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martes, 1 de septiembre de 2026

EVA C. EN LA CASA SILENCIOSA. Relato de Francisco Manuel Pastor Garrigues y Julia Moreno Cárcel

Alicante, 30.08.2026


I

    La casa se levantaba sobre una pequeña elevación, apenas separada del paseo marítimo por una franja de jardines y una pendiente cubierta de vegetación. Desde abajo, entre las ramas de los pinos y las palmeras, apenas podía verse su fachada completa. Había que acercarse para descubrirla poco a poco, como si la casa se resistiera deliberadamente a ser contemplada de una sola vez.

    Era una construcción antigua, de aspecto casi señorial, aunque sin la solemnidad de las grandes mansiones. Sus muros, de un color indefinido entre el ocre y el rosa envejecido, mostraban aquí y allá las huellas del tiempo. Sobre la fachada principal se abría un pequeño óculo circular, y debajo de él una puerta acristalada daba a un balcón de hierro forjado, ligeramente curvado hacia el exterior. Más abajo, un mirador acristalado sobresalía de la pared como una pequeña atalaya desde la que debía de contemplarse el mar.

    La casa estaba rodeada de una vegetación exuberante y algo salvaje. Los pinos extendían sus copas sobre el tejado, mientras las palmeras, más altas y esbeltas, aparecían detrás de la vivienda como figuras inmóviles contra el cielo azul. Entre ellas crecían arbustos, helechos y plantas que habían terminado por apoderarse de buena parte del jardín. Había en aquel abandono algo extrañamente atractivo: no parecía una casa deshabitada, sino una casa que hubiese decidido vivir al margen del mundo.

Por las tardes, cuando el sol comenzaba a descender sobre el Mediterráneo, las sombras de los árboles cubrían la fachada y el edificio adquiría un aspecto diferente. Las ventanas parecían más oscuras y el pequeño círculo de cristal de la parte superior recogía los últimos reflejos de la luz. Desde el paseo marítimo podía contemplarse entonces aquella casa silenciosa, escondida entre la vegetación, como un lugar perteneciente a otra época.

Allí vivía Eva C.

La conocí en circunstancias que no vienen ahora al caso. Sabía que practicaba el espiritismo y que había adquirido cierta notoriedad en determinados círculos. No era, sin embargo, una mujer que necesitara esforzarse para llamar la atención. Había en ella algo difícil de definir: una mezcla de inteligencia, seguridad y sensualidad que hacía que cualquier conversación terminase girando a su alrededor.

Aquella noche asistí por sexta o séptima vez a una de sus sesiones.


II


Las amplias cortinas habían sido corridas y las tinieblas eran casi completas. Al principio la oscuridad parecía ser absoluta e impenetrable, pero a los pocos minutos sus pupilas fueron adaptándose a ella de tal manera que se distinguían los unos de los otros, aunque muy difusa y vagamente. Andrés no distinguía dentro del estudio ninguna cosa más, fuera del negro contorno de las figuras inmóviles. La mano de aquella obesa mujer en la suya le parecía caliente y pegajosa y la de su vecino a la izquierda ardiente y reseca. Era ya la sexta o séptima ocasión que acudía a aquellas sesiones de espiritismo, y no temía, precisamente, a los espíritus. Deseaba que Eva, la médium oficiante, hubiera estado a su lado, y tenía continuamente conciencia del espacio oscuro y vacío del cuarto que había a sus espaldas y en el cual podía ocurrir cualquier cosa. Trató de soltar las manos, pero se las tenían firmemente asidas.

En la habitación reinaba completo silencio. En el pasillo tic-taqueaba un reloj. Muy lejos ladraba de manera intermitente un perro. Cruzaron por la calle con estrépito algunos coches, y el brillo de sus faros, al penetrar por la rendija de las cortinas, rompió ligeramente aquella espera sombría.

La respiración de Eva emitía un curioso silbido; poco a poco, fue haciéndose más profunda y de mayor fuerza. La mesa empezó a latir con un pulso poderoso. Se balanceaba firme, rítmicamente, con un movimiento fácil, de vaivén bajo los dedos de los asistentes. De su interior brotaban golpecitos y chasquidos breves, una especie de chisporroteo de fuego por descargas.

Algo —una silla o una mesa-crujió—, y de pronto exclamó una voz:

—Sí, sí... no oigo... Habla más fuerte... —era la voz de Eva, pero con algo distinto: una voz absorbida por una idea, por un contacto imaginario más allá del pequeño mundo oscuro, constreñido, en el cual se hallaban sentados.

—¿Qué queréis de mí? ¿Por qué me llamáis continuamente?

Aquella voz extraña, firme, metálica, no podía brotar de ninguno de los presentes. Andrés clavó sus dilatadas pupilas en la sombra donde estaba presumiblemente el rostro de Eva. No, de aquel lado no procedían aquellas palabras.

—¿Quién eres? ¿Podrías decirnos cómo te llamas?

—A ustedes no puede importarles quién soy. Soy uno que vivió como ustedes viven ahora y que murió como ustedes morirán.

En una lejana habitación comenzaron a resbalar los acordes de un disco con piano mozartiano.

—¿Es usted feliz en su estado?

—Sí, mucho.

—¿No le gustaría volver a vivir?

—No. Con seguridad que no.

—Entonces, ¿no sufren pesar ni tristeza en esa vida suya?

—No, el dolor es solo una cosa corporal. No lo sufrimos. En cambio, siempre puede uno sentir tristeza y ansiedad.

Un largo silencio se abrió en aquellos instantes. Fue entonces cuando una voz burlona y altisonante restalló en la habitación, como escupiéndole a aquella presencia:

—Déjese de historias y rollos y conteste de una vez: ¿Existe Dios?

Simultáneamente, la lira que descansaba cerca de la mesa, apoyada junto a las cortinas, se desplomó rápidamente sobre la mesa, en medio de un formidable estruendo. Entonces estalló un babel de gritos histéricos por todas partes mientras volaban sillas, vasos, mesas y rodaban todos por el suelo, en tanto que uno de los asistentes se precipitaba a encender una de las lamparillas de la habitación. Eva yacía allí, en el suelo, entre los restos de su silla. Alguien abrió de par en par la puerta del enorme comedor, y algunos se abalanzaron huyendo de él. Entre Andrés y otro de los asistentes, Eva fue tendida inconsciente sobre un sofá. Uno de los componentes del círculo espírita, un hombre de negocios insensible, había caído al suelo y yacía desmayado sobre la esterilla de la chimenea. Otro, igual que un epiléptico, estaba lívido como un cadáver y daba respingos y temblequeaba.


III

Habían pasado doce horas y Eva, enfundada en un enorme jersey azul oscuro, sentada junto a la biblioteca de su casa, se libraba de los pulloveres que sujetaban su pelo recogido en un hermoso moño. Su pelo, espeso y negro, acariciado dulcemente por sus manos, le llegaba hasta el hombro. A continuación, se quitó sus botas negras con doble tacón en las que llevaba ajustados sus vaqueros y, descalza incluso, se acercó al rincón donde había tenido lugar la sesión. Los vidrios rotos habían sido recogidos y amontonados en una parte de la sala, así como los restos de madera de la lira (que había quedado destrozada).

Sobre la mesa de nogal reposaba el cheque por valor de varios miles de francos con el que aquel corredor de bolsa había querido recompensarla por los desperfectos ocasionados durante aquella estampida, de la cual ella había salido duramente perjudicada. En su costado derecho sentía un dolor continuo, quizás provocado por alguna de las patadas y pisotones recibidos por la gente que había saltado por encima de ella.

