jueves, 17 de marzo de 2011

EL ARTE DE LA BELLEZA

L.M.A.

En Madrid la Biblioteca Nacional de España acoge desde el miércoles, 16 de marzo al 5 de junio la exposición El arte de la belleza. Está comisariada por Rosario Ramos, jefa de la Sección de Ephemera del Servicio de Dibujos y Grabados de la BNE.

Está compuesta por unas 200 piezas gráficas relacionadas con la fabricación, la imagen y la publicidad de la industria de la perfumería durante los siglos XIX y XX: libros y revistas, grabados, dibujos y fotografías, etiquetas y envoltorios, discos y partituras, carteles e impresos publicitarios. A través de ellos queda recogido todo tipo de imágenes, algunas de ellas muy conocidas, de perfumes, jabones, cosméticos y otros productos para la higiene personal.

Además de ofrecer un recorrido por la historia de la imagen, el diseño y la publicidad de los productos de belleza, se muestra la repercusión que las campañas publicitarias comenzaron a ejercer en los hábitos de consumo de la sociedad.

Secciones

El arte de la belleza se articula en torno a cinco secciones: la fabricación del producto de belleza a partir de una selección de las materias primas necesarias para su elaboración; el diseño de las etiquetas y envoltorios por ilustradores gráficos para la decoración de los envases; los distintos soportes utilizados para la publicidad de los mismos con el objetivo de incitar al consumo; los establecimientos como lugares de venta y comercialización; y, por último, el uso del producto de belleza, a través de una imagen de seducción y elegancia, reflejada en las campañas publicitarias de los aromas y perfumes.

Quedan recogidos en esta exposición los momentos de juego y diversión que están asociados al aseo y al baño, especialmente los del mundo infantil. También están presentes algunos personajes conocidos por su afición a usar cosméticos y productos de belleza.

COCINAR ES UN ARTE


L.M.A.

La cocina es uno de los hechos culturales más complejos. En el acto de comer intervienen los cinco sentidos. Industriales, artistas, humanistas han contribuido y siguen contribuyendo de diversa manera a realzar el arte de comer.

El arte de la cocina esta siendo reconocido actualmente con diversas exposiciones:

En la Biblioteca Nacional de Madrid ha tenido lugar hasta hace unos días una exposición titulada la Cocina en su tinta, en la que se proponía un viaje cronológico por la cocina desde los primeros textos escritos y se hacía un paseo desde la Antigüedad y Edad Media hasta nuestros días.

También incidía en la importancia que en la cocina tuvo el descubrimiento de América puesto que los conquistadores traspasaron a España y después a Europa diversos alimentos. Alimentos que, en general, han dado color y sabor a la cocina actual.

Al principio costó adaptarse a algunos alimentos, tan usuales hoy día como la patata o el tomate, pues se creía que podían ser peligrosos (lo que no impidió que en Galicia se consumieran patatas ya en el siglo XVI). En cambio otros, como el cacao o el pavo, se incorporaron rápidamente a la mesa de los poderosos.

BARCELONA

Acabada la exposición de Madrid, Cataluña toma el relevo en el realce de la Cocina con El arte del comer. De la naturaleza muerta a Ferran Adrià que puede ver desde el 14 de marzo hasta el 26 de junio en La Pedrera de Barcelona, patrocinada por la Obra Social de CatalunyaCaixa.
La muestra propone un acercamiento a la relación que el arte y la comida han mantenido a lo largo de la historia moderna y el título recoge la doble vía conceptual en que se organiza la muestra: la comida como alimento y la comida como acto.
La exposición dedica una atención especial a las diferentes manifestaciones artísticas creadas a partir de los años 60 y 70, cuando la comida y el acto de comer, con toda su carga de significado, irrumpen en la obra de artistas que buscan otros materiales, nuevas conductas y nuevos criterios para experimentar la vida a fondo e ir más allá de la representación imitativa de la realidad: ya no se trata de contemplar, sino de participar.

130 obras de 76 artistas procedentes de unos 70 museos y colecciones particulares de 14 países se reúnen en una muestra que consta de cuatro apartados: la representación de la naturaleza muerta; el arte conceptual y el alimento como material; los artistas cocineros, artistas que han utilizado restaurantes como talleres de investigación artística; y un último espacio en el que a partir de la figura de Ferran Adrià, como generador de creatividad, se muestran obras inspiradas en su trabajo.

