viernes, 15 de febrero de 2013




Gema Hernández Carralón, jefe de Museo de la Biblioteca Nacional de España



GHC-5.jpgGema H. Carralón


Julia Sáez-Angulo


Licenciada en Geografía e Historia (Sección Arte) por la Universidad Complutense de Madrid  (1989) y Magíster en Biblioteconomía por la misma universidad (1991), Gema Hernández Carralón ha trabajado en diferentes tipos de bibliotecas especializadas (Biblioteca del Congreso de los Diputados, Biblioteca del Museo de Ciencias Naturales, Biblioteca del Instituto Geográfico Nacional, Biblioteca del Instituto Cervantes de Nápoles, Biblioteca de la Universidad Carlos III, Área Empresa). En 2000 ingresa en el Cuerpo de Ayudantes de Bibliotecas, Archivos y Museos, con destino en la Biblioteca Nacional, y en 2003 en el de Facultativos de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, sección Bibliotecas. Desde 2004, desempeña la jefatura de Museo en la BNE habiendo coordinado y dirigido toda la fase de su última renovación.
Hernández Carralón es Secretaria de la Asociación Profesional de Museólogos de España (APME) y editora y miembro del consejo de redacción de la revista Museo desde 2007. Ha accedido a la siguiente entrevista:

¿Qué es el Museo que usted dirige en la Biblioteca Nacional de España?

El Museo de la BNE se concibió como un espacio expositivo desde el cual poner en valor y difundir las colecciones e historia de la Biblioteca. Por una parte, mediante una gran exposición permanente y por otra con una serie de exposiciones temporales de diferente tipo, desde las de la Sala de las Musas, a otras menores relacionadas con actividades como la pieza del mes, el Día de los Museos, la Semana de la Ciencia y otras convocatorias.

Además desarrollamos toda una oferta de programas públicos y educativos vinculados sea a la exposición permanente o a las temporales. En general, nuestra seña de identidad dentro de la Biblioteca es ser el único espacio accesible para todos los públicos: escolares, familias, lo que no significa que estudiantes universitarios y público adulto en general no puedan encontrar en estas salas una actividad o una exposición de su interés. Y esa es, a decir verdad, la mayor dificultad con la que lidiamos en nuestro día a día: es cierto que cada actividad tiene unos destinatarios predeterminados, pero la exposición ha de encontrar un discurso válido para todos los públicos. Y eso no es sencillo de hacer.

¿En qué se diferencia del anterior?

No nos gusta hablar de dos museos diferentes. Más bien de dos etapas diferentes y, coincidiendo con ellas, diferentes museografías y discursos expositivos. Esta fase es 'más humana' y más sostenible desde todos los puntos de vista. Apuesta más por la didáctica experimental y por las actividades en lugar de confiar tanto a la interactividad. Es tal vez, si se quiere, un montaje menos impactante de lo que era en su día el Museo Interactivo del Libro, menos ambicioso, más “sensato”, pero también por ello más dinámico y con mejor porvenir. El espacio de exposición en esta nueva etapa respecto de la anterior cede terreno, aproximadamente  la mitad de la superficie útil, a salas de proyecciones, talleres y conferencias que antes no existían.



Se exponen 30 millones de ejemplares
¿Cuáles son sus fondos más valiosos?

Esa siempre es una pregunta de difícil respuesta, pero, más aún en un caso como el nuestro, en que estamos exponiendo un fondo de casi 30 millones de ejemplares: los fondos de la Biblioteca Nacional. La mayoría de estos fondos son bibliográficos y, por su propia naturaleza, no pueden exponerse permanentemente y han de sustituirse periódicamente para evitar su deterioro.

Si nos ceñimos a las piezas de la exposición permanente, yo destacaría, por su singularidad, el arcón de instrumentos matemáticos de Carlos II.

Otra pieza muy emblemática es el modelo en yeso de la escultura de San Isidoro de José de Alcoverro, a propósito del cual hace un par de años ICOM y el Museo de Europa de Bruselas seleccionaron una contribución nuestra entre las de muchos otros museos europeos para figurar en su publicación Reflecting Europe in its museum objects.

También valdría la pena mencionar un completo taller madrileño de grabado calcográfico de partituras como el de Serapio de Santamaría cuyo utillaje (buriles, punzones, moldes, martillos, yunques, compases, etc.) se conserva completo.
Por último hay que decir que el Museo a día de hoy no tiene asignada una colección específica definida, como sí tienen los servicios de colecciones de la Biblioteca, aunque estamos trabajando en esa dirección junto con la Gerencia de la BNE.

¿Qué política de exposiciones tiene?

La política de exposiciones está netamente definida después de seis años en esta nueva etapa: fondo de la propia Biblioteca, yo diría que al 99,9 por ciento, y montajes sumamente ágiles y sencillos. Nuestra sala de temporales, la Sala de las Musas, ha sido calificada de “romántica”. Yo no sé si es romántica o no, lo que sí es cierto es que es pequeña y tiene una arquitectura muy fija, muy inamovible, por lo que se trata de muestras de proporciones reducidas en las que se prima el interés de piezas y contenidos sobre los montajes más o menos espectaculares basados en escenografías, etc. Ambas características: fondo propio y proporciones ajustadas nos inclinan con cierta frecuencia por temas de cultura española o de historia de la Bne, y muy a menudo por conmemoraciones del tipo de las que, siendo importantes, de otra forma pasarían sin pena ni gloria, pues las grandes salas, incluidas las de la propia Biblioteca, no les suelen dedicar sus espacios, consagradas y comprometidas como están con mucha antelación a las efemérides culturales más destacadas del momento. La idea es que el visitante, siguiendo un eje temático, conozca las colecciones de la Biblioteca en toda su variedad y riqueza e incentivarlo a repetir su visita con el reclamo de nuevas muestras.

Un 300 aniversario fructífero

¿Se ha notado en el museo el 300 aniversario de la B.N.E?

Sí, por supuesto. No sólo hemos tenido mayor afluencia de público y volumen de trabajo que otros años, sino que algunas de las actividades de 2012 han ayudado a reescribir la historia de la BNE, a contarla mejor. Me refiero, más concretamente a las exposiciones Las letras de la Ilustración: edición, imprenta y fundición de tipos en la Real Biblioteca en que Albert Corbeto compiló esa interesante historia, o a De pasadizo a palacio. Las casas de la Biblioteca Nacional para la cual Pedro Moleón aportó datos que dotan de un hilo conductor a la hasta entonces deslavazada historia de nuestras sedes. Otra actividad muy interesante para nosotros fue el Congreso Museos de Papel, coorganizado con la Asociación Profesional de Museólogos de España (APME) y con el Área de las Artes del Ayuntamiento de Madrid. Gracias a él durante tres días reunimos en torno a una mesa a representantes de algunos de los más importantes museos del libro la imprenta y el papel de Europa, la convocatoria más amplia de este tipo de los últimos años, según Maria Gregorio. Por último, el juego de la BibliOca, ilustrado y maquetado por la Asociación Profesional de Ilustradores de Madrid (APIM), con textos firmados por Daria G. Dandolo, en que se cuenta de modo diferente nuestra historia, quedará también como un simpático recuerdo de este centenario.

