martes, 2 de agosto de 2016

RENOIR, EL FAUVISMO Y LA FOTOGRAFÍA DE BRUCE DAVIDSON, PROTAGONISTAS DE LAS EXPOSICIONES DE FUNDACIÓN MAPFRE PARA OTOÑO


PROGRAMACIÓN CULTURAL DE FUNDACIÓN MAPFRE PARA OTOÑO


·       La obra de Renoir,  Bal du Moulin de la Galette (1876), vuelve a España después de 100 años.

·       Los Fauves. La pasión por el color hace un recorrido por la primera de las vanguardias históricas que transformaron de forma radical el arte durante la primera mitad del siglo XX.

·       La exposición del fotógrafo americano hace un recorrido por los más de 50 años de su carrera.


L.M.A.

Fundación MAPFRE inaugurará en los meses de septiembre y octubre dos grandes muestras de pintura y una de fotografía en sus salas de exposiciones de Madrid y Barcelona.

La exposición Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d’Orsay y de l’Orangerie, que podrá visitarse a partir del 17 de septiembre en la Sala Garriga i Nogués (Calle Diputació, 250, en Barcelona) incluye alrededor de 60 piezas que muestran las distintas interpretaciones que hace el pintor francés de la mujer.

Destaca el protagonismo de la parisina moderna en sus lienzos impresionistas, la visión más intimista de la imagen maternal y la belleza intemporal del desnudo integrado en la naturaleza, tan característico de sus últimos años.

La organización de esta exposición, en la que se incluyen obras de otros artistas como Vincent Van Gogh, Maurice Denis, Edgar Degas, Pierre Bonnard o Pablo Picasso, supone un gran acontecimiento para la ciudad catalana. A esto se añade que la muestra coincide con el aniversario de la llegada de la obra Bal du Moulin de la Galette (1876), icono del movimiento impresionista, a Barcelona hace cien años con motivo de la celebración de una gran muestra de arte francés en 1917.

Esta exposición ha sido organizada y realizada con la colaboración científica y los préstamos excepcionales de los museos d'Orsay y de l'Orangerie.

La sala de exposiciones situada en el Paseo de Recoletos, 23 en Madrid, será el lugar donde se presente la exposición Los Fauves. La pasión por el color, que abrirá sus puertas al público a partir del 22 de octubre.

La muestra hace un recorrido por la primera de las vanguardias históricas que transformaron de forma radical el arte durante la primera mitad del siglo XX.

El grupo de los Fauves, liderado por Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck, hizo temblar los cimientos del arte de su tiempo con su innovador tratamiento del color, su factura enérgica y su libertad de ejecución, poniendo por primera vez en la historia el color en el centro del debate artístico.

Se trata de la primera exposición en España en abordar el fauvismo en su conjunto y en profundidad. Para ello, se ha contado con el apoyo de un gran número de colecciones privadas y más de 80 prestadores, entre los que destacan importantes instituciones como la TATE, el Centre Georges Pompidou, el Musée d’art moderne de la Ville de Paris, la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen de Düsseldorf o el Milwaukee Museum of Art. Por tanto, la muestra reunirá tanto obras clave del movimiento como otras más desconocidas, que convierten a esta exposición en una oportunidad única para apreciarlas.

También, en Madrid, Fundación MAPFRE presentará la exposición de fotografía Bruce Davison, expuesta desde el 22 de septiembre en la Sala Bárbara de Braganza (Bárbara de Braganza, 13). Se trata de la retrospectiva más completa hasta el momento dedicada al artista norteamericano de 82 años, uno de los más destacados fotógrafos de la denominada fotografía humanista y miembro de la agencia Magnum.

