domingo, 3 de agosto de 2025
FIESTAS DE "MOZOS, CASADOS, VIUDOS" en El Escorial.- Viene del sigIo XVI con historia de Don Juan de Austria. Exposición Historia de la Hermandad de la Herrería. Desayunos con mayores, meriendas con niños, paella para todo el pueblo. Caballos...
sábado, 12 de julio de 2025
XXX ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE N.S. LA VIRGEN DE LA HERRERÍA, PATRONA DE EL ESCORIAL
jueves, 5 de septiembre de 2024
Obituario. JOSEFINA RODRÍGUEZ-SANJURJO y LÓPEZ-SALGADO, LA HIJA DE PRIMITIVO
Josefina Rodríguez de Sanjurjo y López-Salgado
por Afonso Monxardin
05.09.2024.- Orense.- El día 4 dejó este mundo, a los 102 años de edad, Josefina Rodríguez-Sanjurjo López-Salgado, hija del intelectual introductor de las vanguardias en Ourense, Primitivo Rodríguez Sanjurjo, con su revista “La Centuria”. Había nacido Josefina en Seattle (Washington) mientras su padre, el vanguardista y atractivo Primitivo trabajaba como lector de la Universidad local, sin duda con el apoyo de su suegro, el magistrado y discreto escritor costumbrista lucense, tan enraizado en el Ourense de las primeras décadas del XX, Francisco Salgado López-Quiroga. Fue acristianada como “Josephine”; para huir del estigma latinoamericano, pero asumió la forma Josefina, años después de establecerse en España.
Francisco Salgado tuvo tres hijas, Raquel, Lía y Sara, a as que las que pretendían los muchachos intelectuales de Ourense del tránsito entre la década del 10 y del 20 del siglo pasado. Pero fue Primitivo el único que consiguió a una de ellas, casándose con Raquel, con quien vivió la aventura americana de seis años (1920-26) antes de volver a la península e integrarse con el apoyo de los amigos, como profesor en la enseñanza media.
La vida de Josefina no fue fácil, en parte por la personalidad compleja del padre, pues como buen vanguardista fue raro entre los raros, moderno entre los modernos, y tan próximo afectivamente a Otero Pedrayo o Vicente Risco, como distante de sus ideas galleguistas.
Josefina, después de pasar su juventud en Lugo, y al poco de la muerte de su padre, en 1947, se trasladó a vivir a Madrid, junto con la madre y las dos tías maternas, profesionales en Madrid. Las cuatro vivieron en armonía sin tener ninguna descendencia, por lo que Josefina concentró unas herencias materiales con las que fue considerablemente disipada, incluida la magnífica biblioteca del padre, con libros dedicados y cartas de sus amigos Unamuno, Rubén Darío, Rafael Cansinos Assens, Margarita Xirgu, Roso de Luna, Otero Pedrayo, Vicente Huidobro, etc.
Ya de muy mayor, entra en contacto con la escritora, periodista y crítica de arte, Julia Sáez-Angulo, quien será realmente su apoyo más cercano en los últimos años de vida. Gracias a Julia los restos -aún importantes- de aquel fondo que la Diputación de Ourense no quisiera adquirir en 1991, fueron parar a la Real Academia Gallega, por donación firmada de 2013.
Desde hace unos años vivía en una residencia en el Escorial donde la visitaban asiduamente Julia y el vicario de la parroquia, el lusitano Juan Carlos Peixoto, quien la acompaño y confortó en sus últimos momentos. Descanse en paz.
viernes, 26 de julio de 2024
RETORNO A EL ESCORIAL I. Un lugar rico en geología y bibliografía
Julia Sáez-Angulo
26/7/24.- Madrid .- He vuelto a mi casa de verano. Un retorno a El Escorial, como el "Retorno a Brideshead". Una casa con fosilizada decoración de la abuelita María, la condesa viguesa, donde reposan, en una convivencia pacífica, antigüedades y vejerías (ésta palabra no ha entrado todavía en el Diccionario de la RAE, pero ya entrará, "porque la he escrito yo", decía Valle Inclán).