¿En qué supera la BNE a la de El Escorial o a la del Ateneo de Madrid, por ejemplo?
No tengo conocimiento de primera mano de esas bibliotecas. Ahora bien, hay que decir que pocas son las que resisten bien el parangón con una biblioteca nacional. Se trata de instituciones de muy diverso tipo, antigüedad, titularidad y proporciones con historias bien diferentes. Si nos fijamos tan sólo en las cifras, es difícil superar en nada a nuestra biblioteca nacional, una de las más importantes del mundo en el ámbito hispánico. Miento, por ejemplo, la Biblioteca de El Escorial, fundada por Felipe II supera en antigüedad a nuestra tricentenaria biblioteca, incluso, si la historia hubiera tomado otros rumbos, habría sido una buena candidata a convertirse en biblioteca nacional de España.

¿Cada cuánto se muestran la riqueza de dibujos y Grabados de la B N E?

Siempre. No hay una periodicidad preestablecida, el propio calendario de exposiciones o de conmemoraciones determina el tipo de material que vamos a exponer. Si el asunto de la exposición, como ocurre con bastante frecuencia, es un artista, una técnica o un determinado tema iconográfico primaremos lógicamente esas colecciones. Pero es cierto que, también en los demás casos muchas exposiciones incluyen esos materiales tan atractivos, especialmente en el contexto de nuestra cultura cada vez más visual.


¿Se guardan también fotografías?

No. El Museo no tiene esa función. Las fotografías se conservan en el Departamento de Bellas Artes. En el Museo en cambio presentamos en la sala III una evolución histórica de esta técnica, desde los daguerrotipos, a los papeles a la sal o la albúmina, pasando por el calotipo y el ambrotipo. Y, por supuesto, siempre que es conveniente para ilustrar alguna exposición temporal, incluimos fotografías. También año tras año organizamos desde el Museo un Premio de fotografía con motivo del Día Internacional de los Museos de ICOM, que ya va por su quinta convocatoria y cada año cuenta con más participantes y con más eco en Facebook.

¿Qué presupuesto anual hay para donaciones?

El Museo no gestiona un presupuesto propio de adquisiciones, sino que eleva sus solicitudes, bastante puntuales, al órgano competente de la BNE, que, normalmente, las ejecuta. De esta forma se han adquirido en los últimos años una serie de cajas de música gracias a las cuales han podido reproducirse las importantes colecciones de discos de cartón perforados, Aristón, que la Biblioteca poseía desde antiguo o se han incorporado otros discos y aparatos reproductores, como los Ariosa, Herophon, etc. que no constaban hasta entonces en las colecciones de la Biblioteca.

Por lo que respecta a los donativos, con cierta frecuencia atendemos las llamadas de talleres de imprenta, encuadernación, etc., algunos bastante antiguos, que, antes de echar el cierre definitivo y mandar su utillaje al chatarrero, prefieren darle una enésima y última oportunidad. Por desgracia y, llanamente, por un problema de espacio, no siempre podemos acoger este tipo de donación, normalmente voluminosa y pesada. Ahora bien, hacemos lo posible por redireccionarlo a otras instituciones en que el problema de espacio es menos acuciante.

Mejoras tecnológicas a la vista

¿Qué proyectos inmediatos tiene el museo?

Afortunadamente, proyectos no nos faltan. Los tenemos de todo tipo, a corto, medio y largo plazo.
Actualmente trabajamos en mejoras tecnológicas: desde el desarrollo, junto a la Unidad Informática de la BNE, de una aplicación para automatizar la gestión de las actividades y su reserva a través de la página web, a aplicaciones para dispositivos móviles que mejoren y amplíen la accesibilidad de los contenidos del Museo.

Otro de nuestros caballos de batalla ahora mismo, en estrecha colaboración con la Gerencia, es la catalogación y difusión del patrimonio artístico mueble de la Biblioteca: cuadros, esculturas, mobiliario. Ya en 2008 implantamos el sistema integrado de gestión y documentación museográfica DOMUS y actualmente trabajamos en procedimientos internos para coordinar estas labores con otras unidades de la Biblioteca. Y por supuesto, otro de nuestros grandes objetivos es la acción didáctica. Configurar una sólida estructura desde la cual sacar adelante programas didácticos propios y bien hilvanados.



jueves, 14 de febrero de 2013


      “Francina. Más allá de la Moda”, editado por Lunwerg


 

LMA




      Francina, maniquí, modelo y descubridora de grandes tops publica sus memorias. Fue una de las primeras españolas en desfilar en París en la década de los 60, creó una de las primeras agencias y escuelas de modelo y es un referente indiscutible de la moda española.

      En esta autobiografía ilustrada, relata en primera persona sus comienzos hasta llegar al mundo de las pasarelas, su trayectoria profesional y las interioridades del mundo de la moda que ha vivido con un papel protagonista en sus diversas facetas.

      Un libro imprescindible para conocer de primera mano el apasionante mundo de la moda. La obra está llena de anécdotas y curiosidades interesantes para los que deseen conocer a fondo el mundo de las pasarelas.

      El nombre de Francina no necesita presentaci¾n para los diseñadores, modelos y expertos en moda: fue una de las primeras ômaniquíes de alta costura de nuestro país, cuando España era
un país en blanco y negro. Fue la primera modelo española que internacionalizó su trabajo y prestó su imagen a los diseñadores más prestigiosos de la alta costura francesa desde los años 60.

Francina

      Francina tuvo una exitosa carrera como modelo publicitaria y su imagen se hizo muy popular gracias a los anuncios en las revistas de la época y a los spots de televisión. Se metió en todas las casas
contando a los españoles las bondades de la leche condensada La Lechera, los cubitos de Gallina Blanca o las camisas Ike de Tervilor. Finalmente, decidió transmitir sus conocimientos y experiencias en las pasarelas y en los estudios fotográficos a las nuevas generaciones, abriendo una escuela y más tarde una agencia con su nombre, de la que saldrían modelos tan conocidas como Judit Mascó, Mar Saura o M¾nica van Campen.

      Francina cuenta incluso con un famoso cóctel que lleva su nombre, creado por Javier de las Muelas. De Francina, los expertos han destacado su elegancia, su magnetismo y su dinamismo. Pocas personas pueden hablar del mundo de las pasarelas con su autoridad o explicar cómo la
televisión transforma la publicidad cuando este electrodoméstico pasó a presidir el salón de todas las casas españolas.

      En esta autobiografía, Francina ha querido contar su vida y sobre todo, sus vivencias en el mundo de la moda, desde los inicios, cuando Pedro Rodríguez le dio su primera oportunidad, o cuando comenzó a trabajar como maniquí profesional para Santa Eulalia. Residió en Barcelona, en París, en Ginebra, en Florencia y en Milán. Vivió, con un papel protagonista, el nacimiento de la publicidad, de la moda pret-á-porter, el cambio de los desfiles, el nacimiento de las agencias y las
escuelas de modelos y la internacionalización de nuestra moda y nuestras modelos.