Todavía no había tenido tiempo de ducharse: cuando el último de los espíritas se había marchado, se había acostado durante tres o cuatro horas en una de las camas de un extremo de su piso, y luego, sin abandonar aquella habitación, se había puesto a estudiar intensamente aquel libro, El perdón, de un escritor húngaro, E. A. Fránczy, que tanto le interesaba por su conocimiento en el ocultismo. Al fin, se había decidido a comer algo y se apresuró a levantarse, alisando la colcha de la recién desocupada cama. No se había quitado la ropa que había usado durante la sesión y tenía ahora el imperioso deseo de limpiarse... ella y sus atavíos.

Un gracioso biombo japonés separaba el comedor de la cocina. Eva lo rodeó y se dispuso a prepararse un bocadillo antes de ducharse y de meter la ropa en la lavadora. De repente, en su semblante apareció una amarga señal de contradicción: junto a los cuadros del fondo de la sala y sentado apaciblemente en el sofá se encontraba Andrés, uno de los espíritas al que conocía superficialmente por haber frecuentado relativamente las últimas sesiones que habían tenido lugar allí.

Le fastidiaba aquel tipo.

—¿Qué hace Vd. aquí? ¿Por qué no se ha marchado con los demás?

—Eva... —sonrió—. No resulta muy difícil explicárselo. Lo que tuvo lugar anoche en esta casa no ha hecho más que reafirmarme en una idea que no me abandona desde hace días. Pensé que debía quedarme... no sé... esperar a que Vd. se serenase... Ayer estuvo usted maravillosa... no frunza el ceño... no sé si me entiende... la verdad es que todo ese mundo del más allá... de las sesiones mediúmnicas no me interesa para nada, salvo para intentar aproximarme a Vd. Quiero que comprenda que ha llegado a ser una obsesión para mí. Cuando el último de sus clientes se hubo marchado, permanecí largo rato pensando. Creí que debía sincerarme con Vd. al fin, y he esperado a que volviese a salir de su cuarto. No quiero que se lo tome a mal, pero me gustaría ser su discípulo... estar aprendiendo con Vd. los secretos de su "profesión"... indudablemente porque no me puedo separar de su lado. Tómeme por su alumno y tal vez a lo largo de ese proceso...

Eva esbozó una leve sonrisa y acercándose a Andrés, se sentó en el sofá, tomó un paquete de cigarrillos de la mesita y extrajo uno calmósamente.

—¿Y en ese proceso que quiere usted abrir, piensa que le voy a enseñar todos mis trucos, y además de ello, el discípulo sentirá una atracción afectiva por la maestra que le llevará a enamorarla?

—¿Y eso no lo puede sentir la maestra del alumno?

—¿Cree en la seducción?

—Es el instinto lo que me empuja hacia Vd.

—Stendhal lo llamó "cristalización"... el amor nace allí donde nuestra fantasía social cristaliza sus intereses.

—No me interesa saber por qué...

—Un snob sólo puede enamorarse... pero sinceramente de una condesa... o de una baronesa... un avaro de una mujer rica... un actor de una diva.

—Yo no me he enamorado de una diva aunque reconozco que la actuación de anoche fue magistral... La amo a usted porque me ha acogido en su casa... estoy fascinado por su arte y quiero que me enseñe.

—Querría nacer de mí, como un pequeño Apolo resplandeciente... dispuesto para los fastos y resplandores de la escena.

—Puede ser que sí... puede que quisiera nacer de Vd. con un poco de su sangre en mi sangre.

—Eso es ambición.

—No, se lo juro... es un sentimiento absolutamente desinteresado.

—¿Desde cuándo los sentimientos son desinteresados?

—No tengo fines ocultos.

—Lo sé... de otro modo no le hubiera recibido y tampoco estaría charlando aquí con Vd. Su ingenuidad es asombrosa... raya en lo obsceno.

—Me alegro de que lo reconozca.

—Es la fascinación del artificio. Un buen fundamento para el amor... pero no es aún un amor...

—Un buen comienzo... ¿quizás?

—No quiero amor... Yo no le puedo amar a Vd.... Si quiere ser mi alumno... quiero obediencia... una obediencia desobediente...

—Perdóneme, Eva... Sus ojos le brillan maliciosamente. No la comprendo.

—Un choque entre inteligencia y sabiduría... entre instinto y conocimiento.

—Me gusta su voz. Jamás había oído nada tan sensual.

—Es la voz de quien juega con un poder exquisito... ¿Quiere Vd. saber cómo empecé a desarrollarlo? Cuando tenía quince años, vivía en Argel. Mi familia pertenecía a la clase media... funcionarios... notarios del Estado... gente acomodada... Asistí a los mejores colegios... nos codeábamos con las más altas personalidades de la provincia... Llegué a ser novia del hijo del general Noel, un alto cargo en la Legión Extranjera... Lo amé intensamente a Bernard... sólo vivía para él... con ese fuego de pasión de mis años de adolescente... un día, Bernard se ahogó en la playa.

Su madre era una ferviente espiritista, y a partir de la muerte de Bernard, para el cual profesaba un excesivo amor, creía ver en cualquier nimiedad la acción de los espíritus. Con el corazón destrozado y queriendo conocer si su hijo quería algo o sufría en la vida después de la vida obligaba a sus sirvientes a actuar de médiums. Yo seguía frecuentando su residencia asiduamente incluso después de muerto Bernard... y con el tiempo... la tristeza... el enorme vacío dejado por él... las constantes y apremiantes invitaciones de su madre... me llevaron a cambiar bruscamente de vida. Tuve que dejar mis estudios y quedé encerrada prácticamente entre los naranjos de Villa Carmen... apenas si salía algunos días soleados a pasear junto al mar... bien pronto ella me convenció para que actuase también como médium "con el fin de procurar la felicidad de Bernard"... Con el transcurso del tiempo, empezó a acudir allí gente, atraída por los rumores que circulaban en torno a las sesiones de invocación que allí yo tenía que llevar a cabo obligada por Madame Noel... Acudieron incluso varios científicos... fotografiaron todo aquello... las presuntas apariciones de una serie de espíritus materializados que surgen tras mis invocaciones. A partir de entonces, mi vida quedó ya unida al espiritismo, y años después, cuando me he trasladado a París, mi fama me ha acompañado. Puedo decir hoy en día que estoy considerada como la mejor médium de Europa... investigada por dos Premios Nobel y por la Universidad de París... Como ves, gozo del poder de transformar la Naturaleza y de jugar con los hombres.

—¿Quiere decir que a Vd. también le producen placer estas sesiones?

—Claro... detesto los deberes... son como las purgaciones. ¡Pobre del que no se divierta con su trabajo!

—Eso es una idea aristocrática. Hay quien no quiere divertirse con su trabajo.

—Por fin me contradice. Y por pasión política.

—No quería contradecirla.

—Timidez y pasión política —el rostro hermoso de Eva resplandecía tras el humo de su cigarrillo—... dos ingredientes absolutamente necesarios para realizar... bien... este oficio de actor.

—¿Cree que... una médium... una actriz como usted se califica no debiera interesarse por la política?

—¡Quién lo ha dicho! Funcionario de partido, por supuesto que no... burócrata ideológico tampoco, pero que sienta un fervor político... o mejor aún cierta languidez política es deseable.

