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jueves, 5 de noviembre de 2020
El Instituto Cervantes inaugura mañana en Alcalá de Henares la exposición «Miguel Hernández. A plena luz»
Etiquetas:
Instituto Cervantes,
Miguel Hernández
martes, 21 de noviembre de 2017
Manuel Muñoz Hidalgo en el IV Congreso Internacional "Miguel Hernández. Poeta en el mundo"
L.M.A.
22/11/17 .-
ALICANTE.- El pasado 17
culminó en la Sede Ciudad de Alicante de la UA con una mesa redonda de
los biógrafos de Miguel Hernández: José Luis Ferris, Juan Cano Ballesta y
Manuel Muñoz Hidalgo. Moderador: Aitor Larrabide.
Los tres
biógrafos descubrieron algunas de las claves utilizadas para mostrar
al poeta de Orihuela con el máximo respeto e imparcialidad
, a pesar de los testimonios contradictorios y manipulados que
se encontraron durante su investigación.
Tras la ponencia
de los autores ,se provocó una expectación entre el público
al conocer por vez primera algunas anécdotas desconocidas de
Miguel Hernández ,como salvar la vida del novelista y
académico Ricardo León y Román, pidiendo el favor a Pedro
Gálvez, jefe de una de las checas de la FAI en Madrid. El
testimonio es del propio José María de Cossío a su secretario
en el Ateneo de Madrid, Luis López Anglada, poeta y militar,
recogido directamente por M. Muñoz Hidalgo del propio Anglada, entre
otras más.
Manuel Muñoz
Hidalgo subrayó la contrariedad y vehemencia que hicieron al
poeta,amigo de su padre ,más tolerante,más humano sin perder su
integridad. Dijo: "A través de una mirada sincera y cercana...
La vida de
Miguel Hernández sigue llena de interrogantes. La compleja
transformación que sufrió en los pocos años de vida,murió con sólo 31
años, tiene mucho que ver con su biografía en la que destaca su
complicidad en interés por el pueblo, uno de los poetas españoles del Siglo XX mejor
dotado para el verso, la voz del pueblo más comprometida cuya poesía refleja
los diferentes períodos de su vida dentro de su evolucionismo con las dudas
propias de un ser complejo, poeta de continua formación que anduvo por los
campos de la poesía católica y la poesía popular a favor de las ideas
republicanas...Padeció las consecuencias de aquella sociedad dividida, en que
las diferencias de clase ponían límite al acercamiento de propósitos comunes.
Su
vida tuvo las contradicciones propias de un espíritu vehemente. Su poesía es
apasionada, llena de ardor y sensaciones que no deja indiferente... Miguel
estuvo inmerso, influenciado, como la mayoría de los de su época por las
doctrinas más semejantes en cuanto a contenidos y más dispares en su
forma: El Cristianismo y el Marxismo...
Hace setenta y
cinco años le dejaron morir desatendido y sin los cuidados que su enfermedad
requería en la cárcel Reformatorio de Adultos, aquí en Alicante,pero su obra no
ha muerto, no ha perdido el frescor y la inocencia del descubrimiento, gracias
a una vida tan breve pero tan llena de amor y de vehemencia."
domingo, 28 de mayo de 2017
Miguel Hernández en la voz de jóvenes poetas
L.M.A.
29.05.17 .- La Feria del Libro de Madrid ha recordado esta tarde a Miguel Hernández en la voz de una veintena de poetas, con motivo del 75 aniversario de su muerte. Un verso de Cancionero y romancero de ausencias, aquel que dice “Yo siempre en pie quisiera verte”, ha dado título a una velada hecha posible gracias a la generosa mediación de los poetas Jordi Doce y Javier Lostalé, quien ha introducido el acto. Marta Agudo leyó “Me sobra el corazón”; Joan Andión, “Me llamo barro aunque Miguel me llame”; José Cereijo, “Nanas de la cebolla”; Jordi Doce, “Canción última”; Ariadna García, “Eterna sombra”; Aarón García Peña, “Los cobardes”; Enrique Gismero, “[Umbrío por la pena, casi bruno]” y “Yo sé que ver y oír a un triste enfada”; José Luis Gómez Toré, “Hijo de la luz y la sombra, III”; Pilar Martín Gila, “El hambre, I”; Juan Carlos Mestre, “Elegía”; Olga Muñoz Carrasco, “Canción del esposo soldado”; Lilian Pallarés, “El sudor”; Esther Ramón, “La lluvia”; Rafael Soler, “Las manos”, y Julieta Valero, “[Menos tu vientre]”.
