel Quintero (Málaga, 1949), que “apuntaba maneras” de llegar a ser un gran artista. Lo comentamos con él y se ofreció a hacer los bocetos; yo sería la realizadora libre de los mismos con un criterio amplio. Manos a la obra. Para representar a Don Quijote, le pedimos que posara Florencio Becerril, un vecino al que siempre que pasaba por nuestra casa le ladraba nuestro perro Churi.
    -Florencio es tan delgado que solo tiene huesos y Churi se relame de pensarlo, decía mi padre con humor.
    Para el personaje de Sancho Panza, Quintero me hizo posar a mí -yo entonces estaba rellenita- y quiso tomar mis rasgos de modo inicial. Yo guardo con todo celo y aprecio este boceto que él me regaló, además de un precioso aguafuerte suyo.
    Terminada la realización del mural, totalmente por mi parte, Daniel Quintero aplicó algunas manchas de color sobre los personajes.
    Junto al mural coloqué un cuadro con el capítulo del episodio de los Cabreros, escrito con letra artística sobre pergamino, para que los huéspedes del comedor pudieran recordar mejor el capítulo quijotesco, cuadro que también permanece en el antiguo edificio.
    Así fue como surgió aquel Mural de los Cabreros en el Hostal San Sebastián de Villacastín. Fue hace medio siglo, cuando yo contaba con 26 años, recibí un encargo de J.A. García Martín y lo compartí con un pintor emergente, Daniel Quintero, que llegaría a ser cotizado artista, pues expuso, primero en la galería Juana Mordó y después en la Marlborough. Aquel mismo verano de 1970, el pintor realizó un retrato del dueño del Hostal San Sebastián, que ha expuesto en algunas de sus exposiciones retrospectivas, como la de Ávila.
    El Mural de los Cabreros en Villacastín sigue incólume -el cemento es eterno-, para mi satisfacción y la de sus propietarios. Tomasa García Martín me dijo que un norteamericano le había ofrecido comprar el mural, pero ella le dijo que no estaba en venta.
    Ahora veraneo en Puente Viejo (Ávila), no lejos de Villastín, y procuro visitar mi mural cada año.

Más información

Casa de veraneo en Villacastín (Segovia) de la familia Valero Espinosa, durante muchos años (Foto May Pire)



viernes, 17 de julio de 2020

CARMEN VALERO ULTIMA SUS MEMORIAS BAJO EL TÍTULO “LA MEMORIA REPOSADA”


Ha sido Directora de Recursos Humanos en Fujitsu y la Agencia Efe. Consultora de la Ley de Extranjería y Delegada en la República Dominicana


Carmen Valero imparte una conferencia en la Fundación Esther Koplowitz (2018)

Carmen Valero Espinosa, abogada (2024)




L.M.A.

            16.07.2020.- En plena celebración de su santo, el Día del Carmen, la abogada, periodista y crítica de Arte Carmen Valero ha declarado que está ultimando sus memorias bajo el título La memoria reposada. Un libro que comenzó hace ya más de siete años y que va dando forma poco a poco a hasta encarar ya su final. “Espero que no sea el parto de los montes”, dice con humor.
            Entre los apartados más importantes de las memorias está su estancia en la República Dominicana como delegada de Cáritas por parte de España a partir de 1998, tras los grandes huracanes Georges y Mitch, que asolaron la isla caribeña. Su tarea fue la de levantar, con el presupuesto asignado, dispensarios, escuelas, servicios de higiene, espacios polivalentes para el culto, la vida y la educación de los ciudadanos, así como muchas tareas más, entre ellas las de salvar vidas de haitianos condenados a muerte, pasándolos en su coche, una pick up de Haiti a Dominicana, jugándose la vida. “A los de Caritas nos respetaban en la frontera”.
La estancia de Carmen Valero Espinosa (Madrid, 1944) en la R. Dominicana permanece viva en su recuerdo, porque allí “la vida es impensable e intensa”, donde ha dejado multitud de amigos con los que sigue manteniendo contacto. “Lo mejor de la isla es su gente, siempre positiva, feliz y amable, siempre sonrientes, pese a la escasez de tantas cosas y la dureza de ciertas situaciones. He vuelto allí varias veces”.
“Yo tenía contacto con el obispo de la diócesis en Santo Domingo y con las Hermanas Carmelitas Vedrunas, que hacen una gran labor de formación y solidaridad, además de construcción de viviendas en los barrios más pobres como los de Guachupita y los de cerca del río Ozama. También trabajé con los jesuitas o dominicos, Padres Jorge Cela, Fernández Olmo, Duvert, Javier Atienza, P. Avelino y Huchy Lora que hacían una gran labor en los barrios pobres de la isla. 
Por otro lado, hicimos una gran labor contra la transmisión del sida de la madre embarazada a los hijos, en colaboración con la Delegación de Cáritas en La Rioja y la Doctora Carmen Rivas Llorente.
“Las vivencias y anécdotas en la R. Dominicana se suceden sin parar, desde un entierro improvisado con la caja del muerto en mi camioneta pick up, al entusiasmo de los dominicanos tras cada objetivo logrado por Caritas”.