—Y según usted, ¿cualquier ideología política puede valer?

—Por supuesto que no, debe ser revolucionaria... aunque contaminada de esteticismo... fuertemente vinculada con la sensualidad y con la gula.

—¿La gula?

—Un médium que no sea goloso se convierte necesariamente en un asceta, y en este escenario, los ascetas producen nauseas.

—Goloso, barrigón, presumido... en resumen... un Falstaff...

—La inteligencia del médium consiste precisamente en introducir la lengua en la miel sin mancharse los labios... saciar la gula sin saciar el vientre. Es una cuestión de paladar y no de estómago.

—Es decir, que uno come y después se mete el dedo en la boca...

—Y un vino añejo... un estofado tierno con mantequilla... un faisán al coñac... unas judías sazonadas con hierbas... una tarta de requesón... con tal de que no se agrie o se vuelva aridez forman parte de la educación de los sentidos.

—No sé cómo puede Vd. llegar a expresar esa sensualidad en sus sesiones.

—Dejarse embriagar por la suavidad de los objetos.

—Eva, no sé...

—En el fondo de sus angustias, se vislumbra un destello de sensualidad, pero no se manifiesta... Es una alcachofa en vinagre.

—Creo que me he enamorado perdidamente de Vd. ¿Qué puedo hacer para besarla?

—Antes tendría que volverse viejísimo.

—¿Por qué?

—Un hermoso anciano de rostro azulado.

—Realmente, ¿no le intereso nada como hombre?

—Como hombre, no. Como discípulo, sí. Como médium, en absoluto. Es usted un mono frente a un espejo.

—Entonces, Vd. también es un poco mono.

—Por supuesto que sí. Soy un mono vanidoso y muy goloso. Pero sé rascarme las pulgas mejor que usted.

—¿Puedo invitarla a cenar?

—No... la lección ha terminado por hoy. ¡Y le ruego que tenga sueños angustiosos y lúcidos!

—Sólo pensaré en usted.

—No olvide comprarse unas botas camperas.

—No llevo botas.

—Podrían subrayar esos aires de conquistador... Adiós... recuerdos a su cuñada.

—Yo no pienso nunca en ella. Todo me aburre. Ahora sólo tengo un deseo: pasar a su lado el mayor tiempo posible.

—Haga el amor con su cuñada... y piense en mí.

Le espetó Eva mientras tras empujarle suavemente hacia la escalera, cerraba la puerta sumergiendo a Andrés en un mar de confusiones.


IV

El ascensor descendía lentamente, mientras el cerebro de Andrés parecía que iba a estallar... que las compuertas de sus sienes iban a reventar ante aquella llave de pensamientos, de sensaciones nuevas que estaba experimentando.

Al salir de la casa, permaneció unos instantes inmóvil frente a la puerta. La tarde comenzaba a caer sobre el paseo marítimo y el aire del mar llegaba cargado de humedad y de sal. Detrás de él, la mansión parecía recuperar poco a poco su silencio.

Andrés echó a andar.

Durante unos minutos caminó sin rumbo, contemplando las palmeras, las casas y el mar que se extendía al fondo bajo una luz cada vez más tenue. Le parecía imposible ordenar lo ocurrido durante las últimas horas. Había entrado en aquella casa creyendo que buscaba una explicación y salía de ella sabiendo únicamente que estaba más perdido que antes.

Entonces creyó escuchar música.

Se detuvo.

Desde alguna parte, quizá desde la casa, quizá desde otra vivienda cercana, llegaban unos acordes de piano. Le pareció reconocer aquella música mozartiana que había sonado durante la sesión.

Andrés miró hacia atrás.

La mansión permanecía silenciosa entre los árboles. Una sola ventana estaba iluminada.

Esperó.

No ocurrió nada.

Pensó que acaso la música no había existido. O quizá sí. En aquella casa ya no estaba seguro de distinguir lo real de lo imaginado.

Siguió caminando por el paseo marítimo.

Detrás de él, la luz de la ventana continuaba encendida.

Andrés comprendió entonces que nunca sabría si aquella noche había asistido realmente a una sesión espiritista o simplemente había penetrado en otro mundo: el mundo de Eva C., donde los espíritus podían ser imposturas, las imposturas podían convertirse en verdad y el amor, al menos para él, podía ser también una forma de encantamiento.

No volvió la cabeza.

La casa quedó atrás, oculta poco a poco entre los árboles.

Y siguió andando junto al mar.



Francisco Manuel Pastor Garrigues

Julia Moreno Cárcel




viernes, 21 de agosto de 2026

MERCEDES FORMICA. Abogada de las mujeres y adelantada de sus derechos en el franquismo

Mercedes Formica, escritora, abogada y feminista que revolucionó el Código Civil





        Inmaculada de la Fuente

        21/8/26 .- Madrid.- La jurista y escritora Mercedes Formica Corsi-Hezode nació el 9 de agosto de 1913 en una familia acomodada de Cádiz. Su madre se educó en un colegio británico, hablaba varios idiomas y era una aventajada alumna de música que tocaba el arpa forma estimable. Su padre estudió en la Soborna, conoció al matrimonio Curie y le apasionaba la química, pero volvió a su tierra en vez de seguir el camino de la investigación.  Sevilla, adonde la familia se trasladó cuando Mercedes tenía once años, sería la ciudad de su adolescencia y juventud. 

Cuando su madre le dijo a su antigua profesora de música, Mother Paul, que sus hijas irían a la Universidad, esta le advirtió: “Si van, no se casarán en Sevilla”. 

Pero su madre no quería la indefensión de las mujeres educadas a la antigua si fallaba el matrimonio. Así que en 1932 Formica llegó a la Universidad acompañada de una doña de buena familia como carabina para asegurar que la joven mantendría la compostura, sin escandalizar ni distraer a sus compañeros, la gran preocupación de decanos y profesores cuando las pioneras llegaron la Universidad. Mercedes, la primera alumna de Derecho, siempre recordó la buena acogida que le dispensaron lgunos de los catedráticos republicanos o afectos a la Institución Libre de Enseñanza.  

Un año antes, el 14 de abril, se proclamó la Segunda República y las Cortes Constituyentes aprobaron, entre otras normas, el derecho al voto de las mujeres y, en 1932, la Ley de Divorcio por la que Carmen de Burgos y otras mujeres habían batallado. La escritora Concha Espina fue una de las primeras en divorciarse, al igual que Josefina Blanco -esta de Ramón del Valle-Inclán-. La abogada Clara Campoamor asesoró a ambas mujeres. Pero el divorcio llegó también al hogar de los Formica Corsi-Hezode. El padre que había conocido a otra mujer y, con su marcha, la economía familiar mermó de forma considerable. La madre y los hijos se mudaron en 1933 a Madrid a un piso interior, contaba, y los primeros años no fueron fáciles. El divorcio de sus padres dejó una herida profunda en la futura abogada que se removía ante las injusticias contra las mujeres. Afloró en ella, además, cierto rencor hacia la ley del Divorcio. Es difícil determinar si pudo influir en que se afiliara a la recién creada Falange, ya en Madrid, donde continuó Derecho con alguna beca. Se afilió al SEU, fue delegada de este sindicato en Derecho y poco antes de la Guerra Civil fue nombrada por José Antonio Primo de Rivera Delegada nacional del SEU. 

