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lunes, 14 de julio de 2025

EL CASTILLO DE CARACENA, joya medieval de Soria, "Gigante en peligro" de deterioro y destrucción. Proyecto de restauracion

Castillo de Caracena (Soria)


L.M.A.

14/7/25.- Madrid.-  El castillo de Caracena, joya medieval de Soria, un gigante de la historia, se encuentra en peligro de deterioro y destrucción, por lo que se ha llevado a cabo un proyecto de restauración, iniciativa de preservación patrimonial y revitalización rural. El objetivo es recuperar esta fortaleza medieval y ponerla en valor como espacio cultural, turístico y social.

    La intervención durará 5 años (2025-2029) y se dividirá en tres fases: consolidación estructural, rehabilitación de los espacios y restauración de la barrera artillada y el entorno.

    El equipo detrás del proyecto no es nuevo en Caracena. Hace más de 40 años, se participó en la restauración de la Iglesia de San Pedro, una obra que permitió conocer de cerca el valor patrimonial de este pueblo soriano.

    Desde entonces, han sido testigos del abandono que sufre el patrimonio. El Castillo de Caracena, uno de los elementos más valiosos de la zona, lleva décadas deteriorándose sin que se hayan tomado medidas para su conservación quedando en el olvido. 

    Frente a esta inacción y ante el riesgo de pérdida irreversible, se ha decidido impulsar este proyecto de forma independiente. Se quiere frenar el deterioro y devolver al castillo el lugar que merece en la historia y en la vida del pueblo.

    Más información

https://www.stockcrowd.com/standard-6f3ce523-8a96-4638-81b2-a49008bc3870

miércoles, 16 de marzo de 2011

“Machado y Soria” de mi tío F.M. MORAL



“Machado y Soria” de mi tío F.M. MORAL
Obra pictórica
Soria, Marzo, 2011



Manuel Moral Roca


Hace un tiempo mi tío Paco me invitó a su estudio para que viera una composición pictórica que estaba pergeñando desde el fondo de sus sueños y con la realidad de los versos de Antonio Machado sobre la tierra soriana como punto de comienzo. Los bocetos a carboncillo, o con óleos, o con acrílicos llenaban las mesas, las paredes y algunas sillas que servían de improvisados bastidores. Parecían florecer o esconderse unos de otros según mi tío iba leyendo algunas partes de los cantos machadianos. La idea creativa a hacer estaba clara en la palabra y en la mirada del que en aquellos momentos me exponía sus irrefrenables deseos junto con una pasión desbordada desde una única ilusión.

Y el tiempo pasa, como siempre, pero ahora, en este momento, se me vienen las sensaciones que me movieron y me conmovieron una tarde lluviosa en el estudio de Jaén de mi tío.

Muchas veces la pretenciosidad por explicar algo, ya sea lo que sea, mata ese algo, sin embargo lo que aquí escribiré es una simple reflexión, mi meditación, ante un hecho que nace de un intimo concepto; la creación de un tema pictórico, con toda su historia y su vida cultural, algo determinante en lo que es el pensamiento que más tarde dará una realidad nueva, compleja o no, para llegar al fruto, estético o no, deseado, aunque éste haya experimentado una profunda mutación desde su génesis.

Pero el tiempo ya está aquí. Ante mí tengo la composición “Machado y Soria” y la verdad es que estoy sorprendido y es así porque más allá de lo que cada uno sintamos por las palabras del poeta y de la técnica del pintor, el furor de la obra es tanto más vivo porque en ella observo la idea de un hombre libre y el sobresalto de su pensamiento esencialmente idealista. La naturaleza brota en la pintura y no olvidemos que lo primero que educo al hombre es esa misma naturaleza en la que se conjunta la Belleza que desde que la historia antigua, sin divisiones más o menos regladas, engloba todo aquello a lo que luego se le fue poniendo nombres.