La exposición, compuesta por 190 fotografías y material documental, se articula en 12 series ordenadas cronológicamente que recogen los trabajos más importantes de toda su producción. Entre ellas destacan: Bandas de Brooklyn, (1959); Calle 100 Este (1966-1968), o Tiempo de cambio, (1961 y 1965), que le permitieron conectar con las comunidades y barrios de Estados Unidos para mostrar su realidad.

lunes, 1 de agosto de 2016

“No iré a la luna”, poemas de Ooka traducidos e ilustrados por Yurihito Otsuki en un libro de bibliofilia


Makoto Ooka


portada libro


Julia Sáez-Angulo

            No iré a la luna es el libro bilingüe –japonés/español- de poemas del escritor japonés Makoto Ooka traducidos e ilustrados con hermosos dibujos, por el pintor y poeta Yurihito Otsuki, residente en San Lorenzo de El Escorial desde hace más de 30 años. Tomás Paredes, portada librotambién poeta y presidente de la Asociación Española de Críticos e Arte, AICA/Spain, hace una introducción titulada Ooka/Puro Añil/Otsuki. 

            Yurihito Otsuki (Tokio, Japón) es el primer el introductor y traductor del reconocido escritor japonés Ooka, al que conoció muy joven, a partir de  una correspondencia del pintor cuando tenía 15 años, cuando Otsuki le envió unos dibujos sobre la obra del escultor francés Aristide Maillol. Después de un tiempo, doce años sin relación epistolar, se reanudó el contacto y Otsuki a petición del propio Makoto Ooka (Mishima. Japón, 1931), entonces director del Pen Club de Japón, lo visitó en el salón de su casa, lleno de objetos artísticos, principalmente pinturas de San Francis y escultura de Jean Tinguelly, artistas sobre los que había escrito ensayos y que indirectamente promocionó en Japón..

            Todavía, un pájaro llena el universo con su canto/ Todavía, dos pájaros inundan el universo con su silencio, dicen dos versos de Makoto Ooka. “No iré a la luna” es el título de un poema que da título a su vez al libro en edición realizada en Madrid por Claudio Pérez Mínguez, impresa a chorro de tinta sobre papel de algodón Velín de Arches 250n g. consta de 85 ejemplares, numerados en arábigos y firmados por el poeta y el pintor-traductor.


Dibujo de Otsuki

Chica con manzana en la playa (dibujo de Otsuki)

            Los dibujos de Otsuki a base de lápices de colores y pastel representan numerosos ojos, hojas de árbol, tondos, personajes y parejas amorosas en el agua y en la arena del mar. Visiones surrealistas oníricas junto a dibujos con las efigies de Ooka, Paredes o el propio Otsuki. Algunos ecos bélicos de la contienda mundial que terminó en 1945 y que dejó Japón arrasado. De la resurrección del país con la palabra… habla uno de los poemas

            Otsuki ha llevado a cabo otros libros de poemas y bibliofilia, entre ellos con autores como el vate gallego Carlos Oroza, que poco antes de morir encargó al pintor japonés que no dejara de pintar sobre su obra y el artista japonés lo ha tomado al pie de la letra, como cumplimiento del último testamento del poeta.


Dibujo de Otsuki


Yurihito Otsuki con Julia Sáez-Angulo

Dibujos de Otsuki

Alex Brogden ganador del trofeo del LOEWE Craft Prize






L.M.A.

La FUNDACIÓN LOEWE hace público el trofeo del LOEWE Craft Prize, un premio anual otorgado al creador de la obra de artesanía más destacada, elegida por concurso entre obras de participantes de todo el mundo.

 Con este premio, la FUNDACIÓN LOEWE, creada por la casa de lujo que empezó como un colectivo de artesanos, pretende reconocer el trabajo realizado por artesanos contemporáneos cuyos talento, visión y habilidades marcarán el nuevo estándar de futuro.

Desde la convocatoria del certamen, la iniciativa ha atraído a numerosos candidatos, además de la atención de la comunidad internacional del diseño y el arte. La FUNDACIÓN LOEWE hace partícipe al público del trofeo que le será otorgado al ganador, un diseño del aclamado platero británico Alex Brogden.

La obra de Brogden ha sido objeto de numerosas exposiciones internacionales y forma parte de importantes colecciones, incluidas las de los Museos Victoria y Albert de Londres. Ante el encargo del trofeo para el LOEWE Craft Prize, un bol doble inspirado en la interacción de los elementos con la Tierra, el artista declaró: «Como artesano contemporáneo, soy muy consciente de nuestra relación con los materiales. Para mí, la forma de trabajo tiene la misma importancia que la propia pieza en la que se trabaja y constituye, sin duda, el fundamento de todo buen diseño.

