viernes, 26 de agosto de 2022

CRÓNICAS ESCURIALENSES XXXI. Las “Pilares”, dos pintoras, madre e hija, en Buenavista, una finca con siete mastines en Molino Tornero

Pilar Engelmo, pintora, con uno de los siete mastines

Mastines, "Los Martínez"


Julia Sáez-Angulo

            25/8/22.- El Escorial.- Fui a visitar el taller/estudio de dos mujeres pintoras, y me quedé fascinada con Buenavista, la finca escurialense en la que habitan. Pilar Engelmo y su hija Pilar , -las Pilares, las llamamos cariñosamente- madre e hija, que disfrutan a la hora de pintar y mostrar sus cuadros, pero tanto o más al recorrer para enseñarme la casa y el gran jardín, en la que han estado pasando vacaciones estivales e invernales desde hace más de treinta años y en la que residen, desde hace algo más de dos años. Ambas pertenecen al Grupo pro Arte y Cultura, fundado por Mayte Spínola en los 90.

            Buenavista, situada en Molino Tornero (quedan restos de un viejo molino), la adquirió el esposo de Pilar Engelmo, Francisco Serrano Terrades, allá por los años 60,  con el que estuvo casada 30 años. Fueron muy felices en Buenavista cuajada de fresnos, encinas y robles, como el cercano bosque de La Herrería. Desde la finca se divisa el Real Monasterio, clave de todo terreno que se precie, y más en otoño, cuando los árboles se despojan de las hojas y dejan el paisaje lorentino casi diáfano.

            Toda casa conlleva una historia y la de Buenavista no iba a ser una excepción. “Ésta no es un chalet ni una mansión, es una casa de campo, cómoda y amplia, toda ella a ras de suelo. Cuenta con un anexo para el estudio/taller de arte, donde Pilar Engelmo pinta abstracciones sobre seda y Pilar Suja, figuración en una reciente serie sobre “Saltos olímpicos”.

            -¿No comercializas estas sedas como pañuelos de moda?, le pregunto a P. Engelmo.

            -No sé venderme en ese campo, responde Pilar. Yo las contemplo, sobre todo, como cuadros.

            En la pared del office veo una hermosa seda enmarcada, titulada “Burbujas”, de hace más de diez años, según me explica. “Lo pinté con una técnica muy especial, secreta”.

            Lo más llamativo de la casa son los siete mastines - los Martínez les llama en plural-, grandes como caballos, que llegan a pesar hasta 90 kg. Los hay blancos, oscuros, atigrados… ¡Impresionantes! Andan medio adormilados por los suelos, durante el día, buscando la sombra, porque los mastines son noctívagos y en la noche recorren y vigilan con sumo celo la finca. “Son excelentes perros de defensa. Iban con las ovejas de la trashumancia, no para “pastorear” al ganado ovino, sino para defender a pastor y ovejas de los lobos en la noche cuando acampaban o en las majadas”, explica Pilar Suja. “Cuando a veces salgo al porche en la noche, yo les hablo, para que reconozcan mi voz de inmediato”, añade Pilar Engelmo. "Los Martínez" consumen toneladas de pienso para mantenerse en forma.

            Recorremos la casa, especialmente alhajada por Pilar, sobre todo con muebles de familia: una mesa florentina que ella restauró con paciencia a base de hisopados varios; un gran cuadro de un violinista, de Agustín Segura (1900-1988), “el pintor de Tarifa, que llenó los ministerios con sus retratos a los ministros”, comenta P. Engelmo.

            Me llaman la atención una serie de arcos y flechas que están adosados a la pared. “Mi hija y yo practicamos tiro al arco y no se nos da mal del todo”, me explica Pilar. Descubro con admiración una gran mesa de comedor de piedra y la misma dueña me cuenta: “Es de ónix, pesa 300 kilos y vino de México. Un regalo de mi marido cuando viajamos a ese país y a mí me gustó esa mesa. Llegó por barco a España y entró en la casa, por sorpresa, el mismo día de mi cumpleaños. Paco era un hombre excepcional y me quería mucho” (¡Que suerte!).

