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martes, 1 de marzo de 2022

“Mitos bíblicos patriarcales. Estudio crítico feminista, por Mercedes Navarro Puerto



Julia Sáez-Angulo

1/3/22.- Madrid.- El mes de marzo está dedicado en numerosos foros al tema de la mujer en sus distintos aspectos. En torno a la fecha 8 de marzo, se articulan durante 31 días una serie de eventos, conferencias o presentación de publicaciones, que ponen en acto las subvenciones que los departamentos oficiales o institucionales de la mujer pasan a las plataformas que las reciben. 

Este es un hecho innegable, que si, por un lado, es la manera de que la mujer como “minoría social” u olvido histórico, puede acceder a hacerse oír, pero en bastantes casos es un grifo que cae sobre grupos, plataformas y asociaciones afines que se extenúan por hablar más de lo mismo, cuando no formadas para poner la mano a esas subvenciones.

Hecha esta consideración, pasemos al libro “Mitos bíblico patriarcales. Estudio crítico feminista”, por Mercedes Navarro Puerto, publicado en la colección Feminismos de la editorial Cátedra. No sé si con o sin subvención.

La Biblia, como uno de los libros más vendidos y leídos en la Historia y por todo el mundo, ha influido, qué duda cabe para contemplar la presencia de hombres y mujeres, al ritmo, paso y humus de la evolución de la sociedad humana.

De la hermenéutica para interpretar los textos bíblicos por las escuelas de Teología, se pasa a la hermenéutica de la visión más reciente y feminista de las cosas. Una diferencia y un contraste que no son conciliables, por cuanto se mueven en parámetros diferentes. De la creencia al mito. De la fe a la  no creencia o suspicacia.

Tres amplios capítulos los del libro “Mitos bíblicos patriarcales” ofrecen la visión del feminismo sobre el libro más sagrado de los cristianos. Un contraste y una diferencia. De la creencia al mito.


jueves, 24 de junio de 2021

DEBATE: Bérénice Levet sostiene que el lenguaje feminista no es neutral, sino que responde a una ideología y por tanto no debe oficializarse ni normalizarse. Traducción de Elena Faccia Serrano

El lenguaje feminista ha sido elevado a la categoría de lengua oficial

ReL     Mujeres no feministas    Antifeminismo

"«Feminicidio»: un término contra la sociedad occidental, denuncia Bérénice Levet. No nos dejemos intimidar

 Traducción de Elena Faccia Serrano

Berenice Levet, escritora

L.M.A. 

La filósofa y profesora francesa Bérénice Levet, especialista en el pensamiento de Hannah Arendt, explica un reciente artículo en Le Figaro por qué se niega a utilizar la terminología feminista, asumida ya como propia por el lenguaje oficial y los medios de comunicación y vehículo de transmisión de una ideología destructiva. (Los ladillos son de ReL.)

"Feminicidios": una semántica militante para una realidad trágica y compleja

Sin duda, las cosas han cambiado en los últimos tiempos. Ahora, un hombre que mata a su esposa, ex esposa, pareja o ex pareja está cometiendo un "feminicidio". Y, como signo de los tiempos, siete años después del diccionario Robert, la edición 2022 del Larousse ha introducido este término, forjado en el arsenal del activismo feminista. La palabra no es en absoluto neutral. Está impregnada de ideología y lleva consigo una interpretación de la realidad. Adoptarla es ratificar una narrativa concreta, una determinada trama.

No ignoro el ambiente en el que vivimos. Cuestionar la palabra sería minimizar las cosas. La falacia es evidente y burda. Que el asesinato de una mujer es un mal absoluto es indiscutible. El lenguaje de las feministas ha sido elevado a la categoría de lengua oficial y ha adquirido una autoridad y una legitimidad exorbitantes. Hablar bien, pensar bien, sería decir y pensar la condición de las mujeres recurriendo a categorías importadas esencialmente del feminismo estadounidense.

No debemos dejarnos intimidar. No es solo la libertad de expresión la que está amenazada, sino ante todo -y tal vez sea lo más preocupante-, lo que la sustenta y que está en la base de nuestra civilización: la pasión por comprender, la pasión por cuestionar, la pasión por la verdad y la realidad.