      Este libro en el que también tiene espacio para contar sus vivencias más íntimas, sus relaciones familiares y de amistad, su experiencia con los grandes fotógrafos de moda, su relación con el mundo de la música y del baile, con las revistas de moda y con las celebrities.


FRANCINA. MÁS ALLÁ DE LA MODA

Autor: Francina
Lunwerg. 2013.
24 x 24 cm. /300 pp. / Flexiboox
PVP c/IVA: 24,50 Euros



  

ARCO/madrid 2013, una feria que se sostiene en los coleccionistas



LMA
        

Los Príncipes de Asturias inauguraron la Feria ARCO/Madrid 2013, en medio de buena animación comercial y de público. Una feria que, en medio de la crisis, busca el apoyo de los coleccionistas, sobre todo extranjeros.

Proyecto de Demolición Museo e Antropología, 2012Obra de Abaroa


La Plataforma Fundación ARCO ha seleccionado la obra ‘Inserción arqueológica’, de Eduardo Abaroa. La pieza pasará a formar parte de los fondos de la Institución junto al resto de obras adquiridas durante esta edición de la Feria

ARCOmadrid ha acogido hoy la celebración del almuerzo de la Plataforma Fundación ARCO, un encuentro de coleccionistas, expertos y amantes del arte destinado a la adquisición de nuevas obras para la Colección de la Fundación ARCO. La obra elegida ha sido Inserción arqueológica, compuesta por una serie de cinco impresiones digitales, del artista mexicano Eduardo Abaroa (Ciudad de México, 1968), representado por la galería mexicana KURIMANZUTTO, del programa Solo Projects. Las cinco fotografías –elegidas entre las 8 obras propuestas por las más de 130 personas participantes en el almuerzo–, pasarán formar de los fondos de la Fundación ARCO, junto al resto de obras que se adquieran en esta edición de la Feria, como ya es tradicional.

Esta nueva iniciativa de la Fundación ARCO pretende seguir incentivando el coleccionismo, uno de los objetivos principales del trabajo de esta entidad desde hace veintiséis años. Los actuales asesores de la Fundación son Miguel Von Hafe Pérez, director del Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela; Glòria Picazo, directora del Centro de Arte La Panera de Lérida; Ferran Barenblit, director del Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles (Madrid) y Yolanda Romero, directora del Centro José Guerrero de Granada. Ellos fueron los encargados de presentar la preselección de las piezas para que fueran votadas por todos los comensales.

Para llevar a cabo el proyecto de la obra adquirida Inserción arqueológica, el artista mexicano Eduardo Abaroa fue adquiriendo en el mercado negro diversos tepalcates (fragmentos prehispánicos de recipientes o utensilios de barro), algunos incluso falsos. Cada objeto fue fotografiado por Abaroa con un estilo estético similar al de los libros de arqueología. Después de llevar a cabo esta documentación, el artista colocó cada pieza por separado en una mochila o bolsa que fue dejando en los casilleros de la consigna Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Piezas que nunca serán recogidas sino que se quedarás allí “insertadas” clandestinamente en el museo. El resultado final es un díptico fotográfico formado por la imagen de la pieza y la foto de la llave del casillero en el que descansa.
Eduardo Abaroa vive y trabaja en Ciudad de México. Estudió artes plásticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y completó su formación con un M.F.A. en el California Institute of the Arts. Ha recibido diversos reconocimiento como los premios de escultura de la Sociedad de Valores de Arte Mexicano (SIVAM) en 2005 y 2006, el premio para jóvenes creadores y del Sistema Nacional de Creadores del FONCA‐CONACULTA, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, México en 1993 y 2004, respectivamente y la Beca Fullbright‐García Robles.
La Colección de la Fundación ARCO

La Colección de la Fundación ARCO reúne obras adquiridas anualmente en ARCOmadrid desde 1987. Sus fondos representan hoy una de las colecciones de arte contemporáneo más destacadas de este país. La Colección mantiene un claro estilo pluralista, internacional y representativo de algunas de las principales tendencias artísticas de la segunda mitad del siglo XX. Cuenta con más de 300 obras adquiridas en galerías participantes en la Feria y con una nómina de 224 artistas claves en la reciente historia del arte contemporáneo como Christian Boltanski, Donald Judd, Anish Kapoor, Mike Kelley, Guillermo Kuitca, Richard Long, Mario Merz, Sigmar Polke, Arnulf Rainer, Richard Serra, Thomas Hirschhorn y Thomas Ruff, entre otros.

La Colección de la Fundación ARCO se encuentra desde el año 1996 en régimen de cesión temporal, en el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela. En esta institución se organizan exposiciones, talleres y conferencias en torno a los artistas y obras de los fondos de la Fundación.

OTRAS ACTIVIDADES EN ARCOmadrid 2013

DÍA 15 DE FEBRERO:
10:30-13 h. REUNIÓN CIMAM (Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno y Contemporáneo)
(Por convocatoria)
12- 13 h. Charla y firma del libro Contemporary Art Brazil
Participan: Hossein AMIRSADEGHI y Catherine Petitgas
Lugar: Sala FUNDACIÓN ARCO
12.00 h. ACTO: 20 mujeres del arte Yo Dona (10 consolidadas y 10 emergentes)
Lugar: Espacio AUDEMARS PIGUET Sala VIP
(acceso con invitación)
13 h. Premio illy SustainArt
(la entrega se realizará en el stand del artista premiado)
13.30 h. Presentación del PREMIO BIENAL INTERNACIONAL DE
FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER.
Universidad de Córdoba.
Lugar: Sala Presentaciones FUNDACIÓN ARCO
(Hasta completar aforo)
15h. PERONDA FASHION LAB. Empresa necesita artista, artista necesita empresa.
Lugar: Sala Presentaciones FUNDACIÓN ARCO
17 h. Premio ARCO-BEEP de Arte Electrónico
(la entrega se realizará en el stand del artista premiado)
18 h. RECEPCIÓN ISTANBUL CONTEMPORARY ART
Lugar: Sala FUNDACIÓN ARCO
(acceso con invitación)



miércoles, 13 de febrero de 2013

Pedro Sandoval, Oyonarte, Estartús , Raquel de Prada y Blanca Cuesta en ART Madrid 13



 
Obra de Blanca Cuesta, alumna de Sandoval


Julia Sáez-Angulo
Enlace Gráfico: Juan Jiménez

         ART Madrid 13 ha ganado en concentración y luminosidad al instalarse en el ático de las naves de Chamartín. Esta feria de arte contemporáneo es más pequeña pero más intensa que la instalación en pasadas ediciones. En el día de la inauguración por Isabel Rosell, Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid pudimos ver obras, entre otras, de autores como Pedro Sandoval, Jaume Estartús, Oyonarte, Raquel de Prada y Blanca Cuesta, acompañada de su esposo de Borja Thyssen-Bornemisza, que acaparaba los flaxes.