En julio de 1936 estaba en Málaga, donde descansaba por problemas de salud, y cuando pudo marchó a Sevilla, zona nacional. Saber que “se mataba “en mi lado”, narra en sus memorias, “me produjo intensa congoja”. Le preocupaba la suerte de su antiguo profesor, Luis de Rufilanchas, de ideas socialistas, que estaba en zona nacional cuando se produjo el Alzamiento contra la República y se acercó al cuartel de Queipo de Llano a interesarse por él. Allí encontró, para su sorpresa, como asesor jurídico, al pasante de quien había intervenido en el divorcio de sus padres. Fingieron no conocerse y le preguntó por su profesor. “No es un asesino” aseguró dispuesta a avalarlo. Tras cotejar unas fichas, su interlocutor le dijo: “Lo fusilamos en La Coruña  hace un mes”. “Lo habrá fusilado usted. En esa fecha yo me encontraba en Málaga”, contestó.

Al final de la guerra se casó con Eduardo Llosent y Marañón, miembro del círculo de poetas e intelectuales sevillanos de la década de 1930 y fue nombrado director del Museo Nacional de Arte Moderno por el nuevo régimen. Formica terminó Derecho en los cuarenta y comprobó que no podía acceder a la carrera diplomática ni opositar a la Abogacía del Estado o a notarías, pues le faltaba un requisito: ser varón. Así que se dedicó a ejercer como abogada y dirigió un tiempo la revista Medina, de la Sección Femenina. Su experiencia en la revista, donde no podían aparecer palabras extranjeras y se recortaban las fotos para hurtar escotes o se vetaban fajas u otras prendas en la publicidad, la llevó a afirmar en sus memorias: “La rigidez moral, además de resultar ridícula, superaba a la intolerancia política”.  

        EL DOMICILIO CONYUGAL Y LA REFORMICA

A partir de 1952, tras entrar como articulista en ABC, alcanzó una notable popularidad. El 7 de noviembre de 1953 publicó “El domicilio conyugal”, un artículo que el diario retuvo varias semanas en el que denunciaba la discriminación por razón de sexo que convertía a la mujer en una perpetua menor en la legislación franquista. Y que imposibilitaba en la práctica que la mujer se separase de su maltratador. Formica se centró en la desgraciada historia de Antonia Pernia: su marido la mató con doce puñaladas pero ella aguantó su maltrato para no perder a sus hijos y la vivienda. No era un caso aislado. El maltrato psicológico o la bofetada era algo asumido, y los casos de muerte se denominaban crímenes pasionales o motivados por los celos. No hay cifras de crímenes machistas de aquella época, ya que los registros de víctimas son muy recientes. Hoy la sociedad se revuelve contra estos crímenes, y hay mayor sensibilidad hacia la violencia machista. Pero queda mucha pedagogía  por hacer, sobre todo entre los jóvenes  que confunden el romanticismo o el amor con el control y la posesión. 

 Formica denunciaba que la mujer que se separaba, aunque fuera inocente, tenía que pasar por el trámite de ser depositada fuera del domicilio. Ya se vería si se le entregaban luego los hijos o se le daba una pensión. Lo que no iba a hacer un magistrado, según la ley en vigor, es ordenar al marido que abandonara el domicilio. De facto, la casa era del marido, no de la familia.

MUJERES QUE LA APOYARON

Este vibrante artículo desencadenó una campaña para reformar los artículos más lesivos del Código Civil que subordinaban a la mujer ante el varón. Periodistas como Josefina Carabias o Carmen Castro y la historiadora Carmen Llorca apoyaron el envite de Formica. Era una crítica al sistema dentro del sistema y juristas de prestigio la mayoría varones fueron entrevistados sobre una posible reforma. La bogada María Telo, que años después tarde abordaría cambios de mayor calado, intervino en el debate. 

Formica pidió audiencia a Franco y fue acompañada por un sacerdote especializado en Derecho Canónico, lo que daría fuerza a su petición. El resultado fue la Ley de 24 de abril de 1958, un primer paso que abría la puerta a modificaciones futuras.  Se llamó la Reformica en honor a la abogada.

La jurista explicó que no perseguía una reforma feminista, palabra anatema. Defendía que se cambiara el término domicilio del marido por domicilio conyugal. Que se apoyara al cónyuge inocente y si era la mujer que esta no tuviera que abandonar el hogar ni ser depositada por el marido en casa de sus padres o en un convento. Y que los hijos quedaran con la madre salvo motivos graves. En la Reformica se limitaron también ciertas prerrogativas del marido referente a la administración y venta de los bienes gananciales: a partir de entonces tendría que tener el consentimiento de su cónyuge. Las viudas que se casaran de nuevo mantendrían la patria potestad sobre sus hijos, es decir, no pasaría al marido.

En definitiva, Formica y quienes la apoyaron hicieron algo menos dura la vida de las mujeres casadas y separadas. Pero la asimetría respecto al adulterio se mantuvo y siguió siendo punible solo para la mujer hasta 1978. Una sola relación extramatrimonial permitía al marido denunciarla. El marido, sin embargo, no cometía delito si era discreto, salvo por amancebamiento (mantener una manceba en la casa conyugal), algo difícil de probar. 

Unos años antes, en 1951, la Sección Femenina organizó el Congreso Hispanoamericano-Filipino sobre la mujer y Formica fue invitada a presentar una ponencia. La letrada la preparó con otras profesionales de diversos ámbitos y la envió a las organizadoras, pero no llegó a leerse. Demasiado feminista, dijeron. Sin embargo, a partir de 1960, la Sección Femenina empezaría a interesarse por la discriminación de la mujer en el campo laboral -de la que era responsable al vetar el trabajo de la mujer casada durante años para no perjudicar a los varones-, y  rescató en una ley aprobada en 1971 algunas ideas rechazadas en 1951. 

Mercedes Formica, con sus contradicciones, pero con la valentía de defender opiniones propias sin romper us vínculos con las elites franquistas, tendió puentes con otras muchas españolas. En torno a 1965, su amiga Marichu de la Mora, colaboradora en el diario Madrid sobre moda y temas femeninos, le preguntó por alguien que pudiera escribir artículos sobre temas legales que afectaban a las mujeres y  Formica le recomendó a Lidia Falcón, una abogada con la que no siempre estaba de acuerdo. Eso demuestra su falta de sectarismo. De algún modo reanudó el debate feminista que quedó roto en 1936. 

Conocí a Mercedes Formica en sus últimos años. Era elegante, sociable y escribía narrativa y biografías. Me llamó la atención su sensibilidad hacia las injusticias. La incluí en mi libro Mujeres de la posguerra publicado en 2002 y reeditado en 2017. Recomiendo a los interesados en ella que lean sus memorias: Visto y vivido (1931-1937), el primer tomo, publicado en 1982, y Escucho el silencio, el segundo, sobre la posguerra, que apareció en 1984. 


martes, 28 de julio de 2026

Diario Escurialense V. EL REGRESO VERANIEGO A EL ESCORIAL. Los pequeños cambios: cambio de rótulo, de mendigos… Amigos...

Rótulo actual del Antiguo Salón.
Antiguo rótulo, hoy desechado.


Julia Sáez-Angulo

28/7/26.- Madrid.- Se vuelve siempre al mismo lugar. Y, sin embargo, nunca es el mismo. Tampoco nosotros lo somos. Este año la llegada a El Escorial se hizo esperar. La operación de cataratas retrasó el viaje y, cuando por fin pude instalarme, apenas habían transcurrido tres días cuando hubo que regresar apresuradamente a Madrid. El incendio que avanzaba desde la limítrofe provincia de Ávila parecía buscar las laderas del Abantos. Durante unas horas el monte desapareció. Solo quedó una inmensa nube gris que lo envolvía todo. Desde la terraza acristalada de mi casa contemplaba aquel espectáculo silencioso. 