Releyendo los cuentos de Medardo Fraile
“Siempre se ha leído a Medardo Fraile en el horizonte de su generación, la del 50. Siempre se ha relacionado su obra con una estética vinculada al realismo. Está lectura no es equivocada y, sin embargo, algunos de sus cuentos, los que yo considero más medardianos tienen que poco que ver con las propuestas de sus compañeros de generación”. Así lo defendió esta mañana en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales Ángel Zapata, responsable de la edición de los cuentos completos del escritor madrileño. José María Merino, Juan Cruz, Hipólito G. Navarro y Juan Casamayor participaron junto a Zapata en el acto que la editorial Páginas de Espuma y la Escuela de Escritores de Madrid convocaron para recordar al escritor madrileño.
José María Merino evocó la amistad que le unió a Fraile y que comenzó a forjarse cuando seleccionó Cuento de estío para una antología de relatos españoles del siglo XX, que le había encomendado Juan Cruz para Alfaguara. También destacó “el enfoque personalísimo de su escritura y del tratamiento que la realidad obtiene en su obra”. La brevedad e intensidad, la concentración dramática, su admirable economía de medios y las tramas desazonadoras son algunos de los rasgos que, según Merino, definen el estilo de Medardo Fraile. Por su parte, Juan Cruz recordó cómo el autor de Antes del futuro imperfecto o El cuento de siempre acabar rompió a llorar al hablar de la muerte de su amigo Ignacio Aldecoa en el curso de una entrevista que le estaba haciendo: “He llegado a pensar que aquel llanto por Ignacio Aldecoa era también el llanto por el destino de aquella generación. España le rasguñaba el alma y quizás por eso eligió vivir en Gales”.
Jordi Sierra i Fabra: “Leer me salvó la vida”
El escritor Jordi Sierra i Fabra se dirigió este mediodía, a través del Micro de la Feria, a los niños y jóvenes que en ese momento paseaban entre las casetas del Paseo de Coches de El Retiro: “A vuestra edad, yo leía un libro al día y leer me salvó la vida. Era un mal estudiante, no era brillante, era tartamudo, no podía hablar con nadie, pero leer me dio la cultura que tengo y superé la tartamudez”. Su invitación a lectura vino acompañada por la expresión de gratitud hacia la Feria, en la que ha participado en todas las ediciones durante los últimos treinta y siete años: “Me siento honrado de formar parte de esta familia. Leyendo se aprende a vivir, a pensar”.
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Miguel Hernández
martes, 12 de abril de 2016
"Arte Iberoamericano Contemporáneo. Pintura y Escultura 2016" en el Centro Cultural Moncloa de Madrid
Julia
Sáez-Angulo
Madrid,
13/04/2016 .- Una exposición, Arte
Iberoamericano Contemporáneo. Pintura y Escultura 2016, tiene lugar en el
Centro Cultural Moncloa de Madrid, muestra que permanecerá abierta hasta el 30
de abril de 2016. La comisaria de la muestra es Manoli Ruiz Berrio. La
concejala del distrito madrileño Moncloa-Aravaca es Montserrat Garcerán Huguet.
Los
artistas presentes en la exposición, procedentes de España e Hispanoamérica
son: Felipe Alarcón Echenique, Lorna
Benavides, Carmen González, Lucio González, Frank Govin, Miguel Hernández,
Vicente Heca, Berta Otero, Pilar Sagarra y Estela del Valle.