Victimismo y emotivismo frente a inteligibilidad

Cuando los hombres de la Ilustración, pero ya antes Milton y poco después Stuart Mill, reclamaban la libre circulación de pensamiento y opinión, no lo hacían por obsesión narcisista, para permitir que cada uno pudiera expresarse, sino para aumentar nuestras posibilidades de ganar en inteligibilidad, para conducirnos de manera mejor a la verdad.

Nuestros pensamientos están cautivos: cautivos de la retórica victimista, cautivos de la "causa de las mujeres", cautivos de la tiranía de la emoción. Cautivos y aburridos.

Concedámonos, como en la alegoría de la caverna, el derecho a romper nuestras cadenas, concedámonos la libertad de cuestionar lo evidente. Es la realidad la que está en juego, y solo ella debe ser nuestra maestra. Somos sus servidores.

Además, es nada menos que la esencia de Occidente, de Europa, de Francia en particular; somos esa civilización que, como ancestros, se dio a sí misma a Sócrates, Esquilo, Sófocles, Pericles, ese momento de abundancia en el que todo se convierte en una pregunta, en el que se proclama que no hay hojas de ruta para el pensamiento o el arte, en el que, por doquier, se asumen riesgos, se osa.

La víctima, despojada de su singularidad

Una palabra se difunde. La cueva retumba con sus ecos ensordecedores. Lo menos que podemos hacer entonces, ¿no es ver cómo el pensamiento, el alma -si nos atrevemos a usar esta palabra anticuada-, se ponen en movimiento? Lo menos que podemos hacer entonces, ¿no es sorprendernos y preguntarnos qué decimos cuando hablamos de "feminicidio"?

En el Larousse leemos: "Feminicidio: asesinato de una mujer o de una joven por su pertenencia al sexo femenino". En efecto, este neologismo fue acuñado en los años 70 para significar que las mujeres son asesinadas por el hecho de ser mujeres. La simple lectura de la definición ¿no hace evidente el defecto de fondo de la palabra, el defecto de forma? El hombre que mata a su pareja o ex pareja no mata a una mujer: mata a su esposa, a la mujer con la que vive o ha vivido, con la que puede haber tenido hijos. Habría feminicidio si un hombre o grupo de hombres tomaran a un grupo de niñas o mujeres y las mataran, las exterminaran por la única razón de haber nacido mujeres. Este sería el único significado estricto del término.

Primer vicio, primer defecto. Esta palabra reduce a cada uno de los dos sexos a una esencia: por un lado, el hombre, eterno perseguidor y, por el otro, la mujer, eterna víctima, presa perpetua de ese predador inalterable. Reduciendo cualquier historia particular a una trama sumamente resumida, enfrentando a un verdugo contra su víctima, al bien contra el mal, la víctima pierde toda singularidad, toda unicidad, todo rostro. Ya no es una mujer con personalidad propia, ya no es un ser de carne y hueso: se convierte en la representante de una especie, de una generalidad. De ser única, cae en el rango de simple representante de una especie.

Este término, que se supone que rinde homenaje a las mujeres que "han caído bajo los golpes" de sus parejas o ex parejas, tiene exactamente el efecto contrario: la víctima es despojada de su identidad personal. Hay homenajes más generosos, estoy seguro de que estarán ustedes de acuerdo.

No queda nada de la unicidad de una vida. Nada de la singularidad de una historia, de su historia exclusiva atrapada en un haz de complejidades. Si a nuestras activistas se les recuerdan la ambigüedad y  ambivalencia de ciertas historias individuales, no les tiembla el pulso, ya que tienen a su disposición una granada a la que han quitado la anilla y que consideran fatal: el "control".

No quita nada al carácter abominable de estos asesinatos el hecho de admitir que forman parte de historias fatalmente, y en este caso funestamente, entrelazadas. Pero lo que enfada precisamente a las activistas, sean quienes sean, es esta complejidad, y contra ella se rebelan.

El sentido ideológico del término

Si las feministas defienden con tanto ardor y obstinación esta palabra es porque, a sus ojos, tiene al menos dos virtudes: restringir el término "homicidio" a las víctimas masculinas e imponer un término equivalente para las mujeres; así, al elevar el asesinato de una mujer de acto individual a rango de "hecho social", se incrimina la estructura misma de nuestra civilización.