    La casa conserva fiel el aire de los años sesenta. Los tapetes de ganchillo siguen cubriendo los brazos de los viejos sofás, que yo me apresuro a conservar para no romper el estilo. El tiempo ha respetado ese pequeño mundo doméstico que ya casi pertenece a otra España. Afuera, el humo. Dentro, la memoria.

    Luego todo vuelve despacio a su cauce. El humo se disipa. Regresan los pájaros. Las conversaciones recuperan su tono cotidiano. Cervantes sabía que el tiempo acaba poniendo cada cosa en su sitio. Basta con esperar.

    El verano en El Escorial consiste, sobre todo, en reencontrar rostros conocidos. Amigos que solo aparecen cuando llegan los calores de julio. Vecinos que nunca abandonan el Real Sitio. Se conversa donde siempre. Se pasea por las mismas calles. Se descubren, sin embargo, pequeñas novedades que hacen pensar que los años no pasan en vano.

    Una me produjo una satisfacción íntima. El antiguo salón situado junto al Ayuntamiento ha retirado, por fin, aquel desafortunado rótulo que lucía una innecesaria diéresis sobre la palabra «Antiguo», a la que ahora han colocado un inadecuado acento en la "í". Durante años envié escritos al alcalde reclamando aquella corrección. Parecía una batalla insignificante. No lo era. El idioma también forma parte del patrimonio. Ahora el primer error ha desaparecido. Ignoro quién tomó la decisión. He enviado una carta de agradecimiento al Consistorio. 

Iglesia histórica del XVI y Espíritu Santo representado

    Entro después en la iglesia de San Bernabé. Francisco de Mora levantó este templo en los días de Felipe II. Sus piedras conservan una serenidad antigua. El pórtico ofrece otra novedad. El mendigo marroquí, que durante tantos años ocupó aquel rincón ya no está. Ahora pide limosna una mujer moldava. Se lo pregunté con naturalidad. Ella pide con un delicado plato de porcelana irisada. Son otras pobrezas. Otros caminos de Europa que desembocan aquí, a la sombra del Real Monasterio.

    Este verano ayuda en la parroquia un sacerdote joven venido de África. También eso habla de nuestro tiempo. Europa envejece. África envía sacerdotes donde antes los enviábamos nosotros. Levanto la vista. Junto al retablo desciende el Espíritu Santo en forma de paloma sobre un círculo de halos dorados que la rodean, todo él en madera estofada. Hay imágenes que parecen suspendidas fuera del tiempo.

    Pienso entonces en Gregorio Prieto. El pintor manchego sentía verdadera pasión por estas representaciones del Espíritu Santo y de arcángeles. Las buscaba en anticuarios, almonedas, sacristías, monasterios o conventos. Con ellas reunió una colección notable, que hoy puede contemplarse en su museo de Valdepeñas. Algunas veces una afición termina convirtiéndose en patrimonio de todos.    El pintor expuso todas sus tallas en el Club Urbis en 1975. Se hizo un catálogo.

    La vida continúa con sus pequeñas ceremonias. Desayunar con el pintor Juan Diego Roldán en la Casita del Príncipe. Conversar con Conchita Pérez. Escuchar a Joaquín Abós hablar de sus memorias, que hace unos veranos fueron presentadas por la alcaldesa de San Lorenzo, Carlota López Esteban. Comer en el Cafetín Croché con el pintor japonés Yurihito Otsuki y su esposa, Marina Sánchez.

    Otsuki acaba de regresar de Tokio. Allí ha expuesto sus cuadros figurativos, llenos de relatos y símbolos. Ahora piensa en santa Teresa de Jesús. Quiere pintar una serie inspirada en Las Fundaciones. No me sorprende. El Escorial acaba conduciendo siempre hacia la historia, hacia la mística o hacia el arte. A veces hacia las tres cosas a la vez.

    Camino entre los árboles centenarios. Robles, fresnos, castaños, coníferas de todo tipo. Han visto pasar generaciones enteras. Permanecen inmóviles mientras nosotros cambiamos. Solo queda un deseo. Que el fuego nunca alcance estos montes. Que el Abantos conserve siempre su silencio y su sombra.

    En las redes sociales alguien escribía con ironía que el incendio jamás llegaría a El Escorial, porque aquí posee una residencia el ministro del Interior. Son bromas de un tiempo inclinado al sarcasmo. Yo prefiero pensar que estos bosques seguirán salvándose gracias a la prudencia de quienes los cuidan y a la vieja fortuna que parece proteger, desde hace más de cuatro siglos, este lugar elegido por Felipe II para dialogar con la piedra, con la naturaleza, con el tiempo y, sobre todo, con Dios.

Iglesia de San Bernabé. S. XVI, por Francisco de Mora.
Espíritu Santo de la iglesia de San Bernabé.
El sacerdote africano junto a la representación del Espíritu Santo

Casita del Príncipe Carlos IV. s. XVIII.


jueves, 16 de julio de 2026

"EL SILENCIO AZUL DE SANTA TERESA". Escultura y poema de Patricia Larrea

Escultura en la Universidad Católica de Ávila, UCAV


 

A Santa Teresa

"EL SILENCIO AZUL DE SANTA TERESA"

Detener el vuelo en la madera, hacer del azul un rezo quieto.

Luz blanca que cruza el secreto de mi alma.

Vuela el alma de Teresa entera.

Trazo a trazo, la mística se anida en la sombra violácea de este viento, paloma de infinito movimiento,  que en lo público eterno queda unida.

"Alma, buscarte has en mi, y a mi buscarme has en ti"

Esta paloma abstracta tallada en madera y vestida de cielos azules y violáceos, rinde homenaje al vuelo interior  de Santa Teresa de Jesús. 

Una grafía eterna que transforma la materia en espíritu, recordándonos que la quietud también es el viaje mas profundo. 

Madera que se vuelve cielo, lineas que dibujan el extasis, te  rindo tributo Santa Teresa a través de una paloma suspendida en matices de azul, blanco y violeta.

Mis Grafías grabadas para ti Santa Teresa, son el eco de una palabra viva que desafía el tiempo. 

Que esta presencia inspire a quienes la contemplan a buscar la luz en sus propias moradas interiores. 

Palomar de Santa Teresa,  Gotarrendura, Ávila, un lugar cargado de misticismo,  en el Palomar donde Teresa intuyò el vuelo del espíritu .

La madera se convierte  en ala, la gubia se vuelve plegaria, líneas abstractas talladas en azul,  violeta y blanco, Grafías secretas, que esculpen el extasis del alma.

Aquí anida hoy la palabra viva de la mística.

Un trazo eterno que une la tierra de Gotarrendura con el cielo.