La
exposición cuenta con un buen catálogo ilustrado con las obras y biografías de
los artistas. Benito de Diego, miembro de la Asociación Española de Críticos de
Arte, AECA, ha escrito el texto introductorio en el que, entre otras cosas
dice:
pintura de Pilar Sagarra
Alto nivel artístico
“No
es sencilla la misión de comisariar una exposición colectiva, en la que,
inevitablemente, se incluyen autores dispares, tanto en cuanto a las capacidades
creativas, innatas y adquiridas, como en cuanto a la diversidad de estilos
expresivos e, incluso, juicios ontológicos diferentes, respecto del arte que
desarrollan y que cada uno de ellos, sin duda, tienen, al no estar conectados
por común corriente doctrinal alguna.
Y puesto
que el fin de la tarea de comisariar es lograr reunir un conjunto de obras
expuestas, que resulte coherente con un correlato objetual y conceptual entre
las mismas y una estética global armoniosa, que la muestra debe manifestar,
para que el espectador se integre en ella y otorgue su interés, resulta
inevitable la aparición de conflictos estéticos y conceptuales, que el
comisario debe solventar.
Pues bien,
hay que reconocer a Manoli Ruiz Berrio, crítica de arte, el enorme esfuerzo,
felizmente correspondido por el acierto, que ha hecho para lograr dos muestras,
no solo de un alto nivel artístico, sino también para cumplir rigurosamente con
los objetivos, que han sido enumerados.”
martes, 5 de agosto de 2014
José Carlos Rovira escribe sobre los cuatro cuentos infantiles de Miguel Hernández (Manuscrito último)
L.M.A.
José Carlos Rovira, Catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante, ha escrito sobre los cuentos infantiles adquiridos por la Biblioteca Nacional de España:
"El documento que
los contiene son seis pequeñas hojas de 12x15 cm., escritas y con dibujos,
cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y tienen los bordes
envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción son hojitas de papel
higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias
hojas en blanco. El texto está formado por cuatro relatos infantiles y tienen
por su cronología posible la condición de ser los últimos escritos del poeta,
que había llegado al Reformatorio de Adultos de Alicante, desde el penal de
Ocaña, a fines de junio de 1941. Es el último viaje de Miguel Hernández quien,
en sus cartas de este período, tiene dos obsesiones claras: el reencuentro con
su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel a quien, con dos años y medio,
lleva un año y medio sin haber podido abrazar.
Desde
Junio de 1941 al 28 de marzo de 1942, cuando muere, pasan casi ocho meses en
los que sabemos que a fines de noviembre inicia Hernández un combate final e
imposible por la supervivencia, alojado en la enfermería de la cárcel, con tuberculosis.
En esta situación, el poeta ya no escribe, su estado físico lo mantiene
postrado en una cama y, sin embargo, prepara con la ayuda de alguien un libro
de cuentos para su hijo. Lo anticipa en una carta sin fecha, que supongo de
diciembre de 1941 o enero de 1942, donde tras pedirle a su mujer que le haga
llegar alimentos –éste es el sentido principal de la correspondencia última de
un hombre que sabe que está muy enfermo- le dice: “Si hace mal día no vengas,
que el médico me ha dicho ayer que debiera esperar dos o tres días. Pero yo
quiero ver a mi hijo y a mi hija y dar al primero un caballo y un libro con dos
cuentos que le he traducido del inglés. Bueno, nena, hasta luego. Está
haciéndose de día, y creo que hará sol. Besos para mi niño. Te abraza, Miguel”.
Josefina
Manresa contó el mismo episodio en sus Recuerdos
de la viuda de Miguel Hernández:
Transcurrió
un mes así hasta que por fin lo pude ver. Lo sacaban entre dos personas, que no
sé si serían presos, cogido del brazo y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba
un libro en la mano, eran dos cuentos para su hijo que él había
traducido
del inglés. Al terminarse la comunicación quiso darle él por su mano el libro
al niño y no lo dejaron, como era su deseo. Así me lo decía en una esquela. Un
guardia se lo tomó y me lo dio a mí.