         Una gran exposición de esculturas al aire libre en la terraza anexa de la sede ofrecía un buen plantel de obras en tercera dimensión del grupo Pequeño Tamaño Grande, liderado por el escultor Diego Canogar, donde resaltaba la hermosa pieza de Héctor Delgado en alabastro. Junto a este último escultor, su esposa Inga Ivanova, también escultora con el papel como materia base.

Pedro Sandoval

         El stand de Víctor i Fills era de los más grandes y bellos, con los grandes cuadros del venezolano/español Pedro Sandoval, maestro del gesto y del color. El pasado año fue nominado el mejor artista de la feria. Junto a sus obras, el cuadro de su alumna, Blanca Cuesta, todavía pegada al estilo de su maestro, pero con una sola pieza de buena factura entonada armónicamente en verdes y rosas, con vagas insinuaciones florales.

Obra matérica de Estartús de los 70

Obra de Estartús

         Jaume Estartús presentó sus obras matéricas de los años 70, que expusiera recientemente en la galería Víctor i Fills. Una obra que pone de manifiesto el dominio y tratamiento de los materiales fundamentalmente metálicos. Dos piezas grandes en medio de una oferta de pequeño formato.

         Víctor i Fills ofrecía una buena información divulgativa de sus artistas libre y a disposición del público, que no todas lo facilitan. El bello impresionismo retro-moderno de J. A, Legorburu  y las soberbias piezas de Philippe Heurtaux completaban las propuestas externas. En el interior, piezas del ecléctico Clavé.

Oyonarte

         Manolo Oyonarte era uno de los artistas que, además de exponer en una de las galerías tenía stand individual junto a otros autores plásticos como Raquel de Prada. Los personajes solitarios y sugerentes de Oyonarte, que ocupan todo eel espacio del cuadro son muy valiosos. El autor presenta el “proyecto nobo” , que se mueve dentro de “la transubjetividad, escuela de pensamiento basada en llegar a establecer lazos de continuidad entre cada sujeto y el conjunto profundizando en la subjetividad del individuo”.



Obra de R. de Prada


Esculturas blandas de Raquel de Prada

         Interesante también la propuesta de Raquel de Prada, una de las integrantes del grupo La Lavandería –antigua sede de lavado en el barrio Lavapiés de Madrid. Sus trabajos, esculturas blandas, con textiles, papel y aguadas son siempre de gran expresividad plástica. En La lavandería se trabaja mucho el papel para libros de artistas y grabados, con los que luego se llevan a cabo exposiciones públicas.

         Otros stands de interés, los de Gabriel Manrel, con el colorista Willy Ramos; Marita Segovia; Hispánica, Taller del Prado pon excelente pintura de Albano Hernández; Galería del Cisne; Val i 30 con un curioso Antonio Gades; Lorenart, como de costumbre con buenas piezas; BAT, Alberto Cornejo; Punto; Schmalfuuss Berlin; Joan Gaspar y la portuguesa Art Lounge.

Fotos Juan Jiménez

http://www.facebook.com/media/set/?set=a.428131847270739.98517.100002217827722&type=1&l=3f210a9a5e

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Ático de la Estación de Chamartín, hasta el domingo 17

Art Madrid arranca con miles de visitantes, ventas confirmadas y la presencia de coleccionistas

Puntos rojos, miles de visitantes, coleccionistas, visita de autoridades, satisfacción de los galeristas y la cobertura de medio centenar de medios han sido las características principales del primer día de apertura de puertas al público de la 8ª edición Art Madrid en su nuevo emplazamiento del ático de la Estación de Chamartín.

Por la tarde visitaron la feria autoridades del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, Fernando Villalonga, delegado de las Artes, Deporte y Turismo del Ayuntamiento de Madrid e Isabel Rosell, directora general de Bellas Artes, del Libro y de Archivos de la Comunidad de Madrid, así como juna importante representación del gobierno de Baleares: Rafael Angel Bosch, Conseller de Cultura del Govern Balear; Joan Rotger, vicepresidente de Cultura del Consell; Fernando Gilet, regidor de Cultura del Ayuntamiento de Palma; Bel Cerdà, directora general de Cultura y Catalina Sureda, directora insular de Cultural. Todos ellos fueron acompañados en su visita por Gema Lazcano, directora de la feria y Alberto Cornejo, promotor de Art Madrid Feria -empresa organizadora de Art Madrid-.

Con el dibujo de Joan Miró, preparatorio para sus obras del Pabellón español de la Exposición Universal de París en 1937 y que presenta la galería catalana Marc Calzada, convertido en una de las estrellas de la feria, Art Madrid inicia hoy su segundo día con una serie de actividades que acompañarán la visita a las galerías.

Por otra parte, en colaboración con Montana Colors, el artista Miguel Ángel Belinchón "Belin" (www.belin.es/), especializado en arte urbano y graffiti, continuará pintando su espectacular mural gigante -de 10 metros de largo por 3'22 de alto-, en la pared exterior de la nave que acoge a Art Madrid y en el que retrata a su propio padre. Decenas de personas siguieron ayer la realización in situ del mural.

Arte Oculto Madrid (www.arteocultomadrid.com/), sigue completando el mural con los datos de webs, blogs, etc., de los artistas que son transformados posteriormente en códigos QR. Con ello Art Madrid pretende incorporar a la feria los trabajos virtuales de más de 500 artistas.


Gran aceptación, asimismo, ha tenido la exposición de esculturas al aire libre en la explanada exterior de la feria, con una docena de grandes piezas, que amplían el espectro expositivo de Art Madrid y que se completa con una gran escultura colgante de José Luis Menéndez en el interior la feria.

A las 19.15 h. tendrá lugar la performance-instalación "La piel es un metal inestable", dirigida por Azahara Ubera Biedma. La performance se repetirá el viernes 15 a las 18.00h.
Los aficionados podrán seguir las novedades que se vayan produciendo en la feria a través de la renovada página oficial de Art Madrid (www.art-madrid.com), Twitter (@ArtMadrid13) o Facebook. 



         

¡Que viva México! (6) Adiós a Guatemala




Antonio Ayllón Arquero 




De una pequeña, empedrada y empinada ciudad hondureña (Copán) nos fuimos a otra similar, y todavía más bonita, guatemalteca (Antigua). Esta vez el largo viaje fue más agradable. Compramos el billete en el magnífico Café ViaVia, que hace las veces de hostal, agencia de viajes y restaurante con unos excelentes desayunos (incluso tiene sesiones de cine los fines de semana: ahí vimos el decepcionante "Lincoln" de Spielberg), e hicimos el viaje en una furgoneta solos con otro turista sueco. Eso sí, tardamos más de 6 horas con un pequeño descanso para comer algo, y después de atravesar "Guate" (como llaman aquí a la capital) de punta a punta y a la hora punta (serían las 6 de la tarde).