    ¿Por qué un hombre mata a su pareja o ex pareja? Porque, dicen las activistas, cuyos mensajes transmiten obedientemente nuestros políticos y la mayoría de los periodistas, nuestras sociedades son y seguirán siendo "patriarcales" mientras no demos prioridad a las mujeres en todas partes. Esta llave abre todas las cerraduras. La ideología es un seguro contra la realidad. Te pone, parafraseando a Tartufo, "en situación de ver todo sin creer en nada".

    La palabra "feminicidio" sitúa el asesinato de mujeres en el contexto de una gran maquinación, la de la sociedad occidental concebida como una vasta empresa de fabricación de víctimas: mujeres, por supuesto, pero también "las minorías" y "la diversidad".

    La civilización occidental es obra de un hombre blanco heterosexual cristiano o judío que no tiene más pasión que la de dominar todo lo que no es él, a saber: las mujeres, los negros, los musulmanes, los animales, las plantas, lo que forma la base de la "interseccionalidad de la lucha", el punto de convergencia de feministas, indigenistas, anticolonialistas, ecologistas, veganos.

    Se puede objetar que en todos los continentes hay violencia conyugal y asesinatos. Sin duda, pero habrán ustedes observado que cuando el culpable no es "blanco", la suerte de la víctima le interesa mucho menos a nuestras feministas, y en esos casos permanecen mudas.

Desigualdad ante la ley

    Otro punto. El Larousse precisa: "Crimen sexista: el feminicidio no está reconocido como tal por el código penal francés". En efecto, la ley, en nombre de la universalidad y la individualización del castigo, es la última ciudadela. Procesar a un hombre por "feminicidio" sería reducir al acusado a un símbolo, y el juicio a un pretexto. Pero la función de la institución judicial no es juzgar un sistema, sino una persona.

    "Sea cual sea el juicio", nos recordaba Hannah Arendt, "el centro de atención es la persona del acusado, un hombre de carne y hueso, con su historia individual, con su conjunto siempre único de cualidades, peculiaridades, patrones de comportamiento y circunstancias. Todos los elementos más allá de eso (...) son relevantes para el juicio solo en la medida en que constituyen el contexto en el que actuó el acusado". Elevarlo a rango de clasificación penal sería olvidar, negar la esencia misma de la justicia.

    Sin embargo, algunos, como la ministra Marlène Schiappa, hacen campaña en este sentido. El reconocimiento por parte del código penal es su última lucha. Las feministas lideran el asalto y, al ritmo que van las cosas, a la vista del poder que han adquirido la "diversidad", las "minorías" y las "víctimas", es fácil imaginar que la institución judicial no se resistirá mucho más tiempo. Hay muchas razones para creer, y para temer, que la bandera de la victoria se izará pronto.

Un lenguaje con un objetivo

    Por consiguiente, es evidente que no hay nada neutral en el uso de la palabra "feminicidio". Que la palabra "feminicidio" tenga cabida en el vocabulario de las activistas es cosa suya. "Va rápido, gusta en el cuerpo a cuerpo", como dijo Víctor Hugo de las palabras a las que se aferran todos los activistas y bajo cuya bandera libran sus batallas. Que la mayoría de los periodistas se hayan convertido a ella es, por lo demás, cuestionable. Demuestra que muchos periodistas han cambiado la definición de su profesión: de guardianes de la frágil realidad de los hechos, ahora se ven como justicieros, encargados de la misión de "cambiar la mentalidad" y dispuestos, por ello, a sacrificar la realidad.

    Este es un ejemplo notable de la forma en que la neolengua feminista se está infiltrando en el lenguaje ordinario, con la complicidad ardiente y diligente de los políticos y la mayoría de los medios de comunicación. Y el efecto tóxico, buscado por sus activistas, es criminalizar a los hombres en su conjunto y también arrojar sospechas sobre la heterosexualidad: el encuentro de un hombre y una mujer, siendo el hombre lo que es según la lógica neofeminista, siempre es susceptible de convertirse en tragedia. La palabra es, pues, un arma dirigida principalmente contra los hombres, contra nuestra civilización. Trivializarla es un riesgo.

Parafraseando a un general De Gaulle con acentos de Racine, el camino al que nos lleva inevitablemente la palabra "feminicidio" es el de complicar la condición humana con ideas simples. Debemos oponernos con firmeza.