            La piscina se abre y se cierra con una cúpula baja transparente para evitar la caída de las hojas con la brisa y el viento del cercano monte Abantos. Una carpa cercana y otra a modo de quiosco permiten un refugio puntual protector del sol. “Mis nietos la disfrutan mucho, lo mismo que las grandes peñas del lugar”. “Hay algunas peñas que están manipuladas por el hombre, pues se utilizaron de cantera, posiblemente durante la época de Felipe II”, comenta P. Suja. P. Engelmo señala una gran peña que parece una capilla diminuta, donde sus nietos se han permitido pintar unas grafías de color naranja, para emular las pinturas rupestres.

            Un buen horno exterior lo utilizan para hacer pan o asar cordero, aunque las dos pintoras son cada día más vegetarianas. Siguen una dieta y están entusiasmadas con una nueva máquina de freír patatas sin aceite. “¡Una maravilla!”.

            Los pájaros carpinteros o picapinos, como los llama Pilar, sobrevuelan el aire. Algunos corzos se ven de vez en cuando, me cuentan.

            Visitamos el huerto con cultivo de tomates, pimientos, cebollas y acelgas. Me regalan un manejo de cebollas. “Tenemos tantas hortalizas que regalamos al vaquero y a los amigos. ”Nos gustaría ser autosuficientes. Queremos instalar placas solares y será la próxima obra, después de los fuertes aislamientos a que hemos sometido la casa” explica P. Engelmo. “La falta de agua nos está matando la vegetación. Estoy deseando que llegue la lluvia o las tormentas, para que regeneren toda la tierra”. Pilar madre presume de que el huerto lo cultivan entre el hortelano marroquí y ella, jardinera nata.

            La conducción de riego automático para el huerto es obra de Pilar hija, dentista de profesión y pintora de vocación. La manipulación y articulación de materiales es lo suyo. Una “manitas”.

            El porche de la casa está lleno de macetas. “Mi madre es una maga de las flores”, dice P. Suja y allí pueden verse calas, canas, clivias, liliums, lavanda, mahonias… “Me gusta cuando florecen los lirios a principios del verano, lo hacen por colores, como si tuvieran un protocolo. Primero los morados, seguidos de naranja… hasta que llegan los blancos, que son los últimos”.

            Algo curioso de este recorrido es el vivero de gusanos o lombrices -sagradas las llaman en una película de Marlon Brando- para oxigenar la tierra. El resultado es un humus negruzco lleno de lombrices muy beneficioso para macetas y viveros, superior al mantillo.

            La finca tiene también salamanquesas y algunos ofidios como la culebra conocida como escalera, inofensiva, pero también la bastarda, de la que hay que precaverse. Tizón, el caballo negro en el que P. Engelmo ha montado con frecuencia, se pasea a su aire por la finca. “Está ya viejo y delicado”.

            No lejos de la casa, un túmulo con un olivo, donde reposan las cenizas de Paco. “Ahí estaré yo con él algún día”, dice P. Engelmo. “Por la noche el olivo está iluminado y nos recuerda su presencia”. El marido murió en 2020, con todas las dificultades dolorosas para poderlo visitar en el hospital, y Pilar cuenta que, tras su muerte,  ella y su hija se subieron a lo alto de un montículo de la finca para recordarlo y rezar por él. “Eran las 12,00 horas del mediodía de un domingo y de pronto escuchamos tocar las campanas al vuelo de todas las iglesias de alrededor. Quedamos sobrecogidas. Luego supimos que el Papa Francisco había mandado que repicaran todas las campanas de la cristiandad a esa hora para recordar a las víctimas”.

            Compartir el tiempo con estas pintoras es hablar de todo, además de arte. Son buenas narradoras y aman con fuerza el lugar, Buenavista, finca muy cercana a El Escorial, junto a Prado Tornero. “Afortunadamente no se puede construir en ella, por lo que, aunque pudiera, no caería en la tentación”, dice P. Engelmo.