Antigua (la antigua capital guatemalteca hasta 1776) está considerada como una de las más bellas ciudades coloniales americanas. "Esta ciudad de nostálgicas calles empedradas representa en sus antiguas paredes la rica herencia de la época colonial hispánica. Iglesias, conventos, monasterios, casonas familiares forman un evocativo y hermoso conjunto monumental arquitectónico, que garantiza una experiencia llena de religiosidad, misticismo y tradición". En Antigua estuvimos unos cuantos días en una buena habitación de un hostal que tenía el evocador nombre de "Posada del Jardín de Lolita", con un patio lleno de flores, ardillas y pájaros exóticos enjaulados.


La atracción de la encantadora Antigua, la Ciudad de Santiago de los Caballeros, le viene dada principalmente por su magnífico entorno dominado por tres volcanes espectaculares: el Agua, el Fuego y el Acatenango; por las montañas que la rodean; por sus calles empedradas y sus bien conservados edificios coloniales casi todos ellos con magníficos patios; por el bello Parque Central con su famosa fuente dieciochesca y el Palacio del Muy Noble Ayuntamiento "erigido en el Año de Gracia de 1743 y manteniéndose airoso a través de los siglos desafiando las iras de las conmociones terrestres", como reza una placa en su pared; y por sus iglesias y... las ruinas de sus iglesias.

 Esto último conviene explicarlo un poco. Deambulando por la ciudad te impresionan más las enormes ruinas de sus iglesias y conventos (que están por todos sitios y son producto de numerosos terremotos) que las pocas que han sido reconstruidas de nuevo. Ejemplo paradigmático es la Catedral de Santiago, que se remonta a 1542 y que fue en los siglos XVII y XVIII la más grande de Iberoamérica junto con la de Méjico. 

Pues bien, dañada por los terremotos de 1717 y de 1751, fue reconstruida en ambas ocasiones pero el seísmo de 1773 provocó en ella tan grandes daños que ya no ha sido reparada. Así que estuvimos en la nueva, pobre y humilde Catedral (la Parroquia de S. José) con todas sus imágenes acristaladas para que, supongo, no se llenen de polvo, y en las ruinas de la catedral original justo detrás. ¡Qué pena! Las numerosas capillas desnudas y llenas de suciedad con sus nombres originales escritos en las paredes, los enormes bloques de ábsides, cruceros y bóvedas desplomados en el suelo como si de ruinas mayas se trataran, los restos del Palacio Arzobispal ("construido en 1711, arruinado totalmente en 1773 y desescombrado en 1941") tapados con techos de uralita, y las catacumbas y sótanos alumbrados por una mísera bombilla.

Las ruinas "cristianas" más prominentes, aparte de las de la Catedral, son las de la Iglesia y Convento de la Recolección, las de San Jerónimo justo al lado, y las de Santa Clara. Como si fueran Copán o Tikal, si quieres verlas prepárate a rascarte el bolsillo (40 Q). El resultado es que casi nadie entra a verlas. Hasta la Embajada Española en Guatemala ocupa un gran convento de 3 patios reconstruidos al lado de las ruinas de la Compañía de Jesús. 

Allí estuvimos merodeando por sus magníficos patios interiores y por su centro cultural, y nos fijamos en su raquítica programación cultural que, para el mes en curso, se reducía, los miércoles, a la proyección de una serie de películas que parecían el "Armageddon del Capitalismo Mundial" con títulos como "La última crisis financiera", "Fraude, porqué la gran recesión", "La doctrina del shock: el auge del Capitalismo del Desastre" y una de Michael Moore titulada "Capitalismo: Una Historia de Amor" o algo así.

En fin, entre las bellas iglesias restauradas estuvimos viendo La Merced (al ladito teníamos nuestro hostal) con su bella fachada barroca, S. Francisco que nos gustó más y Las Capuchinas.
También subimos al Mirador del Cerro de la Cruz (una media hora de caminata), que ofrece unas magníficas vistas de la ciudad y de sus tres volcanes.

Y naturalmente subimos a un volcán: al Pacaya, el más accesible de todos, según nos dijo la agencia, y también el que está más lejos de Antigua. La "excursioncita" al estromboliano Pacaya (así se llaman los volcanes que, al acumular gases, provocan explosiones) fue dura. Salimos a las 6 de la mañana, vimos amanecer en la furgoneta con otros 12 gringos, llegamos hora y media después al pueblito de S. Vicente Pacaya, subimos hasta S. Francisco de Sales, pagamos la entrada al Parque Nacional, nos presentaron a la guía (una joven india que, más que guía, hacía de acompañante y no sabía nada de inglés) y ¡ala! p'a arriba, seguidos por una reata de mulas dispuestas a ser alquiladas a cualquier turista que no pudiera con la ascensión. 

Estaríamos a unos 1.800 m y llegamos hasta los 2.300 (la cima está a 2.552). Gracias a que había llovido y que la lava del camino estaba mojada porque, si no, con el polvo que hubieran levantado las mulas y los turistas, la ascensión habría sido peor. Dejamos atrás algunos miradores (El Descanso la Chilamata, el Mirador la Laguna de Caldera: "un antiguo cráter que nació ahí, en palabras de la guía) y el Mirador Descanso el Roble). Cuanto más alto subíamos, más majestuosas eran las vistas de los tres volcanes (el Agua, el Fuego y el Acatenango).


Santiago de los Caballeros
 Nos pintarrajeamos la cara con la planta "llorasangre" y vimos varios Arbol del Hormigo, que es con el que se hacen las marimbas y que se llama así porque las hormigas se apoderan de él por dentro.
Llegamos hasta casi la cima, seguimos por unos senderos quemados por la lava negruzca, nos metimos en un hoyo caliente del que salían fumarolas y nos comimos unas "nubes" que la guía sacó de una bolsa y que calentó en uno de estas grietas de los que salían gases calientes.

 El paisaje era impresionante: hondonadas totalmente calcinadas, otras con algo de verde más lejos, los tres volcanes imponentes a la vista, nubes que se movían a nuestro alrededor tapándonos las vistas y el sol saliendo minutos después en ciertas partes del valle. La última erupción del Pacaya fue el 27 de mayo de 2010 y tuvieron que evacuar a toda la gente de por aquí. La única muerte que se produjo fue la de un cámara periodista que se quedó allí filmando, a pesar de ser advertido de que se largara. "Pero no quiso, encontró así su destino", aseveró la guía. En fin, volvimos por donde habíamos ido y bajamos lo que habíamos subido intentando pisar bien (la lava se mezcla con las piedras del camino y las oculta dificultando el descenso) y dejar de lado las múltiples cagadas recientes de las mulas que nos habían acompañado. Vuelta a la furgoneta (otra hora y media hasta Antigua) y a comer derrengados.

La agencia nos ofreció "otro volcán" todavía más duro y más caro: la subida a la cima del Acatenango, saliendo a las 3 y media de la madrugada y regresando a las tres de la tarde, con 5 horas de ascensión y un precio de 1.500 quetzales para un mínimo de 3 personas. Ni que decir tiene que se lo dejamos a avezados mochileros más jóvenes que nosotros.