Isidoro
De "FAMILIA,MATRIMONIO, EDUCACIÓN,SOCIEDAD"

miércoles, 14 de abril de 2021

“Feminista y cristiana”, libro de Lucetta Scaraffia, editado por PPC




Julia Sáez-Angulo

14/4/21.- Madrid.- Este libro titulado “Feminista y cristiana”, de Lucetta Scaraffia, publicado por la editorial PPC, trata de contar una aventura que llevó al nacimiento del primer periódico femenino publicado en el Vaticano: Donne Chiesa Mondo. Una iniciativa que surgió de unos objetivos mínimos -hacer que se escuchara la voz de las mujeres presentes y protagonistas, pero ignoradas en la Iglesia- y que creció, convirtiéndose en algo más: un proyecto cultural nuevo y un instrumento de denuncia.

Esta narración de pie para poder abordar asuntos como la intensa subordinación femenina en la Iglesia, los abusos sexuales, la vocación cristiana femenina y su identidad, el poder y el patriarcado, un proyecto de feminismo católico o la moral sexual.

Donne Chiesa Mondo es el suplemento mensual que desde 2012 se publica junto a L´Obsservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede. En él se ha reclamado la reconsideración de la mujer en la Iglesia y su mayor papel en su gestión, cuando no denuncias. Con el papa Francisco, esta posición ha sido escuchada y va mejorando.

Lucetta Scaraffia ha dirigido el periódico femenino hasta que dimitió junto a todo su equipo. Quizás faltó cesión por ambas partes.

Los capítulos del libro son entre otros: No solo Teología, Condiciones de una intensa subverción, Los abusos sexuales; Qué son los abusos para la Iglesia, La vocación, El núcleo del poder; El fin del Patriarcado y la Iglesia, María y la identidad femenina, Propuestas ara un feminismo católico, La moral sexual.

Una buena bibliografía especializada acompaña al libro.


martes, 4 de febrero de 2020

“AHORA FEMINISMO”. Cuestiones candentes y frentes abiertos, libro de Amelia Valcárcel


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Julia Sáez-Angulo

            5/2/20 .- Madrid .- Una de las cosas buena que está haciendo el feminismo es la de reivindicar la obra de mujeres del pasado en todos los campos: literatura, artes plásticas, música... La escultura de Camille Claudel, alumna muy aventajada de Auguste Rodin, por ejemplo, no hubiera sido reestudiada y contemplada, si sus congéneres, las mujeres, no la hubieran reivindicado. Y como este caso, muchos otros en las artes y las ciencias.
            ¿Qué algunos feminismo se pasan de rosca y estupidez? Totalmente de acuerdo; yo no los llamaría tales, en principio, no llamaría feminismo aquellos movimientos que no inviten al hombre a participar en su apoyo para recatar del silencio la falta de visibilidad y resonancia en el presente y el pasado de muchas mujeres. Hay que aliarse, no enfrentarse. Los hombres que no quieran hacerlo, es otra cosa. Y sobre todo, saber que cada grupo feminista tiene sus aspiraciones y ritmo, sin que tenga que ser invadido o acusado por otros de distintos matices. El autoritarismo feminista, también existe y nos hace mucho daño a las mujeres.
            No hay que ir con paños calientes en las reivindicaciones feministas, pero sí respetar y estudiar mejores estrategias de éxito, de eso es de lo que se trata al fin y al cabo. Que mejore la mujer quiere decir que mejoran los hijos, las generaciones y por tanto la sociedad entera.

            Amalia Valcárcel ha publicado su libro Ahora feminismo. Cuestiones candentes y frentes abiertos, editado or la Universidad de Valencia, a través de Ediciones Cátedra. El libro estudia el recorrido del Feminismo desde su origen hasta la Modernidad; desde las reivindicaciones ilustradas hasta el Me Too que ha inaugurado el siglo XXI. El debate está vivo y hay que aprovecharlo.

            En el feminismo siempre encontramos cuatro grandes bloques: una teoría explicativa, una agenda, una vanguardia y un conjunto de consecuencias impremeditadas. “El Feminismo deberá ser reconocido algún día como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, dijo en su día la desaparecida Carmen Alborch.

            En el prólogo del libro se nos advierte que “en bastantes ocasiones, y en el feminismo, como nos sabemos vanguardia relativamente frágil y por lo tanto fácil de atacar, silenciamos las disensiones. Pero a veces hay que arrostra el peligro y decir bien fuerte que... hasta aquí hemos llegado.