El LOEWE Craft Prize es una nueva plataforma con muy buena acogida, ya que va a resaltar el valor particular de los objetos artesanales en un mundo donde cada vez son más escasos». La iniciativa está impulsada por el director creativo de LOEWE, Jonathan Anderson, para poner en relieve la importancia de la artesanía en la cultura de nuestro tiempo. Con este fin, el proyecto pretende poner en primer plano la creatividad y las expertas habilidades manuales de artesanos de una gran variedad de campos.

Aunque pueden participar candidatos de cualquier campo de las artes aplicadas, incluyéndose la cerámica, la joyería, la laca, el metal, el mobiliario, los textiles y el vidrio, sin limitación a ellos, todas las obras presentadas deben combinar una aplicación innovadora de su artesanía con la originalidad de su concepto artístico.

El ganador, seleccionado por un jurado de distinguidos expertos del arte y el diseño, recibirá 50 000 Euros en metálico y su obra se expondrá en un lugar destacado en la exposición «LOEWE Craft Prize 2017», además de incluirse en el catálogo, que se distribuirá por todo el mundo, junto con las obras de los 14 finalistas.

La competición para el premio, auspiciado por la FUNDACIÓN LOEWE, está abierta a cualquier profesional artesano mayor de 18 años. Se aceptan candidaturas hasta el 7 de noviembre. El formulario de registro, información más detallada y todos los requisitos pueden encontrarse en www.loewecraftprize.com La FUNDACIÓN LOEWE se creó como una fundación cultural privada en 1998 a instancias de Enrique Loewe Lynch, un miembro de la cuarta generación de la familia fundadora de LOEWE.

Hoy, bajo la dirección de su hija, Sheila Loewe, la Fundación sigue promocionando la creatividad y los programas educativos y salvaguardando la herencia recibida en los campos de la poesía, la danza, el diseño y la artesanía, la fotografía y la arquitectura. La Fundación ha sido galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2002, máximo reconocimiento concedido por el gobierno de España.


domingo, 31 de julio de 2016

Fiesta del Trono de Marruecos celebrada en el Hotel Internacional de Madrid






L.M.A.

            El embajador de Marruecos en Madrid Mohammed Fadel Benyaich y señora convocaron a invitados españoles y a buena parte de la colonia marroquí en España a celebrar la XVII Fiesta del Trono de Marruecos que, conmemora los diecisiete años de la entronización del monarca, asunción de la Corona y subida a la jefatura del Estado. Además el rey es jefe del Islam en su pueblo

            El secretario de Estado de Asuntos Exteriores de España, Ignacio Ibáñez Rubio estuvo presente en el acto, de recepción, que tuvo lugar en el Hotel Intercontinental de Madrid. Tanto el embajador como el secretario de Estado, pronunciaron sendos discursos con el recordatorio de amistad y cooperación de ambos países, principalmente en el campo de la emigración y en el del terrorismo.

            En la recepción pudieron verse numerosos embajadores de distintos países, que se hicieron foto de familia con el embajador marroquí y el secretario de Estado, ante las dos banderas y tras escuchar los respectivos himnos.



            El embajador marroquí, que habla un excelente  español dada su biografía personal, invitó a los asistentes a disfrutar de la excelente gastronomía de Marruecos. 

        Entre los asistentes pudimos ver, saludar y conversar con el ministro plenipotenciario y Encargado de Asuntos Culturales de Marruecos, Abdellah Dghoghi; el presidente de la Asociación La Medina, Francisco Trujillo, que lucía en la solapa la condecoración que le impuso Mohamed VI; el  profesor emérito de la UNED e historiador del Magreb, Víctor Morales Lezcano; la escritora Julia Sáez Angulo, que sacará al mercado, a final de 2016 su libro Historias y personajes del norte de África; el agregado militar de la República Dominicana, Erickson Burgos Cabrera; la historiadora de Arte Marisa Oropesa; la pintora Francisca Blázquez; el consultor internacional Alfredo Castillo; María Luisa, condesa viuda de Abasolo… o la pintora Hafida El Oumlouki Shaïmi, cuya obra artística, óleos y acuarelas que, con buen criterio a favor del arte,  se exponían en los salones del Hotel Intercontinental. Una obra figurativa en la escuela pictórica de Meriem Meziam, cuyo museo en Rabat todavía se está esperando. La pintora y diseñadora lleva veintiséis años en España.

