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sábado, 2 de julio de 2016

Amín Maalouf, miembro de la Academia Francesa y autor de “Un sillón que mira al Sena”, libro editado por Alianza Editorial



Amín Maalouf





Julia Sáez-Angulo

            El escritor libanés en lengua francesa Amín Maalouf fue nombrado miembro de la Academia Francesa y ocupa el sillón número 29. Al tener que hacer un elogio de su predecesor en el sillón Claude Leévi-Stauss para su discurso de ingreso, sintió curiosidad por el predecesor de este y así sucesivamente. El resultado es este libro de dieciocho capítulos titulado Un sillón que mira al Sena, publicado por Alianza Editorial , editorial que publica todos los libros de Maalouf.

            La traducción del francés es de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.

            Amín Maalouf  (Beirut. Líbano, 1949) periodista y escritor que ha trabajado en su país y en Francia, reside actualmente en París. Entre sus novelas de éxito: Samarcanda, León el africano, Los Jardines de luz, Los desorientados o La roca de Tanios. Ha merecido diversos galardones como el de la Maison de Presse y el Principe de Asturias en España “por su empeño en estrechar lazos entre oriente y occidente”.

            Los dieciocho capítulos se suceden en Un sillón que mira al Sena,  con títulos singulares que aluden a los “inmortales” académicos, llamados a inmortalizar la lengua francesa con su obra. Casi trescientas páginas que narran la vida y avatares de los académicos que le antecedieron en el sillón, con su pluma magistral llena de erudición y amenidad.

            Entre sus “antepasados” en el sillón: Claude Bernard, Henry de Montherland, Claude Lévi-Strauss… además de Pièrre Bardin, Nicholas Bourbon, Philippe Quinault, o Piérre Flourens entre otros, muchos de ellos desconocidos u olvidados por los lectores de hoy. Pero los títulos de los capítulos son más sugerentes:

            De aquel que se ahogó por querer salvar a su pupilo; De aquel a quien sólo le gustaba escribir en latín; De aquel que prefirieron a Corneille; De aquel que era la envidia de los escritores; De aquel que iba a renacer al cabo de dos siglos; De aquel que le susurraba al oído del rey; De aquel que le paso por delante a Voltaire; De aquel que se convirtió en un emblema de Occitania; De aquel que idolatraba a Molière; De aquel a quien condenaron dos veces a muerte; De aquel a quien eligieron entra de Víctor Hugo; De aquel que quiso volver a inventar la medicina; De aquel que se atrevió a decir que Jesús era “un hombre”; De aquel a quien no le gustaba su antecesor; De aquel que fue el hombre más insultado de Francia; De aquel al que todo el mundo iba a oír; De aquel a quien fascinaban los ciclos del sol, y De aquel que estaba encariñado con las culturas frágiles.

            Toda una labor de investigación que Amín Maalouf ha llevado a cabo principalmente en la Biblioteca del Instituto de Francia.  Dieciocho biografías de escritores, desde 1634 a nuestros días, que dan cuenta de la vida francesa y más concretamente parisina.

           


viernes, 21 de septiembre de 2012




Amín Maalouf publica “Las cruzadas vistas por los árabes” en Alianza Editorial

Amín Maalouf


Julia Sáez-Angulo

         En Europa conocemos la versión de los caballeros cruzados que fueron a reconquistar Tierra Santa para salvarlo los santos lugares donde vivió y murió Cristo. Ahora el escritor libanés residente en París, Amín Maalouf (Beirut, 1949), premio Príncipe de Asturias de las Letras, nos da la otra versión de la historia, siguiendo la documentación árabe.

“Las cruzadas vistas por los árabes” es el título del libro publicado en Alianza Editorial, edición de bolsillo, que nos habla de la nueva versión, la islámica, la de los árabes, no siempre contradictoria pero sí distinta en muchos aspectos.

El libro, con doce capítulos, lleva también una introducción, un prólogo y un epílogo de gran utilidad para el lector, así como la relación de fuentes utilizadas por el autor, una cronología, un índice de nombres y un mapa de la zona que ayudan al seguimiento y comprensión de los hechos.

         La historia se escribe siempre desde el propio prisma y los documentos no siempre dicen todas las verdades como fueron, desde el lado cristiano o musulmán; conviene estudiarlos y contrastarlos.

         Recordemos que las cruzadas comienzan en 1096 con la primera llegada de soldados europeos a Oriente Medio y terminan en 1291 con la toma de Acre por el sultán Jalil. Dos siglos de encuentros bélicos entre Oriente y Occidente que ha dado lugar a la conformación de unas relaciones, amén de una literatura amplia sobre el tema.

