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domingo, 29 de marzo de 2026

PEDRO CORRAL, AUTOR DEL ENSAYO “CÓMICOS EN GUERRA”, SOBRE SUS VIVENCIAS DRAMÁTICAS Y CÓMICAS


Pedro Corral, periodista


J.S.A.

30/3/26.- Madrid.- “Cómicos en guerra”, sobre las vivencias dramáticas y cómicas de estos protagonistas durante la guerra civil de 1936-39, es el título del ensayo del periodista Pedro Corral, publicado por la editorial La Esfera de los libros”.

Pedro Muñoz Seca y Federico García Lorca son dos prototipos de escritores dramáticos asesinados por los respectivos bandos, nacional y republicano, durante la cruel contienda bélica.

Sinopsis: El mundo del espectáculo fue uno de los más afectados por el impacto de la Guerra Civil. Cómicos en guerra presenta un insólito retablo humano de aquel conflicto con las vivencias, muchas de ellas dramáticas, otras cómicas, de los protagonistas de la vida en los escenarios bajo el plomo y la metralla.

          Pedro Corral, periodista, escritor y experto en la contienda española, ofrece, junto a nuevas revelaciones en torno a Federico García Lorca y Pedro Muñoz Seca, asesinados por uno y otro bando, historias de lucha por la supervivencia, compromiso bélico y pasión artística de dramaturgos y compositores, actores y cantantes, vedetes y coristas, payasos y ventrílocuos, tramoyistas y maquilladores.

          Capítulos como el del grupo teatral La Barraca convertido en tapadera de la «quintacolumna»; la peripecia como miliciano y después policía del famoso Don Cicuta; las actuaciones de los célebres payasos Aragón en el frente de batalla; la detención en una checa de Enrique Jardiel Poncela y Pedro Larrañaga; o el alistamiento de un batallón de cómicos para la defensa de Madrid forman parte de uno de los libros sobre aquella contienda más excepcionales de los últimos años.

           Pedro María Corral y Corral nació en 1963 en San Sebastián (Guipúzcoa), se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció como periodista cultural en ABC entre 1986 y 2000. Fue corresponsal de este diario en Roma entre 1995 y 1998.


viernes, 18 de noviembre de 2016

Helena Cosano, Autoentrevista solicitada por “La Mirada Actual”




Helena Cosano 


L.M.A.

Helena Cosano (Nueva Delhi, 1978). Diplomática de carrera desde el año 2005, y ha desempeñado puestos como Segunda Jefatura en Astaná (Kazajstán) o Consejera ante la Conferencia de Desarme en la Misión Permanente de España ante la ONU en Ginebra. Desde junio 2016 es Jefa de Estudios de la Escuela Diplomática, en Madrid, donde se encarga principalmente de la gestión cultural, la organización de eventos, la comunicación, las publicaciones y las relaciones institucionales de la Escuela. 
            Sus obras más recientes son Cándida  Diplomática (editorial Algaida, 2011), Almas Brujas, (Premio Rubén Darío 2014, editada por Sial-Pigmalión) y El Viento de Viena, publicada en el 2015, (Premio Internacional de Literatura "Agua y Viento" de Buitrago del Lozoya) y Teresa. La mujer publicada en 2016 por la editorial La esfera de los libros.
En esta entrevista, Helena Cosano nos habla de la diplomacia, la escritura, y su novela más reciente: “Teresa. La mujer” (2016, La esfera de los libros)

-¿Cuándo decidiste ser diplomática? ¿Por qué?
No lo recuerdo como una decisión, sino como una especie de evidencia, casi de destino… El ser hijo de diplomático te marca de diferentes maneras, unas muy positivas, otras menos. Siempre me costó imaginarme llevando lo que la mayoría de las personas considerarían una vida “normal”. La vida nómada e internacional del diplomático, desarraigada, me parecía la única opción.