De Antigua nos fuimos al altiplano guatemalteco, a Panajachel (conocido por todos como "Pana"), la puerta de entrada al Lago Atitlán (unas 3 horas de viaje).


*¡Bienvenidos!
Ayuden todos a mantenerme limpio y sano
Atentamente, El Lago
(en el muelle de Panajachel)

* Dios nos dice: "Por favor... cuida mi lago"
(en el muelle de Tzununá)


Pues sí, falta le hace al bellísimo lago Atitlán (Atitlán significa "Lugar de muchas aguas") que le cuidemos entre todos, porque este "inmenso espejo de agua" enmarcado entre tres volcanes (San Pedro, Atitlán y Tolimán) e interminables cordilleras está muy contaminado. Seguro que si el gran Aldoux Huxley lo viera ahora seguiría catalogándolo como "el lago más bello del mundo", pero ya no se comería con tanta fruición el pescaíto frito en cualquiera de los pueblos que descansan en sus riberas. Ya lo vimos la primera mañana que nos dedicamos a recorrer Pana y sus dos embarcaderos. Pasamos por uno de los tres ríos (el Panajachel, precisamente) que alimentan el lago y la pestilencia de sus negruzcas aguas, más las cloacas que desembocan en el lago, nos dejaron "patidifusos". 


Menos mal que el lago es el más profundo de América Central (325 m), que es bastante grande (18 km de largo), que filtra por debajo y por los lados, y que hasta tiene un río subterráneo. Y que está rodeado de pintorescos pueblitos indígenas desde cuyas empinadas laderas se pueden divisar vistas majestuosas.

Así que, un día, nos fuimos a ver Santa Catarina Palopó y San Antonio Palopó, a 4 y 10 km de "Pana" respectivamente, en "picops" (del inglés "pickup truck"), que son unas camionetas (con la parte de atrás abierta y con barras laterales y centrales) usadas por los nativos para trasladarse y transportar cosas. Son dos pueblos indígenas, de casas de adobe y techos de uralita en medio de la montaña. Las bellas panorámicas del lago y de sus aguas azul verdosas, tanto desde arriba, por donde brujulean los "picops" sobre estrechas carreteras llenas de baches bordeando las montañas, como desde abajo, en los embarcaderos, son espectaculares. Pero ¡espectaculares, espectaculares, eh!. Allí, en Santa Catarina, nos quedamos "encantados", media hora, una hora, a la sombra, y luego cogimos otro "picop" y, de pie para ver mejor el panorama, llegamos hasta San Antonio, parando justo al lado de su singular iglesia situada en medio del pueblo y de la montaña. Bajamos también al embarcadero y nos quedamos algún tiempo contemplando el lago. Al final ya, cansados de tanta belleza, volvimos a Pana a comer.


Otro día, salimos en lancha (unos 45 minutos) hacia Santiago Atitlán, otro pueblo maya al lado del lago. Subimos, como todos los turistas, hasta la plaza central, no sin antes pasar por el mercado, para ver la singular iglesia de Santiago Apostol. Fundada en 1547, tiene todos sus santos de madera cubiertos con coloridas túnicas que los lugareños cambian de año en año y tres magníficos retablos detrás del altar. A sus lados en la plaza está el Centro Educativo Parroquial con aulas numeradas desde primaria hasta 6º y en las que vimos a los maestros adentro dando clase con las puertas abiertas. Enfrente de la iglesia se ve el imponente volcán San Pedro y en la plaza la estatua de Santiago con su borrico y su espada. También vimos una placa conmemorativa y una enorme foto del Padre Francisco, un misionero norteamericano muy querido por el pueblo y que fue asesinado en esta iglesia por escuadrones ultraderechistas en 1981, en la que se podía leer: "No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos".


Pero a Santiago hay que venir principalmente a ver a Maximón. ¿Que quién es este singular personaje? Pues una deidad que fuma, que los españoles llamaron San Simón, y al que reverencian los nativos del altiplano guatemalteco. Combinad unos cuantos dioses mayas con San Judas Tadeo y ya casi lo tenéis. Para ir a verlo paramos un "tuc-tuc" (triciclos a motor fabricados en India) y le dijimos al conductor que queríamos ir al Santuario de Maximón. Nos subió unos 4-5 minutos por la montaña y nos paró frente a un angosto pasadizo lleno de porquería y suciedad, diciéndonos que era por ahí. Unos cuantos metros más y nos encontramos ya delante de una gran figura de madera vestida con coloridas bufandas de seda, llevando un gran sombrero y fumando un enorme cigarro. Había un hombre y un chico sentados a su lado y frente a nosotros. 

Estábamos dentro de un cobertizo con olor a incienso y rodeados de una indescriptible parafernalia religiosa. Flores, frutas, velas, incienso, una botella grande de Coca Cola, baratas luces de colores, dos candelabros para dejar la ceniza, efigies de Cristos y de santos vestidos con ropajes indios a derecha e izquierda, y un hombre y una mujer de rodillas cantando y rezando en maya, de espaldas a nosotros y frente a Maximón. La señora ofrecía dinero y el chamán, recitando en maya y quemando incienso, bendecía los billetes y los ponía debajo del brazo de Maximón junto a otros que ya tenía. Permanecimos alucinados 2 ó 3 minutos viendo la ceremonia y salimos. En inglés estaba escrito que era el Maximón de la Cofradía de la Santa Cruz, que el horario de servicios era de 7 de la mañana a 6 de la tarde, y que había que donar 2 quetzales para pagar las velas, el incienso y la marimba. Hay que decir que el Santo es acogido cada año por un miembro de la Cofradía de la Hermandad Católica Maya y que es adorado como se hacía en España, en los años cincuenta del pasado siglo, con las urnas de las Vírgenes y los Santos.


Al día siguiente tocaba ir a San Pedro La Laguna (40 minutos en lancha), otro pueblo costero del lago. La ida fue prácticamente un "tour del lago", de esos que tanto gustan publicitar las agencias de viajes ya que fuimos navegando por la costa y recogiendo y dejando turistas en Santa Cruz La Laguna, en la Casa del Mundo de Jaibalito, en Tzununá, en San Marcos La Laguna y en San Juan La Laguna. Bajamos de la lancha en este último pueblo, el más limpio y mejor cuidado de todos (las paredes de sus casas están pintadas con murales de tema indígena para decorarlas mejor), y entramos en algunas tiendas de sus laboriosos artesanos y pintores nativos.

 Es, sin duda, aquí en el altiplano donde más arraigada está la cultura indígena. En una de estas tiendas nos dijeron que su Municipalidad la llevan en plan cooperativa y que todo el pueblo está involucrado ahora en "impulsar y apoyar el desarrollo sanjuanero". Vimos, de nuevo, desde lo alto del pueblo cómo el lago está en un cráter enorme de un volcán que explotó hace miles de años y en cuyo fondo unos buceadores canadienses encontraron hace años ruinas mayas (que están en no sé qué museo). 

