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jueves, 5 de noviembre de 2020

El Instituto Cervantes inaugura mañana en Alcalá de Henares la exposición «Miguel Hernández. A plena luz»


 
 
• La muestra, comisariada por el escritor Juan José Téllez, ofrece un recorrido por la vida del poeta a través de manuscritos, cartas, fotografías, dibujos, partituras y otros objetos personales
 
L.M.A.
 
 
 
Madrid, 5 de noviembre de 2020
 
El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; el presidente de la Diputación de Jaén, Francisco Reyes, y el director de la Fundación Miguel Hernández, Marcelino Sánchez Ruiz, inauguran mañana, a las 18:30 horas, la exposición 
«Miguel Hernández. A plena luz», en la sede de Alcalá de Henares del Instituto Cervantes, cuando se cumplen 110 años del nacimiento del gran poeta y dramaturgo español (1910-1942) adscrito a la Generación del 27.
 
La muestra, que se podrá visitar hasta el 28 de febrero, reúne más de medio centenar de piezas originales del legado de Miguel Hernández adquiridas a sus herederos por la Diputación de Jaén y que custodia el Instituto de Estudios Giennenses (IEG). Ofrece un recorrido por la vida del poeta alicantino a través de manuscritos, cartas, fotografías, dibujos, partituras, ediciones de libros y otros objetos personales. El comisario es el poeta y crítico literario Juan José Téllez.
 
La propuesta se articula en torno a diez ejes temáticos, correspondientes a las claves esenciales de la vida: Infancia, Religión, Eros y Símbolos, Ideología, Amor, Literatura, Guerra, Cárcel, Muerte y Resurrección. El propósito de la muestra estriba en dar a conocer un retrato global del poeta y no sólo de su última etapa, aunque su figura sea igualmente reivindicada en esta muestra como un hito esencial de la memoria histórica y democrática del país.
 
Entre el medio centenar de piezas originales que ofrece la exhibición se pueden ver varias cartas manuscritas de la correspondencia que mantenía Miguel Hernández con autores como Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Ramón Sijé, además de las que enviaba a su mujer, Josefina Manresa, fundamentalmente durante los años de la Guerra Civil y en su estancia en la cárcel.


«Miguel Hernández. A plena luz» ha estado —desde noviembre de 2018— en los centros del Instituto Cervantes de Mánchester, Nueva York, Chicago, Dublín, Manila, Toulouse y París, un viaje que culmina en la sede del Instituto Cervantes en Alcalá de Henares.

martes, 21 de noviembre de 2017

Manuel Muñoz Hidalgo en el IV Congreso Internacional "Miguel Hernández. Poeta en el mundo"




 Manuel Muñoz Hidalgo

Congreso internacional sobre Miguel Hernández.  Universidad de Alicante



     L.M.A.

22/11/17 .- ALICANTE.- El pasado 17 culminó en la Sede Ciudad de Alicante de la UA  con una mesa redonda de los biógrafos de Miguel Hernández: José Luis Ferris, Juan Cano Ballesta y Manuel Muñoz Hidalgo.  Moderador: Aitor Larrabide. 

     Los tres biógrafos  descubrieron algunas de las claves utilizadas para mostrar al poeta de Orihuela con el máximo respeto e imparcialidad , a pesar de los testimonios contradictorios y manipulados que se encontraron durante su investigación.

     Tras la ponencia de los autores ,se provocó una expectación entre el público al conocer por vez primera  algunas anécdotas      desconocidas de Miguel Hernández ,como salvar la vida del    novelista y académico  Ricardo León y Román, pidiendo el favor a Pedro Gálvez, jefe de una de las checas de la FAI en Madrid. El testimonio es del propio José María de Cossío  a su secretario en el Ateneo de Madrid, Luis López Anglada, poeta y militar, recogido  directamente por M. Muñoz Hidalgo del  propio Anglada, entre otras más.

     Manuel Muñoz Hidalgo subrayó  la contrariedad y vehemencia que hicieron al poeta,amigo de su padre ,más tolerante,más humano sin perder su integridad. Dijo: "A través  de una mirada sincera y cercana...