Edité
en facsímil aquellos cuentos en 1988, hace 26 años por tanto. Los acompañaba un
pequeño volumen en donde, entre otras reflexiones, supuse la paternidad
hernandiana de la confección material del libro, mediando su relación con el
dibujo a lo largo de su obra. La caligrafía se me resistía por lo que dejé
abiertas varias posibilidades. Supe en 2009 que me equivoqué en 1988. Primero,
en algo que hoy me parece obvio: Hernández estaba lo suficientemente enfermo
para que no pudiera hacer un trabajo que es muy bello en su factura material,
una encuadernación y unos dibujos. Lo hizo un compañero que estaba en la
enfermería, alguien llamado Eusebio Oca Pérez, maestro nacional y buen
dibujante que, por aquellos días, preparaba un volumen similar, con otros
relatos, para su hijo llamado Julio Oca que tenía un mes menos que Manuel
Miguel, el hijo de Hernández.
La
prueba me la mostró Julio Oca en 2009: el primer relato de los que había
editado, “El potro Obscuro”, con sus dibujos y su letra, y un librito “Petete
Pintor” que se diferencia del otro en que los dibujos están repetidos para ser
coloreados, pero el trazo, los personajes y sobre todo la letra los hacen
producto de la misma mano. Eusebio Oca Pérez construyó aquel libro y recibió en
regalo aquel humilde conjunto de hojas que contenían los dos cuentos que
convirtió en un librito, titulados “El potro obscuro” y “El conejillo”, más
otros dos que están en el conjunto de hojas manuscritas y se titulan “Un hogar
en el árbol” y “La gatita Mancha”.
Son
cuentos infantiles muy sencillos. Cuando edité los dos primeros anoté que
Hernández lo había llenado de versos infantiles, como en el primero en el que
dos niños, un perro blanco, una gatita negra y una ardilla gris, quieren ir a
lomos del potro obscuro a “La gran ciudad del sueño”, y le dicen cosas como:
Llévame caballo
pequeño
a la gran ciudad del
sueño;
hasta que, al final del cuento, “Todos estaban
dormidos al llegar el potro obscuro a la gran ciudad del sueño” por lo que,
aparte de cuento para dormir a un niño, había en esa ciudad un espacio
liberador que se acrecentaba en la metáfora del otro relato, donde un conejito
se metía en un cercado, se hartaba de comer hortalizas, al engordar el
estómago, no podía ya salir del encierro y era amenazado por un perro hasta que
conseguía salir por otro agujero mayor.
Los
dos textos nuevos que he mencionado cuentan dos historias que coinciden en algo
con los primeros: “Un hogar en el árbol” es la historia de una familia de
pájaros observada por dos niños, desde la incubación hasta que nacen cuatro
pequeñuelos, que quieren volar muy pronto y caen al suelo, de donde los salvan
los niños, hasta que ya mayores mamá y papá pájaro se los llevan a volar,
mientras los niños les despiden gritando:
Hasta la vuelta,
pequeñuelos
Y que no os vayáis a
perder
en las estrellas de
los cielos.
Venid siempre al
atardecer.
“La gatita Mancha” es una traviesa gatita que
se mete en un costurero donde ha visto un “ovillo muy grande y muy rojo”, y cae
al suelo con el costurero y se enreda con el ovillo cada vez más al intentarse
liberar de él, hasta que la familia en cuya casa está, tras reír porque cada
vez se enreda más, la libera, y sale
corriendo asustada, hasta que una moraleja, versillo con el que recrea un
refrán, cierra el relato:
Porque el gato más
valiente,
si sale escaldado un
día,
huye del agua
caliente,
pero también de la
fría.
Por
tanto, hay metáforas de encierro y libertad en los cuatro breves relatos como
juegos para su hijo en los que ha querido plasmar una metáfora de liberación,
una metáfora infantil de libertad, y esa es la trascendencia de esta última
escritura de Miguel Hernández".
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José Carlos Rovira,
Miguel Hernández,
Universidad de Alicante
La BNE adquiere los cuentos que Miguel Hernández dedicó a su hijo
Fue lo último que escribió antes de su muerte
L.M.A.
La Biblioteca Nacional de España ha adquirido recientemente un
manuscrito de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de
1942), poeta y dramaturgo tradicionalmente encuadrado en la generación del 36,
aunque fue más próximo a la generación del 27.
Se trata de seis pequeñas hojas de 12 por 19 cm, escritas y con dibujos,
cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre, y con los bordes
envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción se deduce que son
hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene
al final varias hojas en blanco.