                Patricia Larrea Almeida


        Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2026/07/la-universidad-catolica-de-avila-ucav.html


lunes, 13 de julio de 2026

LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE ÁVILA, UCAV, INCORPORA TRES NUEVAS OBRAS DE ARTE A SU COLECCIÓN. La Rectora, Rosario Sáez Yubero saludó a los autores Patricia Larrea, Pablo Reviriego y Mercedes Ballesteros

Rosario Sáez Yuguero, Rectora de la UCAV.
Julia, Patricia, Rectora Rosario Sáez Yuguero, Mercedes y Pablo


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Antonio de la Cuerda


13/7/26.- Madrid.- La Universidad Católica de Ávila (UCAV) ha enriquecido su patrimonio artístico con la adquisición de tres nuevas obras de arte contemporáneo: una escultura de Patricia Larrea Almeida y dos pinturas de Pablo Reviriego Moreno y Mercedes Ballesteros. La incorporación de estas piezas confirma el compromiso de la institución académica con la creación artística y con la conservación del patrimonio cultural de Ávila.

    La obra escultórica, titulada “El silencio azul de Santa Teresa”, es una delicada pieza realizada en madera por la escultora Patricia Larrea Almeida, con retoques de pintura azul. La escultura quedará instalada en el Palomar de Santa Teresa, espacio histórico que la Universidad custodia en la localidad abulense de Gotarrendura, uno de los lugares más vinculados a la infancia y a la memoria familiar de la santa.

    Las otras dos adquisiciones corresponden a sendas pinturas. Mercedes Ballesteros aporta su lienzo “Paisaje de Piedrahíta”, evocación luminosa de uno de los rincones más hermosos de la provincia, mientras que Pablo Reviriego Moreno incorpora la acuarela “Atardecer,” una obra de delicada atmósfera donde la luz se convierte en protagonista.

    El acto oficial de recepción tuvo lugar en el despacho de la Rectora de la UCAV, Rosario Sáez Yuguero, quien recibió personalmente a los tres artistas, agradeció su colaboración con la institución y elogió la calidad de unas obras que pasan a formar parte de una colección artística cada vez más importante y representativa.

    Desde sus orígenes, la UCAV ha mantenido una estrecha vinculación con el mundo del arte. Prueba de ello es su colaboración permanente con el Certamen de Pintura Rápida que organiza anualmente el Hogar de Ávila en Madrid y que este año ha alcanzado su trigésima cuarta edición. Una parte significativa de la colección universitaria procede precisamente de las obras premiadas en este prestigioso concurso, convertido ya en una referencia para numerosos pintores españoles.

    El fondo artístico de la Universidad reúne asimismo obras de destacados creadores como Hipólito Hidalgo de Caviedes, Guadalupe Luceño o Cristina de Jos, entre otros, conformando un patrimonio que crece año tras año y que refleja la diversidad de lenguajes de la pintura y la escultura contemporáneas.

    Durante la visita, los artistas pudieron recorrer algunas de las dependencias más representativas del campus universitario. Admiraron la capilla, presidida por dos notables pinturas como "San José y el Niño" de Domingo Martínez (Escuela Sevillana de Pintura. siglo XVII) y una réplica del retrato de Santa Teresa de Jesús en vida, por Fray Juan de la Miseria, así como el Salón de Grados, donde se conserva una escultura de la santa realizada por el escultor Fernando Cruz Solís, réplica de la conocida Santa Teresa Andariega, situada frente al convento de la Encarnación de Ávila.

    Además del Palomar de Santa Teresa en Gotarrendura, la Universidad ha incorporado recientemente a su patrimonio el histórico Convento de Nuestra Señora de Gracia (s. XVI), situado en el corazón de Ávila y actualmente en proceso de restauración. Todo apunta a que este emblemático edificio albergará en el futuro una parte importante de la colección artística de la institución, configurando un espacio museístico de notable interés cultural.

    La Universidad Católica de Ávila, situada extramuros de la ciudad amurallada, cuenta con un atractivo campus universitario en el que cursan sus estudios cerca de cuatro mil alumnos distribuidos en una amplia oferta académica de 25 grados y posgrados, consolidándose como uno de los centros universitarios privados de mayor proyección de Castilla y León.

    La jornada concluyó con un almuerzo en el restaurante de Los Cuatro Postes, desde cuyo mirador se contempla una de las panorámicas más bellas de la ciudad de Santa Teresa. En un ambiente distendido, artistas y Rectora conversaron sobre distintos proyectos culturales de Ávila y, de manera especial, sobre la futura ampliación del Museo del Prado en el Palacio de los Águila, edificio cedido al Estado por la duquesa de Valencia, Luisa María de Narváez. Un proyecto que, de hacerse realidad, reforzaría aún más el papel de Ávila como ciudad abierta al arte, a la historia y a la cultura.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2024/07/guadalupe-luceno-dos-lienzos-de-la.html

https://lamiradaactual.blogspot.com/2018/05/la-ucav-recibe-la-donacion-del-cuadro.html


Mercedes Ballesteros, Rectora y Pablo Reviriego

Patricia Larrea lee un texto poético sobre "La paloma azul de santa Teresa"

Santa Teresa, pintura de Hipólito Hidalgo de Caviedes



domingo, 14 de junio de 2026

ALEJANDRO CERVILLA, GANADOR DEL V PREMIO PULCHRUM DE POESÍA, CONVOCADO POR O LUMEN

     Alejandro Cervilla, poeta


L.M.A.

    15 de junio de 2026.- Alejandro Cervilla García nacido en Granada, creció en una familia donde la vida cotidiana estaba atravesada por el trabajo, el arte y la sensibilidad. Su abuelo fue pastor; su abuela, nacida en Argentina, llenaba la casa de música al piano; y su madre cultiva distintas formas de creación a través de la pintura, la danza y la escritura. De ese cruce entre la contemplación, la belleza y la experiencia vivida nace una mirada singular sobre el mundo.

Arquitecto, doctor en Proyectos Arquitectónicos y profesor de Construcción en la Universidad Rey Juan Carlos, colabora desde hace años con Alberto Campo Baeza, referente internacional de la arquitectura esencial. Autor de varios libros sobre arquitectura, entre ellos Estructuras vistas, ocultas e ilusorias y Pensar, dibujar y construir, ha publicado recientemente su primer poemario, Poemas de luz y arquitectura, donde confluyen con naturalidad su pensamiento arquitectónico y su voz poética.

        DE BARRO

Mi madre hace trampas al parchís.

Nos engaña, juega,

parece confiada al azar,

pero en silencio, sin que nos demos cuenta,

reza.

¡A veces también a viva voz!

̶ Bonico, dame un cinco.

 

Y como si fuera un acto sagrado,

agita el cubilete,

repiqueteo de castañuelas,

y sus manos bailaoras deformadas por la artrosis,

̶ manos también de estropajo y de bayeta ̶

se juntan en plegaria,

en nido de adviento,

y en vez de geometría, abstracción y estadística,

se tornan los dados en palomas nacientes que nos miran,

en regalo del Cielo,

y bien que se apaña ella con el tres, 

con el cuatro,

a veces también con el cinco.

Así es mi pobre madre;

flamenca, artista, poeta.

 

También pinta.

Pero no como los que saben pintar,

sino rezando:

̶ Bonico, píntalo Tú.

 

Y como si fuera un acto sagrado,

toma los pinceles de sus plegarias

y los óleos bendecidos,

y arranca lo blanco del lienzo

̶ el miedo a empezar de los artistas solitarios ̶

¡pero ella está Contigo!

Y llevada por tu Espíritu Santo

̶ que los incrédulos llaman duende, musa, inspiración ̶

cumple la vocación de los brochazos,

¡los colores se hacen cuadro!

Y los cuadros como lirios colgados en las paredes,

hacen de un piso de ensanche

morada del rey Salomón.

Así es mi anciana y piadosa madre.