     La vida de  Miguel Hernández sigue llena de interrogantes. La compleja      transformación que sufrió en los pocos años de vida,murió con sólo 31     años, tiene mucho que ver con su biografía en la que destaca su complicidad en interés por el pueblo, uno de los poetas españoles del Siglo XX  mejor dotado para el verso, la voz del pueblo más comprometida cuya poesía refleja los diferentes períodos de su vida dentro de su evolucionismo con las dudas propias de un ser complejo, poeta de continua formación que anduvo por los campos de la poesía católica y la poesía popular a favor de las ideas republicanas...Padeció las consecuencias de aquella sociedad dividida, en que las diferencias de clase ponían límite al acercamiento de propósitos comunes.

            Su vida tuvo las contradicciones propias de un espíritu vehemente. Su poesía es apasionada, llena de ardor y sensaciones que no deja indiferente... Miguel estuvo inmerso, influenciado, como   la mayoría de los de su época por las doctrinas más semejantes en cuanto  a contenidos y más dispares en su forma: El Cristianismo y el Marxismo...

     Hace setenta y cinco años le dejaron morir desatendido y sin los cuidados que su enfermedad requería en la cárcel Reformatorio de Adultos, aquí en Alicante,pero su obra no ha muerto, no ha perdido el frescor y la inocencia del descubrimiento, gracias a una vida tan breve pero tan llena de amor y de vehemencia."


domingo, 28 de mayo de 2017

Miguel Hernández en la voz de jóvenes poetas






L.M.A.


29.05.17 .- La Feria del Libro de Madrid ha recordado esta tarde a Miguel Hernández en la voz de una veintena de poetas, con motivo del 75 aniversario de su muerte. Un verso de Cancionero y romancero de ausencias, aquel que dice “Yo siempre en pie quisiera verte”, ha dado título a una velada hecha posible gracias a la generosa mediación de los poetas Jordi Doce y Javier Lostalé, quien ha introducido el acto. Marta Agudo leyó “Me sobra el corazón”; Joan Andión, “Me llamo barro aunque Miguel me llame”; José Cereijo, “Nanas de la cebolla”; Jordi Doce, “Canción última”; Ariadna García, “Eterna sombra”; Aarón García Peña, “Los cobardes”; Enrique Gismero, “[Umbrío por la pena, casi bruno]” y “Yo sé que ver y oír a un triste enfada”; José Luis Gómez Toré, “Hijo de la luz y la sombra, III”; Pilar Martín Gila, “El hambre, I”; Juan Carlos Mestre, “Elegía”; Olga Muñoz Carrasco, “Canción del esposo soldado”; Lilian Pallarés, “El sudor”; Esther Ramón, “La lluvia”; Rafael Soler, “Las manos”, y Julieta Valero, “[Menos tu vientre]”.

Releyendo los cuentos de Medardo Fraile
“Siempre se ha leído a Medardo Fraile en el horizonte de su generación, la del 50. Siempre se ha relacionado su obra con una estética vinculada al realismo. Está lectura no es equivocada y, sin embargo, algunos de sus cuentos, los que yo considero más medardianos tienen que poco que ver con las propuestas de sus compañeros de generación”. Así lo defendió esta mañana en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales Ángel Zapata, responsable de la edición de los cuentos completos del escritor madrileño. José María Merino, Juan Cruz, Hipólito G. Navarro y Juan Casamayor participaron junto a Zapata en el acto que la editorial Páginas de Espuma y la Escuela de Escritores de Madrid convocaron para recordar al escritor madrileño.

José María Merino evocó la amistad que le unió a Fraile y que comenzó a forjarse cuando seleccionó Cuento de estío para una antología de relatos españoles del siglo XX, que le había encomendado Juan Cruz para Alfaguara. También destacó “el enfoque personalísimo de su escritura y del tratamiento que la realidad obtiene en su obra”. La brevedad e intensidad, la concentración dramática, su admirable economía de medios y las tramas desazonadoras son algunos de los rasgos que, según Merino, definen el estilo de Medardo Fraile. Por su parte, Juan Cruz recordó cómo el autor de Antes del futuro imperfecto o El cuento de siempre acabar rompió a llorar al hablar de la muerte de su amigo Ignacio Aldecoa en el curso de una entrevista que le estaba haciendo: “He llegado a pensar que aquel llanto por Ignacio Aldecoa era también el llanto por el destino de aquella generación. España le rasguñaba el alma y quizás por eso eligió vivir en Gales”.