Otro de los apartados interesantes de las memorias es el referido a su vida profesional, antes de partir a la República Dominicana, cuando Carmen Valero ejerció el Derecho como directora de los de Departamentos de Recursos Humanos en las empresas Fujitsu y la Agencia de Noticias EFE. Fue la primera mujer en desempeñar estos cargos y fue llamada como asesora empresarial por la Administración del Estado para redactar la nueva Ley de Extranjería en los 80, “pues la situación era grotesca. En Fujitsu yo tenía que contratar a expertos japoneses para que explicaran el funcionamiento de los aparatos y preparasen a los nuevos técnicos en España, y la Ley me obligaba a contratar dos españoles por cada japonés que lo hacía. Era absurdo y de locos”.
Carmen Valero, junto a un equipo, puso también en funcionamiento Alcatel Espacio, en la zona de Tres Cantos. Madrid, al tener que contratar distintos expertos en Física Aerospacial y otras titulaciones superiores para España. “Tuve que viajar al MIT – Massachusetts Institute of Technology, para elegir y llevar a cabo los contratos de expertos con arreglo a las leyes españolas”, explica.
Por otro lado, la autora de La memoria reposada, impartió clases de Derecho Mercantil en el C.E.U. San Pablo, como ayudante del profesor García Villaverde.
En el campo jurídico, a Carmen Valero le cabe el honor de haber ganado en 1982 la primera sentencia en el Tribunal Constitucional en favor de los enfermeros hombres, ya que se les negaba el pago de la nocturnidad, frente a las enfermeras mujeres. “Hay que afinar en el tema de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por tanto, también en la carga de la prueba, para evitar agravios comparativos que no son justos”.

Por último, Carmen Valero recoge en sus memorias la vida familiar, el recuerdo de sus padres, su infancia y veraneos en Villacastín y Puente Viejo (Segovia y Ávila respectivamente). Carmen se detiene sobre todo en su padre, don Antonio, el abogado, por el que sentía adoración. Fue el que consiguió que ella dejara la Escuela de Fomento de las Artes y se dedicara de lleno a estudiar Derecho en la Complutense y al despacho paterno en la madrileña calle de Santiago. No lo lamenta, porque el Derecho le ha dado trabajo y satisfacciones. “La parte familiar es la que me parece más delicada, pues sé que algunos miembros de mi familia podrían no contemplar las cosas como yo las vi y viví en mi infancia y juventud. Cada percepción es muy subjetiva”, añade la autora.
Las memorias de Carmen Valero, no exentas de humor, podrían estar terminadas para la próxima Navidad.
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Retrato de Carmen Valero, por Mercedes Ballesteros


Carmen Valero Espinosa
           
Carmen Valero en la Casita del Príncipe de abajo. El Escorial 2020
Carmen Valero en Collado- Villalba (2020)