-¿Cómo fue tu infancia como hija de diplomático? ¿Cuáles son esos puntos buenos? ¿Los malos?
Entre varios países, con varios idiomas. La carrera diplomática conlleva una forma de vida distinta, incluso una forma de ser diferente, y esta diferencia la acusan sobre todo los hijos. No es solo que aprendan lenguas exóticas o que necesiten abrirse a otras culturas, ser flexibles y saber adaptarse en medios sociales muy distintos. Es mucho más: en esos años de la infancia se forma la visión del mundo, la identidad.
Los puntos buenos: un enriquecimiento difícil de concebir para quién no lo ha vivido.
Los puntos malos: el desgarro de perder un mundo entero con cada cambio de destino, y la inseguridad que crea no sentirse realmente de ningún lugar, aunque se pueda pertenecer a varios en parte.

-Naciste en la India. Luego Moscú, París, Seúl, Viena… ¿Cuál te ha marcado más personalmente?
Todos me han marcado. Recuerdo los años en Rusia con particular cariño. Mi niñez y adolescencia fueron muy francesas, estudié en varios “Lycées Français” y viví en París durante años cruciales en la formación de mi identidad. En Viena fui a la Universidad, fue mi etapa más larga. Ahora estoy volviendo a descubrir la India donde nací, sobre todo a través del yoga y la meditación.
¿Alguna experiencia, algún recuerdo de infancia que quieras compartir?
Viví en Moscú a principios de los ochenta, antes de la Perestroika. Allí empecé a ir al colegio, aprendí canciones y juegos en ruso y a leer y a contar cuentos, mi niñera (suponemos que del KGB) intentaba enseñarme la Internacional y aún recuerdo sus lecciones sobre la bondad y el genio de Lenin. Debió de ser un cambio traumático pasar de los calores de Nueva Delhi a las nieves de Moscú, pero de allí sólo guardo un recuerdo idealizado, y cuando abandonamos el país, eché de menos, dolorosamente y durante años, el placer de jugar en la nieve, el sabor de los blinis, el borsh con smetana, el olor del pan negro y kalbasá, el sonido de la bella lengua rusa, tan profunda,
tan melodiosa, y cómo en la noche brillaban las estrellas rojas sobre el
Kremlin. La entonces Unión Soviética era mi paraíso perdido y necesité
muchísimos desengaños hasta cambiar de opinión. Más tarde me inscribí en la
Carrera de Ciencias Eslavas en la Universidad de Viena con una especialidad en
Filología rusa. Pasé esos años leyendo apasionadamente a Dostoyevski,
Tolstoi, Pushkin, Lermontov…, iba  casi todas las vacaciones a Moscú o San
Petersburgo, fascinada por los días interminables del verano, por la gente tan
culta, mística y extrema, por el teatro, el arte, y por la incomparablemente
rica literatura. Me concedieron una beca para estudiar en Moscú, y aunque coincidió con la crisis del 98 y no fue una época fácil, recuerdo esos meses entre los más felices de mi vida.



-¿Qué te han aportado todos estos lugares a tu literatura? ¿Crees que han influido en tu manera de ver la vida?
La literatura expresa quienes somos, es nuestro punto de vista sobre el mundo, nuestra síntesis personal. Yo sería otra si mi identidad no se hubiera formado en varios idiomas y en lugares tan diferentes, por lo tanto, escribiría de otra manera.

-La diplomacia siempre se ha asociado con un halo de lujo y glamour. ¿Qué opinas de ello?
Por desgracia hay un profundo desconocimiento en la sociedad de lo que es el trabajo real de un diplomático y de las renuncias que implica, los tremendos sacrificios personales y familiares que solo adquieren sentido para quienes tienen una real vocación. En el año 2011 publiqué una novela titulada “Cándida diplomática”: a pesar de ser una obra satírica que no pretende reflejar la realidad, sí desmitifica muchos tópicos y prejuicios y nos muestra una cara bastante más sombría de este trabajo.