Las sorpresas no faltan, cuando se asalta la casa una vez al año, siempre en estío: la primera una cuantiosa derrama para arreglar la piscina, que me va a dejar seca, y la segunda, la maravillosa televisión antediluviana, que funcionaba divinamente, ha dejado de funcionar, por más que yo insistía apretando el mando. Oía, pero no veía la imagen. La culpa no es del aparato, que yo presumía eterno, sino -me lo aclaró mi hija al teléfono- debido a la nueva disposición administrativa del TDT, por lo que las antiguas TV en HD, necesitan un adaptador, que al parecer la vetusta mía, ni siquiera acepta. Ya no podré presumir de antigua pantalla, donde más de uno intuía los programas en blanco y negro, pero salían color.
Alfredo, mi vecino ebanista, hombre amable, me asesora en estos casos, y hemos quedado en ir juntos a comprar una tele. Todavía es bueno para las mujeres ir acompañadas de un santo varón, porque hay vendedores recalcitrantes, que torean a las mujeres, creyéndolas menores de edad, segundo sexo o directamente tontas, para colocarles mercancía deficiente o a punto de caducar. Cuando se enfrentan dos hombres, se miden mejor la cresta. Voy a comprar la tele antes de pagar la derrama, por si acaso.
Lo mejor de El Escorial es la gente, los viejos amigos del veraneo escurialense. Me gusta coincidir con la enfermera Lola Madrid (nombre de actriz), porque ella -que debe olvidar mi nombre- me saluda con un “hola princesa” y me despide con un “adiós princesa” (como el título del libro sobre Letizia). Soy sensible a los tratamientos y, con Lola, me siento hija de rey por unos instantes. En esta ocasión, Lola Madrid me pidió en la iglesia de los Corazonistas, que leyera la segunda epístola de la misa, y yo, la obedecí con gusto.
Para paliar las tórridas temperaturas de estos días, o mejor de estas noches, un grupo de amigos del Ateneo Escurialense nos fuimos a cenar al restaurante Fuente del Seminario, que está en medio del bosque de la Herrería, entre árboles frondosos. Lo pasamos muy bien, no solo porque comimos longaniza de Grau con pimientos verdes, alitas de pollo y tortilla de patatas, generosa ensalada mixta, con un buen vino de Rioja, sino porque las conversaciones y las risas se alternaban con el condumio.
El dueño del restaurante Carlos Agudo Garrido ha publicado este año el libro “Los paisajes de El Escorial”, editado por el Instituto de estudios Madrileños, donde aborda los distintos parajes del Real Sitio en todos sus aspectos. Se detiene con atención en el campo geológico, para placer de Carolina Daneiko, geóloga, que reside cerca del gran observatorio de Robledo de Chavela y nos dio una “conferencia” apasionante sobre el cambio climático en marcha, debido en buena parte a cuestiones geológicas y no tanto al descuido de los ciudadanos, como pretenden culparnos los políticos y otros barandas desaprensivos. Incluso nos anunció una posible glaciación de Europa, si una corriente antártica avanza, aunque por el momento se ha detenido, si no entendí mal. Todos la escuchábamos ojipláticos (esta adjetivo si lo reconoce la RAE). No podíamos imaginar una glaciación con la península en 40 grados.
Detrás de nuestra larga mesa de once comensales al aire libre, reposaba una serie de piedras de distinto orden, con sus nombres científicos correspondientes, de los que solo recuerdo el de granito.
El Escorial tiene mucho que decir y no solo de geología, Sol G. Clemente, y ex directora del Ateneo Escurialense, también ha escrito este año otro libro sobre el Real Sitio, titulado directamente “El Monasterio de El Escorial”, editado por la Universidad Francisco de Vitoria, de la que es profesora. Lo presentó en la reciente Feria del Libro de Madrid.
De El Escorial nunquam satis. Nunca se hablará bastante.
