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miércoles, 6 de agosto de 2025

PILAR ENGELMO, la diosa Cibeles de la Pintura en El Escorial

Pilar Engelmo, pintora, ante dos de sus cuadros: "Ammonites"
Mastines de Pilar Engelmo

Julia Sáez-Angulo
Fotos: Pilar Suja

6/8/25.- Madrid.- Junto a sus cinco mastines, la pintora Pilar Engelmo parece la diosa Cibeles en su finca de El Escorial. Lo mastines, Lavanda, Martín, Dardo, Trem, Lía, que más bien dormitan por el día y se refugian del calor, salen a trabajar por la noche por toda la finca, como los mejores guardianes que pudieran imaginarse. Son de una fidelidad perruna.
Cuando Pilar Engelmo, nacida en Huelva, pinta en su estudio, también le acompaña alguno de los cinco, porque ellos no consienten que su dueña esté sola. Pilar Engelmo dice, que lleva una temporada más tranquila en cuanto a trabajo pictórico, después de exponer en una colectiva en el Centro Cultural Mira de Pozuelo, y en otra colectiva de mujeres, con motivo del Día Internacional de la Mujer. “He bajado un poco el ritmo”, confiesa la pintora.
Alumna de las clases de Manuela Picó, sus elogios son grandes para la maestra: “Enseña todos los géneros y con todos los materiales y soportes posibles, además la ves pintar en un cuadro suyo y eso enseña más que nada, algo que no todos los profesores hacen. Es generosa”.
Pilar Engelmo acaricia volver a pintar sedas, como ya lo hizo hace unos años, porque, “aunque dificultoso dan satisfacciones. Tuvieron éxito y ya no me queda ninguna”.
Por otro lado, la pintora quiere hacer un quiebro, respecto a lo anterior, y da vueltas a nuevas ideas. Después de pintar un círculo ferruginoso, se le ha ocurrido la idea de pintar una serie de rosas con ese mismo cromatismo y textura. Está por hacer y ver.
No sé si habrá pintado en alguna ocasión a sus mastines, pero son dignos de ello. Posan muy bien en su quietud aparente. La diosa Cibeles de la Pintura en El Escorial confiesa que disfruta con la naturaleza del jardín circundante a la casa, donde los árboles, plantas y flores dan mucho trabajo, pese a que el riego automático está casi por todas partes. “Esta no es una casa lujosa, pero es un lujo de casa”, le gusta repetir. Me señala la entrada, donde piensa plantar una hilera de cipreses. "Todo son proyectos".
Ahora está entretenida con el arte textil en bastidor, una tela de hilo color crudo, con grandes floripondios de colores a base de lana y cadenetas. ¿Tapiz, colcha…? “Relaja mucho”.
También me habla con entusiasmo de la fauna que merodea la finca: “Conocemos ya cinco zorros distintos que se cuelan por la verja. Los identificamos por la cola. No son peligroso porque huyen al vernos. También hay muchos gorriones -afortunadamente hasta aquí no han llegado las peligrosas cotorras argentinas que acaban con sus nidos y además, son mareantes. Hay también meloncillos, conejos, topos, águilas imperiales, que se zampan las palomas… -lo vemos por las plumas- y, por supuesto, las vacas circundantes, que esas no pueden trasvasar la valla”.
Arte y naturaleza son la clave para esta pintora voluntariosa y artista. Lo dicho: como la diosa Cibeles en el El Escorial.
    Más información
Mastines de Pilar Engelmo
Pilar Engelmo muestra una de sus obras 
Pilar Engelmo con su arte textil
Pilar Suja y Pilar Engelmo ante los "Ammonites" pictóricos de Engelmo
Pilar Suja, Julia Sáez-Angulo y Pilar Engelmo


jueves, 27 de marzo de 2025

MADRES E HIJAS, PROFESORAS Y ALUMNAS, en la exposición "Mujeres Artistas de Pozuelo 2025"

María Luisa Valero, su Mónica Mittendorfer y su alumna Gema Lopesino, ante el cuadro de Mónica.

Artistas y asistentes rodean las obras de Karin, la escultora alemana

Carmen Valero Espinosa

Fotos: Rosa Gallego

27/3/25.- Madrid.- María Luisa Valero y Mónica Mittendorfer, por un lado y Pilar Engelmo y Pilar Suja, son dos grupos de madre e hija que exponen al mismo tiempo en la exposición de Mujeres Artistas de Pozuelo 2025 -"por cuna o por afecto", según palabras de la alcaldesa-, que tiene lugar en el Centro Cultural Padre Vallet, de Pozuelo de Alarcón. Al mismo tiempo una serie de profesoras y alumnas se dan cita en la misma exposición junto a las tres curadoras: Rosa Gallego, Manuela Picó y María José Bro.