-¿Es la carrera diplomática una carrera de hombres?
Las estadísticas nos indican que sí, lo sigue siendo: entre el 20 y el 25% de mujeres diplomáticas españolas actualmente. Mientras que en otros ámbitos (la medicina, la judicatura, etc…) hay no sólo paridad sino que a veces las mujeres superan numéricamente a los hombres, en la diplomacia somos minoría. No olvidemos de dónde venimos: durante el Régimen de Franco, para poder presentarse a las oposiciones de ingreso a la Carrera (además de ser mayor de edad, de nacionalidad española, licenciado o doctor) había que ser varón. Nuestro sistema jurídico ha cambiado tal vez más rápido que la sociedad: todavía se considera que es más fácil que un hombre arrastre a toda una familia de puesto en puesto, que el que eso mismo lo haga una mujer.

-¿Es posible conciliar diplomacia y literatura?
Conciliar” es siempre difícil, el día solo tiene 24 horas y tanto la diplomacia como la literatura son muy absorbentes. ¡Pero siempre me han parecido particularmente compatibles! La vida de cualquier diplomático está repleta de vivencias enriquecedoras. De hecho, muchos diplomáticos escriben y varios de los más grandes escritores de todos los tiempos han sido diplomáticos.  
¿Qué es para ti la literatura, qué temáticas te interesan?
La literatura es para mí una forma de interpretar la vida, una síntesis, una búsqueda, por lo que mis preocupaciones temáticas han sido siempre esencialmente filosóficas (el sentido de la existencia, la felicidad, la muerte, el tiempo, el amor, el alma…), unidas a un ideal de perfección formal y de belleza en la expresión.

¿Cuáles han sido tus grandes lecturas?
He tenido varias etapas: una muy francesa, otra muy rusa, una muy filosófica, otra lírica, una de leer sólo aforismos, otra de literatura de humor… Actualmente, me quedaría con Proust, García Márquez, Chéjov y Dostoyevski. Y en la mesilla de noche, libros de espiritualidad como la Bhagavad Gita.

- Este año 2016 has publicado la novela “Teresa. La mujer” con la editorial La esfera de los Libros. ¿Cómo definirías este libro?
Es una autobiografía ficticia de Santa Teresa. Tras la avalancha de publicaciones con ocasión del V centenario de su nacimiento, deseé ofrecer una síntesis. Imaginé a la propia santa en su lecho de muerte, rememorando su vida con total libertad y ofreciendo al lector una suerte de confesiones, un testamento espiritual. Es una novela histórica que nos ofrece una visión inédita de la santa de Ávila, acercándonos a la mujer de carne y hueso detrás de la leyenda, con sus pequeñas imperfecciones y su conmovedora grandeza.

-Como también mencionas en el prólogo, santa Teresa de Ávila ha hecho correr ríos de tinta. ¿En qué es diferente tu novela de lo que ya se escrito sobre ella?
A veces, los árboles impiden ver el bosque. Sobre Santa Teresa se ha escrito muchísimo, y ella misma tiene una obra muy extensa. Yo deseaba ofrecer una síntesis. Y mostrar aquello que queda oculto tras el exceso de información: la persona de carne y hueso, a menudo eclipsada por la luz de sus múltiples roles: monja rebelde, fundadora, escritora, mística, santa…, que nos impiden conocer al ser humano. Sobre todo, enfatizando el hecho de que nació mujer, en un siglo eminentemente patriarcal. 



-Ser una mujer fuerte en una época de hombres, ¿qué le supuso?
Rompió moldes y eso le supuso encontrarse constantemente en el centro de la polémica, generando la inmensa admiración de unos, y la hostilidad de otros muchos. Todos los que se han adelantado a su tiempo, o los que han sido brillantes o han tenido éxito en algún campo, son el blanco de los odios y las envidias. Teresa tuvo detractores, calumniadores, envidiosos, traidores…, enemigos poderosos que hicieron mucho ruido. Pero de ellos ya no sabemos nada: de esa “corte de odiadores” ya no queda ni el recuerdo. El tiempo siempre termina poniendo a cada uno en su lugar. Cinco siglos más tarde, aquí estamos hablando de ella, y cuanto más nos acercamos a su figura, más grande resulta. En ese sentido, en esta época nuestra que busca valores, Teresa es un gran modelo, nos muestra que hay que luchar por lo que uno cree, aunque el resto del mundo en un principio se oponga, y que la determinación y la perseverancia al final se ven recompensados.