            En los corrillos se comentaba el discurso que Mohammed VI había pronunciado  ese día en Marruecos, así como la condecoración que había impuesto al ex presidente español J.L. Rodríguez Zapatero en Tetuán. Algunos la consideraban “un revés frente al presidente Aznar” o un pago al “excesivo reconocimiento” de la política marroquí por parte de Zapatero en lo que a derechos humanos  y a “marroquinidad” del Sáhara y otros territorios en favor de Rabat.

            Zapatero recibió el cordón alaui de clase excepcional, segunda más alta condecoración impuesta, y fue uno de los pocos extranjeros, junto con dos franceses, en ser distinguidos por el monarca. Hace ahora dos años, otro político socialista español, Felipe González, con una casa de descanso en ese país vecino, también estuvo entre los invitados del rey Mohamed VI durante la Fiesta del Trono, pero no fue condecorado.




      Tanto el rey Felipe VI como Mohamed VI comparten el mismo número ordinal de dus nombres en las dinastías respectivas.

DESDE CUÁNDO ARRANCA Y POR QUÉ LO DE TURQUÍA





Víctor Morales Lezcano
                                                     I
Entre la noche y la madrugada del 15 y 16 de este mes de julio, tuvo lugar un fallido golpe de estado en Turquía.
         Prácticamente a las 24 horas de haberse iniciado la “asonada”, los medios y redes turcos daban por abortado el ensayo del golpe de estado que protagonizó un sector de las fuerzas armadas al servicio de la República, aquella que  fundó en 1923 Mustafa Kemal Atatürk. Un sector de las fuerzas armadas que, descontento con la política  -sensu lato-  que la presidencia y los gobiernos de Turquía vienen  ejecutando desde que el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) obtuviera su primer triunfo electoral en  noviembre de 2002, decidió sublevarse.  Con respecto al programa y la trayectoria de dicho partido político, hay  quien  todavía, casi catorce años después, continúa proclamando que el triunfo en las urnas del ex alcalde de Estambul, Recep Tayyip Erdogan, significó también el triunfo de la “nueva política” sobre la  “añorada tradición” del nacionalismo secularizador que propugnó contra viento y marea el aguerrido “padre de la patria” (Atatürk)
Confieso que no es tarea baladí introducirse por los vericuetos del pasado histórico (contemporáneo, en este caso) de una nación que, como Turquía, ha sido sede de tres imperios importantes: el romano de Oriente, luego el bizantino y, por último, el turco-otomano. Tranquilizo, pues, al lector prometiendo no discurrir por las aguas del Bósforo que canalizan la comunicación marítima entre dos mares  -el Negro y el Mediterráneo oriental-. Sin embargo, hagamos un escorzo histórico: es lo mínimo. Cualquier lector  interesado por el campo de estudio que es acotable con el término genérico de “procesos de transición” habidos en cualquier sociedad del siglo XX sabe, por intuición reflexiva, que la tentación de frenar una transición (no hablemos cuando se trata de una revolución) permanece adormilada, aunque no diluida, en el ánimo de no pocos sujetos que integran esa sociedad en transición. Como ejemplos canónicos: ocurrió así durante las revoluciones rusa y turca entre 1917-1923; o en la germano-nazi e iraní a partir de 1933 y 1979, respectivamente. Se trata, por lo general, de un doble movimiento pendular consistente en romper y cambiar, o frenar y volver hacia atrás.    Incluso en una sociedad como la española, hemos visto y vivido cómo no solo los nostálgicos del franquismo han deseado parar el reloj (1975) y recolocar sus minuteros en la fecha fundacional de la dictadura (1939). Los padres e hijos de españoles que han vivido la transición hacia la monarquía parlamentaria y democrática,  continúan  aun aspirando a “reeditar” la transición de un régimen a otro, más acabada en sus directrices y en su función progresiva. La historia, sin embargo, no es reconfigurable. Es lección que esta misma nos enseña constantemente.
                                          II
