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domingo, 23 de agosto de 2026

Diario Escurialense XXVI.-PUEBLOS DE CASTILLA EN ÁVILA Y SEGOVIA: Villacastín, Maello, Labajos, Muñopedro, Peromingo, Aldeavieja…“Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”

Balsas junto al parador. Villacastín

Cuqui Valero y Julia Sáez-Angulo bajo las arcadas de la plaza del Ayuntamiento. Villacastín.


Julia Sáez-Angulo

23/8/26.- Coto de Puente Viejo (Ávila).- Moverse por algunos pueblos de Ávila y Segovia, provincias acendradas de la Vieja Castilla, es una experiencia de historias, sucesos, anécdotas, comunidades, toque artísticos, leyendas… Nada que ver con residencia en la ciudad, donde el anonimato diluye las vidas y dispersa los intereses.

Residir o vivir en un pueblo acerca enseguida a las personas con nombre y apellidos, a los vecinos, a la gente. Castilla no parece rica, pero emana la dignidad que le confiere su historia. A la memoria me viene esas frases intercambiadas y matizadas entre dos intelectuales españoles: 

    “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, del historiador abulense Claudio Sánchez-Albornoz, quien la pronunció en 1931 como respuesta a una idea previa de José Ortega y Gasset: "Castilla hizo a España y la deshizo".

    Algunos de estos pueblos de alrededor del Coto de Puenteviejo donde me encuentro: Villacastín, Maello, Labajos, Muñopedro, Peromingo,  Aldeavieja… muestran casas unifamiliares o chalets estupendos y me aclaran mis anfitrionas: “Muchas de estas buenas casas son de los que, vaciando los pueblos, se fueron a la ciudad, ahorraron y, jubilados, regresan al pueblo al final de sus días, como los antiguos indianos que iban a América”.

    Viajamos de Villacastín a Labajos para oír misa y el pueblo celebra la fiesta y procesión del Santo Cristo de la Agonía, una imagen barroca en la iglesia del XVI. Me llama la atención un rico tornavoz sobre el púlpito. 

    Fiestas en Labajos y Villacastín. Banderas de España por todas partes. "Yo no la pongo porque los de izquierdas me tachas de facha", oigo a mi lado.

    A la salida de Labajos, observamos el monumento a Onésimo Redondo, un monolito con una cruz de piedra situado a las afueras del pueblo. Se erigió en el lugar donde el dirigente y fundador de las JONS fue abatido el 24 de julio de 1936, por “los Hunos”, incapaces de entenderse con “los Hotros” y viceversa. Y siguen igual, con pintadas guerra-civilistas unos contra otros. Intransigencia y odio, sembrados siempre desde los malos políticos y gobernantes.

    Regresamos hacia Villacastín, para tomar el aperitivo. Vemos unas “granjas de gallinas felices”, al decir de Cuqui Valero, porque tienen instalaciones nuevas, cómodas, limpias, donde pueden comer, beber y picotear por una gran extensión de campo, como solicita la exigente normativa europea. Hemos cenado de estos huevos y son exquisitos.

    En Villacastín, municipio de “esplendor hidalgo”, las hermanas Valero me muestran la gran casa noble de los Pérez de la Concha, con escudo de la plaza del Ayuntamiento, donde ellas y su familia veranearon durante veinte años, antes de trasladarse a Puenteviejo. La casa tenía catorce habitaciones y una capilla. Esta casa pasó a los Pérez, de la célebre Casa Labra en Madrid.

    Cuqui me pone en antecedentes de un acontecimiento histórico tremendo, al pasar por un derruido palacio de las dos reinas en Villacastín, en 1945: Doña Leonor de Aragón, reina viuda de Portugal y su hermana Doña María de Aragón, reina de Castilla, que murieron con un día de diferencia. Todos sospecharon de envenenamiento con hierbas, dados los síntomas idénticos de dolores fuertes de cabeza, dificultades respiratorias y manchas cárdenas en la piel… Estudios realizados posteriormente dicen que murieron, ambas contagiadas de meningitis meningocócica (mortal si no hay tratamiento).  ¡Vaya usted a saber! Don Álvaro de Luna, ilustre bastardo, tenía entonces mucha influencia como privado de Juan II. Y es que “la historia sucede allí donde no se mira”, como recuerda Rafael Álvarez, cronista oficial de Villacastín. (Hablaaremos de aquellas más adelante).

    Al pasar por el término municipal de Muñopedro, alguien menciona que por allí va mucho la Infanta Elena y se la puede ver algunas veces en la misa dominical de la parroquia o tomando el aperitivo en uno de sus bares. Hay por allí una rica miel que se llama “La Infanta”, yo la he probado y no está nada mal.

Llegamos al Coto de Puenteviejo, pero antes quisimos dar un largo paseo por las pueblas, con sus dehesas y toros albinos o rubios, que llegan hasta Maello. Atravesamos las urbanizaciones de Prado Encinas, El Monte y el Pinar de Puenteviejo. Los campos son rastrojos dorados y abundosas nubes blancas bajo el azul del cielo. Castilla es una gran tierra bajo el firmamento.

