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lunes, 15 de abril de 2019

Alonso Guerrero, ex consorte de Leticia Ortiz, autor de la novela cuasi biográfica “El amor de Penny Robinson”





 Alonso Guerrero


Julia Sáez-Angulo

            15/4/19 .- MADRID .- “Querían saberlo todo de él porque querían saber todo de ella”, dice el comentario subtítulo del libro El amor de Penny Robinson, de Alonso Guerrero, ex consorte de Letizia Ortiz, hoy consorte del rey Felipe VI , que publicado por la editorial Berenice llega a su tercera edición. No esconde la contraportada el dato de ex consorte y no en balde utiliza el apellido Robinson, con una llamada subliminar al título de la película Mrs Robinnson.

            “Esta novela narra un caso real sin precedentes: la transformación de un hombre de una vida sin sobresaltos en un personaje mediático a quien, por el hecho dehabe estado casado con la que iba a convertirse en Reina de España, la prensa del corazón persigue para arrancarle pedazos de lo que o solo pueda contar, sino de lo que es. Da la casualidad de que quien vivió esa anomalía es escritor. Ahora escribe el relato de lo que vivió y, sobre todo, de cómo lo vivió”, se explica en la contraportada de El amor de Penny Robinson.

            Alonso Guerrero se cura en salud y comienza con la cita de Eric Ambler:  “Solo un idiota cree que puede escribir la verdad sobre sí mismo”.

            Realidad y ficción se confunden en este libro, porque se mezclan y yuxtaponen. La novela se leen con interés intriga por lo que tiene o pueda tener de espejo de la realidad.

            Alonso Guerrero Pérez (Mérida. Badajoz, 1962), profesor de Lengua y Literatura en un Instituto de Enseñanza Secundaria en Madrid es un escritor de novelas y reatos cortos, galardonado con los premios Felipe Trigo, Navarra y otros. Casado con Leticia Ortiz en 1998-99 y más adelante con  María del Carmen Astero. Era su tercera boda.

domingo, 8 de abril de 2018

El almirez: El lenguaje de los gestos más poderoso que el las palabras








Julia Sáez-Angulo


            08/04/18 .- MADRID .-El lenguaje de los gestos es siempre más poderoso y elocuente que el las palabras. Eso y no otra cosa puso de manifiesto el célebre video del enfrentamiento de reina  o más bien de una reina sota de bastos contra la anciana que deseaba hacerse una foto con sus nietas. Lo más doloroso fue ver a la princesa de Asturias, Leonor, dando dos manotazos intolerables a su abuela que le echaba el brazo encima, cuando algunos dice que la preadolescente de doce años, futura aspirante a la Corona de España está muy bien educada. Es de esperar que la corrijan.
            La escena no tenía desperdició, el Rey acercándose a poner orden en las supuestas palabras y voces de Doña Letizia a su suegra que deseaba una foto afectuosa, a la que Doña Leonor, no parecía dispuesta, su madre no la centró con la mirada y Don Juan Carlos, Rey Emérito mirando la secuencia con aires de decir castizo: no me lo puedo “de” creer.

            A Doña Letizia se le ve con demasiada frecuencia el pelo de la dehesa. El cargo de reina que necesita mucho “aguantoformo”, como decía Doña Sofía a su hija Doña Elena siendo niña, cuando le reclamaba que quería irse al cumpleaños de una compañera de clase. La asturiana no lo tiene. No es tonta, pero sí mandona, en casa, en las recepciones y en el colegio de sus hijas, como para tener a todos hasta el trigémino. Y además se deja ver en público.

            Tratar de aislar a la familia celular de la familia patriarcal se considera malos tratos en los ámbitos femeninos. Las hijas del Rey son princesa e infanta de España y por tanto tendrán más obligación de imagen que otras niñas. De lo contrario, que no las saque al ámbito público, si lo que deseaba era velar su imagen.

            La diferencia entre la reina Emérita y la reina Actual es que antes el protocolo transcurría con naturalidad, ahora nunca se sabe que puede ocurrir con las indicaciones excesivas y los prontos que se sabe pueden aparecer, me contaba el presidente de una institución española. Recuerdo que en mi trabajo se recordaba que el protocolo está reglamentado, pero una vez en marcha, naturalidad.

            Lo bueno del afaire Letizia es que desplazó un poco a Pugdemont.

           




lunes, 17 de septiembre de 2012




 Cristina García-Rodero, Fotos inadecuadas de Letizia en su 40 cumpleaños



Julia Sáez-Angulo


         Exceso de protagonismo y de photoshop, Letizia Ortiz, princesa consorte de Asturias ha lanzado a los medios informativos –con la aquiescencia de la Casa Real-- una serie de fotos arregladas y maquilladas por la célebre fotógrafa Cristina García Rodero, con motivo de su 40 cumpleaños. Esta fotógrafa, especializada en fotografía antropológica, no siempre ha dado siempre con acierto ante el personaje, sobre todo en las fotos en primer plano. La foto con vestido de encaje negro, más parece una vieja foto del desaparecido Gyennes, que una obra moderna. Letizia parece más una señora de sociedad que una princesa.