Desde San Juan nos fuimos andando el kilómetro que separa esta ciudad de San Pedro La Laguna y aquí, después de pasear por el pueblo otro rato, volvimos a Panajachel.

La actividad más interesante en San Pedro es subir al volcán pero es una ascensión dura (llegas hasta la cima) en la que tardas unas 5 horas a través del bosque. Sales a las 6 de la mañana y vuelves a las 5 de la tarde. Ni que decir tiene que todavía nos lo estamos pensando pero, por si alguien se atreve mientras tanto, el precio es de $50 dólares por persona.

El domingo 3 de febrero era día de mercado en Chichicastenango, así que nos fuimos a ver su famoso y colorido mercado conocido como "El Telar del Arco Iris" y que es el mayor de Guatemala al aire libre. "¡Compra algo amigo, mejor precio!" es el grito de guerra de los vendedores en cuanto ven a un turista. El mercado ocupa no sólo la plaza central sino un montón de calles paralelas. A un lado de la plaza está la increíble iglesia de Santo Tomás, que es en sí misma un espectáculo mayor que el mismísimo mercado. Las escaleras de la iglesia, en forma piramidal, están abarrotadas de gente quemando incienso y botando incensarios (unas rudimentarias latas). 

Ya dentro de la iglesia hay tal cantidad de humo que casi, por momentos, no puedes ver el interior, donde hay un montón de velas encendidas tanto en mesas como en el suelo. La iglesia es oficialmente católica (había una Custodia en el altar mayor) pero sirve también para rituales mayas. Vimos 7 bellos retablos barrocos ennegrecidos por el humo a lo largo de los años y con sus pinturas irreconocibles. También, tres santos vestidos como reyes mayas y, enfrente, la Virgen de los Dolores y un Jesús Nazareno dentro de una vitrina piramidal. Y, al lado, otra vitrina con vírgenes, santos, reyes mayas y dos ángeles a cada lado a los que, se supone, les han sacado el corazón ya que tienen un agujero rojo encima del pecho. También había, en el suelo de la iglesia, ofrendas de maíz y de flores, y a varios fieles mayas arrodillados delante del altar hablando en voz alta o leyendo algo de un cuaderno.

 ¡Lástima que no tengamos prueba gráfica de toda esta peculiar mezcla católico-maya porque no se permite hacer fotos dentro de la iglesia y ya hay allí, nada más entrar, dos guardias para recordárselo a los turistas!


Enfrente de esta iglesia y, al otro lado de la plaza y del mercado, hay otra iglesia más modesta, con un solo retablo, nada de incienso y muy poquitas velas. Es la iglesia de la Hermandad del Calvario del Señor Sepultado. En fin, por aquí son así. Y no me olvido del singular cementerio de "Chichi", que vimos de lejos, con todas sus tumbas pintadas de colores primarios (azules, verdes, amarillos, rojos...). Seguro que hay fotos en internet.

Nos faltaba ir a San Marcos La Laguna, sin duda el más bello pueblito costero del lago, y por eso lo dejamos para el final. Así que allá nos fuimos en otra lancha (¡la última!). San Marcos se ha convertido en un imán para los neo-hippies del siglo XXI. Abundan los lugares (desde el puerto y hasta la plaza del pueblo) con clases de yoga, kinesiología, rituales tántricos, reiki, hipnoterapia, centros holísticos, etc., además de hostales, restaurantes y tiendas. Toda la gente es muy amable y no hay calles -son más bien senderos- por lo que no hay ni siquiera "tuc-tucs" hasta llegar al final del pueblo. En fin, naturaleza, tranquilidad y toda la "energía espiritual" que seas capaz de buscar. Pero nuestra idea al venir aquí era también subir a Santa Clara La Laguna, el pueblo a mayor altura de la cordillera que rodea el lago, y ver éste desde allí. No resultó fácil. En un tuc-tuc "Made in India", como todos los que hay por aquí, subimos hasta San Pablo (a 3 km) y desde allí, en un "picop" hasta Santa Clara (unos 7 km más arriba). En esta ciudad no encontramos nada interesante, así que preguntamos por "los Miradores del Lago". Los lugareños nos miraban desconcertados hasta que un policía de tráfico que apareció por allí nos indicó el camino: "suban hasta allá arriba y luego a la derecha, en la carretera". Caminamos una media hora bajo un sol tórrido (ya serían más de las 12) hasta llegar a la carretera, que resultó ser la misma por la que habíamos subido. Bajamos, y preguntando, encontramos al final el "mirador", que de mirador no tenía nada. 

En una de las curvas había un ensanche de tierra que, un metro más adelante, se abría a una pequeña esplanada llena de porquería y plásticos, y con dos pedruscos enormes. Nos subimos a ellos y, ¡ooh maravilla de las maravillas!, allí teníamos a todo el lago Atitlán a nuestros pies y a los tres imponentes volcanes. Deberíamos estar a unos 2.500 m de altitud (el San Pedro tiene 3.000). Los volcanes enfrente de nosotros, los pueblos de San Pedro y San Juan a la derecha (Santiago no se divisaba porque está en un brazo del lago al otro lado del volcán), y San Marcos, Santa Cruz y hasta "Pana" a la derecha y a lo lejos. ¡Oooh, madre mía, qué belleza! Allí nos quedamos extasiados y haciendo fotitos hasta que el hambre nos recordó la hora. Bajamos al borde de la infame carretera y paramos el primer vehículo que nos llevó de vuelta al embarcadero. Hay que decir también que las vistas de pie en los "picops" son extraordinarias. Ves subiendo, subiendo o bajando, bajando curva tras curva panoramas majestuosos.
Así nos despedimos del lago. ¡Atitlán, mon amour!, fue fantástico mientras duró.

Ah, y si alguien está pensando en retirarse y vivir aquí, que preste atención: "Casa de 2 dormitorios y 1 estudio al borde del lago, ideal para jubilados o como inversión, 325.000 dólares negociables" o "parcelas a $55.000 también negociables" en www.atitlanrealestate.com. Vamos, casi como en España.

De Panajachel nos fuimos a Quetzaltenango, conocida como Xela. Menos mal que encontramos una buena casa de huéspedes familiar regida por una pareja holandesa porque Xela nos pareció la típica gran ciudad a evitar. Es la segunda más grande del país después de la capital y está a 2.335 m. de altitud, lo que significa que te falta aire para respirar y que la contaminación del tráfico es horrorosa y te marea. Además, la ciudad carece de interés: una catedral típica y tópica, un parque central con pretensiones neoclasicas parisinas, dos mercados enormes y una terminal (Minerva) aún más horrorosa que la ciudad. Y su decadencia es evidente. Xela era una ciudad próspera a finales del XIX debido al auge y al comercio del café pero el terremoto y las erupciones volcánicas del Santa María en 1902 acabó con todo ello. Las grandes casas coloniales vacías y sin restaurar que te encuentras al pasear por la ciudad son buena prueba de ello.