 

Rodeada de peroles,

cuántas veces ha convertido el agua en milagro de sopa y cuchara,

cuánto han dado de sí por sus rezos

los cinco panes y los dos peces,

cuántas veces se nos ha hecho omnipresente 

como si fuéramos discípulos camino de Emaús.

 

¡Hasta tuvo que luchar con los demonios

del oscuro corazón de mi padre!

La novia fue de blanco inocente,

pero el altar la preparó para el martirio,

para las noches de cristales rotos,

para las puertas quebradas y las encrucijadas de pasillo.

Y haciendo de esposa y madre,

rezaba,

̶ también el Gólgota es un lugar sagrado ̶ ,

compartía de tus maderos las astillas,

el frío punzante del acero que atraviesa tu corazón, tus pies y tus manos.

 

Mi pobre y anciana madre.

Que por su amor a Ti, te amo,

que por su boca primera de evangelista he sabido de Tu existencia.

 

Como si Belén fuera el portal de mi casa

y el nombre de mi calle Galilea,

me ha parido Contigo,

me ha criado Contigo,

me ha enseñado a hablar Contigo el dulce hablar de Nazaret,

rezo.

Y como si fuera un acto sagrado,

te doy gracias por haberte aparecido

a través de esta mujer de barro.


Alejandro Cervilla García.-  Abril 2026


    * Los componentes del jurado : Ana Rossetti, Constantino Molina y Antonio Praena.



sábado, 13 de junio de 2026

“EL SILENCIO DEL HEGEMÓN”, LIBRO DE SERGE MAGERIT, EDITADO POR TOROMÍTICO





J.S.A. 

13/6/26.- Madrid.- “El silencio del Hegemón” es el libro de Serge Magerit publicado por la editorial Toromítico.

Sinopsis.- En la tierra de Atland, donde los años no avanzan sino que retroceden hacia la próxima Magmación, tres destinos están a punto de entrelazarse. Imaginación y fantasía, en una narración que seduce.

La muerte del heredero al trono bajo el Sauce y el Olivo sacude la Liga Atláurea. Mientras la Polis Capital honra su memoria, su hermana, la princesa Nairandra, comienza a sospechar que un oscuro secreto podría desestabilizar los pilares de la civilización.

Suody, antiguo esclavo marcado por la pérdida, emprende un camino de venganza que transformará las calles de Lainas en un lugar donde el miedo tiene nombre propio.

Y Lõud, reducido a siervo de los Centinelas del Ocaso, será arrastrado hasta el Laberinto de Cristal, donde los arcanos prohibidos y las Espadas de Mazka despiertan poderes que la Liga preferiría olvidar.

          Serge Magerit.- Nacido en Madrid en 1992, Serge creció entre mitos griegos, leyendas nórdicas y sagas de fantasía. Tenía una canasta detrás de casa y pasaba las tardes lanzando tiros y, sin querer, empezó a inventar historias. Hoy es psicólogo, orientador y narrador convencido de que la fantasía no es evasión, sino una antorcha que ilumina verdades profundas sobre el alma humana, sobre lo que somos, lo que fuimos y lo que podríamos llegar a ser.


viernes, 12 de junio de 2026

BALTASAR MAGRO NOVELA “EN LAS NOCHES OSCURAS” LOS MESES DE TORTURA QUE PADECIÓ FRAY JUAN DE LA CRUZ EN CAUTIVERIO

El periodista y escritor publica una intimista reconstrucción del cautiverio del místico en Toledo, el oscuro encierro donde nació la cumbre de la poesía lírica española

Alejada de los tópicos, la obra explora la resistencia del espíritu humano, el conflicto entre las órdenes religiosas y el misterio de la creación literaria en las condiciones más extremas


Baltasar Magro, escritor


        J.S.A.

        MADRID, 8 de junio de 2026 – Hay pasajes de la historia que parecen diseñados para que el alma humana se quiebre, pero que, por un misterio inexplicable, acaban convirtiéndose en el epicentro de la belleza más pura. El escritor y periodista Baltasar Magro regresa a las librerías con En las noches oscuras, una conmovedora y rigurosa novela histórica que se adentra en las entrañas de uno de los episodios más crueles y determinantes de la cultura universal: el secuestro y encarcelamiento de San Juan de la Cruz.

    En diciembre de 1577, Fray Juan de la Cruz fue apresado por sus propios hermanos de fe, los frailes calzados, contrarios a la reforma de la Orden del Carmelo que él impulsaba junto a Santa Teresa de Jesúsy llevado al Convento del Carmen de los calzados. Su delito: defender una reforma espiritual que cuestionaba privilegios y sacudía los cimientos de su propia orden. Conducido en secreto a Toledo, fue recluido en una celda diminuta, asfixiante y oscura, donde sufrió humillaciones, castigos físicos y desprecio durante casi nueve meses. Sin embargo, en la más absoluta de las penumbras, ocurrió el milagro: el místico compuso en su mente los versos de su inmortal Cántico espiritual y las bases de su Noche oscura del alma.

    “Al entrar en una celda, despojado del trapo que cegaba su visión, apareció ante él el auténtico alcance de la situación a la que debía enfrentarse. El cubículo era tan angosto que apenas podía moverse y, de hacerlo, tenía que ser de perfil porque el catre de tablones ocupaba la mayor parte del espacio. Era el único mobiliario existente entre las tres paredes; la cuarta acogía una pesada puerta con una mirilla para controlarle. Aún peor era el respiradero, con tan solo un dedo pequeño de ancho por el que no cabía ni una lagartija. Entraban pálidos destellos de luz por la rendija. En una esquina del muro de piedra le habían dejado una palangana desportillada y una vasija de barro para asearse, junto a un cubo de metal que debería utilizar para sus necesidades. El suelo estaba embarrado. Oía cerca un rumor producido por agua, como si fuera una acequia o la noria de un pozo; no, no era el río”, escribe Magro.

    Arrastrado de un lugar a otro, sometido a castigos y humillaciones, el fraile afronta una prueba extrema en la que el cuerpo se quiebra, pero el espíritu se fortalece. En la estrechez de su celda, en el frío de las noches interminables, comienza un viaje interior que transformará para siempre su manera de entender el dolor, la fe y la libertad. Mientras tanto, en los salones de la corte, nobles, consejeros y figuras influyentes tejen una red de intereses donde religión, política y ambición se entrelazan peligrosamente. Teresa de Jesús, firme y visionaria, se enfrenta al silencio, a las amenazas y a las maniobras ocultas para salvar a su más fiel colaborador, consciente de que el conflicto desborda lo personal y pone en juego el rumbo de toda una reforma espiritual. 

    Con su habitual pulso narrativo para la recreación histórica Magro huye del tono hagiográfico convencional para ofrecer el retrato de un hombre de carne y hueso enfrentado a sus límites. En las noches oscuras es una profunda inmersión en la psicología de la resistencia, en el dolor de la traición por parte de sus iguales y en el proceso casi divino de la creación literaria como único mecanismo de evasión y supervivencia.

    A través de una prosa cuidada y evocadora, la novela traslada al lector a la España del siglo XVI, un tiempo de fervores, pero también de implacables luchas de poder dentro de la propia Iglesia. La celda del convento toledano se transforma en un escenario universal donde se baten el fanatismo institucional y la absoluta libertad espiritual de un poeta que solo buscaba la trascendencia.

