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sábado, 15 de agosto de 2026

PILAR SUJA. "CABEZAS BARROCAS" Y OTROS ROSTROS EN EL ESTUDIO

 * La pintora se prepara para exponer sus obras en Madrid. 

       Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2025/08/pilar-suja-prepara-su-su-serie.html

Pilar Suja ante sus cuadros

El Escorial, 15.08.2026

Fotos: Luis Magán

Pilar Suja y una de sus pinturas.



Cabeza barroca.

D´aprés "La niña de la perla".


Las Pilares, madre e hija.
Selfie de amigos: Pilar Suja, Pilar Engelmo, Luis Magán, susana Arregui y Julia Sáez-Angulo

martes, 11 de agosto de 2026

Diario Escurialense XVIII. LOS HABITANTES DE "PRADO MOLINO" EN TIERRA, AGUA Y AIRE. Desde el águila calzada, cárabos, milanos... hasta conejos, sapos o topos

Pilar Engelmo en Prado Molino
Adelfas y dondiegos de noche (Mirabilis jalapa)


Julia Sáez-Angulo

        Fotos: J.S.A. 

        11/8/26.- El Escorial.- Me gusta cumplir con el ritual de visitar cada verano a las Pilares, madre e hija pintoras, en su finca llamada Prado Molino, junto al Tamajón, pradera de la dehesa, la Hípica... son varias fincas unidas. Todas ellas están dentro de la conocida Cerca de Felipe II, el territorio de caza del monarca creador del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Una Cerca con exigente normativa de preservación del territorio, que impide poner placas solares en los tejados.

    Es una costumbre, la de visitarlas, que se ha ido convirtiendo con los años en una de esas pequeñas ceremonias de la vida que uno espera con ilusión, porque hay lugares a los que no se va solamente para estar, sino para reencontrarse. 

    Prado Molino es una dehesa, no un bosque, recalca Pilar Engelmo, tiene sus propios habitantes. No son únicamente las personas que viven o pasan allí durante el verano junto a las anfitrionas. Son también los árboles, los animales, los pájaros, los reptiles, los insectos… Y, por supuesto, las vacas, cercadas en una de las fincas anexas, pastoreadas por un diligente y simpático vaquero. Y los caballos de la hípica, cuando está en funcionamiento.

    Y cinco habitantes excepcionales: los mastines: Martín, Dardo, Trem (de Tremendo), Lía y Lavanda. Durmientes durante el día y vigilantes audaces y ladradores en la noche.

    Los fresnos son quizá los árboles que primero llaman la atención. Hay también encinas, recias y austeras, acostumbradas a la sequedad de Castilla; robles que dan al paisaje una cierta solemnidad, ailantos y otros árboles más humildes que completan esa comunidad vegetal que hace de Prado del Molino un lugar singular.

    Uno puede sentarse allí y tener la sensación de que el campo habla. Pero hay que saber escucharlo, advierte Pilar Suja, "ornitóloga" de conocimientos, frente a Pilar Engelmo, que es sabia en botánica.

    Al amanecer comienzan los pájaros. Primero se oye alguno escondido entre las ramas y después se va levantando una verdadera conversación. Cada especie tiene su voz y su hora, como si todos conocieran perfectamente el papel que les corresponde representar.

    Por encima de todos aparece habitual el águila calzada, majestuosa, cruzando el cielo con ese vuelo que parece no necesitar esfuerzo. Su presencia es siempre bien contemplada. Uno levanta la cabeza y la sigue con la mirada hasta que se pierde en la distancia. Busardos, halcones, buitres y otras rapaces.

    Más difícil es descubrir al cárabo, que pertenece a la noche y al misterio. Su voz puede escucharse cuando ya ha desaparecido la luz, y entonces la dehesa adquiere otra dimensión. El autillo, pequeño y discreto, también forma parte de ese concierto nocturno. Y están el búho común y el milano, cada uno dueño de una parte del cielo y del paisaje. Pilar los distingue perfectamente y los contrasta con los registrados digitalmente. 

    Más cercanos: oropéndolas, golondrinas, urracas, gorriones, abubillas, palomas... 

    “Así, Prado del Molino tiene una vida que continúa cuando nosotros nos acostamos”.