Lo interesante en Xela está pues fuera de la ciudad, por lo que nos fuimos "de bureo" a hacer unas cuantas excursiones.

Un día, a San Andrés Xecul, a ver su famosa iglesia. La más extraña y "bizarra" de todas, con sus ángeles, flores, sarmientos ascendentes, tigres y monos en su increíble fachada pintada de color amarillo intenso y, dentro, cristos enanos crucificados con coronas mayas, largos cabellos hasta la cintura y túnicas de medio cuerpo, santos en tecnicolor, un altar coronado por la Santísima Trinidad y, debajo, un "Pescador de Hombres" con letras blancas iluminadas. Recordad venir por la tarde, que es cuando el sol da en la fachada y la ilumina en todo su esplendor. Subimos también, montaña arriba, ¡y bien empinada que estaba!, hasta El Calvario, una ermita más pequeña en la falda de la montaña, decorada con los mismos temas y de idéntico color amarillo intenso. Al lado vimos a dos personas, en un montículo, haciendo un ritual maya, quemando troncos y ramas, y rezando arrodilladas ante tres cruces y tres cuevas, sobre lo que fuera un antiguo cementerio maya.

Al día siguiente, y para compensar, nos fuimos a bañarnos en las más bellas fuentes termales guatemaltecas: Fuentes Georginas. En la parte de arriba hay 3 piscinas, con agua de menos a más caliente, y bajando por un "sendero ecológico" otras dos piscinitas. En todas nos metimos hasta salir "cangrejos total" pero ¡qué delicia!, igual que en los "onsen" japoneses. El paraje es selvático: manantiales de agua caliente sulfúrica rodeados de tupida vegetación tropical en plena montaña. Para llegar hasta allí fuimos en bus hasta Zunil para ver su linda iglesia y el altar, cruz y santo de plata, y después esperar un "picop" o regatear el precio con un taxista. Apalabramos uno de éstos que nos subió, y nos bajó 3 horas después, acompañados de otra pareja española de nuestra edad. El precio de entrada a Fuentes Georginas se ha triplicado en 4 años. Nos contó el taxista que la concesión del "spa" la tiene ahora ¡¡un diputado del lugar!! y ¡claro! lo primero que hizo fue subir el precio a extranjeros y nacionales (que pagan la mitad).

El tercer día nos dirigimos, en una excursión programada por Adrenalina Tours, al Mirador Santiaguito. Salimos a las 5 de la mañana, nos llevaron durante media hora en una furgoneta hasta Llanos del Pinal y allí, con linternas, "arriba, arriba, arribita, a subir por la montañita". Tardamos dos horas en llegar a La Meseta, subiendo de 2.500 a 2.900 metros. Ya había amanecido y, gracias a Dios, a partir de entonces toda la caminata fue por senderos llanos buscando la cara sur del volcán Santa María. Serían las 7 y media cuando alcanzamos el Mirador. Delante nuestra teníamos todo un espectáculo: a la izquierda, el imponente Santa María (de 3.772 m) y enfrente el activo volcán Santiaguito (2.800 m) junto a una extraña formación volcánica de varias crestas de media luna. Divisábamos además el enorme valle, el río en el fondo del volcán y las cordilleras alrededor. Nos paramos a tomar un "tentenpié" y nos sentamos a esperar las explosiones del Santiaguito. Hacía frío porque el Santa María nos tapaba el sol que ya veíamos enseñorearse por todo el valle de la derecha. 

De repente, ¡brrroooom! un buen trueno y una explosión. ¡Ay vaaa, oooh! Se formó una nube blanca que ascendió, ascendió y se desplazó hacia la derecha. Esperamos más, salió el sol, las fumarolas del Santiaguito en el cráter y en las laderas hacían presagiar nuevas explosiones (según el guía hay una cada media hora) y ¡booom! otra explosión más grande todavía. Nos quedamos allí dos horas más y vimos unas cuantas erupciones más. El guía nos contó que, en la famosa explosión del Santa María en 1902, se abrió una chimenea en un lateral y se formó el Santiaguito que, cada 50 años, se va desplazando hacia la izquierda. También nos dijo que la excursión continúa (si así se contrata) hasta el cráter que veíamos enfrente, justo en medio de la formación volcánica, y que allí pasan la noche los turistas. Y sí, mientras esperábamos en el Mirador comiendo nuestras frutas, bocatas y demás, llegó una joven pareja con guía que iba justamente a pasar la noche en el cráter. ¡Qué grande es ser joven!
Ni que decir tiene que también se puede subir al Santa María. Dura medio día, cuesta $25, se sale también a las 5 de la mañana y la empinada y dura ascensión dura 4 horas. Eso sí, nos aseguraron que, en la cima, las vistas del Altiplano y de la Costa del Pacífico son espectaculares. Y no digamos nada de las explosiones del Santiaguito cada media hora desde allí. A ver si algún día lo vemos por televisión.

Y faltaba la laguna: la sagrada y misteriosa Laguna Chicabal. Allí nos fuimos con otras dos cooperantes españolas (Agur y Bea) y sus tres "cuates" guatemaltecos. Salimos a las 8, cogimos una furgoneta hasta la terminal Minerva, otra a San Juan y otra a San Martín Chiliverde. Desde aquí subimos en un "picop" particular (éramos siete y el precio se pudo abaratar mucho) hasta Laguna Seca, donde pagamos la entrada al parque. Subimos el kilómetro y medio que nos separaba hasta el Mirador (los jóvenes andando y nosotros en otro "picop") pero ¡oh catástrofe! la niebla lo invadía todo y la laguna se mostraba invisible. Descansamos, y bajamos hasta la laguna por los agotadores 615 peldaños que hay. Allí nos quedamos desilusionados porque la intensa niebla nos impedía ver nada. Esperamos. El señor que estaba en el Mirador nos había dicho que normalmente hacia la una de la tarde la niebla desaparecía durante breves minutos y era posible verlo todo. 

Faltaba poco para esa hora. Sacamos los plátanos y las rosquillas y esperamos y esperamos charlando hasta que ¡oooh maravilla! la niebla se diluyó y la "Mágica Laguna Chicabal" (Chi: dulce, ca: agua y bal: lluvia) formada en el crater del volcán se nos apareció, pequeña ella, allí delante de nuestros ojos, en todo su esplendor. Poco duró el milagro, lo que aprovechamos para pasear bordeando la laguna y viendo los altares mayas erigidos en sus riberas dado que la laguna es el "Centro de la Cosmovisión Maya Mam". Tocaba ahora subir los 615 escalones y repetir las "operaciones motorizadas" de la subida, pero al revés. Llegamos al hostal sobre las 5 de la tarde después de haber "disfrutado de la belleza de la laguna", como rezaba uno de sus cartelones a la entrada.

Hoy toca descansar, hacer la colada y enviaros esto. Mañana estaremos ya de nuevo en Méjico.