Repaso histórico

Esta exposición reúne obras de artistas como Juan van der Hamen, Tomas Hiepes, Luis Meléndez –máximos representantes del género de la naturaleza muerta en la pintura española de los siglos XVII y XVIII, respectivamente–, Pablo Picasso, Chaïm Soutine, René Magritte, Joseph Beuys, Richard Hamilton, Daniel Spoerri, Dieter Roth, Antonio López, Miralda, Gordon Matta-Clark, Martha Rosler, Jana Sterbak o Miquel Barceló, entre otros.

El recorrido se centra en las investigaciones formales, en la investigación de la composición, pero también en la metafísica y poética de las naturalezas muertas más conceptuales, así como en aquellas obras que presentan la crueldad del animal degollado, la soledad de la víctima del sacrificio. La exposición recorre desde los orígenes y la consolidación del género en el siglo XVII hasta nuestros días, desde las abigarradas acumulaciones del Barroco a la disolución de la figura, atravesando la modernidad, donde la materia desborda la tela.

Experimentación y creatividad

En la muestra también se reúnen obras que suponen una vía de experimentación de marcado carácter conceptual, en un recorrido que va desde los años veinte del siglo XX hasta obras de producción muy reciente, alguna de ellas realizada expresamente para esta exposición. En este ámbito se propone una selección muy representativa de trabajos relacionados con el uso de materiales comestibles y se incluyen diversas propuestas

Siguiendo la línea de la investigación, la exposición a través de la figura de Ferran Adrià reivindica la gastronomía en su concepción experimental, considerándola una acción creativa que tiene unos códigos y procedimientos propios. Aquí la cocina es vista como composición, como provocación y como pensamiento.


Guatemala, País Invitado en la VIII Muestra de Arte Naïf Europeo en la Galería Éboli



VIII Muestra de Arte Naïf Europeo
Galería Éboli
Plaza de Ramales s/n
Madrid
Marzo-Abril 2011



L.M.A.

La VIII edición de la Muestra de Arte Naïf Europeo se ha convertido en un referente de este Arte en Europa. La gran afluencia de público es constante durante los dos meses que dura la exposición y es esperada con entusiasmo por muchísimas personas que incluso fuera de estos dos meses van a la galería preguntando por la Muestra.

Muchos de los Artistas referentes actuales de este Arte Naïf están presentes con sus obras, e incluso algunos en persona durante la inauguración. Poco a poco y desde el 2004 que se celebró la primera edición, la Galería de Arte Eboli y su Muestra de Arte Naïf Europeo se ha forjado por su calidad y esmerada selección, merecida fama y referencia en el Arte Naïf.

Cada año se ha seleccionado e invitado a participar a grandes y reconocidos Artistas Naïf de diferentes países Europeos así como cada año abrimos una ventana fuera de Europa con la participación de un País Invitado no europeo. En ediciones pasadas hemos disfrutado con la participación de Artistas de Israel, Brasil, Turquía, Haití y este año contaremos con la participación de magníficos pintores de Guatemala que acude como País Invitado.

Todos los años los visitantes participan activamente mediante una votación por el cuadro preferido de Artista Español y extranjero. Este año se hará entrega de los Premios Eboli de la VII edición 2010 a los artistas más votados de la pasada edición, que fueron por España Juán Borras II y su cuadro “Isla Ecológica” y por Francia Charlotte Lachapelle y su cuadro “Sur les quais”. Esta entrega de premios se hace durante la inauguración de la siguiente muestra y los artistas premiados están siempre acompañados por multitud de Artistas españoles y extranjeros presentes durante la inauguración así como representantes del mundo de la cultura y diplomáticos de los distintos países participantes.

En el corazón del Madrid más castizo, a escasos pasos de donde tuvo su última morada Velázquez, una galería con nombre de princesa de leyenda, ha asumido el desafío de estimular la apreciación y el interés por el arte naïf entre los amantes del arte. Su directora, Amalia Fernández de Córdoba, pintora naïf de dilatada trayectoria, es la impulsora de la Muestra de Arte Naïf que este año celebra su octava edición con Guatemala como país invitado.

20 Países y 75 artistas en el Palacio de los Guzmanes
“La exposición se argumenta con obras de 75 artistas de 20 países, que certifican la vitalidad de este estilo, ya centenario, que sigue seduciendo por su inocencia y encanto.

Sus autores asumen el corolario naïf que reivindica el poder de la imaginación, la visión fresca y la cariñosa atención al detalle, rasgos evidentes en In the moonlight, Casitas blancas, Castelvetro by night, o Zima u januaru, escenas nocturnas que proyectan una belleza hipnotizante y misteriosa, al tiempo que otras obras apelan a nuestra complicidad con un humor surrealista (una gallina transporta un huevo gigante, o una Venus que surge de un huevo)”, explica Vanessa García-Osuna, subdirectora revista “Tendencias del Mercado del Arte”.