Ciertamente el Escorial y su Real Monasterio filipino dan para mucho. Es fuente de atracción turística y, por tanto, económica, para este lugar hermoso, que perteneció a Segovia en tiempos de Felipe II, que, ahora es limítrofe con Ávila y que está incardinado en una historia de sexmos, pero de esto hablaré otro día.
Glorieta de los Sexmos. El EscorialSoledad G. Clemente, escritora (Foto Agile Corporation)
Carlos Agudo Garrido, autor de "Los paisajes de El Escorial"
lunes, 25 de diciembre de 2023
OBITUARIO. Don José Luís Abellán: In memoriam, descansa en paz amigo
L.M.A.
25.12.2023.- Madrid.- Querido amigo, José Luis: Permíteme unas palabras de despedida en estos momentos en los que siento más tu ausencia, ya que durante los últimos días no pude hacerlo. No sucede contigo el dicho de que en ocasiones no nos damos cuenta de la presencia del amigo hasta que lo perdemos.
Te pido que me disculpes si hoy no hablo acerca de tu vida, de tu lugar de nacimiento, de tu formación académica, ni de los títulos que conseguiste o puestos académicos que desempeñaste, de tu gran faceta como historiador de la filosofía y de las ideas, o como gran ensayista español. Ya lo han hecho quienes conocen todas estas facetas tuyas mejor que yo.
Tampoco voy a hablar de tus inigualables investigaciones en el campo de la filosofía en las que alumbraste la ingente labor de otros filósofos españoles, ni de los merecidos premios y medallas que han reconocido tu trabajo a lo largo de tu vida.
Hoy te evoco como el amigo que tuvo la gran fortuna de conocerte y mantener una relación de entrañable amistad que fue incrementándose a lo largo de nuestros encuentros en San Lorenzo de El Escorial. Yo he sido un privilegiado, y tú has dejado una gran huella en quienes te conocimos.
Seguramente fue en el cafetín Croché, en algunas de tus magníficas conferencias donde nos conocimos. Me presentaría ante ti como profesor del instituto de bachillerato Juan de Herrera de San Lorenzo de El Escorial y tú me acogerías con la amabilidad que siempre has empleado conmigo. Continuamos acrecentando nuestra amistad que comenzaba, y frecuentábamos la cafetería Miranda para desayunar con amigos comunes, algunos también desparecidos. Nos unía un lazo invisible, al menos para mí, el lazo del amor al saber, a nuestra querida filosofía.
¿Recuerdas cuando te abordé y te expuse la idea, el proyecto de crear un Ateneo en San Lorenzo de El Escorial? Acogiste la idea con enorme entusiasmo y me animaste a iniciar el proyecto. Inmediatamente te invité a que nos acompañaras en la presentación de nuestro futuro Ateneo, y tuve el gran honor de que aceptaras mi propuesta. ¿A quién podía yo haber recurrido, sino a un amigo filósofo excepcional y presidente del Ateneo de Madrid?
Quiero evocar algunas de tus palabras en este entrañable acto. “Los Ateneos desarrollan una importante labor para frenar la creciente deshumanización de la sociedad actual. Aunque la base de los Ateneos es fomentar la comunicación y la relación entre las personas, esta relación presenta multitud de formas y de facetas para su desarrollo”.
“Hemos creado un mundo en el que apenas podemos encontrarnos los unos con los otros. Hemos perdido el norte y no hallamos un lugar, o no recordamos a qué sabe un apretón de manos, o de qué color son los ojos que quieren mirarnos. Sentimos la necesidad de los otros, echamos en falta su cercanía, ese cálido aliento que nos ayuda a ser, a encontrarnos a nosotros mismos y a continuar edificando nuestro propio camino con la alegría y el calor de los otros. Las relaciones humanas de cerca, cara a cara, se nos presentan imprescindibles en esta humana tarea”.