El texto consta de cuatro relatos
infantiles: El potro oscuro, El conejito,
Un hogar en el árbol y La gatita Mancha
y el ovillo rojo. Se supone que los escribió entre junio y octubre de 1941,
en el Reformatorio de Adultos de Alicante, a donde llegó desde el Penal de
Ocaña. Es el último viaje de Miguel Hernández, quien, en sus cartas de este
período, tiene dos obsesiones: el reencuentro con su mujer y poder ver a su
hijo Manuel Miguel, para quien escribió estos relatos. Son
por tanto estos cuentos los últimos escritos del poeta. Hernández
los entregó a Eusebio Oca Pérez- maestro, periodista, dibujante- con quien se
reencontró en el Reformatorio. Eusebio confeccionó con dos de ellos un libro
lleno de dibujos: El potro oscuro y El conejito, para que Miguel se lo
entregara a su hijo.
Como dice Jose Carlos Rovira en el capítulo Últimas ausencias de Miguel Hernández, del libro Miguel Hernández: la sombra vencida, Madrid, 2010, p. 149-153 –
que es el catálogo de la exposición celebrada en la Biblioteca Nacional de
España con motivo del centenario del nacimiento del escritor murciano- los cuentos son metáforas explícitas de
libertad para que las leyera su hijo.
Estos Cuentos infantiles
muestran que, en sus últimos años de vida,
junto a la poesía, el autor desarrolló otro registro de escritura en
prosa. Aunque dos de ellos se conocían, y se
había realizado una publicación facsímil en 1988 - Dos cuentos para Manolillo- , no por ello la
existencia del manuscrito es menos
impactante.
La BNE conserva algunas piezas manuscritas de Miguel
Hernández: un poema perteneciente al Cancionero y Romancero de ausencias (1938-1941) y 3 hojas de papeles autógrafos con versos: La espera puntual de la semilla, ¿Sigo en la
sombra? y El hombre no reposa.
Pero los
cuentos, que representan otro aspecto de la escritura de Miguel Hernández, son
una aportación importante por la singularidad del manuscrito y por su
significado.
Según indica
Rovira, “en estas últimas ausencias de Miguel Hernández tenemos la metáfora
infantil para su hijo, de lo que en otra clave estaba escribiendo para aquel
inacabado libro que debía llamarse Cancionero
y Romancero de ausencias, en el que decía “soy una abierta ventana que
escucha, por donde ver tenebrosa la vida. Pero hay un rayo de sol en la lucha,
que siempre deja la sombra vencida”.
Desde junio de
1941 al 28 de marzo de 1942, fecha de su muerte, el poeta vive alojado en la
enfermería de la prisión, enfermo de tuberculosis. Acosado por tres sacerdotes
que buscan su reconversión y la abjuración de sus ideas, el escritor resiste
negando su retractación política, lo que impidió, casi con toda seguridad, su
ingreso en el sanatorio antituberculoso valenciano de Porta Coeli.
Desgraciadamente, la orden de traslado llegó pocos días antes de su muerte.
Su mujer,
Josefina Manresa, cuenta en su libro Recuerdos
de la viuda de Miguel Hernández, que “transcurrió un mes hasta que pude ver
a mi marido, lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido
del brazo, y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran
dos cuentos para nuestro hijo… Al terminarse la comunicación, quiso darle él
por su mano el libro al niño, y no le dejaron hacerlo. Un guardia se lo tomó y
me lo dio a mí”.
Rovira editó en
facsímil aquellos cuentos en 1988, y explica que, aunque el poeta quiso hacer
pasar los escritos por una traducción de
unos cuentos ingleses al castellano, quizás para evitar que la censura de la
cárcel los interceptara, al igual que había hecho con otros de sus escritos,
“supuse la paternidad hernandiana de
la confección material de los cuentos… Hay metáforas de encierro y libertad en
los cuatro breves relatos, y por eso tengo la sensación de que no son
traducciones sino mensajes como juegos para su hijo, en los que quiso plasmar
una metáfora de la libertad, una metáfora ingenua de liberación”.
En definitiva,
como afirma Rovira, “metáforas de alguien que, en su escritura y su vida, quiso
dejar constancia, sobre todo, de su voluntad de ser libre”.
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