“Tenemos también ejemplos de pintura dentro de la pintura (Una visita al museo), himnos al amor (Se conocieron en el parque, Buenos días...).Se excluye la fealdad, la maldad, y se elogian las glorias de la vida sencilla. El artista crea un ámbito de belleza reconfortante, que desconoce la muerte, mediante maravillosos despliegues de luz y color”.

“En cuanto a las localizaciones, hay una marcada preferencia por los escenarios cotidianos habitados, por sus obvias posibilidades estilísticas: mercados, puestos callejeros de frutas y verduras, parques, rincones emblemáticos de las ciudades (Charlot en Canalejas, Rocío en Sevilla) o incluso el vagón de un tren donde el pintor puede recrearse en las tipologías de los viajeros, dando forma a escenas de colores brillantes, antinaturalistas, basadas en una perspectiva acientífica, y una espontaneidad figurativa (Sumas y restas, Le manège, Scivolando); también hay un espacio para composiciones sobrias, alejadas del cliché, que vienen de Finlandia y Holanda (Augustevening, Golf day grandmather and son). Y no podía faltar un divertido homenaje a Rousseau (Le pinceau originel)”.

“El naïf aspira a transmitir la exuberancia y vitalidad de la riqueza visual del mundo y las vidas tan variadas de las personas que lo habitan, a través de la cualidad radiante y vibrante del color”.

“A menudo poseen una apabullante complejidad, si se tiene en cuenta su tamaño. Sin embargo, no se pierde nada al miniaturizar las formas, no obstante algunas puedan llegar a abrumar nuestra capacidad de ver y conserven secretos que se nos irán revelando en miradas posteriores. El mundo que se abre ante nuestros ojos está gobernado por el dios de las pequeñas cosas”.

Dos escuelas guatemaltecas
“La patria de los perfectos valles / que tienden de volcán a volcán verdes hamacas / la patria de los perfectos cielos / dueña de tardes de oro y de noches de luceros” que loaba el poeta guatemalteco Miguel Ángel Asturias, ha originado una de las propuestas naïf más sugestivas del panorama internacional. El altiplano guatemalteco, una región de cautivadora belleza natural y riqueza cultural inspira dos de sus escuelas pictóricas más emblemáticas, la de Atitlán, y la de Comaplán. Ambas comparten el sustrato común de la querencia por el paisaje (cafetales, jardines, parcelas de hortalizas...), las escenas costumbristas, y el folklore, aunque presentan algunas diferencias. Mientras la de Atitlán se distingue por su acentuado realismo y un juego de claroscuros, la de Comalapa nos sorprende con sus extravagantes creaciones, muy coloristas, dominadas por el horror vacui. Son abigarradas composiciones, muy sofisticadas, que a menudo se resuelven como una visión fragmentada, en mosaico, con insólitas perspectivas (Cortadores de hormigas). Esta fascinante fusión del imaginario maya y el realismo mágico será un excitante descubrimiento para los aficionados”.

“El arte naïf bordea la frontera entre lo real y lo artificial, y elude las lecturas políticas y sociales, aunque en este aspecto haya que subrayar la singularidad de la escuela guatemalteca que testimonia en algunas de sus pinturas una clara conciencia social, reflejando la guerra que asoló el país durante treinta y seis años”.

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miércoles, 16 de marzo de 2011

Manuel Muñoz Hidalgo publica tres obras de teatro sobre Miguel Hernández, san Juan de la Cruz y Kristina de Noruega

"Desbandada"
Manuel Muñoz Hidalgo
Español, Inglés, Sueco, Ruso y Noruego
Editorial Ñaque
Madrid, 2011




Julia Sáez-Angulo

“Desbandada” sobre el poeta Miguel Hernández, “Usque ad aeternitatem!” sobre el místico san Juan de la Cruz y “La flor partida” sobre la princesa Kristina de Noruega, son las tres obras de teatro del escritor Manuel Muñoz Hidalgo (Alcantarilla, Murcia, 1939) en la editorial Ñaque, especializada en obras dramáticas ya representadas. En breve publicará igualmente su pieza teatral “Cirilo y Metodio”, ya representada.

Dramaturgo y poeta, Muñoz Hidalgo cuenta con una amplia trayectoria literaria traducida en más de una treintena de libros y ha merecido altas condecoraciones como la de Cirilo y Metodio de Bulgaria. Es miembro de número de la Academia de la Hispanidad y tiene en su haber el premio Nikola Vaptsaro, personaje búlgaro sobre el que escribió una obra de teatro. Es miembro de la Asociación Internacional de Crítica Literaria de Francia.