            Poco antes de mi marcha, la dueña habla con Antonio, el vaquero, un hombre afable. Cuarenta vacas pastan y de esa manera limpian también la finca, de cara a posibles incendios.

            Al irme, recuerdo otra finca escurialense que visité hace años, junto a la carretera de Galapagar. Era de Plácido Arango, coleccionista de arte y empresario de los VIPS, quien fuera presidente del patronato del Museo del Prado. El hombre iba a prestar unas obras de arte al Ministerio de Cultura, donde yo trabajaba en aquel momento. Era otra finca interesante de las muchas que rodean El Escorial.

El Real Monasterio desde Buenavista

Pilar hija, en época de retama

Mahonias

Vacas en Buenavista

Buenavista en días de nieve invernal

Casa de campo. Parte del estudio y almacén

Pilar Engelmo y Julia Sáez-Angulo

Olivo con las cenizas de Francisco Serrano Terrades, esposo de Pilar Engelmo

COVADONGA LEYVA visita El Escorial y ultima el proyecto barroco “Des-Caradas” para Portugal


Covadonga Leyva, autorretrato


Julia Sáez-Angulo

Covadonga Leyva, artista multidisciplinar, ha visitado San Lorenzo de El Escorial para llevar pasar unos días de descanso, al tiempo que supervisa un “proyecto barroco” para exponer en Portugal, bajo el título de “Des-Caradas”.

La pintora, galardonada y cotizada retratista de gran precisión al tiempo que imaginativa, ha viajado al Real Sitio junto al pintor Pedro García Molano. Covadonga Leyva, en sus últimos trabajos, lleva a cabo una serie de retratos de gran precisión y modernidad, que han merecido gran aceptación de los modelos que han posado y de la crítica.

Entre los distintos retratos en su haber figuran los de Cristina Alberdi como ex ministra para el Ministerio de la Presidencia, así como los de José Pedro Pérez Llorca, Rosa Conde, José Antonio Griñán, Matilde Fernández, Gonzalo Suárez Pertierra, así como los retratos de cinco presidentes de la Mutua Madrileña o el de Froilán de Marichalar, para la familia del Rey.

    Los autorretratos de la pintora a lo largo del tiempo son siempre prueba de una gran originalidad y audacia.

    “Me sigue gustando mucho hacer retratos. Es el género artístico que requiere una observación más concentrada. Pero hago toda clase de actividades plásticas, entre las que los grandes murales con aluminio han ocupado buena parte de mi último tiempo. También las instalaciones ambientales, que gozan de mucha aceptación”.

    Covadonga Sagarrúa Leyva (Granada, 1956), residente habitual en Madrid, permanecerá hasta el lunes en El Escorial, donde dice que ha “redescubierto su belleza monumental y su naturaleza circundante”.

Princesa de Éboly hoy

Isabel I de Castilla

jueves, 25 de agosto de 2022

CRÓNICAS ESCURIALENSES XXX. Joaquín Abós: “El retablo de la Real Basílica, con los dos reyes “asistiendo” a las ceremonias, es de una gran imaginación y único”.

 

Felipe II y su esposa la reina, estatuas orantes (Foto: Investigart)

Joaquín Abós Torres,  Ejecutivo. International Banking & Business Advisor




Julia Sáez-Angulo

        26.08.2022.- El Escorial.- Joaquín Abós Torres, International Banking & Business Advisor, es veraneante habitual y entusiasta de El Escorial. Como buen oscense de origen, busca el hermanamiento de San Lorenzo de El Escorial y Huesca, lugar donde al parecer nació San Lorenzo, en una familia arraigada en ese lugar aragonés, que más adelante emigró a Valencia. Su presencia en la vida cultural de El Escorial, conciertos, conferencias o presentaciones de libros es una realidad digna de agradecer. Con buen sentido crítico, también sabe ver lo claramente mejorable del Real Sitio como más banderas y mejor atención a la lonja en el Real Monasterio/Palacio o más silencio en las noches del centro del municipio. La gente quiere descanso nocturno. Joaquín Abós acaba de terminar la escritura de sus memorias.