El Ateneo Escurialense nació, fue creciendo poco a poco y hoy goza de excelente salud. Tuvo también nuestro Ateneo Escurialense el privilegio de que aceptaras ser nombrado socio de honor del mismo. Nuestra relación de amistad se intensificó, y no puedo olvidar el honor que me dispensaste cuando me ofreciste ser el presentador de tu libro: “Los Secretos de Cervantes y el exilio de Don Quijote”. Fue una enorme recompensa para mí.
Te he tenido presente muy a menudo, por ejemplo cuando publiqué el libro “El Escorial, la magia de un lugar”, pues tenía relativamente recientes en mi mente tus obras: “Visión de El Escorial” y “El Escorial. Iconos, imágenes, mito”.
Hoy te has ido, te hemos acompañado en tu último viaje en El Escorial, y nos hemos quedado huérfanos de tu presencia, pero reconfortados por la ingente obra que nos has legado, y por los gratos recuerdos de ti que nos acompañarán durante toda la vida. Tus pensamientos, todo lo que eres y todo lo que constituye tu persona continúa velando por nosotros.
José María Calvo Andrés
Presidente Fundador del Ateneo Escurialense de las Letras, las Artes y las Ciencias.
viernes, 2 de septiembre de 2022
MERCEDES MARCOS. Exposición digital monográfica de Fotografía sobre El Escorial.
jueves, 18 de agosto de 2022
CRÓNICAS ESCURIALENSES XXIII. La Casita del Infante Don Gabriel, los cedros del Líbano y del Himalaya, los cisnes blanco y negro. Y Helmut Kholn
Julia Sáez-Angulo
18/8/22.- El Escorial.- Hay una visita gastronómica puntual veraniega entre dos artistas pintoras y dos críticas de arte: María Jesús de Frutos, Cuchi de Osma, Carmen Valero Espinosa y quien esto firma. Como las golondrinas se citan de manera fija en la segunda quincena de agosto, pasada la fiesta de la Paloma y superado ciertamente el ferragosto. “La Horizontal” es el restaurante elegido, a mitad de la falda del monte Abantos, por aquello de su frescor entre coníferas y su razonable comida. Yo sentía frío y pedí un chal, que la casa me lo proporcionó en gris, con la etiqueta de Ikea. Ya en otoño pasado, tuve que pedir una manta de chimenea para paliar el frío de la terraza. En La Horizontal siempre hace fresco.
Cuchi lucía una camelia Chanel sobre el vestido sesentero; Carmen, camiseta con edelweiss bordadas en Austria; Julia, lunares andaluces en la blusa, y M. Jesús, vestido largo amarillo estampado, con mangas abullonadas, tipo Imelda Marcos.
El comienzo fue de buen jamón y aros de cebolla, para seguir con los platos de cuchara: lentejas con verduras para un día fresco, amén de carrillada y gallos. Final con tiramisú y sorbetes de limón.
Pero no solo de alimento viven el hombre y la mujer, sino de cultura y belleza. Este año visitamos la Casita del Infante Don Gabriel (hijo de Carlos III y hermano de Carlos IV; el más culto de los hermanos. Tradujo a Salustio y tocaba el órgano en concierto con el Padre Soler, que tocaba el otro órgano, en la Real Basílica)), en la carretera de San Lorenzo del Escorial hacia Ávila Un pabellón de caza, edificio neoclásico, construido en el último tercio del siglo XVIII, por el arquitecto Juan de Villanueva, el mismo que construyó la Casita del Príncipe en la parte inferior del bosque de la Herrería, y el mismo que hizo el edificio del Museo del Prado.
La Casita del Infante solo se abre al público los viernes de 12 a 18 horas, por lo que nos dedicamos a visitar los hermosos jardines italianos, desde los que se divisan los mejores encuadres del Real Monasterio, salvo en un ángulo en el que un pino piñonero -que habrá que podar- impide la vista diáfana.
Pese a la belleza circundante, Carmen Valero insistía en que mirásemos las nubes velazqueñas del cielo. Es una nefelibata. Ciertamente eran tan hermosas y los críticos de arte sabemos que los celajes forman parte del paisaje.