La tres obras de teatro ahora editadas por Ñaque concitan drama, narración y poesía, y se refieren a tres personajes históricos y se publican con sus respectivos textos en sueco, ruso, inglés y noruego. El libro lleva ilustraciones de Fulgencio Saura Mira, José David brando Luna y José María Carnero.

“Desbandada” ha sido traducida al búlgaro por Tamara Tákova y publicada por el periódico “Morata Viara”, en edición de la Unión de Escritores Búlgaros que dirige el poeta Lachezar Elenkov. Su puesta en escena está programada en el teatro de la sede socialista de Sofía. La traducción al sueco es de Carl Fredrik Gildea y la traducción al ruso de Grigorig Konstantinovich Lijachiov. La traducción al inglés es de Carol Piñeiro y al noruego es de Yon Olav Sondena.

“Desbandada” es una obra sobre la desolación del poeta de Orihuela, la noche en que se vio solo y abandonado por muchos de sus camaradas. “Se oye el ruido de una mula, el ruido de un carro que se aleja y el ladrido de un perro. Miguel con un traje de pana y la cabeza rapada y una maleta no muy grande, se supone que ha bajado de un carro y busca refugio en su entorno, deja la maleta junto al tronco del olmo”, comienza el acto escrito por Muñoz Hidalgo.


Representación de un auto sacramental


“Usque ad Aeternitatem!” en torno a san Juan de la Cruz, es un auto sacramental que se estrenó en la iglesia del Perpetuo Socorro de Madrid, por encargo del XV Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid, dirigido por Norberto Alvadalejo e interpretado por la compañía Teatro Imagen de Madrid y Coro de Cámara Grupo Co3 con orquesta y música de Alejandro Montejno. El reparto corrió a cargo de Benjamín Borges, Irene Villar, Fabio León, José Santiago, Manuela Burló, Rosa Torres y Estela Berceo. Está dedicada a Esther Koplovitz.

“Kristina de Noruega. La flor partida” consta de siete personajes y narra la vida de la princesa Kristina (Bergen,1234- Sevilla, 1262), hija de Haakon IV. Infanta de Castilla y esposa de Felipe de Castilla, el hermano del rey Alfonso X el Sábio. Murió muy joven y está enterrada en la colegiata de Covarrubias, donde todos los años se celebra el hermanamiento entre la ciudad con Bergen. Según la obra de Muñoz Hidalgo, la princesa sintió la nostalgia de su tierra, al tiempo que reflexiona sobre el país que le tocó en suerte por matrimonio.





“Machado y Soria” de mi tío F.M. MORAL



“Machado y Soria” de mi tío F.M. MORAL
Obra pictórica
Soria, Marzo, 2011



Manuel Moral Roca


Hace un tiempo mi tío Paco me invitó a su estudio para que viera una composición pictórica que estaba pergeñando desde el fondo de sus sueños y con la realidad de los versos de Antonio Machado sobre la tierra soriana como punto de comienzo. Los bocetos a carboncillo, o con óleos, o con acrílicos llenaban las mesas, las paredes y algunas sillas que servían de improvisados bastidores. Parecían florecer o esconderse unos de otros según mi tío iba leyendo algunas partes de los cantos machadianos. La idea creativa a hacer estaba clara en la palabra y en la mirada del que en aquellos momentos me exponía sus irrefrenables deseos junto con una pasión desbordada desde una única ilusión.

Y el tiempo pasa, como siempre, pero ahora, en este momento, se me vienen las sensaciones que me movieron y me conmovieron una tarde lluviosa en el estudio de Jaén de mi tío.

Muchas veces la pretenciosidad por explicar algo, ya sea lo que sea, mata ese algo, sin embargo lo que aquí escribiré es una simple reflexión, mi meditación, ante un hecho que nace de un intimo concepto; la creación de un tema pictórico, con toda su historia y su vida cultural, algo determinante en lo que es el pensamiento que más tarde dará una realidad nueva, compleja o no, para llegar al fruto, estético o no, deseado, aunque éste haya experimentado una profunda mutación desde su génesis.

Pero el tiempo ya está aquí. Ante mí tengo la composición “Machado y Soria” y la verdad es que estoy sorprendido y es así porque más allá de lo que cada uno sintamos por las palabras del poeta y de la técnica del pintor, el furor de la obra es tanto más vivo porque en ella observo la idea de un hombre libre y el sobresalto de su pensamiento esencialmente idealista. La naturaleza brota en la pintura y no olvidemos que lo primero que educo al hombre es esa misma naturaleza en la que se conjunta la Belleza que desde que la historia antigua, sin divisiones más o menos regladas, engloba todo aquello a lo que luego se le fue poniendo nombres.