La composición que veo y saboreo es en sí misma una arquitectura, una música, una escultura, una danza, un llamamiento a lo que se puede llegar, hacer realidad en virtud de un ahínco paciente e individual con el propósito de llegar a ser libre. No basta con sentirse. Es por ello, que en cada parte de “Machado y Soria” se me antoja una curiosidad siempre alerta, un enardecimiento casi juvenil a la llamada de la sutiliza, de la vivacidad de los sentidos y una valentía del autor para metamorfosearse en sencillas o complicadas etapas del proceso creativo y por esto de su propia vida, actitud que revela algunos elementos mollares de su formación intelectual y estética, aunque al expresarlo en un solo conjunto – obra – vaya a contracorriente de la significación cultural que aborrega y alinea la Europa de hoy, es decir, a la reducción artística sin más, olvidando que todo hecho intelectual está en relación directa con la complejidad de lo que vive y bien sabemos que es mucho lo viviente.
Otro vértice que me dibuja “Machado y Soria” es la psyjé griega o “alma sensitiva”, que en relación con lo que dije antes se me manifiesta, de forma velada, en las actividades más humanas; hablar, hacer, amar, habitar. Palabras estas que Machado engrandece en sus versos y que mi tío vuelca en su pintura al señalárnoslas de modo sencillo pero no por ello menos contundente. Y para explicarme haré un paseo por la composición:

Si nos atenemos a una fecha de creación para esta obra, bien pudiéramos retroceder unos cuarenta y cinco años, ya que entonces el pintor se ofreció para hacer un proyecto arquitectónico para la ciudad de Soria. Quizás fuera su primer encuentro con la ciudad del Duero, pero el hecho en sí no deja de ser anecdótico.
Aquí, ante estas pinturas – una en todo el conjunto - empezaremos con una simbiosis entre las palabras de Antonio Machado, Soria en sí y los pensamientos que Francisco Moral interioriza para luego, en un ejercicio de necesidad expresiva, hacerlos emociones y mostrárnoslos aquí, en esta composición que compartimos. Pero sin más, me meteré en la obra; al ver el conjunto, quizá se nos pase por alto el soporte sobre el que Francisco nos propone sus pinturas. El hecho de escoger tablones de madera de espíritu envejecido no es casual y ello nos indica una búsqueda de materiales pasional y a la vez lúcida, por lo que la elección del sostén se convierte en un “magister” al conciliar una experimentación renovada con un impulso alborotador. Desde luego si nos detenemos en la parte central del conjunto, vemos un tablón totalmente negro - alma de Antonio -. Un negro matizado con una textura que nos lanza al mundo machadiano con sus pálpitos, sus soledades y también, porque no decirlo, de sus apatías como fruto de la época española que vivió. Una vez visto esto, y entrando en la composición pictórica, ésta me parece rompedora, pues el pintor jienense cruza el umbral que existe entre pintar las cosas tal y como uno las ve y representar lo que conoce de ellas.
En este caso y sin obviar que el pintor sabe y entiende in situ a las tierras sorianas, es evidente que aquí, en esta su pintura, lo que hace es mostrarnos una naturaleza soriana acorde con los versos de un Antonio que incorpora la Naturaleza como un elemento fundamental de sus letras, algo que no es habitual hasta su llegada a Soria. Así en las primeras tres pinturas, me asomo y siento las fuerzas que, desde lo árido y frío, me vienen para quedarse, pasando por colinas y cerros a las florecillas blancas y, arrancando el velo del tiempo, la pintura de Francisco empapa la mirada de infancia – primavera – como inicio de posibles sueños; “abejar, pastar, humear ramas, perfumar”, dice Antonio.


Un peldaño más figurativo



En un segundo paso me encuentro con un peldaño más figurativo en el que Francisco, después de dejarnos descritos los paisajes por los que Antonio abandona su mundo interior y se hace al exterior, opta por expresar, a través de algunos símbolos de unos hombres sufridos y rudos, sus meditaciones sobre un pasado que ha engendrado un presente al que desea un futuro mejor: el cesto, la nieve, un hosco ceño, el golpe de un hacha sobre el leño.- frente hendida de negro -, nos avisa el pintor.