-¿Por qué eligió Teresa ser monja?
Teresa de Cepeda y Ahumada deseaba servir a Dios, y nos consta su gran fe desde su niñez. Pero dudó mucho “qué estado tomar”. No abundaban las opciones para una joven del siglo dieciséis: sólo se podía elegir entre el matrimonio, o el convento (descartando esa tercera opción, tan poco atractiva, de quedarse en la casa paterna “a vestir santos”). Teresa temía el matrimonio, veía en él una forma encubierta de esclavitud. Pero era –citando su Libro de la vida- “enemiguísima” de ser monja. Terminó considerando que la vida conventual le concedería la libertad que ansiaba y ofrecería el marco adecuado para que su alma pudiera cuanto antes recibir a Dios. Una vez tomada la decisión, jamás se arrepintió, y en todos sus escritos se muestra agradecida de haber sido llamada por el Señor.

-¿Qué opinas de sus éxtasis, de esas “mercedes” que le concedía Dios? ¿Ha averiguado algo nuevo sobre ello?
Sobre ellos he encontrado interpretaciones de lo más variopintas: desde ataques de epilepsia a posesiones demoníacas, pasando por teorías de esquizofrenia, maniaco-depresión, energía sexual reprimida y amplificada, o simple histeria. Es decir: se ha tratado de reducirlos a algún desorden, alguna tara, para que la pequeña razón humana no se viera desbordada por su grandeza. Pero me parece revelador que esos éxtasis no ocurran únicamente en el cristianismo de esa época, sino que haya habido manifestaciones similares en todo el mundo y en todas las épocas, entre sufíes, judíos, hindúes…, y que todos ellos expresen lo inefable de un modo muy cercano al de nuestra santa de Ávila.

- En cuanto a estos “éxtasis”, ¿consideras que la Historia la ha retratado correctamente?
El siglo XVI y el XXI tienen distintos prejuicios. En el XVI, el gran temor de todos los que rodeaban a Teresa de Jesús era que sus éxtasis y demás “mercedes” que le concedía el Señor fueran en realidad trampas del Maligno. En el siglo XXI, si alguien comentara las visiones de todo tipo que ella tenía (ángeles, demonios, difuntos, espíritus de diversa índole), la tendencia sería a pensar que padece alucinaciones y algún problema grave de salud mental.

-En el prólogo afirmas que Teresa de Jesús ha sido “manipulada” por la Historia. ¿En qué sentido?
Cada época se ha apropiado a Santa Teresa y la ha hecho suya a su manera, tanto el poder político como la jerarquía religiosa. Y con el tiempo nos ha ido llegando una caricatura edulcorada, tergiversando cómo era ella en realidad: No era esa monja ñoña que mira al cielo con los ojos en blanco, no era una dulce y humilde santurrona. Era fuerte, inteligente, atrevida, valiente y guapa, y lo sabía. ¡Era una mujer de armas tomar! Una mujer adelantada a su tiempo, una revolucionaria, práctica y disciplinada, con un carácter fuerte, una voluntad de hierro, una inmensa capacidad de trabajo y de organizar, con los pies bien plantados en la tierra, la cabeza llena de proyectos y el corazón desbordante de amor divino. 

-¿Qué hubiera sido hoy Santa Teresa?
Los condicionamientos de una época histórica son inmensos, y Teresa es en gran parte una mujer de su tiempo. Pero una mujer con su fuerza interior sin duda habría hecho muchas cosas hoy en día, no habría podido pasar desapercibida. Era capaz de todo lo que se propusiera, y ¿quién sabe qué se le habría ocurrido elegir si hubiera sido educada como las niñas de nuestro siglo? Siempre tuvo fe y deseos de servir a Dios: podría ser misionera, o fundadora de una gran ONG, o tal vez alguien no muy distinto de la madre Teresa de Calcuta. Yo me la imagino erudita, porque su sed de saber no conocía límites y sufrió mucho de no poder acceder a la mayor parte de los libros, que le estaban vetados porque al ser mujer no le enseñaron latín, la lengua culta en el siglo XVI. Hoy en día sería viajera, ya entonces se recorría toda la península fundando conventos, y se advierte a veces en sus palabras un puntito de amargura cuando sus hermanos parten para las Américas: ¡¿quién sabe si no le tentaría la diplomacia?! Como escritora es inimitable, y sin duda en nuestra época, con menos cortapisas, legaría también una obra maravillosa.