    Durante el día, los pájaros y los insectos parecen ocupar el espacio; al caer la tarde comienzan a aparecer otros habitantes. Hubo un tiempo en que hubo unos lagartos, “comestibles en algunos lugares de Extremadura”, me cuenta Pilar, y hasta una serpiente de unos dos metros, no venenosa ciertamente, pero su picadura no hubiera sido precisamente una caricia. Están también los conejos, liebres, sapos,  topos, cigarras,  avispas... (El Urbasón está cerca, por si llegara la picadura)

“Vinieron dos guardas de SEPRONA para verla y hacerse cargo, pero, astuta como una serpiente, se escondió entre las rocas y no hubo manera de contemplarla bien”.

    “La dehesa cambia de voz y de ritmo, según las horas. Me gusta pensar que todos estos animales estaban allí antes de que nosotros llegáramos y seguirán estando cuando nosotros nos hayamos ido. Son la vida y riqueza de la Naturaleza”, comenta la anfitriona.

    Las Pilares conocen bien ese mundo. Han vivido tantos años en la finca que saben distinguir muchos de sus sonidos animales o astrales, y reconocer los cambios del campo. Para quien llega de la ciudad, Prado del Molino puede parecer simplemente una dehesa hermosa. Para ellas es mucho más: es una casa, un paisaje y también una historia. Y quizá por eso gusta tanto volver. 

    Generosas de verdad, Prado del Molino cuenta con frecuencia con presencia de amigos invitados que pasan con ellas varios días. María Javier Díaz, la empleada hondureña, también está muy fundida y encantada con Prado del Molino, al igual que los vaqueros.

    Cada verano encuentro lo mismo en Prado del Molino y, al mismo tiempo, algo diferente, por eso vuelvo. Los fresnos siguen allí, la encina continúa resistiendo el calor, los robles cambian lentamente con las estaciones…Pero nosotros no somos exactamente los mismos. Los años pasan por las personas mucho más deprisa que por los árboles, que casi todos sobrepasan el centenario.

    Uno puede contemplar un roble y preguntarse cuántas generaciones habrá visto pasar bajo sus ramas. Cuántas conversaciones, cuántas despedidas, cuántos niños convertidos en adultos. Quizá los árboles sean los verdaderos testigos de la historia de Prado Molino, porque son más longevos que nosotros. El Real Monasterio, el monte Abantos y las mellizas Machotas ponen fondo y telón a Prado  Molino y a la Cerca de Felipe II.

    Y luego están las aves. Me gusta imaginar que cada una de ellas conoce su territorio mejor que nosotros. El águila calzada conoce el cielo; el milano, las corrientes de aire; el cárabo y el autillo, la noche; el búho, las sombras. Nosotros apenas somos visitantes en un mundo que ellos habitan de verdad. Por eso llamo a este relato Los habitantes de Prado  Molino. Nosotros somos pasajeros y ellos permanecen.

    Y después del paseo por la dehesa, un buen baño en la piscina de sal, que no de cloro, para paliar el calor de la meseta castellana, a más de 600 metros de altura.

    Más información

https://www.youtube.com/shorts/SfnePhxppH8

Las dos Pilares, pintoras, de compras.
María Javier Díaz, hondureña en la casa.

Mastines durante el día.

Camino hacia la piscina de sal.
"La mano de Buda", cítrico en maceta de la terraza.

Lagarto en la dehesa.
Vigilando Prado Molino.

lunes, 4 de agosto de 2025

PILAR SUJA prepara su serie pictórica "Piedra viva/L iving stone", tras "Las Barrocas", en El Escorial


Cuadro de la serie "Piedra viva/Living stone". Pilar Suja.


Julia Sáez-Angulo
        Fotos: J. S. A.