Disfrutamos el recorrido de los parterres con laberintos de boj, los estanques de nenúfares con un solo surtidor que nutre con un sutil sonido musical de agua, de las coloridas margaritas, de las hortensias algo castigadas por el calor, de los floridos árboles de Júpiter, que algunas calificaban de árboles del amor y el guardés nos dijo que nada tenían que ver unos con otros. No quedamos muy convencidas.
Pero, sobre todo, de los árboles centenarios gigantescos, en buena parte clasificados como de interés especial por la Comunidad de Madrid: el cedro del Líbano o de Salomón, en paralelo al cedro del Himalaya, los pinsapos de la entrada, las sequoyas, las sabinas, los pinos piñoneros…
En esta Casita del Infante, donde se celebran conciertos de cámara de vez en cuando, residió don Juan Carlos de Borbón, cuando estudiaba en los Agustinos, y se le llamaba Príncipe de España, título que jamás ha existido en la Historia de España, sino el de Príncipe de Asturias que es el que procede al heredero de la Corona hispánica. En la Casita del Infante se guarda el dormitorio y mobiliario que utilizó don Juan Carlos antes de casarse (¡Dios, que buen rey, si no hubiera hecho el tonto durante los últimos años!).
En la Casita del Infante los reyes Juan Carlos y Sofía ofrecieron un almuerzo a la reina Isabel II de Inglaterra -primer y único viaje de la soberana británica a España- y a su esposo el Príncipe de Edimburgo en 1988. Y, en 1989, se iba a alojar allí el presidente alemán Helmuth Koln, hasta que se dieron cuenta de que era demasiado corpulento y alto y que tendría que bajar la cabeza ante los bajos dinteles de las puertas -a riesgo de posible chichón- y habría que comprarle una cama especial, pues la de medidas habituales no servía para su tamaño. Desistieron de alojarlo allí.
De las anécdotas de altura, pasamos a las de bajura en los jardines italianos que rodean el palacete, como la del estanque en el que -confiemos que temporalmente- faltan los peces de colores y sobre todo los cisnes que ornan cualquier estanque real que se precie. Siempre los ha habido, sobre todo en el Jardín de los Frailes. El guardés nos contó que la pareja de cisnes se renovaba cada año, pero que, en el último, antes de la pandemia, la hembra le dio por picar y atacar al macho (casi siempre es al revés), por lo que hubo que separarlos, y se subió la hembra al estanque de la Casita del Infante y aquí despareció, porque un zorro circundante por los bosques de la Herrería se la zampó.
La cadena trófica de la Naturaleza no se anda con contemplaciones.
La Casita del Infante Don Gabriel, a diferencia de la Casita del Príncipe, es un lugar mucho más tranquilo y solitario, por lo que es recomendable a quien quiera disfrutarla, pero que no se corra la voz y se entere la tromba de turistas al Real Monasterio, porque se acabaría con el relax y disfrute de vistas al Monasterio, a los bosques y montañas que hoy tiene.
Chocante el busto diminuto y algo ridículo de la cabeza de Carlos III, que el gran rey tiene hoy en el luneto al aire libre del aparcamiento de coches, frente al palacete del Infante. Aquel monarca, por sus aportaciones artísticas y culturales, se merece un busto que guarde al menos la escala con el espacio.
En suma, el paseo de las pintoras y las críticas de arte por el Pabellón de caza del Infante Don Gabriel fue magnífico y recomendable. Ya estamos deseando de que llegue la siguiente cita estival para celebrar de nuevo el arte de la buena mesa y la belleza de El Escorial de arriba y de abajo.
Confiemos en que el año próximo veamos peces de colores y cisnes, como merece el Real Sitio. (En Inglaterra todos los cisnes son propiedad de Su Majestad Británica, según la vieja tradición, aunque no haga uso de tal propiedad).
Una de las cuatro fuentes de nenúfares. Casita del Infante
Uno de los nenúfares abierto
Cuchi de Osma, M Jesús de Frutos y Julia Sáez-Angulo