-¿Cómo se relacionó Santa Teresa de Jesús con la Iglesia de su época?
Su espiritualidad es más íntima de lo que la Iglesia de la época recomendaba. Más allá de las normas y los ritos, ella privilegiaba la oración verdadera como la vía real para llegar a Dios. Consideraba que sólo a través de la oración se puede abrir el castillo interior de nuestra alma, y sólo ahondando en ella, llegando a niveles cada vez más profundos, logramos ir atravesando una a una las distintas moradas del castillo hasta llegar a la última, donde nos aguarda el Esposo y acontece la unión divina. Santa Teresa fue muy crítica con la Iglesia de su época, con la hipocresía y la corrupción que percibía en ella, con su degradación moral. Y su visión de la espiritualidad fue percibida por la jerarquía eclesiástica como un peligro, su oración interior se aproximaba peligrosamente al protestantismo y a la secta mística de los alumbrados.

-¿Por qué elegiste escribir sobre Santa Teresa? ¿Qué te llamó la atención de este personaje histórico?
Teresa de Jesús es una gran escritora. Su obra es extensa y muy bella, sus poemas son desgarradores, conmovedores, atemporales, como lo es toda gran literatura, es una de las cimas universales de la literatura mística. Como escritora, siempre la he admirado, y lo primero que me atrajo de ella fue la belleza de su pluma. Pero profundizando más en el personaje, descubrí a una mujer fascinante, que no era como yo esperaba, no era lo que nos enseñan en los manuales del colegio ni en los libros de historia.
Lo que más admiro en ella es la voluntad: una voluntad infinita, capaz de mover montañas, y de hacerlo a pesar de estar enferma. El hecho de que su salud fuera siempre tan precaria me resulta particularmente admirable y conmovedor.
                               
-¿Has descubierto algo nuevo de ella?
Parece que sus contemporáneos veían en ella muchos defectos, y de esos hablo con particular cariño en la novela: tenía un puntito de vanidad, de honra, de desear ser apreciada, de gustar. Fue coqueta, y disfrutaba gustando, maquillándose, perfumándose… Ella misma, en su autobiografía, se arrepiente de ello con gran severidad. Tenía lo que hoy llamaríamos “un gran ego”, era orgullosa, testaruda. Le reprochaban ser excesivamente libre, no comportarse con la sumisión que se esperaba entonces de una mujer, actuar como si fuera varón. Y, según sus contemporáneos, reía y cantaba demasiado, y esa alegría les resultaba sospechosa. A mí todos esos rasgos me la hacen más cercana y entrañable, no los considero defectos.

¿A quien va dirigido el libro, a quién lo recomiendas?
Es para todos. Al ser Teresa el gran personaje histórico que fue, y al ser tan polifacética, sabe seducir también hoy en día a todos los que se acercan a ella, hombres o mujeres, de cualquier edad, y sean cuales sean sus creencias religiosas. Además, la edición de La esfera de los libros está muy cuidada estéticamente.






viernes, 25 de abril de 2014

Stanislao Dzwisz: “He vivido con un santo”: Juan Pablo II








Julia Sáez-Angulo


            Fue secretario personal del papa Juan Pablo II  desde 1963 a 2005 en falleció el pontífice. Stanislao Dzwisz (Polonia, 1939) siguió los pasos evangélicos de un papa magno que va a ser canonizado el próximo domingo de la Misericordia, 27 de abril. Lo conocía muy bien y con él el papa polaco pudo practicar su lengua dentro de la Santa Sede. Junto al periodista Gian Franco Svidercoschi ha hecho el libro He vivido con un santo, publicado en la editorial La Esfera de los Libros.