4/8/25 .- Madrid.- La mente de la pintora Pilar Suja Engelmo (Madrid) es hoy un hervidero de ideas estéticas sobre su pintura. Después de su serie pictórica “Las Barrocas”, está inmersa en una nueva, “Piedra viva/Living Stone”, donde dice que investiga y aprende al mismo tiempo. La pintura absorbe ahora su pasión y a ella le ha dedicado su tiempo y energía en su taller/estudio de El Escorial. Al mismo tiempo disfruta de un galardón y la selección como finalista, en el Centro Cultural Mira de Pozuelo de Alarcón.
Tanit, diosa de Ibiza, entonada en azules, recibe a la entrada de su casa. Es un cuadro pintado por Pilar Suja en 2025, durante los largos días de lluvia.
“Piedra viva/Living Stone” es una serie en la que la autora parafrasea a Miguel Ángel que extraía las esculturas del mármol la piedra en la que estaban ocultas. Pilar Suja quiere extraer los rostros humanos que laten en los bloques de piedra de donde parecen emerger.
“Quiero que las caras surjan de la dureza de la piedra y se vayan metarfoseando en arcilla, siguiendo el relato bíblico de que venimos del barro”, explica la pintora, al tiempo que muestra como los rojos, ocres, amarillos de la “arcilla” compensan cromáticamente el gris de la “piedra”.
El resultado de esta serie promete. Hay una evolución en cada cuadro pintado, de una planitud de origen a una pintura ligeramente matérica, que en algunos casos ofrece un trampantojo.
“Los efectos se consiguen con la utilización de los distintos materiales y su aplicación, desde el acrílico de origen al óleo aplicado con pincel o paleta, además de los aerosoles, lápices, tizas…”
Pilar Suja es una dibujante consumada, que ya llamaba la atención sobre su destreza en el colegio. Para su pintura dibuja mucho, prepara con cuidado los bocetos. Sus cuadernos de trabajo están llenos de ojos, labios, narices…Ahora, la pintora cuenta con la herramienta auxiliar del computador. Me muestra la paleta donde aparecen sus modelos previos, ante de llevarlos al lienzo. “Es un proceso previo importante, antes de ponerme a pintar”, afirma la pintora.
Dentro de la serie "Piedra viva/ Living stone", Pilar Suja ha querido incorporar la imagen de la joven de la perla, de Vermeer, para igualmente hacerla emerger de la "piedra" a la pintura. El cuadro está en marcha y viene a ser un homenaje a la belleza de esta bella figura en la Historia del Arte. Pilar Suja no renuncia a la belleza.
El tiempo le cunde a Pilar Suja, porque cuenta que no ve la televisión, si bien escucha podcasts mientras pinta, algo que le ayuda también a sentirse informada de temas como la arqueología y la antropología, cuando escucha a Juan Luis Arsuaga sobre el yacimiento de Atapuerca, por ejemplo. Le gusta trabajar en formato grande, porque se ajusta mejor a su lenguaje y su búsqueda.
La pintora reconoce a sus mejores maestros: Manuela Picó y Pablo Rubén. "A. ambos los he visto pintar sus cuadros" Con el último dio un curso de acuarela en el Museo ABC de Madrid.
    Pilar Suja sueña también con hacer escultura, con el modelado, al tiempo que me muestra un pequeño ejemplar en barro, "Gnomo". "Pero todo a su tiempo. Una cosa detrás de otra". La mente de Pilar Suja es un hervidero de ideas.

Más información



Sobre el cuadro "La joven de la perla", cuadro en el que sigue trabajando P. Suja
Pilar Suha junto al cuadro que pintó de la diosa Tanit
"Guau", pintura y modelo (2024)
Pilar Suha y modelo masculino, que replicará en "piedra viva"

Pilar Suja, Julia Sáez Angulo y Pilar Engelmo brindan en el jardín con una piña colada

jueves, 27 de marzo de 2025

MADRES E HIJAS, PROFESORAS Y ALUMNAS, en la exposición "Mujeres Artistas de Pozuelo 2025"

María Luisa Valero, su Mónica Mittendorfer y su alumna Gema Lopesino, ante el cuadro de Mónica.

Artistas y asistentes rodean las obras de Karin, la escultora alemana

Carmen Valero Espinosa

Fotos: Rosa Gallego

27/3/25.- Madrid.- María Luisa Valero y Mónica Mittendorfer, por un lado y Pilar Engelmo y Pilar Suja, son dos grupos de madre e hija que exponen al mismo tiempo en la exposición de Mujeres Artistas de Pozuelo 2025 -"por cuna o por afecto", según palabras de la alcaldesa-, que tiene lugar en el Centro Cultural Padre Vallet, de Pozuelo de Alarcón. Al mismo tiempo una serie de profesoras y alumnas se dan cita en la misma exposición junto a las tres curadoras: Rosa Gallego, Manuela Picó y María José Bro.