         Las matanzas encarnizadas se sucedieron ante el horror de todos: cristianos, islámicos y judíos. Los hijos de la religión del Libro no tuvieron piedad unos con otros. El suelo natal de unos es causa de dolor ante una invasión franca, de quien se cree con derecho a unos  lugares sagrados.

         “Para muchos creyentes, el exilio es incluso un deber imperativo en caso de ocupación. El gran viajero Ibn Yubayr, un árabe de España que visitará Palestina casi un siglo después de la invasión franca, se escandalizará al ver que algunos musulmanes, “subyugados por el amor al suelo natal”, se resignan a vivir en territorio ocupado”, se escribe en la introducción.

         Saladino por su parte escribió la cita con que se abre la primera parte: ¡Mirad a los frany! Ved con qué encarnizamiento se baten por su religión, mientras que nosotros, los musulmanes, no mostramos ningún ardor por hacer la guerra santa”.

Todo lo contrario de nuestros días.



         

martes, 4 de mayo de 2010

Simone Weil, La conciencia del dolor y de la belleza




Simone Weil
La conciencia del dolor y de la belleza
Edición de Emilia Bea
Editorial Trotta
Madrid, 2010 (251 pags)



Julia Sáez-Angulo



Un libro que pretende facilitar las claves para entender la lectura del pensamiento de Simone Weil (París, 1909 –Ashford. Inglaterra, 1043) des un punto de vista plural. El amplio espectro de seguidores de esta filósofa desde su muerte, momento en que comenzaron a publicarse sus escritos, demuestran que su obra tiene una entidad digna de encomio. Con el bello título de “Simone Weil, La conciencia del dolor y de la belleza”, la editorial Trotta ha hecho un buen servicio a todos aquellos que admiran a esta mujer fuerte y controvertida.

“Las frases de Sinome Weil nutren la literatura contemporánea y aparecen citadas en lugares alejados entre sí, como en los escritos de Georges Bataille, Ignazio Silone, Jean Guitton, Susang Sontag, Carlos Fuentes, Elsa Morante, Ingeborg Baschmann, Georges Steiner o Albert Camus, a quien debemos la publicación de la mayor parte de los textos weilianos”, dice Emilia Bea en el prólogo del libro de Trotta.

“Escritora y pensadora francesa, de familia hebrea, n. en París el 3 feb. 1909. A la edad de cinco años conoce el dolor de «los otros» y decide privarse de golosinas. Padece, en su adolescencia, terribles jaquecas, desconfía de su sensibilidad y ternura, trata de ser impersonal. Cursa, con notas brillantes, estudios superiores siendo discípula de Le Senne y de Alain. Colabora en Libres Propos de Alain ya los 21 años obtiene la cátedra de Filosofía en Puy.

En “La Revolution proletarienne” deja constancia de sus ideas revolucionarias, cercanas a las de Trotsky, del que después se separará. Para participar de la condición obrera enseña las primeras letras a niños pobres, trabaja de obrera manual y fresadora buscando confundirse con la masa anónima de modo que la desgracia ajena penetre en su «carne y en su alma». Descubre en una aldea el cristianismo, que le parece al principio una «religión de esclavos». Pero posteriormente una fuerza irresistible vence su rebeldía en Asís (1937). La melodía del canto gregoriano acompaña a la gracia que inunda su alma y en Solesmes se siente cogida por Cristo. Su encuentro con el dominico J. M. Perrin es providencial, así como su amistad con G. Thibon. Aunque se siente cristiana no acaba de decidirse a bautizarse.

Sus ideas rozan en algunos momentos el dualismo maniqueo y frecuenta los círculos cátaros de Marsella, adonde se traslada cuando estalla la II Guerra mundial. Participó en la Resistencia y abandona Francia para viajar a los Estados Unidos. Muere víctima de las privaciones voluntarias y de una tisis galopante en Londres, el 24 ag. 1943”, explica la gran Enciclopedia Rialp.

“La impronta de Simone Weil no se restringe al campo literario, ya que ha inspirado también a cineastas –como Liliana Cavani o Roberto Rosellini- y a músicos y artistas como Giacomo Danese o Kaija Saariaho, compositora de una ópera sobre la vida de Simone Weil estrenada en Viena en 2006 y de cuyo libreto es autor el escritor libanés Amín Maalouf”, añade Emilia Bea.

“Notas para una biografía intelectual y espiritual” abre el libro seguido de capítulos que abordan diversos aspectos de la vida y obra de Simone Weil

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