1. ¿Cómo ingeniero industrial, como contempla los dos Escoriales?
        Aunque soy ingeniero industrial cuando la carrera tenía 7 años, después hice el Master en Economía y Dirección de Empresa del IESE, dos años full time. Y eso cambió mi vida. No he ejercido de ingeniero, Soy un experto banquero y financiero internacional que ha trabajo a lo largo de 40 años en 8 entidades financieras: regionales, nacionales, internacionales y multilaterales. Por ello he viajado a 67 países. Ahora contesto a su pregunta: me sorprende que haya dos Escoriales. No es muy normal. El Monasterio le da nombres a los dos. Así como el Monasterio es único, El Escorial debería ser único. Pero desconozco por qué no se han unido. Alguna razón habrá. Pero si no es muy seria y basada en hechos históricos importantes, cuanto antes se unan administrativamente mejor.

2. ¿Qué le trajo a instalarse en El Escorial?
        Veraneaba desde que llegamos de Viena en enero de 2004 en Tramacastilla de Tena, en el precioso Valle de Tena, del Pirineo de Huesca, la tierra de mi padre y de donde es mi apellido. Decidimos antes vivir en Málaga. Y en estos 18 años nunca hemos pasado el verano allí. Pero hace 7 años murió mi madre en Zaragoza y la enterramos en Barbastro con mi padre, que murió a los 39 años. Yo en los dos meses de verano bajaba a verla con frecuencia. Con la nueva situación, aunque el Pirineo aragonés es una maravilla, veranear a 1.100 Kms., tal vez era demasiado. Y mi mujer Virginia había visitado muchas veces S. Lorenzo de El Escorial. Yo sólo una vez. Otra vez había subido a jugar al golf cuando viví n Madrid y era Subdirector General del Banco Hispano Americano. Era el año 1998. Virginia me convenció para comprar algo aquí y veranear desde entonces ya solo a 600 Kms. de Málaga.

3. ¿Qué es lo que más le atrae del Real Sitio y por qué? 
        Por un lado, la montaña. Aunque el Abantos es 1.200 mts menos altos que las montañas que rodean Tramacastilla de Tena, al menos nuestro dúplex está a 1.050 mts sobre el nivel del mar. Y está Navacerrada y la Sierra cerca. Y en las noches baja más la temperatura que en muchos sitios. Y el clima es seco. Luego el ambiente cultural, a la sombra del Monasterio y como consecuencia de ser Patrimonio de la Humanidad. Procuro participar en todo lo que puedo. También la Universidad, donde he dado dos conferencias y el hecho de ser de los Agustinos más, pues yo hice el bachillerato en los Agustinos de Zaragoza. Aunque ya no juego al golf, el tener un buen campo con esas vistas del Monasterio, es muy atractivo para mucha gente. Y el estar enterrado Carlos V y verlo a la izquierda mirando el sagrario en la Basílica –voy a misa todos los días a las 10- es para mí algo especial. No en vano soy Caballero de Yuste (Carlos V) investido en Viena en la Capilla del Cardenal Schonborn en 2003. Eso sí, con una cruz, pues en el mundo germánico no hay caballero sin cruz, contrariamente a aquí que solo se impone la faja y en los últimos años, la capa.

4. Al monasterio, unos le llaman “piedra lírica” y otros “mole de piedra”. ¿Qué opina usted?
        No es muy digno usar esa terminología. Para mí es un canto a la grandeza, a la visión amplia y generosa. Y sobre todo un homenaje a mi paisano S. Lorenzo y su papel en la historia de la Iglesia y en la nuestra. Algunas veces a mis amigos, cuando estamos en la Lonja, como aragonés les digo en broma, mirad: El Pilar de El Escorial. Es esa primera sensación que tienen de algo grande, bien construido, que impresiona verlo desde fuera por primera vez y que al mismo tiempo te da seguridad y te levanta el espíritu.