“Mónica y yo hemos expuesto en cuatro ocasiones como pintura de dos generaciones”, explica M. Luisa Valero, cuando explicaba el cuadro al óleo, un paisaje sobre el madrileño parque de El Capricho, durante la visita guiada que se hace al público varios días de la semana. 

“Cuando se vive en un ambiente artístico, el contagio y la continuidad de ese arte es frecuente, aparte de que se lleva también en el ADN”, añade Valero. La presencia de familias artísticas es frecuente en la Historia del Arte, ahí están los casos de los Madrazo, los Fortuny, Manuel Ortega y Manolo Oyonarte, que son padre e hijo…, podrían ser algunos ejemplos.

La exposición, en el Centro Cultural Padre Vallet,  junto al Ayuntamiento, que se inauguró por la alcaldesa Paloma Tejero, con motivo del Día Internacional de la Mujer, se clausura a finales de este mes.

María José Bro, una de las comisarias, profesora de pintura en el Centro Mira confiesa que le gusta la docencia que lleva ejerciendo desde hace lustros. “Tengo más de cien alumnas y alumnos y estoy orgullosa de ellos. De las clases han salido grandes artistas, algunas de ellas muy bien posicionadas en el circuito artístico y alguna de ellas expone aquí por derecho propio”,

Manuela Picó es otra docente de pintura singular, a cuyo taller acuden artistas, incluso consagrados, para aprender diferentes técnicas artísticas. “Mis clases son muy distintas a las de otros talleres, son individuales y la atención al alumno es total”, explica. Pilar Engelmo y Pilar Suja son algunas de sus alumnas, que acuden a Pozuelo. También lo fue en su día, el desaparecido Vicente Verdú. Manuela Pico prepara una magna exposiciòn para Herráiz, titulada Cronos.

Rosa Gallego, artista y animadora cultural sin límite, también ha ejercido la docencia, sobre todo con niños y organizado numerosos concursos infantiles. “Esto me entusiasmaba, porque era como sembrar en los más pequeños. Ahora, algunos, ya mayores, se me acercan con entusiasmo a saludarme y me recuerdan que yo les di las primeras clases de pintura. Es muy gratificante. Lo tuve que dejar, cuando tuve algunos problemas de salud”.

Mención aparte merecen las dos esculturas de la alemana Karin Gawinski, 90 años, residente en España, que presenta dos obras, una en barro titulada “Madre Tierra” y otra en madera, titulada “Patera”. Todas quisieron rodear y posar ante sus esculturas, en señal de reconocimiento a su edad y a su obra.

    Entre las 48 artistas que exponen: Mayte Spínola, Nati Cañada, Cuchi de Osma, María Jesús de Frutos, Pilar Sagarra, Ángela Palomeque,  Czili Liao, Virginia Romero,  Gema Lopesino, Amelia Mendivil, Amparo Ayllón, María Jesús Aragoneses, Aracely Alarcón, Concha Tejeda, Amalie Les Champs, Martina Cantero, Marta Navarro, Rocío Domínguez, Goyi Mateo, María Larromana, Marina Gómez, Salvi Morales, Amalié LesChamps, Isagus, Pilar Pardo,  María Larromana, Aracely Alarcón, Concha Tejeda, María Ferrero...

Pese a que la sala de exposiciones de Pozuelo no está a ras de calle, como sería lo adecuado y como lo era la desaparecida sala Volturno, la muestra ha tenido numerosas visitas, algunas de ellas guiadas, en las que las artistas presentes explican a los visitantes los elementos de composición, color, armonía, pigmentos, superposiciones fotográficas, etc.

    Más información 

https://lamiradaactual.blogspot.com/2025/03/mujeres-artistas-de-pozuelo-exposicion.html

https://informados.es/noticias-noroeste-madrid/exposicion-mujeres-artistas-cincuenta-creadoras-de-pozuelo-de-alarcon-muestran-sus-obras-en-el-centro-cultural-padre-vallet/

Tres comisarias de la exposición: Rosa Gallego, María José Broy Manuela Picó, ante el cuadro de Aracely Alarcón
Cuadros de "las Pilares", madre e hija. Pilar Engelmo: "Flor" y Pilar Suja: "Cabeza".