            Totalmente cierto y de acuerdo, pero hay que recelar de los chiringuitos que nutren de dinero público algunos colectivos feministas bien untados por los partidos políticos.  No hay mas que tener los ojos abiertos. ¡Atentas y al tajo! Quizás por táctica, habría que alejarse de los políticos y políticas, tan sectarios/as que no permiten a otras juntarse en las marchas del 8 de marzo. Increíble pero cierto. ¿cabe más sectarismo? Algunas ministras o vicepresidentas adolecen de ese mal.

sábado, 10 de marzo de 2018

El almirez: ECOS DEL 8 DE MARZO


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Julia Sáez-Angulo

            Algunas ideas quedaron claras tras la multitudinaria manifestación del día 8, el llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora: que fue multitudinaria, millonaria de a cinco en toda España y que las mujeres se vieron convocadas por un hilo común: el de la desigualdad con los hombres que se traduce en brecha salarial y de pensiones, en la equidad en los trabajos y cargos superiores de mando, de poder, y en los derechos humanos iguales para las hembras en sentido biológico.

            No prosperó la fanfarria de la explotación y desigualdad capitalista que algunos panfletos izquierdistas, populistas y/o comunistas quisieron introducir en el mensaje del día, sin mencionar al machismo visual y rampante de comunistas en China, Cuba y Corea por poner algunos ejemplos. Hay que recordar la afirmación de Karl Mrach: “la mujer es el proletariado del hombre”. Tampoco se  abundó en la posición sangrante de retaguardia, de varios pasos de la mujer respecto al hombre –en sentido literal- en los países islámicos, pese a ciertas mujeres veladas.

            Hay muchas fallas todavía en esas convocatorias interesadas y sesgadas de ciertos feminismos, que parecen manipulados por hombres políticos. El feminismo está fraccionado y ha de dar la batalla centrando sus objetivos comunes o se perderá en los colectivos que existen y se manipulan hacia una política global. Hay que buscar, táctica y estratégicamente para avanzar, a los que ostentan el poder, es decir a los hombres, o si no nos darán las uvas hasta conseguir la justa igualdad de situación socioeconómica con ellos.


miércoles, 24 de agosto de 2016

UN PENSAMIENTO LATERAL Un ‘vis à vis’ con Victoria Sendón De León


Victoria Sendón



L.M.A.
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Buenos días
 Buenas tardes.
Esto me suena a ‘diálogos para besugos’
 En este caso para besugas.

¿Ya estamos con el género?
 No me interesa para nada el género. Recuerdo de pequeña haber visto en algunos comercios un cartel que ponía: “cerrado por falta de género”, pues eso.

Pero usted escribe sobre esos temas
En absoluto. Soy una feminista radical y escribo sobre temas más radicales que ese. Eso del género se ha utilizado para tratar el objeto académicamente sin tener que rebajarse a nombrar a las mujeres o al feminismo. Ah, y últimamente la usan mucho los obispos por el mismo motivo.

¿No le da miedo llamarse radical?
¿Por qué? Ser radical es ir a las raíces y como filósofa es mi obligación. Va en el oficio.

¿Y no le parece un poco pasado eso del feminismo?
Depende. Si me habla del feminismo de Estado, sí. Pero ser feminista radical (y subraya esta palabra) es ser humanista, pero, claro, no se trata de un humanismo de los conocidos, de los vilipendiados por el marxismo, sino de un humanismo nuevo, un humanismo inclusivo o incluyente, porque todos los humanismos, las democracias y las revoluciones han excluido a las mujeres como sujeto político. En muchos casos se ha excluido también a los extranjeros, a los esclavos, a los negros, a los indígenas, a los no propietarios… Un humanismo de hoy tiene que pasar ne-ce-sa-ria-men-te por el feminismo.

¿Y las democracias actuales son también excluyentes?
También. El voto femenino o la paridad tienen su cara oscura, su cara oculta, que esconde un inconsciente hegemónico de lo más misógino, de odio, no solamente a las mujeres, sino a lo femenino. No estoy en contra, en absoluto, pero no basta, ya que no podemos olvidar lo simbólico, que sustenta lo real. Nos hemos quedado mirando el dedo que señala a la luna. Por eso no conseguimos acabar con la violencia machista.