Tornavoz del púlpito en la iglesia de Labajos

Roquedales en las dehesas.
Toros albinos y rubios. Maello.
Paseo. Coto de Puenteviejo.


martes, 5 de abril de 2011

José Gárate, Coleccionista de Arte en el Castillo de Castilnovo en Segovia





Julia Sáez-Angulo



El castillo gótico- mudéjar de Castilnovo (Segovia) es el empeño y la pasión de un empresario hispano-mexicano, José Gárate Murillo (Madrid, 1933), que lo adquirió en los años setenta para crear la Fundación Hispano-Mexicana Castilnovo y dotar de sede a sus diversas colecciones de arte. José Gárate reside entre Madrid y México DF.

Los orígenes del Castillo, de planta irregular, se remontan al 755 como torre vigía de la conquista árabe de la península Ibérica, si bien ha pasado por sucesivos e ilustres propietarios como Don Álvaro de Luna, que ha dejado la impronta de su escudo en diversos puntos de Castilnovo y los Reyes Católicos –que pernoctaron en él y lo regalaron a una sobrina, de la familia de los Velasco, como dote de bodas.

En una cabalgada de siglos, el Castillo llegó hasta el pintor romántico José Galofre (1826-1894), por lo que buena parte de la gente de la zona circundante lo denomina el Castillo Galofre. Posteriormente fueron los marqueses de Quintanar sus propietarios y posteriormente, siendo aún propietarios los marqueses de Quintanar, llegó el deterioro y la decadencia del edificio.

José Gárate adquirió Castilnovo, declarado monumento nacional en 1931, y comenzó su restauración y nuevo esplendor. En el Castillo se albergan diversas colecciones que se irán distribuyendo en sucesivos museos y que ahora se muestran en diversos espacios de la fortaleza.

Más de un centenar de cuadros del pintor Manuel Mampaso (Ferrol, 1924 - Madrid, 2001) se exhiben en una de las salas nobles de Castilnovo. Se trata de una colección que, presidida por un autorretrato del pintor, recorre todas las etapas y estilos del artista: desde la pintura crítica de los 60 hasta la posterior neo-mudejar, pasando por los retratos. Recordemos que Mampaso era un gran dibujante e ilustrador de personajes en el diario ABC.

Las colecciones de la charrería mexicana se pueden contemplar en un museo próximo al Castillo y en entre ellas se pueden ver sillas de montar, espuelas, trajes y ornamentaciones de plata, grandes sombreros, fotografías de los años 1920... Una amplia documentación sobre este aspecto de la vida de los charros mexicanos. La colección de artesanías españolas y mexicanas será otro de los museos de la Fundación.

La capilla y la colección iconográfica de la Virgen de Guadalupe, tanto la mexicana como la española, es un recinto singular que alberga decenas de imágenes que van desde la pintura, la escultura y objetos artísticos a los souvenirs más populares. El Ayuntamiento de Madrid ha expuesto recientemente una selección de estas piezas en el Centro Cultural Príncipe de Asturias de Ciudad Lineal. Jesús Casla ha escrito un ensayo sobre la Guadalupana en uno de los diecisiete libros que ha publicado la Fundación Castilnovo.

Bronces taurinos, armas, cristales, soldaditos de plomo...

Los bronces taurinos son otro capítulo importante de las colecciones y, entre las piezas, pueden verse ejemplares de Luís Sanguino, Cuevas, Nacho Martín y otros escultores que han representado la Tauromaquia en todas las suertes del toreo, así como encierros con garrochistas.

Las armas blancas son otro campo extenso de las colecciones de la Fundación, así como las maquetas de barcos, los cristales de la Granja y de Palma o la numismática con la célebre moneda de “Adelita” o los seis mil soldaditos de plomo con los que se podrían montar numerosas batallas de la historia... Más de 700 carteles de cine mexicano, entre ellos los de las películas de Cantinflas que se expusieron recientemente en Madrid, se suman a este desfile de colecciones.

La Biblioteca –todavía una parte en obras- acoge a su vez las bibliotecas del historiador Marques de Lozoya, rica en arte, y la del presidente de México Miguel Alemán (el primer civil después de la Revolución Mexicana). Dos pinturas que representan mujeres ilustres presiden la entrada al docto recinto: Sor Juana Inés de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, un cuadro de la pintora Irene Iribarren. Siempre la balanza entre España y México que José Gárate ha querido unir en Castilnovo.

También a través de los campamentos de verano en los que doscientos niños españoles y mexicanos conviven en el lugar durante dos meses. El segundo fin de semana de junio, Castilnovo organiza un festival gastronómico-folclórico hispano-mexicano, que congrega a una gran multitud de visitantes en torno al Castillo, procedentes de muchos lugares.

En total, cinco mil metros cuadrados útiles en Castilnovo para acoger todos estos tesoros artísticos y documentales, que bien merecen una pronta museografía para ordenar y articular las colecciones en torno a un discurso coherente y evitar algunas mezclas no muy afortunadas. La conservación de las piezas requiere igualmente una exigencia mayor, ya que se sufre al contemplar algunos documentos y fotografías expuestas a luxes excesivos o bruscos cambios de temperatura, algo que puede suplirse con simples facsímiles y guarda en archivos.

Por lo demás, sólo elogios merece esta sucesión de piezas artísticas, reunidas con pasión de coleccionista por José Gárate, un empresario que ha puesto buena parte de su fortuna en este empeño para estrechar las relaciones entre los pueblos de España y México, quizás para tratar de ganar el tiempo perdido

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