Después de subirme al castillo y de sentirme en tierra de místicos y de guerreros, doy un tercer paso y me encuentro con las colinas plateadas, con los alcores grises, con el trazo del Duero escondido – quizá porque aquí Francisco nos esconde la adusta mirada de Antonio – para luego humanizar el paisaje con esos álamos coloridos, regados por las aguas del Duero y por la lluvia atronadora de las palabras de Antonio en los colores, en los trazos y en esta composición pictórica. Aquí, en esta parte tan singular de la obra, siento que el eco del escritor – que también será mañana – es cogido por el pincel del pintor y, en un acoplamiento casi impúdico, los dos se someten a lo que se quiere decir en un mismo instante, aunque éste sea engendrado en diferentes periodos por el capricho de una voz y por el entusiasmo de una mano.

Y así, llegando al final de este paseo pictórico, me encuentro con la parte del camino más sugestivo y al mismo tiempo más emocionante e incitador; - “¡Oh sí! Conmigo vais, campos de Soria, /………/ Me habéis llegado al alma, / ¿o acaso estabais en el fondo de ella? – y en respuesta feroz a estos versos maximalistas con ribetes románticos, la pintura se hace hueco redondo por un presentimiento que sin más se hace jirones por la insatisfacción de la pregunta utópica que aparentemente aparece sin duda, ya que la sensibilidad de Francisco opera una elección – su elección – de la voz de Antonio, rompiendo cualquier frontera entre lo personal y lo real. Es por ello que el pintor en este final de su composición se hace creación y acepta – nos invita a seguirlo – que sólo tendrá sentido su creación cuando él mismo se la otorgue, en este caso, con su propio sentimiento pictórico.

Y me marcho de esta composición de Francisco con el sosiego de haber caminado entre su pincel y la voz de Antonio - un fenómeno de representación en pintura que se descompone en sus elementos primarios - con la certidumbre sabida de asistir a un encuentro - Soria, Duero, Antonio y Francisco – como recompensa de una conjunción comprensible de una problemática intelectual y de una insolente seducción. Con estas mis palabras, animar, a todas las gentes que se asomen a esta obra pictórica de Francisco Moral Moral, a descubrir tan excepcional y mágico encuentro.

Pues bien, una vez intentado un leve apunte de la obra, espero que los fundamentos de toda expresión, artística o no, eso lo dejo a los expertos que de todo saben, pero sí cultural, se hayan asomado por estas líneas. Por si así no fuera, los pilares a los que me refiero son: hablar y comunicar. Lo que quiero decir es que “Machado y Soria” no se limita a la trasladar un mensaje, que por otra parte es subjetivo, sino que establece un vinculo existencial entre personas vivas, de las que cada una toma conciencia de un yo particular, único y que desde él la cultura solicita, desde su origen, la intención a lo universal. Un yo al que por formar parte de una sociedad o comunidad hemos olvidado con demasiada facilidad, sea por la comodidad o por el nihilismo del individuo tan extendido y tomado incluso como el nuevo fideísmo de estos tiempos en el opulento y mal llamado mundo occidental.
Pero me estoy yendo de la obra, aunque poco más puedo decir.

Aunque aquí, delante de las pinturas de “Machado y Soria”, vuelvo a escuchar versos, a recordar paisajes y tiempos que me ultiman en unos pensamientos y en unas sensaciones que me imponen un dialogo a lo abierto de la libertad creativa sin miedo a la singularidad del individuo. Me parece, siento, que “Machado y Soria” me invitará a más charlas y hará que dialogue con nuevas visiones a través de mi vida y si respeto a muchos creadores, afamados o no, reconocidos o no, es precisamente por las innumerables llamadas que me hacen para seguir hablando a pesar que el tiempo haya comenzado de nuevo su impagable camino.