5. Dentro del monasterio filipino, ¿qué subrayaría?
        Por un lado, sus dimensiones, su fidelidad al diseño de ser una parrilla y, sobre todo, la altura, generosidad, imaginación y “decoración” de la Basílica. Es el retablo más alto y rico que conozco. Y la existencia de los dos balcones con los dos reyes “asistiendo” a las ceremonias, es de una gran imaginación y único. Al mismo tiempo, su fidelidad a la historia de la Iglesia y respeto con máximo honor a la Eucaristía.

6. ¿Conoce el Monasterio de Prestado en el pueblo de El Escorial junto al Ayuntamiento?  ¿Lo ha visitado alguna vez por dentro?
        No sabía de su existencia. Me lo comentó un amigo y lo visité una vez hace tres años.

7.  De la génesis histórica del monasterio, ¿qué episodio o pasaje le llama más la atención?
        La atribución total que da Felipe II al diacono S. Lorenzo del gran triunfo en la batalla de S. Quintín. Es un acto de fe absoluta. Se le aplica 100% el dicho: obras son amores y no buenas razones.

8. ¿Cree que debe reivindicarse la figura de Felipe II de la leyenda negra?
        Por supuesto. Están saliendo libros y escritos en esa línea. No puedo dejar de comentar el libro de Elvira Roca, Imperiofobia y leyenda negra, tan claro y directo de esta escritora y profesora malagueña. Tengo el placer de conocerla, pues pertenece como yo al club Demos 78 de Málaga, un club de diversos profesionales que nos reunimos para discutir cuestiones de actualidad política, social y económica.

9.     De los bosques que rodean el monasterio ¿Cuál prefiere y por cual pasea?
        Me gusta la Herrería, la Horizontal y sobretodo la parta más alta de Abantos que se podía acceder con coche tras cruzar con autorización la barrera. Se aparcaba arriba y se andaba en paralelo con vistas maravillosas del monasterio. Por desgracia, desde el año pasado, está cerrado.

10.  De la inmensa bibliografía de El Escorial ¿qué libros le interesaron más?
         Sobre todo los que describen con detalle los aspectos arquitectónicos, escultóricos, pictóricos y decorativos del Monasterio como Patrimonio de la Humanidad.

11.  De las visitas que recibe en su casa, qué elogios son los más frecuentes sobre el Real Sitio. 
        Su monumentalidad casi única y su ubicación. También, sus buenos restaurantes. Se desconoce más la Universidad María Cristina y su estupenda biblioteca.

12. ¿Qué tipo de hermanamiento de San Lorenzo con Huesca persigue?
        El que quiera el Ayuntamiento, la estupenda alcaldesa Carlota. Pero si con alguna población hay que henar, es con la que es la ciudad donde nació S. Lorenzo, que celebra unas fiestas espléndidas- con muy buenas corridas de toros también- en las mismas fechas que aquí. Tiene también la Real Basílica de S. Lorenzo, de estilo barroco, construida entre 1608 y 1703 en el barrio de la morería, edificada sobre un templo románico y ampliada varias veces. Tuvo donaciones de los reyes de Aragón Jaime I y Jaime II y también de Felipe II. Eso nos dice mucho de la unión entre las dos ciudades.

13. ¿Qué le falta o que le sobra al Escorial?
        En el Real Monasterio, más banderas de España, más grandes y de mayor calidad. Que gran contraste hay entre la valoración y amor patrio aquí y en Inglaterra o Francia. Y estamos en un monumento Patrimonio de la Humanidad y con la tumba de los reyes de España desde hace siglos Llama mucho la atención. Y que, Patrimonio Nacional cuide más el Monasterio, sus órganos, sus reliquias, sus obras de arte sin trasladarlas a otros sitios, etc, etc. Y en el pueblo, que se cuide más la limpieza por los visitantes. Da pena ver la lonja a primeras horas de la mañana; o en los soportales, tantas servilletas de papel en el suelo, y muchas colillas en los alcorques a los pies de los árboles en las plazas donde hay restaurantes. En otras palabras, más civismo. Y en el centro, donde hay viviendas, que por la noche a partir de una hora prudente-p.a.-las 12, se guarde silencio. He tenido que llamar la atención varias veces a grupos de jóvenes a la 1 o 2 de la madrugada gritando o cantada en las noches de verano, impidiendo dormir, No es un problema de El Escorial: es del nivel educativo y cívico de las nuevas generaciones.