            La traducción del italiano al español corre a cargo de Itziar Hernández.

            “He vivido con un santo, O, al menos, durante casi cuarenta años, cada día, he visto de cerca la santidad como siempre he pensado que debía ser. La he visto en este hombre, Karol Wojtyla, por la relación tan íntima, tan llena de misterio, que tenía con Dios. Por la fortaleza y la transparencia de su fe. Por la valentía con que atestiguaba la verdad de Cristo y el valor de la vida. Y por el amor con que se acercaba a cualquier hombre, a cualquier mujer, respetando su dignidad independientemente del color de su piel, su raza o su fe religiosa”, dice textualmente el autor en el libro.

            Juan Pablo II fue un pontífice que vino de fuera de Italia, rompiendo la tradición habitual. Su tarea pastoral ha sido larga por el más de centenar de viajes que ha hecho por el mundo, por su tarea incansable de defensa de los derechos del hombre, lo que acabó llevando a la caída del telón de acero para los países del Este de Europa.

            El autor del libro afirma en el prólogo sobre Juan Pablo II: “He visto, esta santidad, en la pasión evangélica con que karol Wojtyla buscaba que la Iglesia volviese a ser una familia, una casa acogedora en el signo de la misericordia, de la comunión, de la unidad en la multiplicidad de carismas, de dones”.

            “Con los años he visto una santidad señalada constantemente por la cruz como lo había estado por los demás la existencia de Karol Wojtyla desde su juventud”, añade Stanislao Dzwisz.


            El libro, bien traducido, que tiene 180 páginas, se lee con facilidad porque es ameno, de la mano del periodista que le da forma. La portada muestra un retrato del papa con Stanislao Dzwisz, que fue nombrado sacerdote primero, obispo y cardenal después por el mismo papa santo, Juan Pablo II.


martes, 23 de noviembre de 2010

“El Duque de Lerma” y la corrupción en la España del siglo XVII



"El Duque de Lerma”
Alfredo Alvar Ezquerra
Editorial “La Esfera de los Libros”
Madrid, 2010 (664 pags)



Julia Sáez-Angulo


“Corrupción y desmoralización en la España del siglo XVII” es el subtítulo de esta espléndida biografía “El Duque de Lerma”, escrita por Alfredo Alvar Ezquerra y publicada por La Esfera de los Libros. Una vida y una época que nos traen en cierto paralelo, al menos analógico, con lo que sucede en n la actualidad del país.

Don Francisco Gómez de Sandoval (1553-1625), el Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, en plena dinastía de los Austrias, llegó a ser un hombre muy poderoso, que se enriqueció sobremanera y para ello estableció una terrible red de corrupción. Era el verdadero gobernante de ese período que lo tuvo al frente.

De nada sirvió que naciera en una familia al servicio de la Corona, pues su objetivo fue enriquecerse sin límite y esquilmar a los súbditos, al tiempo que dejó se ser leal con el rey que le confío el gobierno de sus asuntos. Amasó la mayor fortuna del momento y ese dato es elocuente de su actuación, ya que venía de una familia de pocos recursos.

Que la política enriquece nadie lo duda, pero hay extremos que son de un descaro y desfachatez que dejan sin habla. Fue el caso del Duque de Lerma, el caso de algunos políticos españoles que llegaron al poder con los bolsillos vacíos o un reloj de pulsera y su patrimonio comenzó a subir como la espuma desde su poltrona remunerada.

Lerma fue una suerte de psicópata que, por un lado acumulaba bienes y, por otro, buscaba el perdón de Dios. El colmo fue pedir el capelo cardenalicio para dominar el otro poder que le quedaba ajeno: el eclesiástico. La propia reina llamó la atención del rey ante tamaño personaje codicioso como el Duque.

Rodrigo de Calderón, otro personaje clave

Curiosamente se acaba de publicar otra biografía “Rodrigo Calderón, la sombra del valido” con el subtítulo privanza, favor y corrupción en la corte de Felipe III (Marcial Pons Historia; Madrid, 2010) de Santiago Martínez Hernández, que abunda en el mismo tema. Calderón fue hombre clave del Duque de Lerma. Un hombre que cayó, ejecutado en 1619, a la caída del valido.