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lunes, 14 de marzo de 2011

FM. MORAL INTERPRETA EL PAISAJE DE SORIA



M. Dolores Gallardo López 

    14.03.11.- En Soria se presentó el pasado 11 de marzo la Exposición A Machado y a Soria del pintor jienense FM. Moral. La inauguración estuvo presidida por D. Jesús Bárez Iglesias, Concejal de Cultura del Exmo. Ayuntamiento de Soria. El escultor Juan Moral es el Comisario de la muestra. Familiares y numerosos amigos del pintor se dieron cita esa tarde en las hermosas salas del Palacio de la Audiencia, donde la exposición permanecerá hasta el día 31 de este mes. 
     Esta exposición muestra la interpretación del paisaje soriano que el pintor hace a través de los textos poéticos de Antonio Machado. Según cuenta el pintor su primer contacto con Soria fue hace más de 45 años, en su etapa de estudiante en Madrid. Muchos años después, en 2007, tras un viaje para enseñar Soria y sus alrededores a su esposa e hijas, le surgió la idea de interpretar el paisaje soriano en un homenaje conjunto a la ciudad, a sus campos y al que ha sido su más importante- que no único- cantor: Antonio Machado. Dicho y hecho: en 2010 estaban acabados los cuadros que hoy, cumpliendo su sueño, presenta en Soria. 
    El motivo que los ha inspirado son los nueve poemitas que integran Campos de Soria, incluido en la obra Campos de Castilla, segundo libro de poemas de Machado, publicado en 1917. El soporte de la pintura son tablones, de siete centímetros de espesor, de madera envejecida por todos sus lados. La elección de ese soporte pretende ser un homenaje a la propia Soria, a sus añosos y envejecidos chopos y álamos. La exposición tiene un tema central titulado ¡Machado!. Alrededor de este tema central y formando con él unidad, se incardinan diferentes paisajes sorianos. 
     El tema central ¡Machado! es un tablón gran formato en color negro, con diferentes texturas. La pintura está trabajada con las manos, sin ningún otro instrumento. La composición pictórica en esta obra es ciertamente original: En el centro vemos la representación que el pintor hace del alma del poeta: alma herida, alma dolorida por sus circunstancias personales, pero también- ¡qué duda cabe!- por las de la época que le tocó vivir. 
     Las restantes obras se engarzan con el tema central, para conformar una sola y única composición. Muestran la naturaleza que rodea Soria de acuerdo con las palabras que Machado ha desgranado sobre ella. Pese a que el pintor conoce por sí mismo la realidad soriana, prefiere acoplarse a las palabras del poeta. FM. Moral interpreta los campos, bosques, roquedales y colinas sorianos inspirándose en los versos de nueve composiciones que conforman el poema Campos de Soria,incluido en Campos de Castilla: Es la tierra de Soria árida y fría. Por las colinas y las sierras calvas, verdes pradillos, cerros cenicientos, la primavera pasa. Dejando entre las hierbas olorosas Sus diminutas margaritas blancas. (de Campos de Soria, I) O
He vuelto a ver los álamos dorados, álamos del camino en la ribera del Duero, entre San Polo y San Saturio tras las murallas viejas.
(de Campos de Soria, VIII) Machado, con versos tan limpios y hermosos como esos, supo hacer ir más allá de la realidad del paisaje soriano y lo transfirió al Arte literario. 
     Esas descripciones literarias son las que FM. Moral, enamorado de las palabras del poeta, ha traspasado a su pintura. Las colinas plateadas, los alcores grises, los álamos revestidos de colorido otoñal que se reflejan en las márgenes del río. Todo ello es mostrado por la paleta de FM. Moral de una manera idealizada, casi lírica. ¿De dónde procede esa idealización?
 La respuesta, en mi opinión, es clara: del propio poeta. En efecto, los paisajes sorianos que transmite los versos de Machado no son una descripción, sino una interpretación; muchos de los poemas en los que aparecen los escribió el poeta cuando ya vivía en Baeza, es decir desde el recuerdo emocionado de un tiempo querido que ya se fue. 
 El paisaje de Soria siempre estuvo ahí, pero Machado -también otros poetas: Bécquer, Gerardo Diego- lo ha elevado a la categoría de Arte, ha trascendido su imagen meramente fotográfica quintaesenciando los temas, utilizando las palabras adecuadas que transmiten su esencia. Algo parecido ocurre en la pintura idealizada, casi lírica, de FM. Moral. Sus trazos y colores nos transmiten una selección de imágenes pero en esas imágenes la realidad del paisaje soriano está doblemente trascendida: primeramente por la palabra de poeta, después por el pincel del pintor. 
    Acoplamiento diferido en el tiempo de una misma realidad: la que el poeta sintió, con frecuencia dolorosamente, y la que la mano del pintor, enamorado de las palabras de Machado y tomándolo como guía, traza de esa misma realidad. El lirismo sosegado de la pintura de FM. Moral transciende en cada una de las pinceladas que conforman las imágenes de sus cuadros en los que se fusionan, ya lo hemos dicho, elementos distintos: los que con su palabra transmitió el poeta y los que la mano del pintor transmite.