“Mónica y yo hemos expuesto en cuatro ocasiones como pintura de dos generaciones”, explica M. Luisa Valero, cuando explicaba el cuadro al óleo, un paisaje sobre el madrileño parque de El Capricho, durante la visita guiada que se hace al público varios días de la semana. 

“Cuando se vive en un ambiente artístico, el contagio y la continuidad de ese arte es frecuente, aparte de que se lleva también en el ADN”, añade Valero. La presencia de familias artísticas es frecuente en la Historia del Arte, ahí están los casos de los Madrazo, los Fortuny, Manuel Ortega y Manolo Oyonarte, que son padre e hijo…, podrían ser algunos ejemplos.

La exposición, en el Centro Cultural Padre Vallet,  junto al Ayuntamiento, que se inauguró por la alcaldesa Paloma Tejero, con motivo del Día Internacional de la Mujer, se clausura a finales de este mes.

María José Bro, una de las comisarias, profesora de pintura en el Centro Mira confiesa que le gusta la docencia que lleva ejerciendo desde hace lustros. “Tengo más de cien alumnas y alumnos y estoy orgullosa de ellos. De las clases han salido grandes artistas, algunas de ellas muy bien posicionadas en el circuito artístico y alguna de ellas expone aquí por derecho propio”,

Manuela Picó es otra docente de pintura singular, a cuyo taller acuden artistas, incluso consagrados, para aprender diferentes técnicas artísticas. “Mis clases son muy distintas a las de otros talleres, son individuales y la atención al alumno es total”, explica. Pilar Engelmo y Pilar Suja son algunas de sus alumnas, que acuden a Pozuelo. También lo fue en su día, el desaparecido Vicente Verdú. Manuela Pico prepara una magna exposiciòn para Herráiz, titulada Cronos.

Rosa Gallego, artista y animadora cultural sin límite, también ha ejercido la docencia, sobre todo con niños y organizado numerosos concursos infantiles. “Esto me entusiasmaba, porque era como sembrar en los más pequeños. Ahora, algunos, ya mayores, se me acercan con entusiasmo a saludarme y me recuerdan que yo les di las primeras clases de pintura. Es muy gratificante. Lo tuve que dejar, cuando tuve algunos problemas de salud”.

Mención aparte merecen las dos esculturas de la alemana Karin Gawinski, 90 años, residente en España, que presenta dos obras, una en barro titulada “Madre Tierra” y otra en madera, titulada “Patera”. Todas quisieron rodear y posar ante sus esculturas, en señal de reconocimiento a su edad y a su obra.

    Entre las 48 artistas que exponen: Mayte Spínola, Nati Cañada, Cuchi de Osma, María Jesús de Frutos, Pilar Sagarra, Ángela Palomeque,  Czili Liao, Virginia Romero,  Gema Lopesino, Amelia Mendivil, Amparo Ayllón, María Jesús Aragoneses, Aracely Alarcón, Concha Tejeda, Amalie Les Champs, Martina Cantero, Marta Navarro, Rocío Domínguez, Goyi Mateo, María Larromana, Marina Gómez, Salvi Morales, Amalié LesChamps, Isagus, Pilar Pardo,  María Larromana, Aracely Alarcón, Concha Tejeda, María Ferrero...

Pese a que la sala de exposiciones de Pozuelo no está a ras de calle, como sería lo adecuado y como lo era la desaparecida sala Volturno, la muestra ha tenido numerosas visitas, algunas de ellas guiadas, en las que las artistas presentes explican a los visitantes los elementos de composición, color, armonía, pigmentos, superposiciones fotográficas, etc.

    Más información 

https://lamiradaactual.blogspot.com/2025/03/mujeres-artistas-de-pozuelo-exposicion.html

https://informados.es/noticias-noroeste-madrid/exposicion-mujeres-artistas-cincuenta-creadoras-de-pozuelo-de-alarcon-muestran-sus-obras-en-el-centro-cultural-padre-vallet/

Tres comisarias de la exposición: Rosa Gallego, María José Broy Manuela Picó, ante el cuadro de Aracely Alarcón
Cuadros de "las Pilares", madre e hija. Pilar Engelmo: "Flor" y Pilar Suja: "Cabeza".

Gema Lopesino ante su obra sobre papel

Carmen Valero Espinosa ante la escultura de Zcili Liao
Niño entusiasmado ante el cuadro de Mayte Spínola "Tres amapolas"
Julia Sáez-Angulo y la pintora Carmen González