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martes, 4 de agosto de 2020

Crueldad: Dejar salir de España a un Rey anciano de 82 años

            

 Don Juan Carlos de Borbón, Rey Emérito



Por Julia Sáez-Angulo

Nada más patético y triste que ver partir -porque de una u otra manera lo han echado- a un anciano de 82 años de su casa, de la casa en la que ha vivido 42 años y desde la que ha llevado a cabo tantos servicios a España como Rey, como Jefe de Estado, como piloto del cambio, como motor de la Transición de una dictadura a una democracia, de la que hoy todos nos beneficiamos, los primeros, los políticos y diputados. La representación diplomática de Don Juan Carlos a gran escala no se podrá pagar nunca, porque ha sido silenciosa y eficaz.
            Y todo eso se lo pagamos con un desahucio de facto, que la sociedad no toleraría para el más indigente de los españoles y se ha hecho de modo miserable con quien ha hecho tanto por nosotros: el Rey Emérito español. El hecho conecta y así me ha venido a la memoria, con el maltrato a los ancianos que la POLITICA EN ESPAÑA está teniendo con nosotros los mayores durante la pandemia, relegándonos a segundo lugar en hospitales y ambulatorios, donde no se nos admitía. Un relegar al olvido y la muerte. Denuncias hay al respecto. Y siguen las buenas palabras, pero no los hechos.
            Que en la vida particular y privada Don Juan Carlos ha hecho algunas actuaciones que no son dignas de aplauso, puede ser. Humano es errar. Somos débiles y frágiles en nuestra condición humana. 
            Que nadie en las alturas haya frenado su salida como anciano y haya incluso sugerido y presionado para que se vaya de La Zarzuela, resulta indigno y será censurado por la Historia. No me cabe ninguna duda. Repito, a un anciano de 82 años, que no está precisamente muy fuerte de salud, echarlo de su casa es empeorar aún más su suerte, su ánimo y su espíritu. 
                     ¿Dónde está la gratitud de los demócratas para defenderle?  ¿dónde los empresarios a los que ayudó a crear empresas en su viajes como primer Embajador de España? ¿dónde el Cuarto Mandamiento? ¿Es que van a primar los voceras totalitarios?
                     Ha faltado magnanimidad. Sentimos vergüenza muchos españoles de esa actitud.
            Honestamente, Don Juan Carlos no se lo merece. Hay que hacer una valoración más amplia del comportamiento humano. Somos muchos los españoles que pensamos así.
                   No sabemos lo que se ha pactado detrás y por lo tanto nos atenemos a lo visto, la realidad del hecho: Un Rey de España al que se le echa directa o indirectamente de su casa y su patria.
            Dios quiera que vuelva pronto y se quede de nuevo con nosotros. En su casa. 



martes, 24 de junio de 2014

Llega a las librerías la biografía más actual de Juan Carlos I





Laurence Debray analiza las claves históricas del monarca desde su infancia hasta la abdicación en su hijo, el rey Felipe VI, en el libro Juan Carlos de España (Alianza Editorial).

Es una biografía sin tabúes ni deferencias, que resalta los aspectos luminosos sin obviar las zonas de sombra.

Una biografía precisa, objetiva y rigurosa a la que la autora ha puesto punto final tras la entrevista con el rey Juan Carlos y el entonces príncipe Felipe días antes de la abdicación.








L.M.A.


Juan Carlos de España es la biografía humana y política del hombre que ha regido los destinos del país desde el final de la dictadura. Contestado por algunos en España, en el ámbito internacional sigue siendo aquel “gran rey” europeo que supo reconciliar su país guiándole por la senda de la democracia, la modernización y el bienestar.

Juan Carlos de España es el fruto de años de investigación de la historiadora francesa Laurence Debray sobre la figura del rey. Años de escarbar en distintos archivos, públicos y personales; de entrevistarse, además de con el propio monarca, con políticos, periodistas, figuras de la vida cultural y social española, cercanos o no al entorno del rey..., que han permitido a la autora elaborar una biografía que es al mismo tiempo una historia reciente de nuestro país.