Jordi Sierra i Fabra: “Leer me salvó la vida”
El escritor Jordi Sierra i Fabra se dirigió este mediodía, a través del Micro de la Feria, a los niños y jóvenes que en ese momento paseaban entre las casetas del Paseo de Coches de El Retiro: “A vuestra edad, yo leía un libro al día y leer me salvó la vida. Era un mal estudiante, no era brillante, era tartamudo, no podía hablar con nadie, pero leer me dio la cultura que tengo y superé la tartamudez”. Su invitación a lectura vino acompañada por la expresión de gratitud hacia la Feria, en la que ha participado en todas las ediciones durante los últimos treinta y siete años: “Me siento honrado de formar parte de esta familia. Leyendo se aprende a vivir, a pensar”.


martes, 12 de abril de 2016

"Arte Iberoamericano Contemporáneo. Pintura y Escultura 2016" en el Centro Cultural Moncloa de Madrid




 pintura de Vicente Heca



Julia Sáez-Angulo

            Madrid, 13/04/2016 .- Una exposición, Arte Iberoamericano Contemporáneo. Pintura y Escultura 2016, tiene lugar en el Centro Cultural Moncloa de Madrid, muestra que permanecerá abierta hasta el 30 de abril de 2016. La comisaria de la muestra es Manoli Ruiz Berrio. La concejala del distrito madrileño Moncloa-Aravaca es Montserrat Garcerán Huguet.

            Los artistas presentes en la exposición, procedentes de España e Hispanoamérica son: Felipe Alarcón Echenique,  Lorna Benavides, Carmen González, Lucio González, Frank Govin, Miguel Hernández, Vicente Heca, Berta Otero, Pilar Sagarra y Estela del Valle.

            La exposición cuenta con un buen catálogo ilustrado con las obras y biografías de los artistas. Benito de Diego, miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, AECA, ha escrito el texto introductorio en el que, entre otras cosas dice:


pintura de Pilar Sagarra

Alto nivel artístico
           
            “No es sencilla la misión de comisariar una exposición colectiva, en la que, inevitablemente, se incluyen autores dispares, tanto en cuanto a las capacidades creativas, innatas y adquiridas, como en cuanto a la diversidad de estilos expresivos e, incluso, juicios ontológicos diferentes, respecto del arte que desarrollan y que cada uno de ellos, sin duda, tienen, al no estar conectados por común corriente doctrinal alguna.

            Y puesto que el fin de la tarea de comisariar es lograr reunir un conjunto de obras expuestas, que resulte coherente con un correlato objetual y conceptual entre las mismas y una estética global armoniosa, que la muestra debe manifestar, para que el espectador se integre en ella y otorgue su interés, resulta inevitable la aparición de conflictos estéticos y conceptuales, que el comisario debe solventar.

            Pues bien, hay que reconocer a Manoli Ruiz Berrio, crítica de arte, el enorme esfuerzo, felizmente correspondido por el acierto, que ha hecho para lograr dos muestras, no solo de un alto nivel artístico, sino también para cumplir rigurosamente con los objetivos, que han sido enumerados.”


           


martes, 5 de agosto de 2014

José Carlos Rovira escribe sobre los cuatro cuentos infantiles de Miguel Hernández (Manuscrito último)





L.M.A.



José Carlos Rovira, Catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante, ha escrito sobre los cuentos infantiles adquiridos por la Biblioteca Nacional de España:


     "El documento que los contiene son seis pequeñas hojas de 12x15 cm., escritas y con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y tienen los bordes envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción son hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco. El texto está formado por cuatro relatos infantiles y tienen por su cronología posible la condición de ser los últimos escritos del poeta, que había llegado al Reformatorio de Adultos de Alicante, desde el penal de Ocaña, a fines de junio de 1941. Es el último viaje de Miguel Hernández quien, en sus cartas de este período, tiene dos obsesiones claras: el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel a quien, con dos años y medio, lleva un año y medio sin haber podido abrazar.

     Desde Junio de 1941 al 28 de marzo de 1942, cuando muere, pasan casi ocho meses en los que sabemos que a fines de noviembre inicia Hernández un combate final e imposible por la supervivencia, alojado en la enfermería de la cárcel, con tuberculosis. En esta situación, el poeta ya no escribe, su estado físico lo mantiene postrado en una cama y, sin embargo, prepara con la ayuda de alguien un libro de cuentos para su hijo. Lo anticipa en una carta sin fecha, que supongo de diciembre de 1941 o enero de 1942, donde tras pedirle a su mujer que le haga llegar alimentos –éste es el sentido principal de la correspondencia última de un hombre que sabe que está muy enfermo- le dice: “Si hace mal día no vengas, que el médico me ha dicho ayer que debiera esperar dos o tres días. Pero yo quiero ver a mi hijo y a mi hija y dar al primero un caballo y un libro con dos cuentos que le he traducido del inglés. Bueno, nena, hasta luego. Está haciéndose de día, y creo que hará sol. Besos para mi niño. Te abraza, Miguel”.