Una decisión inadecuada por parte de la Casa Real, que acaba de cambiar su página Web concentrando sus imágenes en quienes corresponde constitucionalmente: el rey, el príncipe heredero y la hija del príncipe heredero. Sacar seguidamente una serie de fotos de Letizia Ortiz, esposa del heredero, por un cumpleaños de cero final no procede, al darle un protagonismo que no tiene para los españoles. Todas las fotos de Letizia sola y en primer plano, sobran. Chirrían. Un 40 aniversario de quien puede llegar un día a ser reina consorte, no es motivo suficiente.

Algunos colegas malévolos llaman “Los Letizios” a la pareja del heredero de la Corona de España y su esposa, más allá de los zapatos con plataforma que ella utiliza. Dejemos su figura, ya de por sí con carácter prominente a estar, como corresponde, detrás del príncipe Don Felipe, cuya figura ni siquiera tiene Estatuto en las leyes españolas. La representación de don Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, es siempre a título disponedor de La Zarzuela, es decir del Rey, por eso la presencia, a veces excesiva de Letizia, en los actos públicos, choca y molesta a más de uno.

El papel de Letizia Ortiz en la Corona es mero transmisor de los hijos del heredero, tal y como dispone la Constitución, por lo tanto su presencia y actuación no deben sobresalir en exceso y menos en suplantación visual. Ella es la madre de la heredera del heredero y la esposa compañera del mismo. Solo adquiriría un papel constitucional –Dios no lo permita-- si Don Felipe, ya rey, falleciese y su hija fuera menor de edad. En ese caso sería regente hasta los 18 años de Leonor.

Letizia está esculpiendo de sí una imagen demasiado protagonista, donde parece cuidar en exceso su imagen estética, más allá de lo que corresponde a su papel público. Ella no es una actriz y su ejemplo de imagen puede ser contraproducente y tener efecto bumerang. Sin ir más lejos, su extrema delgadez, últimamente algo mitigada, a menos que sea obra de photoshop.




sábado, 11 de agosto de 2012




Letizia, princesa de Asturias, no acaba de encontrar su propio estilo





Julia Sáez-Angulo

         Letizia Ortiz, princesa de Asturias (Oviedo, 1972), no acaba de encontrar su propio estilo en su look. No viste ni peina mal, pero tampoco bien. No logra un estilo que la favorezca o defina y, mucho menos, que le de relevancia. Se dice que un cargo hay que vestirlo y Letizia no acaba de lograrlo a satisfacción.

         Cierto que ella le dedica esfuerzo y cuidados a mejorar su aspecto físico, desde operaciones de estética para restar su barbilla prominente, que con el tiempo le hubiera hecho parecer un poco “brujita” a la nariz o viceversa. Todo el mundo es libre de hacerse operaciones de estética, pero parece que la princesa de Asturias se hubiera tomado el cargo como un oficio cinematográfico. Su perfeccionismo en este campo puede tener efecto boumerang. Una cosa es que saque el mejor partido de su apariencia y, otra, que se preocupe en exceso por su cuerpo.

         Letizia es una mujer muy delgada, excesivamente delgada, hasta el punto de que muchos la creen anoréxica, por más que en algún momento haya habido desmentidos de la Casa Real en este aspecto. Sus hombros tan sumamente descarnados han aparecido patéticos en algunas fotos –sin el paso del phostoshop--, como de personaje en campo de concentración. Debe descartar por sistema los vestidos entrados de manga y acudir a la manga corta o larga para tapar sus huesudos omoplato y clavícula. Unos kilos de mas no le estorbarían y aportaría mejor imagen a su representación.

Letizia sobrepasa los cuarenta años y ya no es una jovencita, por tanto ese abuso que hace de los vestidos minifalderos no dice nada en su favor sino más bien en contra. El largo por encima de la rodilla sería el suyo y sobre todo el del cargo que representa; las cortifaldas debe desecharlas porque le dan un aire de “quiero-ser-jovencita” que no proceden.

Tampoco le va el hecho de remangarse las rebecas que lleva en ocasiones, como si fuera a lavar los platos; que lleve manga francesa o traje de paño que no admite el remango menestral.


El pelo, su melena, es el mayor desastre. Llevar una melena tan larga no va con su edad, estilo ni cargo. La media melena es lo elegante y evita esa visión de cabeza grande que le da tanto pelo, en comparación a la talla escurrida de su cuerpo.

No debe llevar la tiara o diadema con melena, queda inadecuado y vulgar. La gala requiere el pelo recogido, más elegante y le queda mejor; entonces sí cabe lucir una tiara sobre su cabello. 

Felizmente dejó de usar los zapatos grandes y mazacotes de la moda puntual o las grandes plataformas. Una plataforma pequeña es lo más adecuado para ella.

Quizás debiera cambiar de modisto con más frecuencia o directamente cambiar. Hasta ahora no han sabido “esculpirla”.  Le conviene recordar lo que le dijo Oleg Cassini –modisto que insufló glamour-- a Jackie Kennedy: “Usted no debe vestir a la moda, usted debe dictar la moda”. Letizia está a años luz e esa máxima. Cassini supo diseñar un look para la primera dama de los Estados Unidos. La que pudiera ser en el futuro primera dama de España está por crear su estilo, todavía indefinido. Le sobra cortifaldeo, faldas al aire que le hacen mostrar su ropa interior o visiones sexy que en su caso no han lugar. 

A veces una cree que quizás Letizia no se deja aconsejar, si así fuera, sería una pena. Ella representa no sólo a ella.