El interés por la biografía del rey Juan Carlos empezó cuando la autora elaboraba su tesis doctoral sobre la Transición española y fue profundizando en su figura y en el papel que jugó en este proceso histórico. Al vivir unos años en España, fue testigo de cómo un país que salía de una dictadura férrea, que había accedido a la democracia de forma pacífica, se modernizaba, cambiaba su imagen y se convertía en un ejemplo admirado en toda Europa, y en todo el mundo. Una evolución que se dio gracias a la figura del rey y al equipo de colaboradores, tanto de la derecha como de la izquierda política española, de los que se supo rodear.

Laurence Debray se crió entre Francia y España. Es hija de dos intelectuales comprometidos: la escritora venezolana Elizabeth Burgos y el también escritor y ex ministro francés Régis Debray. Laurence Debray estudió Historia en La Sorbona de París. Escribió su tesis doctoral sobre la Transición española, que fue publicada con el título La forja de un rey.También cursó estudios en la London School of Economics y en la Escuela de Altos Estudios Comerciales de París, lo que la llevó durante un tiempo a trabajar en el mundo de las finanzas en Nueva York y en París.

“Si en otro tiempo quise comprender la política, esta vez he querido acotar el destino shakespeariano de un hombre y de un rey que pasa hoy por la angustias de la vejez y, durante sus últimos años de reinado, lo ha hecho en un país sumido en una crisis fulminante. A la sombra de ese final, me ha parecido fundamental reconocer sus éxitos pasados y poner de relieve los pasos de un recorrido digno de una novela”, advierte Debray en el prólogo de la obra.

En opinión de la autora, “Juan Carlos I es un icono vivo, porque cumplió a la perfección la misión para la que había sido educado: restablecer la monarquía en España con carácter duradero y reconciliar a los españoles desgarrados y atormentados por la guerra civil. El rey atrae hacia él la luz. Pero las sombras siguen estando ahí. Detrás del éxito político se ocultan dramas personales terribles: se vio entregado al enemigo, se encontró zarandeado entre dos figuras paternas despiadadas, fue indirectamente responsable de la muerte accidental de su hermano, fue asimismo marioneta de Franco y reinó en lugar de su padre… Su proeza por el país es de un coste humano inconmensurable. Pero un soberano no tiene derecho a sentimientos personales.”


ALIANZA EDITORIAL
MADRID, 2014



viernes, 6 de junio de 2014

Tras la abdicación del rey, ¡viva el rey Felipe VI! ¡Viva la Constitución!







Julia Sáez-Angulo

            Ha llegado el momento del relevo institucional en la jefatura del Estado de España por la abdicación del rey don Juan Carlos de Borbón. La continuidad constitucional que establece la dinástica señala a don Felipe de Borbón y Grecia como heredero y sucesor. Así se quiso en la Constitución Española de 1978, escrita en el último tercio del siglo XX, en la que la primacía del varón sobre la mujer aparcaba a la hija mayor del rey como sucesora.

            Algunos “padres de la patria” que la redactaron, como el profesor de Derecho Político Sánchez Agesta y el filósofo Julián Marías, declararon a mis preguntas para una tesina de derecho comparado en la Sociedad de Estudios Internacionales del año 1982 sobre “La Jefatura del estado en las monarquías europeas”, que se trataba de una cuestión de “ideas y creencias” al decir de José Ortega y Gasset.  En teoría todos afirman que la mujer es igual que el varón ante la ley, pero en la ideas profundas, soterradas en el inconsciente colectivo, todos saben que es mejor un varón para reinar (¿?) El diputado parlamentario señor Cañete está también en esta línea a juzgar por sus declaraciones recientes. Ciertamente había otras razones familiares.