    Baltasar Magro (Toledo, 1949) estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid y, posteriormente, cursó estudios de Periodismo. Durante más de treinta años desarrolló su carrera profesional en diversos medios televisivos, donde trabajó como guionista de distintos formatos audiovisuales, así como director y presentador de espacios informativos. Asimismo, ha colaborado con medios impresos de ámbito nacional. 

    Su trayectoria literaria comenzó en el año 2000 con El círculo de Juanelo, novela que obtuvo una excelente acogida tanto por parte de la crítica como del público. Desde entonces ha publicado trece títulos más, entre los que destacan La hora de Quevedo, memorias apócrifas del célebre escritor; Casanova en la ciudad levítica; La luz del Guernica, que recrea minuciosamente el proceso de creación de la obra maestra de Picasso; y Como una sombra, novela centrada en la figura de la pintora cubista María Blanchard. Con Almuzara ha publicado La tumba de El Greco. 



lunes, 1 de junio de 2026

ROSA ESCALONA INAUGURA “VIAJE EN EL TIEMPO” EN LA GALERÍA ORFILA

La serie pictórica seguirá en toda su secuencia de cuadros en el Palacio de Medinaceli (Soria), el próximo mes de septiembre.

Rosa Escalona, artista visualJulia Sáez-Angulo, Rosa Escalona y Antonio Leyva Sanjuán

L. M. A.

Fotos: Ignacio Puras

1/6/26.- Madrid.- La pintora madrileña de origen toledano Rosa Escalona ha inaugurado su exposición “Viaje en el Tiempo” en la Galería Orfila. Una instalación de una veintena de obras artísticas, que permanecerán expuestas hasta finales de mes de junio.

El galerista Antonio Leyva Sanjuán presentó la muestra artística, a la pintora Rosa Escalona, que agradeció la presencia de los asistentes, y a la crítica de arte Julia Sáez-Angulo, que escribió el texto del tríptico de presentación, en el que dice:

“La pintora nos propone una entrada en su serie pictórica más reciente: “Viaje en el tiempo”, dentro de la colección “Donde la materia me lleve”, en la que lleva investigando varios lustros. 

Se trata, por una parte, de investigación e indagación en los materiales utilizados para su arte, y, por otra, un dejarse invadir por las emociones, sensaciones, sentimientos y ensueños en torno a un tema, en este caso, el tiempo y la experiencia que van empapando la vida y la existencia propia y ajena.

A Rosa Escalona le gusta trabajar por series y profundizar en el concepto seleccionado, como si fuera pintando un mismo cuadro, desarrollado de modo secuencial, algo así como el arte y su deriva, sin poner fin, hasta el infinito, si llegara el caso. 

La artista visual madrileña, con raíces en Toledo y residencia en la costa mediterránea de Jávea, ha llevado a cabo, en su larga trayectoria profesional, series a las que ha denominado como: El agua, El bosque, La ciudad, El Espíritu de Toledo, El Guggenheim, El Romanticismo…

La autora ha llegado así a la serie que ahora presenta: “Viaje en el tiempo”, un momento álgido de su pintura, donde se manifiesta en grandes formatos -obras entre 100 y 300 cm- para dar cabida a una creatividad que le impulsa y le lleva hasta lo sublime.

Y todo ello con una enriquecida técnica mixta a base de pigmentos, textiles, papel, cartón… y otros materiales diversos, que conforman un amplio collage sugerente, para dar cabida a esas emociones, sensaciones, sentimientos y ensueños, que mueven su inspiración”.

Rosa Escalona asegura que en esta serie “Viaje en el tiempo” ha vertido una experiencia profunda y singular vivida en 2024, con motivo de la dramática DANA en Valencia. Ahí está su visión, su pathos, como en la tragedia griega, transmutada en emoción y belleza por la catarsis en el arte.

La serenata de Toselli ponía fondo musical repetido a esta serie, como un ritornello. La pintora trabaja habitualmente con música clásica de fondo, y en esta ocasión fue Toselli, quien se infiltró en su pintura.

    Estamos ante una serie muy singular en la trayectoria artística de esta artista visual, conocida por su tesón y su trabajo, en el estudio y en el taller. 

“Viaje en el tiempo” se muestra en parte y en primicia en Madrid, con una de sus grandes obras, acompañada de formatos más contenidos. La serie seguirá en toda su secuencia de otra veintena de cuadros en el Palacio de Medinaceli (Soria), el próximo mes de septiembre de 2026. Y continuará como exposición itinerante por otros foros de ciudades, entre ellas, Toledo. 

DUENDES QUE CANALIZAN LA INSPIRACIÓN

    “Cuando lo estoy trabajando no veo nada de lo que estoy haciendo, es como si estuviera en otra dimensión y no fuera yo la que trabaja , es mi mente la que me va pasando imágenes vividas y las va abstractando, son impactos visuales, emociones, sensaciones. Hasta que no las veo colgadas, no sé qué está saliendo, a veces pienso que son duendecillos con una vena traviesa los que están trabajando por mí”.

    Hasta los mismos textiles que me actúan de soporte, no me dejan que les trabaje igual de una obra a otra, ellos mandan, es como si canalizara algo, no sé, quizá energías. A veces hasta veo obras de hace años y me preguntó, porque hice esto yo hace tantos años? ¿Qué quería decir? ¿Qué quería dejar plasmado para la historia ?

    Estas son confesiones que no a todas las personas puedo contar. Únicamente Santiago, mi marido, me escucha y, a veces, un nieto de 22 años, Alberto, me dejan que le cuente todo esto, y escuchan atentamente. Mi nieto dice que él también cree en los duendecillos, que yo llamo a esa canalización”.

    “Una última reflexión que estoy observando: Cuando entro al estudio y me preparo para trabajar, tardo más en preparar todo el ambiente, que en realizar la obra.  Suelo tenerlo todo recogido, el suelo no tiene que tener ni una sola mancha, los pinceles también; en la vida he dejado uno sucio de un día para otro. Tengo pinceles todavía en uso de hace más de 50 años. Pongo la música, ella va penetrando en mí, me pongo la camisa o bata de trabajo, hago otras cosas por el estudio… “

    “De repente, me voy a las mesas de trabajo y en menos que he realizado todos los rituales previos, empiezo a trabajar deprisa, deprisa, mis manos se deslizan por la superficie pictórica tocando, amasando la materia, retorciendo el textil, bueno la verdad es que no sé  qué está sucediendo  hasta que no lo veo en vertical, entonces empiezo a ver  recovecos, grietas o huecos  por donde penetrar y soñar,  imaginar…Los espectadores están viendo cada uno cosas distintas, pero suelen ser cosas por mí vividas, espacios por los que yo he estado, ya sea una cascada, una cueva prehistórica, un fondo marino una roca  de costa, un frondoso bosque, rayos de luz que penetran, tierras con sus grietas penetrantes que te sugieren que te adentres en ellas…”

    Entre los numerosos asistentes: el coleccionista Leoncio Fernández Vallejo; la curadora de arte Marisa Oropesa; el Doctor Miguel Yebra; los pintores Mavi Grifé Cirlot, Ignacio Puras, Klaudia Neuhardt... además de familia y amigos.

    La pintora Rosa Escalona pidió un momento de respeto y silencio en recuerdo de las víctimas de la dana, con el himno de Valencia como fondo.

        Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2026/05/rosa-escalona-viaje-en-el-tiempo.html

Julia y Rosa Escalona
Julia Rosa y Leoncio Fdez. Vallejo
Julia, Rosa y Klaudia
Asistentes al evento
La pintora con su hijo arquitecto.