La composición que veo y saboreo es en sí misma una arquitectura, una música, una escultura, una danza, un llamamiento a lo que se puede llegar, hacer realidad en virtud de un ahínco paciente e individual con el propósito de llegar a ser libre. No basta con sentirse. Es por ello, que en cada parte de “Machado y Soria” se me antoja una curiosidad siempre alerta, un enardecimiento casi juvenil a la llamada de la sutiliza, de la vivacidad de los sentidos y una valentía del autor para metamorfosearse en sencillas o complicadas etapas del proceso creativo y por esto de su propia vida, actitud que revela algunos elementos mollares de su formación intelectual y estética, aunque al expresarlo en un solo conjunto – obra – vaya a contracorriente de la significación cultural que aborrega y alinea la Europa de hoy, es decir, a la reducción artística sin más, olvidando que todo hecho intelectual está en relación directa con la complejidad de lo que vive y bien sabemos que es mucho lo viviente.
Otro vértice que me dibuja “Machado y Soria” es la psyjé griega o “alma sensitiva”, que en relación con lo que dije antes se me manifiesta, de forma velada, en las actividades más humanas; hablar, hacer, amar, habitar. Palabras estas que Machado engrandece en sus versos y que mi tío vuelca en su pintura al señalárnoslas de modo sencillo pero no por ello menos contundente. Y para explicarme haré un paseo por la composición:

Si nos atenemos a una fecha de creación para esta obra, bien pudiéramos retroceder unos cuarenta y cinco años, ya que entonces el pintor se ofreció para hacer un proyecto arquitectónico para la ciudad de Soria. Quizás fuera su primer encuentro con la ciudad del Duero, pero el hecho en sí no deja de ser anecdótico.
Aquí, ante estas pinturas – una en todo el conjunto - empezaremos con una simbiosis entre las palabras de Antonio Machado, Soria en sí y los pensamientos que Francisco Moral interioriza para luego, en un ejercicio de necesidad expresiva, hacerlos emociones y mostrárnoslos aquí, en esta composición que compartimos. Pero sin más, me meteré en la obra; al ver el conjunto, quizá se nos pase por alto el soporte sobre el que Francisco nos propone sus pinturas. El hecho de escoger tablones de madera de espíritu envejecido no es casual y ello nos indica una búsqueda de materiales pasional y a la vez lúcida, por lo que la elección del sostén se convierte en un “magister” al conciliar una experimentación renovada con un impulso alborotador. Desde luego si nos detenemos en la parte central del conjunto, vemos un tablón totalmente negro - alma de Antonio -. Un negro matizado con una textura que nos lanza al mundo machadiano con sus pálpitos, sus soledades y también, porque no decirlo, de sus apatías como fruto de la época española que vivió. Una vez visto esto, y entrando en la composición pictórica, ésta me parece rompedora, pues el pintor jienense cruza el umbral que existe entre pintar las cosas tal y como uno las ve y representar lo que conoce de ellas.
En este caso y sin obviar que el pintor sabe y entiende in situ a las tierras sorianas, es evidente que aquí, en esta su pintura, lo que hace es mostrarnos una naturaleza soriana acorde con los versos de un Antonio que incorpora la Naturaleza como un elemento fundamental de sus letras, algo que no es habitual hasta su llegada a Soria. Así en las primeras tres pinturas, me asomo y siento las fuerzas que, desde lo árido y frío, me vienen para quedarse, pasando por colinas y cerros a las florecillas blancas y, arrancando el velo del tiempo, la pintura de Francisco empapa la mirada de infancia – primavera – como inicio de posibles sueños; “abejar, pastar, humear ramas, perfumar”, dice Antonio.


Un peldaño más figurativo



En un segundo paso me encuentro con un peldaño más figurativo en el que Francisco, después de dejarnos descritos los paisajes por los que Antonio abandona su mundo interior y se hace al exterior, opta por expresar, a través de algunos símbolos de unos hombres sufridos y rudos, sus meditaciones sobre un pasado que ha engendrado un presente al que desea un futuro mejor: el cesto, la nieve, un hosco ceño, el golpe de un hacha sobre el leño.- frente hendida de negro -, nos avisa el pintor.