España va ganando en la publicación de buenas biografías, a la manera inglesa. “El Duque de Lerma” es un ejemplo llevado a cabo por Alfredo Alvar Ezquerra (Granada, 1960), académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y experto en el período histórico del Siglo de Oro español.

La biografía se abre con una cita de Miguel de la Cerda al conde de Portalegre: “Los virtuosos, como desprecian honras y vanidades y se contentan con poco, viven de ordinario en sus casas apartadas de las inquietudes de la Corte”. A esta le sigue otra de “Don Quijote”:

Yo le prometo (señor Don Quijote) que no me falte a mi habilidad para gobernarle, y cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombes en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que les dan, sin preocuparse de otra cosa”.



domingo, 21 de marzo de 2010

Yagüe, un General controvertido en la España de Franco, biografiado



“Yagüe El general falangista de Franco”
Luis E. Togores
La Esfera de los Libros
Madrid, 2010



Julia Sáez-Angulo

El autor Luis E. Togores Sánchez, doctor en Historia Contemporánea y profesor universitario, se ha especializado en la Historia Militar de España y ha llevado a cabo las biografías de “Yagüe El general falangista de Franco”, “Millán Astray Legionario”, “Muñoz Grandes, Héroe de Marruecos, general de la División Azul” y “La División Azul”. Las fotografías de una historia”, este último junto a Gustavo Morales. Todos estos libros se han publicado en La Esfera de los Libros.

“Yagüe El general falangista de Franco” se ocupa de uno de los personajes más ligados a Francisco Franco durante la contienda de 1936 – 39. Ambos fueron compañeros de promoción y amigos. No olvidemos que Yagüe fue legionario de la guerra de Marruecos y comandante de las tropas africanas durante la sublevación de Asturias.

El general Yagüe fue clave como comandante del ejército sublevado en Extremadura y durante la prolongada batalla del Ebro. Fue el mejor táctico del Alzamiento Nacional. Se creó contra él una la leyenda negra que desembocó en el epíteto de “El carnicero de Badajoz” porque fue el responsable de la entrada de tropas en Extremadura. No es así, dice el autor del libro y mucho menos el infundio de que toreó a los presos en una plaza de toros.

Fue nombrado Ministro del Aire


Después de la guerra civil española, el general Yagüe fue nombrado ministro del Aire y conspiró para que España entrara a favor de Alemania en la II Guerra Mundial sin conseguirlo. En Burgos combatió a los maquis. Era un falangista convencido que trató al fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera.

El profesor Togores, ha investigado en el rico archivo del general Yagüe, compuesto de más de veinte mil cartas, diarios personales, informes confidenciales, hojas de servicio y diversa documentación secreta o confidencial. Un archivo por el que han disputado mucho sus herederos en los tribunales. El autor pudo consultarlo antes de entregar la custodia del mismo a Estado español.

El autor de “Yagüe El general falangista de Franco” arranca datos muy humanos del personaje en los archivos, atendiendo las cartas y solucionando los problemas que en ella se plantean de ciudadanos que le escriben para pedirle favores sobre familiares en la cárcel o en situación difícil. Su sentido de la compasión está presente en estos casos. En suma, un personaje contradictorio. Un ser humano.

El profesor Togores es actualmente secretario académico del Instituto CEU de Estudios Históricos

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jueves, 25 de febrero de 2010

"Joyas Reales, Fastos y Boatos", espléndido libro de Mateos y Sampedro

“Joyas Reales, Fastos y Boatos”
Ricardo Mateos Sáinz de Medrano
y José Luís Sampedro Escolar
Prólogo de la princesa Miriam de Bulgaria




Julia Sáez-Angulo


No es la primera vez que los autores abordan el tema de la apariencia y la imagen de la realeza a través de las joyas, ese Banco especial de inversiones en piedras y metales preciosos que constituyen un gran patrimonio para las familias reinantes (también para el resto de ciudadanos si las tienen) a la vez que constituyen objetos ornamentales que señalan su posición y poder económico.