     Josefina Manresa contó el mismo episodio en sus Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández:

Transcurrió un mes así hasta que por fin lo pude ver. Lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido del brazo y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran dos cuentos para su hijo que él había
traducido del inglés. Al terminarse la comunicación quiso darle él por su mano el libro al niño y no lo dejaron, como era su deseo. Así me lo decía en una esquela. Un guardia se lo tomó y me lo dio a mí.

     Edité en facsímil aquellos cuentos en 1988, hace 26 años por tanto. Los acompañaba un pequeño volumen en donde, entre otras reflexiones, supuse la paternidad hernandiana de la confección material del libro, mediando su relación con el dibujo a lo largo de su obra. La caligrafía se me resistía por lo que dejé abiertas varias posibilidades. Supe en 2009 que me equivoqué en 1988. Primero, en algo que hoy me parece obvio: Hernández estaba lo suficientemente enfermo para que no pudiera hacer un trabajo que es muy bello en su factura material, una encuadernación y unos dibujos. Lo hizo un compañero que estaba en la enfermería, alguien llamado Eusebio Oca Pérez, maestro nacional y buen dibujante que, por aquellos días, preparaba un volumen similar, con otros relatos, para su hijo llamado Julio Oca que tenía un mes menos que Manuel Miguel, el hijo de Hernández.

     La prueba me la mostró Julio Oca en 2009: el primer relato de los que había editado, “El potro Obscuro”, con sus dibujos y su letra, y un librito “Petete Pintor” que se diferencia del otro en que los dibujos están repetidos para ser coloreados, pero el trazo, los personajes y sobre todo la letra los hacen producto de la misma mano. Eusebio Oca Pérez construyó aquel libro y recibió en regalo aquel humilde conjunto de hojas que contenían los dos cuentos que convirtió en un librito, titulados “El potro obscuro” y “El conejillo”, más otros dos que están en el conjunto de hojas manuscritas y se titulan “Un hogar en el árbol” y “La gatita Mancha”.

     Son cuentos infantiles muy sencillos. Cuando edité los dos primeros anoté que Hernández lo había llenado de versos infantiles, como en el primero en el que dos niños, un perro blanco, una gatita negra y una ardilla gris, quieren ir a lomos del potro obscuro a “La gran ciudad del sueño”, y le dicen cosas como:

Llévame caballo pequeño
a la gran ciudad del sueño;

hasta que, al final del cuento, “Todos estaban dormidos al llegar el potro obscuro a la gran ciudad del sueño” por lo que, aparte de cuento para dormir a un niño, había en esa ciudad un espacio liberador que se acrecentaba en la metáfora del otro relato, donde un conejito se metía en un cercado, se hartaba de comer hortalizas, al engordar el estómago, no podía ya salir del encierro y era amenazado por un perro hasta que conseguía salir por otro agujero mayor.

     Los dos textos nuevos que he mencionado cuentan dos historias que coinciden en algo con los primeros: “Un hogar en el árbol” es la historia de una familia de pájaros observada por dos niños, desde la incubación hasta que nacen cuatro pequeñuelos, que quieren volar muy pronto y caen al suelo, de donde los salvan los niños, hasta que ya mayores mamá y papá pájaro se los llevan a volar, mientras los niños les despiden gritando:

Hasta la vuelta, pequeñuelos
Y que no os vayáis a perder
en las estrellas de los cielos.
Venid siempre al atardecer.

“La gatita Mancha” es una traviesa gatita que se mete en un costurero donde ha visto un “ovillo muy grande y muy rojo”, y cae al suelo con el costurero y se enreda con el ovillo cada vez más al intentarse liberar de él, hasta que la familia en cuya casa está, tras reír porque cada vez se enreda más,  la libera, y sale corriendo asustada, hasta que una moraleja, versillo con el que recrea un refrán, cierra el relato:

Porque el gato más valiente,
si sale escaldado un día,
huye del agua caliente,
pero también de la fría.

     Por tanto, hay metáforas de encierro y libertad en los cuatro breves relatos como juegos para su hijo en los que ha querido plasmar una metáfora de liberación, una metáfora infantil de libertad, y esa es la trascendencia de esta última escritura de Miguel Hernández".