Después de subirme al castillo y de sentirme en tierra de místicos y de guerreros, doy un tercer paso y me encuentro con las colinas plateadas, con los alcores grises, con el trazo del Duero escondido – quizá porque aquí Francisco nos esconde la adusta mirada de Antonio – para luego humanizar el paisaje con esos álamos coloridos, regados por las aguas del Duero y por la lluvia atronadora de las palabras de Antonio en los colores, en los trazos y en esta composición pictórica. Aquí, en esta parte tan singular de la obra, siento que el eco del escritor – que también será mañana – es cogido por el pincel del pintor y, en un acoplamiento casi impúdico, los dos se someten a lo que se quiere decir en un mismo instante, aunque éste sea engendrado en diferentes periodos por el capricho de una voz y por el entusiasmo de una mano.

Y así, llegando al final de este paseo pictórico, me encuentro con la parte del camino más sugestivo y al mismo tiempo más emocionante e incitador; - “¡Oh sí! Conmigo vais, campos de Soria, /………/ Me habéis llegado al alma, / ¿o acaso estabais en el fondo de ella? – y en respuesta feroz a estos versos maximalistas con ribetes románticos, la pintura se hace hueco redondo por un presentimiento que sin más se hace jirones por la insatisfacción de la pregunta utópica que aparentemente aparece sin duda, ya que la sensibilidad de Francisco opera una elección – su elección – de la voz de Antonio, rompiendo cualquier frontera entre lo personal y lo real. Es por ello que el pintor en este final de su composición se hace creación y acepta – nos invita a seguirlo – que sólo tendrá sentido su creación cuando él mismo se la otorgue, en este caso, con su propio sentimiento pictórico.

Y me marcho de esta composición de Francisco con el sosiego de haber caminado entre su pincel y la voz de Antonio - un fenómeno de representación en pintura que se descompone en sus elementos primarios - con la certidumbre sabida de asistir a un encuentro - Soria, Duero, Antonio y Francisco – como recompensa de una conjunción comprensible de una problemática intelectual y de una insolente seducción. Con estas mis palabras, animar, a todas las gentes que se asomen a esta obra pictórica de Francisco Moral Moral, a descubrir tan excepcional y mágico encuentro.

Pues bien, una vez intentado un leve apunte de la obra, espero que los fundamentos de toda expresión, artística o no, eso lo dejo a los expertos que de todo saben, pero sí cultural, se hayan asomado por estas líneas. Por si así no fuera, los pilares a los que me refiero son: hablar y comunicar. Lo que quiero decir es que “Machado y Soria” no se limita a la trasladar un mensaje, que por otra parte es subjetivo, sino que establece un vinculo existencial entre personas vivas, de las que cada una toma conciencia de un yo particular, único y que desde él la cultura solicita, desde su origen, la intención a lo universal. Un yo al que por formar parte de una sociedad o comunidad hemos olvidado con demasiada facilidad, sea por la comodidad o por el nihilismo del individuo tan extendido y tomado incluso como el nuevo fideísmo de estos tiempos en el opulento y mal llamado mundo occidental.
Pero me estoy yendo de la obra, aunque poco más puedo decir.

Aunque aquí, delante de las pinturas de “Machado y Soria”, vuelvo a escuchar versos, a recordar paisajes y tiempos que me ultiman en unos pensamientos y en unas sensaciones que me imponen un dialogo a lo abierto de la libertad creativa sin miedo a la singularidad del individuo. Me parece, siento, que “Machado y Soria” me invitará a más charlas y hará que dialogue con nuevas visiones a través de mi vida y si respeto a muchos creadores, afamados o no, reconocidos o no, es precisamente por las innumerables llamadas que me hacen para seguir hablando a pesar que el tiempo haya comenzado de nuevo su impagable camino.

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PASEO POR SORIA




M. Dolores Gallardo López


El pasado fin de semana viajé a Soria; no conocía la ciudad y me sorprendió muy gratamente.

En la estación de Chamartín me encontré a con unos amigos, Jaime Moral y su esposa Juani. Tanto ellos como yo íbamos a la inauguración de la exposición que, con el título A Machado y a Soria, inauguraba esa tarde en ciudad, en el Palacio de la Audiencia, su hermano, el pintor Francisco Moral.

Decidimos aprovechar las horas que nos quedaban visitando la ciudad…pero ¿cómo rentabilizar bien el poco tiempo del que disponíamos?.

Tuvimos la suerte de encontrar a Ricardo Tovar. Él nos hizo de cicerone y, con enorme cariño, nos mostró las plazas, edificios y rincones de su ciudad, en tanto que desgranaba sus muchos conocimientos sobre lo acaecido en ella.

En Soria, espléndida y llena de belleza, me llamó poderosamente la atención la omnipresencia de la figura de Machado.