14. ¿Ha escrito o piensa escribir sobre El Escorial?
        Escribí un artículo hace tres años en el Diario de Alto Aragón, el diario principal de Huesca sobre el hermanamiento de las dos ciudades. Por ahora, no voy a escribir más. Aunque, en las memorias que acabo de terminar, hago un largo comentario sobre mi estancia desde hace 6 años los veranos y algunas Navidades en este querido lugar.

Esculturas de Pompeo Leoni (Foto: Articultura)

  

     

miércoles, 24 de agosto de 2022

CRÓNICAS ESCURIALENSES XXIX. Azaña y “El jardín de los frailes”, una visión compleja del Real Sitio

Jardín de los Frailes. Real Monasterio


Manuel Azaña, escritor



Julia Sáez-Angulo

Fotos: Mercedes Marcos

22/8/22.- El Escorial.- Durante este verano de Crónicas Escurialenses, me propuse leer de nuevo El jardín de los frailes (1926), libro de Manuel Azaña (1880-1940) sobre su paso como alumno interno, durante ocho años, por el Colegio María Cristina de los Padres Agustinos en San Lorenzo de El Escorial. El libro, tomado de mi biblioteca escurialense, abundante en volúmenes sobre el Real Sitio, tiene las páginas tostadas por el paso del tiempo, pero una letra aceptablemente grande, que es lo que hoy se pide para la lectura.

La edición en mis manos de 2003, de pasta dura, que es la que hace perdurable los libros (una tradición muy arraigada en Inglaterra, de ahí la buena situación de los ejemplares en las tiendas de lance) califica, en la contraportada, al “El jardín de los frailes” de novela autobiográfica y no es muy exacta la calificación, tampoco la de memorias de juventud o confesiones de un muchacho. Yo veo el libro como una serie de lucubraciones mentales sobre un tiempo de adolescencia y juventud, escritas con el distanciamiento del tiempo, un “soliloquio” postrero, por lo que no se ajusta del todo al desarrollo tangible de colegial de los trece a los veinte años en un colegio de frailes, sino de cierta recreación y puesta en escena obscura de un tiempo con el que el autor plantea cierto ajuste de cuentas. 

Tanta abstracción me fatigó y lo comenté al escritor Tomás Paredes, que también pasó el internado en el mismo Colegio agustino escurialense de Azaña -años más tarde, en los 60- y yo daba por seguro que habría leído El jardín de los frailes. Su breve respuesta no se hizo esperar: El "Jardín" de Azaña es cercano a un poema en prosa, de ahí la abstracción, quería ser lírico y le faltan mimbres. Se embebía en la paradójica belleza de los fantasmas. Su prosa es de plata, pero en ella no nace la primavera. Era el gran orador, el tenaz ensayista. Yo lo leí desde la galería de Convalecientes, cuando era un fruto prohibido. 

    Efectivamente no lo acabo de ver como poema, por muy en prosa que se apoye.