La BNE adquiere los cuentos que Miguel Hernández dedicó a su hijo


Fue lo último que escribió antes de su muerte


L.M.A.

La Biblioteca Nacional de España ha adquirido recientemente un manuscrito de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942), poeta y dramaturgo tradicionalmente encuadrado en la generación del 36, aunque fue más próximo a la generación del 27.

Se trata de seis pequeñas hojas de 12 por 19 cm, escritas y con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre, y con los bordes envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción se deduce que son hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco.

El texto consta de  cuatro relatos infantiles: El potro oscuro, El conejito, Un hogar en el árbol y  La gatita Mancha y el ovillo rojo. Se supone que los escribió entre junio y octubre de 1941, en el Reformatorio de Adultos de Alicante, a donde llegó desde el Penal de Ocaña. Es el último viaje de Miguel Hernández, quien, en sus cartas de este período, tiene dos obsesiones: el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel, para quien escribió estos relatos. Son por tanto estos cuentos los últimos escritos del poeta. Hernández los entregó a Eusebio Oca Pérez- maestro, periodista, dibujante- con quien se reencontró en el Reformatorio. Eusebio confeccionó con dos de ellos un libro lleno de dibujos: El potro oscuro y El conejito, para que Miguel se lo entregara a su hijo. 

Como dice Jose Carlos Rovira en el capítulo Últimas ausencias de Miguel Hernández, del libro Miguel Hernández: la sombra vencida, Madrid, 2010, p. 149-153 que es el catálogo de la exposición celebrada en la Biblioteca Nacional de España con motivo del centenario del nacimiento del escritor murciano-  los cuentos son metáforas explícitas de libertad para que las leyera su hijo.

Estos Cuentos infantiles muestran que, en sus últimos años de vida,  junto a la poesía, el autor desarrolló otro registro de escritura en prosa. Aunque dos de ellos se conocían, y se  había realizado una publicación facsímil en 1988 - Dos cuentos para Manolillo- , no por ello la existencia del  manuscrito es menos impactante.

La BNE  conserva algunas piezas manuscritas de Miguel Hernández: un poema perteneciente al Cancionero y Romancero de ausencias (1938-1941) y 3 hojas de papeles autógrafos con versos: La espera puntual de la semilla, ¿Sigo en la sombra? y El hombre no reposa.

Pero los cuentos, que representan otro aspecto de la escritura de Miguel Hernández, son una aportación importante por la singularidad del manuscrito y por su significado.

Según indica Rovira, “en estas últimas ausencias de Miguel Hernández tenemos la metáfora infantil para su hijo, de lo que en otra clave estaba escribiendo para aquel inacabado libro que debía llamarse Cancionero y Romancero de ausencias, en el que decía “soy una abierta ventana que escucha, por donde ver tenebrosa la vida. Pero hay un rayo de sol en la lucha, que siempre deja la sombra vencida”.

Desde junio de 1941 al 28 de marzo de 1942, fecha de su muerte, el poeta vive alojado en la enfermería de la prisión, enfermo de tuberculosis. Acosado por tres sacerdotes que buscan su reconversión y la abjuración de sus ideas, el escritor resiste negando su retractación política, lo que impidió, casi con toda seguridad, su ingreso en el sanatorio antituberculoso valenciano de Porta Coeli. Desgraciadamente, la orden de traslado llegó pocos días antes de su muerte.

Su mujer, Josefina Manresa, cuenta en su libro Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, que “transcurrió un mes hasta que pude ver a mi marido, lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido del brazo, y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran dos cuentos para nuestro hijo… Al terminarse la comunicación, quiso darle él por su mano el libro al niño, y no le dejaron hacerlo. Un guardia se lo tomó y me lo dio a mí”.

Rovira editó en facsímil aquellos cuentos en 1988, y explica que, aunque el poeta quiso hacer pasar los  escritos por una traducción de unos cuentos ingleses al castellano, quizás para evitar que la censura de la cárcel los interceptara, al igual que había hecho con otros de sus escritos, “supuse la paternidad hernandiana de la confección material de los cuentos… Hay metáforas de encierro y libertad en los cuatro breves relatos, y por eso tengo la sensación de que no son traducciones sino mensajes como juegos para su hijo, en los que quiso plasmar una metáfora de la libertad, una metáfora ingenua de liberación”.


En definitiva, como afirma Rovira, “metáforas de alguien que, en su escritura y su vida, quiso dejar constancia, sobre todo, de su voluntad de ser libre”.