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sábado, 1 de diciembre de 2012

Ignacio del Río en Burgos, Exposición en Burgos, acontecimiento cultural esperado en la ciudad




L.M.A.

         Toda la sociedad burgalesa y numerosos coleccionistas y espectadores llegados de fuera estuvieron presentes al inaugurar la exposición del pintor Ignacio del Río en el célebre Arco de Santa María de Burgos, donde se muestra medio centenar de pinturas del artista más célebre y popular de la localidad.

         “Ignacio del Río es un icono de la ciudad y su exposición de cada año en el arco de Santa María es un acontecimiento esperado y preámbulo de la Navidad”, dijo el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Burgos en la inauguración, donde el artista declaró que viaja con los colores y al regresar a Burgos desenfunda los recuerdos vistos y vividos para plasmarlos en sus cuadros”.

Burgos y Castilla son referentes continuos para el pintor, su eterno retorno. Ante su serie de cuadros con representaciones de campos y pueblos de nieve –una de las más logradas-, Ignacio del Río dice: “Castilla es el gran invernadero de España”.

 Cuadro de Ignacio del Río


Además de la serie “nevada”, el pintor burgalés muestra otras sobre marinas, nocturnos, paisajes, flores y floreros, figura, animalística,  tauromaquias… Todo es una cuestión de pintura, de color, de forma… “No me interesa la abstracción por la abstracción, prefiero la naturaleza, la forma”, explica el artista.

Tras esta exposición, Ignacio del Río prepara su próxima muestra retrospectiva para el espacio Forum Evolución de Burgos en 2013.

Después de inaugurar la exposición, Ignacio del Río participó en la pintura de un gran mural en homenaje al poeta burgalés Jorge Villalmanzo –autor de Las cenizas de la nieve-, recientemente fallecido, que tuvo lugar en el Hangar. En el acto participaron varios artistas burgaleses así como diversos poetas y rapsodas que leyeron versos y algunos cantantes y músicos. 


    *****





ES ÉL

A Ignacio del Río


Bohemio, maldito, provocador.

Es él, artista por esencia y excelencia.

Dueño del color, artífice de la forma,

sátiro de los pinceles.


Tierno, generoso, ansioso de cariño.

Es él, artista por esencia y excelencia.

Sátiro del color, dueño de la forma,

brujo de los pinceles.


Su pintura se derrama sin límites

ni fronteras en el lienzo,

como su semilla paterna por el mundo.

Es él, artista por esencia y excelencia.

Sátiro del color, dueño de la forma,

brujo de los pinceles.


No escucha, pero registra
en su mente voraz todo lo que oye.
No atiende, pero no se le escapa una.

Es él, artista por esencia y excelencia.

Sátiro del color, dueño de la forma,

brujo de los pinceles.


Pinta campos y pueblos de Castilla

helados o floridos.

Paisajes de la meseta que ama

orgulloso de sus raíces.


Marinas azules o nocturnas,

lunas de amor o de licántropos,

flores de primavera,

chopos de la ribera,

árboles en hilera…


Plasma efigies de mendigos

                            como príncipes,

reyes e infantes como tunantes,

burgueses ansiosos de celebridad,

damas y damiselas con vanidad,

doctores y licenciados con arrogancia

poetas y poetastros con petulancia...


Vividor amado, querido, admirado…,

El aura de artista posa en su cabellera

blanca,

sobre su sombrero de señor.

Es él, artista por esencia y excelencia.

Sátiro del color, dueño de la forma,

brujo de los pinceles.


Julia Sáez-Angulo
Burgos, 30 de noviembre de 2012




  



viernes, 25 de junio de 2010

Octavio Uña, poesía viajera, exultante y reflexiva en el libro “Cierta es la tarde”


“Cierta es la tarde”
Octavio Uña
Prólogo de Manuel Quiroga
Visión Libros (121 pags)
Madrid, 2010



Julia Sáez-Angulo

        25.06.10 .- MADRID .- Profesor de Sociología en la madrileña Universidad Complutense, Octavio Uña (Brime de Sog, Zamora, 1945) es un poeta conspicuo, que acaba de publicar su último libro de versos titulado “Cierta es la tarde”, editada por Visión Libros.

Ligado siempre a la docencia y a la poesía, Octavio Uña cuenta en su haber con libros reconocidos como Escritura en el agua, Edades de la tierra, Antemural, Castilla, plaza mayor de soledades –célebre título por su cuarta edición-, Usura es la memoria, Mediodía de Angélica, Ciudad del ave, Labrantíos del mar y otros poemas, Cantos de El Escorial, Cuando suena el Merlú, Crónicas del océano, Estaciones de abril o Puerta de salvación.

“Cierta es la tarde” es un ramillete de un centenar de poemas dividido en varios apartados: Escribanías, Malaventuras, Célica y Decadencias. El escritor Manuel Quiroga dice en el prólogo: “Cerca queda el poeta, Octavio Uña, el viajero, el hombre, quien recuerda los mundos que alguna vez pisara, que habitó fortalezas, catedrales, ensalmos. O que sigue inventando leyendas de paisajes, la bruma del silencio y la historia de siempre, o sea los terrenos presentes de líricas esencias”.

Hermoso el poema “Mercado de Funchal” con la metáfora del pescado que un día fue pez. Versos que se abren con la cita de Vicente Aleixandre: “...las palabras muere. Bellas son al sonar, más nunca duran”. Uña dice: Compré nombres, pronombres, adjetivos,/ compré sílabas largas o brevísimas,/ compré verbos y adverbios, partes todas /de la grave sintaxis de la mar y lea/ texto en rodaja al polisíndeton”

Una escritura radiante que expresa y sugiere

“Que hoy como ayer decían de la noria/ del tiempo y disputaban: “distancia de los hechos al presente”, “presencia de los hechos al pasado,/ Tiembla la ensoñación. Círculos ojos/ contra largos de olvido”, dice el vate en otro poema titulado “Lejos”.

El poeta viajero se emociona en Canarias y escribe: “Calle La Gloria, por la Orotawa. Y era cierto:/ perla la mar y púrpuras el aire, Teide a la mano, tan sagrados fuegos,/ gloria/ gloria cercana.” Uña recorre la geografía con los ojos abiertos, con la sensibilidad de quien transmuta la mirada y el sentimiento en verso. El mundo está para ser absorbido y cantado porque ene. Relato genesiaco se dice que “Y vio Dios que era bueno”.

Quiroga lo expresa así: “Come estos higos en sazón, viajero...”. El verso es aquí campana, regocijo, mesura; es, digo, fortaleza, mirar hacia lo alto Escorial no nombrado pero de recia piedra, sonidos de otros años; es deshacer quimeras, orientar los espejos a todos los futuros, rememorar infancias, relatar madrugadas”. En suma una escritura radiante que sugiere al lector a la par que se expresa el autor.