Gema Lopesino ante su obra sobre papel

Carmen Valero Espinosa ante la escultura de Zcili Liao
Niño entusiasmado ante el cuadro de Mayte Spínola "Tres amapolas"
Julia Sáez-Angulo y la pintora Carmen González

viernes, 26 de agosto de 2022

CRÓNICAS ESCURIALENSES XXXI. Las “Pilares”, dos pintoras, madre e hija, en Buenavista, una finca con siete mastines en Molino Tornero

Pilar Engelmo, pintora, con uno de los siete mastines

Mastines, "Los Martínez"


Julia Sáez-Angulo

            25/8/22.- El Escorial.- Fui a visitar el taller/estudio de dos mujeres pintoras, y me quedé fascinada con Buenavista, la finca escurialense en la que habitan. Pilar Engelmo y su hija Pilar , -las Pilares, las llamamos cariñosamente- madre e hija, que disfrutan a la hora de pintar y mostrar sus cuadros, pero tanto o más al recorrer para enseñarme la casa y el gran jardín, en la que han estado pasando vacaciones estivales e invernales desde hace más de treinta años y en la que residen, desde hace algo más de dos años. Ambas pertenecen al Grupo pro Arte y Cultura, fundado por Mayte Spínola en los 90.

            Buenavista, situada en Molino Tornero (quedan restos de un viejo molino), la adquirió el esposo de Pilar Engelmo, Francisco Serrano Terrades, allá por los años 60,  con el que estuvo casada 30 años. Fueron muy felices en Buenavista cuajada de fresnos, encinas y robles, como el cercano bosque de La Herrería. Desde la finca se divisa el Real Monasterio, clave de todo terreno que se precie, y más en otoño, cuando los árboles se despojan de las hojas y dejan el paisaje lorentino casi diáfano.

            Toda casa conlleva una historia y la de Buenavista no iba a ser una excepción. “Ésta no es un chalet ni una mansión, es una casa de campo, cómoda y amplia, toda ella a ras de suelo. Cuenta con un anexo para el estudio/taller de arte, donde Pilar Engelmo pinta abstracciones sobre seda y Pilar Suja, figuración en una reciente serie sobre “Saltos olímpicos”.

            -¿No comercializas estas sedas como pañuelos de moda?, le pregunto a P. Engelmo.

            -No sé venderme en ese campo, responde Pilar. Yo las contemplo, sobre todo, como cuadros.

            En la pared del office veo una hermosa seda enmarcada, titulada “Burbujas”, de hace más de diez años, según me explica. “Lo pinté con una técnica muy especial, secreta”.

            Lo más llamativo de la casa son los siete mastines - los Martínez les llama en plural-, grandes como caballos, que llegan a pesar hasta 90 kg. Los hay blancos, oscuros, atigrados… ¡Impresionantes! Andan medio adormilados por los suelos, durante el día, buscando la sombra, porque los mastines son noctívagos y en la noche recorren y vigilan con sumo celo la finca. “Son excelentes perros de defensa. Iban con las ovejas de la trashumancia, no para “pastorear” al ganado ovino, sino para defender a pastor y ovejas de los lobos en la noche cuando acampaban o en las majadas”, explica Pilar Suja. “Cuando a veces salgo al porche en la noche, yo les hablo, para que reconozcan mi voz de inmediato”, añade Pilar Engelmo. "Los Martínez" consumen toneladas de pienso para mantenerse en forma.

            Recorremos la casa, especialmente alhajada por Pilar, sobre todo con muebles de familia: una mesa florentina que ella restauró con paciencia a base de hisopados varios; un gran cuadro de un violinista, de Agustín Segura (1900-1988), “el pintor de Tarifa, que llenó los ministerios con sus retratos a los ministros”, comenta P. Engelmo.

            Me llaman la atención una serie de arcos y flechas que están adosados a la pared. “Mi hija y yo practicamos tiro al arco y no se nos da mal del todo”, me explica Pilar. Descubro con admiración una gran mesa de comedor de piedra y la misma dueña me cuenta: “Es de ónix, pesa 300 kilos y vino de México. Un regalo de mi marido cuando viajamos a ese país y a mí me gustó esa mesa. Llegó por barco a España y entró en la casa, por sorpresa, el mismo día de mi cumpleaños. Paco era un hombre excepcional y me quería mucho” (¡Que suerte!).

            La piscina se abre y se cierra con una cúpula baja transparente para evitar la caída de las hojas con la brisa y el viento del cercano monte Abantos. Una carpa cercana y otra a modo de quiosco permiten un refugio puntual protector del sol. “Mis nietos la disfrutan mucho, lo mismo que las grandes peñas del lugar”. “Hay algunas peñas que están manipuladas por el hombre, pues se utilizaron de cantera, posiblemente durante la época de Felipe II”, comenta P. Suja. P. Engelmo señala una gran peña que parece una capilla diminuta, donde sus nietos se han permitido pintar unas grafías de color naranja, para emular las pinturas rupestres.