Las Joyas de la Corona Española han sido estudiadas anteriormente por estos autores. Ahora, en el volumen “Joyas Reales, Fastos y Boatos”, editado por La Esfera de los Libros amplían el tema al llegar y comparar los joyeros reales de las viejas dinastías europeas, reinantes o no, así como los ceremoniales y protocolos que llevan a la exhibición de los joyeros y presencias heráldicas.

El libro, curiosamente, va dedicado “A la memoria de SS.AA.RR. doña Beatriz y don Alfonso de Orleáns, infantes de España, quienes hace cien años contrajeron matrimonio por amor sin fastos y renunciaron a sus joyas para adquirir ambulancias que mitigasen el dolor de las víctimas de la Guerra y para asistir a las parturientas de Sanlúcar de Barrameda”.

El prólogo de la princesa Miriam de Bulgaria, que sabe de joyas porque obtuvo la representación de una firma italiana, escribe el prólogo en el que destaca la excepcionalidad de las piezas mostradas en el libro “Joyas Reales, Fastos y Boatos”, “debida a su elevado precio y rareza, motivo que en ocasiones se reservase su uso, por ley o por costumbre, a personas privilegiadas y escogidas como monarcas, sacerdotes, héroes militares o deportivos...”

“Las joyas tienen una presencia constante en la historia. Las crónicas, los mosaicos y las miniaturas nos han dejado pálidas muestras del lujo con que se ataviaba Popea, la mujer infame del infame Nerón, o Teodora, que en Rabean aparece deslumbrante junto al igualmente deslumbrante Justiniano”.

“La obra que se presenta al lector –continúa Miriam Ungría- es una fugaz mirada a la puesta en escena de las cortes de Europa en los últimos siglos, desde 1804, fecha en que Napoleón se coronó como un César de la antigua Roma, hasta nuestros días. A mitad de ese camino cronólógico, hasta 1918, prácticamente toda Europa era monárquica y, en 1913, desde Lisboa hasta San Petersburgo y desde Atenas a Estocolmo, las catedrales y los salones palatinos servían continuamente de escenario para la representación de coronaciones, bodas, funerales, bailes y presentaciones de credenciales en las que los refulgente uniformes bordados de los embajadores y los chambelanes cubiertos de esmaltes...”

Piezas importantes en Museos y Joyerías

En suma, el libro de Ricardo Mateos Sáinz de Medrano y José Luís Sampedro es una hermosa divulgación ilustrada de la historia con las joyas como hilo conductor. Las firmas de los joyeros y artífices como Garrar (Londres), Fabergé (San Petersburgo), Musy (Turín), Mellerio, Lemonnier y Cartier (París) y tanto otros, figura como artistas, en un género que ya no es considerado menor. Los grandes museos cuentan con ellas.

Las ilustraciones de “Joyas Reales, Fastos y Boatos”, en color o blanco y negro para las históricas, documentan profusamente al lector que disfruta con el paso de las páginas y los contenidos de las mismas.

España, a diferencia de Inglaterra, apenas tiene joyas de la Corona, ya que los Borbones tuvieron siempre un sentido muy patrimonial de la Monarquía. Sólo la Reina Victoria Eugenia –venida de Inglaterra- tuvo el buen criterio de establecer las llamadas “joyas de pasar”, que irían de los reyes de España a sus sucesivos herederos en el trono, siempre como patrimonio privado.

Son muchas las joyas de las viejas familias reales las que hoy figuran en los museos como la de los Von Taxis de Alemania en la Sala Apollon del Louvre. El tesoro del Delfín Felipe V está en el Museo del Prado, etc. Algunas joyerías privadas también cuentan con algunas piezas procedentes de la realeza como la de Consuelo Sierra en Madrid.

De Carmen Cervera, baronesa viuda de Thyssen-Bornemisza, se sabe que no suele figurar en la lista de las mujeres mejor vestidas, pero ciertamente sí lo está en la de mejor enjoyadas porque su fondo en este campo es espléndido.