A ver…
¿Usted cree que los varones, acostumbrados desde pequeñitos a ver la televisión, pueden considerar que las mujeres son personas como ellos o más que ellos? ¿Que pueden ver a las mujeres como otra cosa que no sea un cuerpo que está ahí para que ellos lo disfruten? ¿No se las muestra también como estúpidas, cuyo sentido de la vida consiste en encontrar un novio o un marido? Ya me dirá qué puede salir de todo eso.

¿Por ejemplo?
Sin tenerme que referir a programas obscenamente machistas, ¿a santo de qué las periodistas de los telediarios tienen que aparecer absolutamente escotadas y con los brazos descubiertos, exhibiendo modelitos, mientras que ellos salen con chaqueta y encorbatados? Porque ellas son un cuerpo y ellos son informadores, una voz con autoridad. Que la noche de fin de año la presentadora, con un frío que pela, tenga que aparecer en pleno invierno con un vestidito ‘palabra de honor’ mientras que él se presenta con su esmoquin y su capa castellana sobre los hombros… no es que clame al cielo, sino al sentido común. Pero cuando lo arbitrario se naturaliza, es decir, cuando nos parece natural, normal, es que nuestro inconsciente está colonizado por el discurso de otro. Ese otro es el mundo simbólico patriarcal.

¿No le suena esto a moralina?
La moralina es la del propio sistema, porque la moral, que nada tiene que ver con la ética, es un código, implícito o explícito, que hace que nos comportemos de una determinada manera sin posibilidad de crítica. Canal Sur de Andalucía es un ejemplo paradigmático. En ese canal, que hace programas para las familias andaluzas como si fueran idiotas, hay por ejemplo uno que se llama algo así como La Copla, que saca a unas niñas de seis años, más o menos, cantando unas letras terribles que ni ellas entienden, vestidas y pintadas como mujeres de cuarenta que, como dice un amigo, incitan a la pedofilia. Y a todo el mundo le hace mucha gracia, empezando por las propias mamás, que se sienten muy orgullosas de sus engendros.

¿Y esto es lo que incita a la violencia de género?
De género no, machista. No sólo esto, sino muchas más cosas. Por ejemplo, el presentar a las mujeres como víctimas, poniendo el foco en ellas: tantas asesinadas, -que no muertas-, tantas violadas, tantas prostituidas, tantas abusadas…, en fin. Este modo de tratar la violencia no les incumbe a ellos, no piensan que se trate de “su” problema. Son problemas de las mujeres. Lo que hay que hacer es cambiar el foco y dirigirlo hacia los culpables, porque la verdadera cuestión es  saber cuántos potenciales asesinos, cuántos maltratadores, cuántos violadores, cuántos usuarios de la trata de mujeres o cuántos padres pedófilos andan sueltos. No es un problema de las mujeres, sino de ellos. ¿Qué les pasa a muchos varones para tener esos criminales comportamientos? ¿Cuál es su enfermedad? Tenemos que invertir los indicadores y que se sientan señalados, avergonzados. ¿Por qué en nuestro país es donde más proliferan los prostíbulos? Estamos en una situación alegal que beneficia a muchos hombres, sobre todo a los proxenetas. Y ahora incluso, se aprovechan las fiestas populares para abusos o violaciones colectivas. Lamentable.

¿Legalizaría entonces la prostitución?
En absoluto. Aquí hay que distinguir entre prostitutas y prostituidas. La que elija la prostitución como un oficio –aunque siempre es por una cuestión de necesidad- que sea legalizada como otro trabajador cualquiera, pero estas son como mucho un cinco por ciento; sin embargo, el resto son mujeres prostituidas y esta esclavitud sexual, que no puede ser calificada de otro modo, tiene que ser absolutamente perseguida. En Francia, cuando se quiso abolir la prostitución, salió un manifiesto de intelectuales titulado “No toques a mi puta”. Si esos son los intelectuales que tenemos… apaga y vámonos.