Suelo tener cierta disciplina para acabar un libro -algo no muy recomendable, cuando no gusta o no convence el ejemplar- y seguí adelante en la lectura. En un encuentro con Javier Campos y Fernández de Sevilla, padre agustino, miembro de la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo, a la que pertenecemos ambos, le volví a comentar el tema de mi lectura decepcionada sobre el libro de Azaña, y como buen intelectual, me facilitó de inmediato el ensayo “Azaña y El Escorial. Una relectura de El jardín de los frailes” (1995) del P. Domingo Natal OSA en la revista “La Ciudad de Dios”. Un ensayo generoso, ecuánime y ameno. Y un segundo, titulado “Azaña, genio y figura. Su Escorial íntimo” (1991) de Gabriel del Estal, publicado en “El Anuario Jurídico y Económico Escurialense”

La relectura de Domingo Natal Osa sobre el libro de Azaña era más inteligente y morosa que la mía, más amplia y abarcadora junto a otros textos del autor, sobre la actitud del que fuera alumno agustino y más tarde presidente de la II República Española. 

“Para los agustinos de El Escorial, D. Manuel A. Díaz siempre fue Manolito, “que de joven era muy religioso”, y el propio Azaña lo cuenta:

“Estuve por la mañana en la basílica, solo. Cantaban la misa mayor…¡Cuántos recuerdos!... ¡Qué de cosas adquirí y perdí aquí!... Con estas canciones de coro, mi alma adolescente subía en otro tiempo al cielo. El colegial ya no existe, y ellos siguen cantando lo mismo. ¿Para quién? Nadie lo ha exprimido como yo”.

Según Juan Marichal, “la deuda” de Azaña con los años agustinos de El Escorial es quizás mayor de lo que él decía en El jardín…”

“En El Escorial, Azaña encuentra la religión y el paisaje (…) Fueron tiempos para Azaña de despliegue de fuerzas interiores, aunque la haraganería cultural y afectiva del mundo estudiantil le repelía profundamente y le empujaba hacia la magia del bosque”, escribe Natal.

“En El Jardín…, Azaña se refiere a como al llegar a El Escorial… sus maestros le “volvieron a la razón” y le “habituaron a la religión conciliada con la vida”. Fue seguramente el Padre Montes el fraile con el que más sintonizó, profesor de Derecho Romano en 1894. 

En 1937 en Valencia, en plena guerra civil, Azaña tuvo una entrevista con el Padre Isidoro. Azaña estuvo frío. “El P. Isidoro fue el inspector que irrumpe en la redacción de la revista del colegio, donde A. y sus compañeros celebraban una gran juerga. Es un momento tenso que origina la salida de A.: Ni los frailes le echaron ni él tiene razón definitiva para irse, pero todos sabían, que “sin decirlo nadie, que ya no volvería”. Era 1898, el último año de A. en los Agustinos del Monasterio”. 

La entrevista con el P. Isidoro terminó bien. Hablaron de los 60 agustinos del Monasterio fusilados en Paracuellos del Jarama. Azaña le dijo que le tendrían que haber avisado a él. El Padre Isidoro lo achaca a indecisión y timidez. “¿No sabe usted que me pintan con un furibundo enemigo de la Iglesia Católica? Es estúpido”, le comenta el presidente de la II República.

El encuentro terminó diciéndole al P Isidoro que podría ir donde quisiera. Azaña le da algún dinero y le paga la pensión. El P. Isidoro se fue llorado. Eran tiempos de llanto en España.Plena guerra civil con muchas muertes en el presente.

Azaña escribe en “El jardín…”: “Yo…retuve los fastos gloriosos, el júbilo pascual, la inocente albura de la ofrenda. Retuve las promesas confortativas, el bálsamo de la misericordia, que no deja cicatriz; la actual y seguro que se parece, ¡oh! descaso, al olvido. Retuve las señales de regocijo: el oro del altar, el incienso nacarado, los himnos, las palmas; las apariciones benignas rebasado el Calvario, cuando Jesús reposa de sus trabajos cumplidos ilumina la tierra que pisa y la apacigua”.

Ciertamente la formación cristiana, católica, estaba muy arraigada en Azaña. Leyendo su “Jardín” le viene a una la memoria de la afirmación de Valle Inclán. “lo mejor de la Iglesia Católica es su liturgia”.