            Un buen horno exterior lo utilizan para hacer pan o asar cordero, aunque las dos pintoras son cada día más vegetarianas. Siguen una dieta y están entusiasmadas con una nueva máquina de freír patatas sin aceite. “¡Una maravilla!”.

            Los pájaros carpinteros o picapinos, como los llama Pilar, sobrevuelan el aire. Algunos corzos se ven de vez en cuando, me cuentan.

            Visitamos el huerto con cultivo de tomates, pimientos, cebollas y acelgas. Me regalan un manejo de cebollas. “Tenemos tantas hortalizas que regalamos al vaquero y a los amigos. ”Nos gustaría ser autosuficientes. Queremos instalar placas solares y será la próxima obra, después de los fuertes aislamientos a que hemos sometido la casa” explica P. Engelmo. “La falta de agua nos está matando la vegetación. Estoy deseando que llegue la lluvia o las tormentas, para que regeneren toda la tierra”. Pilar madre presume de que el huerto lo cultivan entre el hortelano marroquí y ella, jardinera nata.

            La conducción de riego automático para el huerto es obra de Pilar hija, dentista de profesión y pintora de vocación. La manipulación y articulación de materiales es lo suyo. Una “manitas”.

            El porche de la casa está lleno de macetas. “Mi madre es una maga de las flores”, dice P. Suja y allí pueden verse calas, canas, clivias, liliums, lavanda, mahonias… “Me gusta cuando florecen los lirios a principios del verano, lo hacen por colores, como si tuvieran un protocolo. Primero los morados, seguidos de naranja… hasta que llegan los blancos, que son los últimos”.

            Algo curioso de este recorrido es el vivero de gusanos o lombrices -sagradas las llaman en una película de Marlon Brando- para oxigenar la tierra. El resultado es un humus negruzco lleno de lombrices muy beneficioso para macetas y viveros, superior al mantillo.

            La finca tiene también salamanquesas y algunos ofidios como la culebra conocida como escalera, inofensiva, pero también la bastarda, de la que hay que precaverse. Tizón, el caballo negro en el que P. Engelmo ha montado con frecuencia, se pasea a su aire por la finca. “Está ya viejo y delicado”.

            No lejos de la casa, un túmulo con un olivo, donde reposan las cenizas de Paco. “Ahí estaré yo con él algún día”, dice P. Engelmo. “Por la noche el olivo está iluminado y nos recuerda su presencia”. El marido murió en 2020, con todas las dificultades dolorosas para poderlo visitar en el hospital, y Pilar cuenta que, tras su muerte,  ella y su hija se subieron a lo alto de un montículo de la finca para recordarlo y rezar por él. “Eran las 12,00 horas del mediodía de un domingo y de pronto escuchamos tocar las campanas al vuelo de todas las iglesias de alrededor. Quedamos sobrecogidas. Luego supimos que el Papa Francisco había mandado que repicaran todas las campanas de la cristiandad a esa hora para recordar a las víctimas”.

            Compartir el tiempo con estas pintoras es hablar de todo, además de arte. Son buenas narradoras y aman con fuerza el lugar, Buenavista, finca muy cercana a El Escorial, junto a Prado Tornero. “Afortunadamente no se puede construir en ella, por lo que, aunque pudiera, no caería en la tentación”, dice P. Engelmo.

            Poco antes de mi marcha, la dueña habla con Antonio, el vaquero, un hombre afable. Cuarenta vacas pastan y de esa manera limpian también la finca, de cara a posibles incendios.

            Al irme, recuerdo otra finca escurialense que visité hace años, junto a la carretera de Galapagar. Era de Plácido Arango, coleccionista de arte y empresario de los VIPS, quien fuera presidente del patronato del Museo del Prado. El hombre iba a prestar unas obras de arte al Ministerio de Cultura, donde yo trabajaba en aquel momento. Era otra finca interesante de las muchas que rodean El Escorial.

El Real Monasterio desde Buenavista

Pilar hija, en época de retama

Mahonias

Vacas en Buenavista

Buenavista en días de nieve invernal

Casa de campo. Parte del estudio y almacén

Pilar Engelmo y Julia Sáez-Angulo

Olivo con las cenizas de Francisco Serrano Terrades, esposo de Pilar Engelmo