Para no escribir sobre género, parece que tiene las cosas muy claras ¿no?
Yo también he invertido mis indicadores y sobre lo que escribo es acerca de una “civilización de referencia”, que se puede llamar patriarcado, patrismo o de otro modo, que subyace a todas las culturas, civilizaciones o sistemas políticos conocidos históricamente. Parto de Oswald Spengler en su obra La decadencia de Occidente. Para resumir, él se ha olvidado de ese substrato sobre el que se asientan todas las culturas analizadas. El patriarcado o la civilización de referencia constituye un patrón similar a un gran fractal que se replica en todos los ámbitos de lo social y lo psíquico con unas características determinadas que se repiten como en los modelos fractales: en la cultura, la economía, la política, la religión, etc.,  sin olvidar las relaciones personales, porque tanto mujeres como varones somos víctimas y agentes activos de esa civilización. En distinta proporción y de distinto modo. Lo peor que ha desencadenado esta civilización de referencia es la hipertrofia del ego masculino (inflación) y la atrofia de la autoestima femenina.

O sea, el machismo
No. El machismo es sólo un síntoma, la espuma de la ola. Es la guerra, la destrucción de la Naturaleza, el desarrollismo, la competitividad, el dominio, las genealogías masculinas, la opresión de las mujeres, las religiones fanáticas, en fin, no te voy a cansar con una lista de despropósitos. Y todo como si fuera de lo más normal. Es lo que Hannah Arendt llamaba “la banalidad del mal”. Vivimos en una civilización psicótica, cuya enfermedad nos puede llevar al desastre y por eso necesitamos una terapia de choque.

¿La actual crisis puede ser esa terapia?
 Según cómo la interpretemos. Si pensamos que es algo pasajero y estamos esperando a que escampe para volver a lo mismo, es que no hemos entendido nada. Esta es una “crisis constituyente”, es decir, una crisis provocada y utilizada para cambiar el modelo de sociedad del bienestar y de derechos sociales, políticos y laborales que se ha conseguido con mucho esfuerzo y con mucha sangre. Es lo que propugnaba Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo: aprovechar el estado de shock para privatizar lo público todo lo que se pueda y venderlo al mejor postor, es decir, a los tiburones de las finanzas o a las grandes corporaciones, como denunciaba Naomi Klein en “La doctrina del shock”. Es lo que está pasando en Grecia a pesar de su gobierno: el mundo en manos de los magnates y de los mangantes, con una clase política que les sirve de escudo protector y unos altos ejecutivos que son su guardia pretoriana. Todos los demás nos iremos convirtiendo en siervos de la gleba, es decir, que vamos a desembocar en un modelo de sociedad feudal, y para eso hay que borrar todo lo conquistado desde la Revolución Francesa hasta ahora.

Pues vaya panorama
Todo depende de una ciudadanía bien informada, con espíritu crítico y ganas de luchar. La crisis está en su momento más crítico. Por eso tenemos que volvernos lúcidos.

¿Y qué otros temas han despertado su interés?
Muy tempranamente me interesaron los herejes. Mi padre leía un libro de Menéndez Pelayo, “Historia de los heterodoxos españoles”, que cuando lo descubrí me encantó, pues me parecían mucho más divertidos que los ortodoxos. Con el tiempo yo misma guionicé y presenté para TVE1 una serie llamada “La España herética”, que no erótica, y descubrí a Prisciliano, sustituido para la cristiandad por el apóstol Santiago; que el más importante libro de la cábala judía fue escrito en Toledo, “El Zohar”; que los más señeros filósofos sufitas eran de Murcia, Córdoba, Sevilla o Ronda, que tuvieron una gran influencia sobre Juan de la Cruz, hijo de morisca, o que los alumbrados, fundados por una mujer en Guadalajara, eran una secta de clérigos, burgueses y mujeres cultas que se extendió por toda Castilla e influyeron en gran medida  en los comuneros. Sin embargo, no se estudian en los libros de historia. Lo curioso es que todos ellos tienen un origen gnóstico, que han sido siempre acusados de libertinos o libertarios.

¿Y lo griego? Creo que también es una de sus pasiones
Bueno, aparte de la filosofía griega, me ha interesado muchísimo lo pre-griego, por ejemplo la cultura cretense, que no minoica como se la nombra, de carácter matrístico y absolutamente original, aunque mal interpretada. A sabiendas, claro. Y otra cosa que me fascina son las vanguardias literarias y artísticas de la primera mitad del siglo XX. Sobre todos estos temas he publicado diversos libros.

¿Y ahora? ¿En qué está, por decir algo?
Ahora estoy con una novela. Renovarse o morir, pero de ella no puedo hablar.
Bueno, pues continuará
Continuará. Gracias por su “vis-à-vis”.