miércoles, 26 de enero de 2011

Amparo Ruiz de Ayllón expone una muestra titualada "Mariposas" en la Casa do Brasil en Madrid



“Mariposas”. Exposición de Dibujos,
Esculturas e Instalación
Amparo Ruiz de Ayllón
Casa do Brasil
Avda Arco de la Victoria 7n
28040 Madrid
Del 3 al 20 de febrero de 2011




Julia Sáez-Angulo



Después de dos años de su última comparecencia con una exposición de esculturas en mármol llevadas a cabo en Portugal, Amparo Ruiz de Ayllón (Ayllón, Soria), una artista residente en Madrid desde hace dos décadas, vuelve a mostrar sus últimos trabajos en la Casa do Brasil de Madrid.

Amparo R. de Ayllón se siente sobre todo escultora, pero como buena artista trabaja igualmente otros géneros de distinto material y soporte como el dibujo, la pintura, el collage, la instalación... Esta exposición da fe de ello. El mármol, lienzo, papel, madera, textiles, hierros, filamentos, o pigmentos dan cuerpo, forma, cromatismo y hálito a la obra de arte.

Una serie de reposteros con cretonas floreadas, panas, hilaturas y otros materiales demuestran la habilidad artística de esta ewscultora para manipular los materiales textiles. “Los años pasan y se pierden fuerzas ante la piedra –explica la escultora- y aunque sigo con ella, también abordo otras experimentaciones que me han dado una gran satisfacción.


“Mariposas” es el título de esta serie de dibujos en los que la mujer cobra el valor de icono fundamental, de alegoría eterna; un título que se hace extensivo a toda la muestra. Los rostros de mujer componen un mosaico o alfabeto básico de emociones, sentimientos y pensamientos de la autora. Las mariposas son el vuelo o nexo de estas mujeres, que sin duda son la misma mujer en un despliegue constante de expresiones: misterio, seducción, melancolía, enojo, menosprecio, reflexión, ensimismamiento, nostalgia...


El dibujo es siempre una idea pura, germinal... la expresión inmediata de la creatividad plástica. Hoy el dibujo se ha vuelto también obra de arte mayor, rotunda, definitiva. Amparo Ayllón se siente a gusto en esta disciplina.


Por último una sorprendente instalación: “Coro musical”, compuesta de nueve piezas con la que Amparo R. de Ayllón quiere ofrecer un homenaje al compositor musical Pedro Vilarroig. Las artes siempre se relacionan, dialogan y enlazan; en este caso, la escultura y la música. Madera oscura y páginas de libros, acariciadas por la pátina del tiempo, perfilan figuras que sólo esperan las notas musicales de una partitura del compositor homenajeado. Vilarroig mira atento desde el retrato resuelto en blanco, negro y grises, que figura en la exposición.

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