Eché de menos, sin embargo, más presencia de otro gran poeta, Gerardo Diego, que también dio clases en el mismo Instituto en que lo hizo Machado. Si en el Instituto, como en otros muchos lugares, está muy destacado el recuerdo de Antonio Machado, Gerardo Diego no es mencionado en cartel alguno. Parece que ello va a ser subsanado en breve y también este ilustre poeta será recordado como merece.

La presencia de Machado se palpa en innumerable lugares y rincones sorianos. La ciudad, agradecida, le devuelve el enorme cariño que el poeta sintió por ella desde el mismo momento en que la conoció.

Por la tarde D. Jesús Bárez Iglesias, Concejal de Cultura del Exmo. Ayuntamiento de Soria, que inauguró la exposición -homenaje que el pintor Francisco Moral hace a la vez a los versos de Machado y a la ciudad- nos obsequió con un ejemplar de de las Poesías Completas de Machado, editada por el Ayuntamiento en el año 2007 con motivo del centenario de la llegada del poeta a Soria: el mes de mayo de 1907 Antonio Machado tomó posesión de la Cátedra de Lengua francesa del hermoso Instituto de Soria.

Al regreso de la ciudad venía releyendo maravillosos versos machadianos; llegada a casa continué leyéndolos un par de días más. Me asaltó la idea de reflejar brevemente cómo interpretaba Machado el paisaje que lo rodeó durante los cinco años de su vida que más huella dejaron en él. El resultado lo dejo aquí.

Interpretación del paisaje soriano en Antonio Machado

En Antonio Machado el descubrimiento de la naturaleza que circunda Soria se convirtió en motor que propició un giro en su poesía: El 1 de mayo de 1907 tomó posesión de la cátedra de Lengua francesa del instituto de Soria. Ya en esa primera visita lo impactó hasta el punto el paisaje soriano que el hermosísimo poema Orillas del Duero -estudiado con sagacidad por el profesor Gregorio Salvador- fue escrito muy probablemente ese mismo mes de mayo: en todo caso a finales de 1907 ya estaba incluido en la nueva edición de Soledades (la primera había aparecido en 1903), titulada en este caso Soledades. Galerías. Otros poemas.

Con los hermosos versos de Orillas del Duero -versos de sencillez expresiva, de nulas metáforas, de ingredientes sencillos- a la poseía española le nacían nuevos temas y nuevos modos que tienen como resultado esa excepcional obra llamada Campos de Castilla.

Los paisajes que la conforman Campos de Castilla NO SON UNA DESCRIPCIÓN, SINO UNA INTERPRETACIÓN: el paisaje de Soria estaba ahí, pero Machado -también otros poetas: Bécquer, Gerardo Diego- lo han elevado a la categoría de Arte, han trascendido su imagen meramente fotográfica. ¿Cómo?: quintaesenciando los temas, utilizando las palabras adecuadas que transmiten su esencia.

Cuando Machado canta, los elementos de cada verso son como pinceladas en un cuadro, pero pinceladas autónomas, independiente de las demás. Sin embargo el conjunto que esos versos conforman crea algo superior: una descripción inconfundible e inolvidable. Veamos un ejemplo:

colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, …
(Campos de Soria, en Poesías Completas, CXIII;VII; col. Austral, 2007)


Machado vivió en Soria y en ella tuvo trágica peripecia de amor. La primera edición de Campos de Castilla salió en junio de 1912, aunque no llegó a manos del poeta hasta el 24 de julio. Muy pocos días después, el 1 de agosto de 1912, moría Leonor, su esposa.

Muerta Leonor cambió la vida y el quehacer poético de Machado.

Siete días después de enterrar a su jovencísima esposa (dieciocho años tenía Leonor cuando murió; el 21 de septiembre de 1907 la había conocido Machado, era una niña de trece años; quince tenía cuando el 30 de julio del 1909 se casó con el poeta, que en ese momento ya contaba treinta y cuatro) abandona Soria.

El dolor le hace pensar el en suicidio. Su hermano Manuel le pide a D. Francisco Giner de los Ríos ayuda …quizás un instituto en Madrid palie su desconsuelo. No pudo ser. Logró el de Baeza; el 1 de noviembre de 1912 tomó posesión de su cátedra y en Baeza vivió hasta 1919.