El autor de estas líneas ha sido lector ocasional de no pocas páginas sobre la revolución kemalista en Turquía. Su interesante legado secularizador ha sido custodiado desde los años 40 del siglo XX por la cúpula militar de la república y las fuerzas armadas a sus órdenes.
A partir de la fundación de la república turca  -recuérdese- se sepultó la “cuestión de Oriente”. O sea, se concluyó el trazado y el destino de las provincias árabes dependientes del imperio turco-otomano, mientras que, desde Anatolia  -no en vano Ankara pasó a ser la capital de Turquía- Atatürk y sus herederos se consagraron a la construcción moderna de un país de raigambre musulmana suní. Aunque orientado, precisamente desde 1923, hacia la secularización  -e, incluso, laicización- de sus normas y costumbres.
Es muy probable  -ello lo avalan especialistas consolidados de la talla de Erik Zürcher y más recientemente Henry J. Barkey- que el legado kemalista comenzara, en efecto, a sufrir un endurecimiento arterial progresivo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, a sufrir una de esas esclerosis que no matan, pero que, definitivamente, reducen la capacidad de un organismo  -como parece que le empezó a suceder a la república de Atatürk, desde que se cumplieron cincuenta años de su legendaria fundación. Fue, aproximadamente, entonces cuando empezaron a prodigarse los golpes de estado contra la república turca entre 1970-1997.  Mientras tanto, el ejército había ido asumiendo, de cuerpo entero, la misión de salvaguardar las esencias  -y las cenizas- del padre de la patria, cual si de un superego omnipresente se tratara.
Desde las fronteras colindantes de la península de Anatolia -la ex URSS, los pueblos del Cáucaso, la Siria fronteriza y el conglomerado del pueblo kurdo, sin excluir a la frágil Grecia moderna- las fuerzas  militares de Turquía optaron por cortar sin remilgos los brotes de comunismo, de rebeldes desafíos kurdos, e, incluso, de musulmanes descarriados.
No parece un desatino recordar aquí, empero, que en tierras del Oriente musulmán  -y en particular dentro del lebensraum que reconocemos con el término de Oriente Medio- empezó a desatarse una oleada de Islam radicalmente integrista  y  de vuelta a los orígenes (salafismo). Oleada que vino a culminar con la Primavera Árabe desencadenada  a partir de 2010-2011 en Túnez, Egipto, Siria y Libia, entre otros países del mundo islámico. En Turquía, con una leve antelación, nuevas corrientes y movimientos sociales mesocráticos y populares de filiación musulmana se habían ido configurando políticamente años antes de que en las elecciones generales de 2002, el Partido de la Justicia y el Desarrollo obtuviese un resultado electoral victorioso; con algunos altibajos porcentuales en los comicios sucesivos, el AKP ha salido siempre ganador.
La presidencia de la república, el gobierno, los ministerios y la burocracia civil del barrio de Çancaya comenzaron a poblarse de ciudadanos, eficientes sí, pero muy piadosos, respetuosos con la tradición islámica “moderada” (término al uso fuera del entorno islámico), tradición que no se había diluida del todo en la Turquía profunda desde que se implantó la república secularizadora de la etapa kemalista. Un giro hacia el pasado, compatible con el desarrollo económico de Turquía, ha caracterizado hasta hace poco la transición del país al siglo XXI.
Se me ocurre, pues,  sospechar que desde el triunfo electoral del AKP, se ha instalado un clima de recelo primero, y de desconfianza mutua, más tarde, entre los custodios del legado kemalista y los reformistas de nuevo cuño, fautores de una transición de Turquía hacia los tiempos y las costumbres del globalizador siglo XXI. De aquellos charcos, lector, es probable que vengan los lodos del presente.
Moraleja de esta fábula: los huevos depositados en el nido procedían de ponedoras muy opuestas. Los futuros polluelos no tardarían demasiado en convertirse en hermanos enemigos.
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