Todo ello explicaría el hecho de que a su muerte en Montauban (Francia), ya exiliado en 1940, Azaña quisiera morir dentro de la Iglesia Católica, por más que algunos republicanos lo escondan. Su formación cristiana en El Escorial, le había dejado un sello perenne. El cristianismo lo llevaba dentro.


Juan Alcalde y la máscara post mortem de Manuel Azaña

Tuve ocasión de entrevistar en 2010 al pintor Juan Alcalde (1918-2020), exiliado después de la guerra en Le Barcarés, uno de los campos de refugiados para españoles en Francia -campo de concentración lo llamaba Alcalde-, al que llamó el embajador mexicano en Francia, para pedirle que le acompañara al Hotel Midi en Mountauban y le hiciera una mascarilla post mortem a Manuel Azaña, que acaba de morir. Además de hacerla, el artista, al que dejaron solo con el cadáver, se permitió hacer unos dibujos sobre el rostro yacente del presidente de la II República. Uno de esos dibujos, a mi propuesta, pasó por donación al Archivo Histórico Nacional. Lo recogió en mano el entonces director general del Libro, Rogelio Blanco, tras un almuerzo con él, que nos obsequió a Juan Alcalde y a mí, en uno de los comedores privados del Ministerio de Cultura. El D.G. del Libro quería llevar el dibujo al Museo Archivo General de la Guerra Civil Española en Salamanca, pero el pintor dijo con mucha gracia, que él era "madrileño, y fuera de Madrid, todo le parecía el extranjero". Prefería que se quedase en la capital del reino. No sé lo que haría Rogelio, porque era muy suyo.

Azaña murió en 1940 a los 60 años.

Manuel Azaña será siempre un nombre unido a El Escorial, por haber sido alumno del Colegio Universitario María Cristina de los Agustinos, y por haber escrito el libro “El jardín de los frailes”, toda una metáfora del Real Monasterio y el Real Sitio de El Escorial, del alma y del espíritu que emanan, a través de una mente y visión compleja.

Del ensayo de Gabriel del Estal, solo tomaré la propia cita de Azaña con la que se abre el escrito: “Siempre en perfecta comunión con este lugar” (M. Azaña. Memorias Políticas. 26 de julio de 1931).

Jardín de los Frailes

Julia Sáez-Angulo y Javier Campos Fernández de Sevilla en la Universidad María Cristina

Iglesia de San Bernabé, de Juan Toledo. El Escorial


Pico del Fraile. Sierra de Guadarrama

ALICIA DÍAZ RINALDI. Reunión de artistas visuales en su taller bonaerense

Alicia Díaz Rinaldi, artista visual argentina



 


A.Z.

        Buenos Aires, 20.08.2022.- Hemos estado en la casa taller de Alicia Diaz Rinaldi y fue un lujo total. Estaban también otros pintores y grabadores, entre ellos Gotcha, famoso pintor georgiano, además del empresario Mario Saslovsky, patrocinador de un premio artístico y la pintora Adriana Zapisek. Fue una tarde/noche inolvidable. 

        Alicia Díaz Rinaldi ha sido finalista del Premio Internacional de Pintura Abstracta Mario Saslovsky 2022.

M. PILAR SANCHEZ CASADO. Brillante "Animalística" o "Bestiario" en la pintura


 


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Fernando Bezares

        24.08.2022.- Madrid.- La pintora María Pilar Sánchez Casado (Morata de Tajuña, 1946- Madrid, 2021) sentía una clara preferencia por pintar animales y su bestiario artístico es amplio y elegante. Perros, tigres, leones, leopardos, ranas... 

    También los frutos y las flores cobraron protagonismo en su trabajo, cambiando normalmente la escala de la realidad, agrandándola. El espíritu de la norteamericana Georgia O´ Keeffe sobrevolaba su inspiración.

        Pintaba al óleo, como pigmento preferido y eterno en la pintura. En su casa de fines de semana en Morata de Tajuña llevó a cabo buena parte de sus obras.

            






Julia Sáez-Angulo sostiene un cuadro de Pilar Sánchez Casado