En los primeros años el Machado soriano se siente extranjero en la Andalucía que lo vio nacer -“extranjero en los campos de mi tierra”- e incluso en plena vega del Guadalquivir, en el tren que en la primavera del 1913 lo lleva a Sevilla, sigue teniendo presentes los llanos altos de Soria, regados por el Duero:

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales…
( de Recuerdos, CXVI)
O
¿Por qué, decirme, hacia los altos llanos
huye mi corazón de esta ribera, y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
(de Los sueños dialogados)
La memoria y la pluma de Antonio Machado recrean los amados paisajes perdidos. En 1917 se reedita Campos de Castilla con nuevos poemas en algunos de los cuales, desde la ausencia y la melancolía, recrea el amado paisaje soriano; también están allí los que dedica a Leonor muerta. Pese a todo, nuevos paisajes se van abriendo paso poco a poco y nace su visión de Andalucía:


Los olivos grises, los caminos blancos,
el sol ha sorbido la calor del campo;
y hasta tu recuerdo
me lo va secando.
CIV, IX

A la visión de Andalucía en Machado le dedicaremos otro espacio.


Eugenio López Berrón expone su pintura en el Palacio de los Serrano

"Gotarrendura. Ávila", pintura de López Berrón



L.M.A.

        16.03.11 .- Ávila .- El pintor Eugenio López Berrón (Gotarrendura. Ávila, 1941) inaugura una amplia exposición de su obra pictórica en el Palacio de los Serrano de Ávila el próximo día 25 de marzo. Cuarenta obras que dan cuenta de su pintura al óleo, entra las que sobresalen los paisajes de ciudad y las marinas.

     Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, especializado como profesor de Dibujo y grabador, muy pronto dejó la docencia para dedicarse por completo a la pintura, a la que se ha consagrado por entero.

    La actual exposición en el Palacio de los Serrano viene a ser casi una antológica de su obra, en la que recogen todos sus géneros principalmente con obra de los últimos años. Algunos de los cuadros pertenecen al Museo López Berrón en Gotarrendura, donde el artista cuenta con un gran espacio monográfico sobre su obra, junto a la colección propia de otros colegas en el arte, así como los fondos etnográficos de la comarca abulense de la Moraña, que fue coleccionando con tesón.

   La pintura de López Berrón se caracteriza por la finura y delicadeza de su dibujo y su trazo. Tiene algo de silencio esta obra en la que nada chirría, quizás por ello el autor prefiera los días grises, de niebla, lluvia o nieve, como si ello sintonizara mejor con su paleta de platas y azules, así como con su espíritu calmo de recogimiento.

Museo monográfico en Gotarrendura
   Además de las citados paisajes urbanos y las marinas, en la exposición pueden verse paisajes abiertos a la naturaleza, algunos de ellos de su querida comarca de La Moraña, cálida y rubia en verano, solitaria y mística en otoño e invierno. No ha dejado de interpretar a su pueblo teresiano, en el cuadro “Puerta de la Moraña” o “Gotarrendura, Campanas”, donde algunos estudiosos, como Efrén de la Madre de Dios, sitúan el nacimiento de la Reformadora del Carmelo, a falta de mejor prueba documental.
     “Palomas para Santa Teresa” es otro cuadro singular en la línea mística –casi una estampa devocional- en homenaje quizás al celebre Palomar de Gotarrendura, perteneciente a la familia de los Cepeda y Ahumada, donde pasaba los inviernos y de donde se les proveía de alimentos hortofrutícolas y palomas para el sustento en Ávila.

Curioso el “Interior con dos sillas” (100 x 81 cm.), cuadro en el que el pintor hace un estudio muy cuidado de la luz que entra por el ventanal y refulge en el espacio interior de evocación castellana con dos sillas de madera y un bargueño. El cuadro pertenece al museo citado anteriormente.

“Los abuelos” es otro cuadro muy particular donde el pintor muestra la figura humana en dos soberbios retratos de personas rústicas, mayores, junto a una tapia de pueblo y ante un caldero humeante. Una pintura de género que da cuenta de otro aspecto de la obra de Berrón, sin duda menos explotada que el paisaje y la marina.

Lo mismo sucede con el único cuadro titulado “Flores”, magnífico pretexto siempre para manejar el color y en este caso demostrar que el artista también ha cultivado aunque menos el género de flores y floreros.

Eugenio López Berrón, cultivador por excelencia del paisaje, ha plasmado además de Ávila y Madrid, localidades como San Sebastián, Vizcaya Gijón y otros puntos de Asturias y la cornisa cantábrica, Cataluña, Aragón, Murcia, Segovia y otros puntos castellanos, Francia, Polonia, Checoslovaquia... algunos de los cuales figuran en la exposición del Palacio de los Serrano.

Más información

http://www.museolopezberronarte.org/p_interior_museo.htm