            Dicho esto, cabe añadir que para el resto de los españoles da igual que sea hombre o mujer quien suceda al monarca, por cuanto sólo afecta a una familia dinástica y por tanto en nada influye a sus derechos ciudadanos generales. ¿Cuestión de imagen? Es preferible opinar y luchar por los hechos que por la imagen.





La compleja y sutil tarea de reinar

            Una vez que Juan Carlos I ha abdicado, le sigue su hijo Felipe VI, a quien le espera una tarea de reinar y no gobernar, tarea que es sutil y compleja porque ha de moderar poderes y situaciones ante las crisis, conflictos y leyes. Esta tarea es mucho más importante que la de simple mayor alto funcionario del Estado. Ha de arbitrar la situación regional o las leyes conflictivas sobre la vida humana antes y después de la  concepción del nasciturus. El rey Balduino lo hizo muy bien, pero en España las cosas son distintas con los Borbones. La tradicional monarquía católica se enfunda hoy en una ceremonia laica de sucesión y el agnosticismo está cercano.

            El rey necesita auctoritas más que potestas, para estar a la altura del papel que ha de desempeñar. El rey ha de seguir siendo el primer y gran embajador en las relaciones exteriores, algo que difícilmente conseguiría un presidente de república, dado el país de tono medio que somos. En ese papel ha de ser una cabeza importante para Iberoamérica, donde la Corona de España tiene todavía cierto carisma. El rey ha de estas sensible en fondo y forma ante los más necesitados.

El rey ha de ser la partícula coagulante de un país centrífugo desde su nacimiento; el ejemplo de Isabel I y Fernando de Aragón lo anunciaron. Y sobre todo, el rey ha de ser virtuoso, ejemplar, modelo, si quiere permanecer en su cargo. Él y su familia, porque la idea de respeto y amparo sólo cabe en ante un monarca juicioso y sereno, por lo que necesitará un cónyuge que le siga y ayude, y buenos consejeros para que le asesoren.

La familia real no ha de ser una más en la sociedad, sino una representación adecuada de comportamiento y exigencia. Nobleza obliga. Guardar las formas, porque las formas salvan,  y entregarse al duro trabajo que exige el respeto que los demás vayan a profesarle. Decoro es la palabra.

No cabe impacientarse ante los republicanos recalcitrantes, de corte asambleario y no democrático. En la Universidad Española de los 70ª tuvimos que sufrir el avasallamiento de sus modos. En la democracia Cristiana había que luchar contra dos dictaduras: la de Franco y la marxista manipuladora de las asambleas estudiantiles hasta la extenuación. Recordarlo es enfermar. Aquellos no son constitucionalistas y no pueden presumir de República ejemplar en el pasado, por más que en última instancia fuera derrocada por el golpismo militar. Da risa cuando ponen a la II República como ejemplo, con artículos como el séptimo de su Constitución, que excluía a españoles y creencias. Al menos, la primera república sostuvo la bandera rojigualda que evita fracturas.





No lo tiene fácil Felipe VI, ni dentro ni fuera de su entorno, pero le vamos a ayudar muchos de los que creemos en la democracia y sabemos, que hoy por hoy, la monarquía parlamentaria es lo mejor que puede tener España.

Para terminar, un agradecimiento al rey Don Juan Carlos y particularmente a la reina que ha estado más en su sitio (ójalá Felipe VI tenga tanta suerte como su padre en cuanto al papel de su esposa). Al rey porque pilotó la nave difícil de las libertades y la democracia en momentos difíciles. Su intuición le hizo mover el timón con acierto. El final no ha sido tan glorioso, pero no reconocer su trabajo en el pasado  o no agradecérselo sería injusto. Cuando el rey abdica, aunque sea la primera vez que se presenta en esta Constitución, ¡viva el rey!

           
           
           

            

viernes, 9 de noviembre de 2012




Fermín J. Urbiola publica el libro “Palabra de Rey” en Espasa




Julia Sáez-Angulo

         Estando las cosas como están para la monarquía española, el escritor y periodista navarro Fermín J. Urbiola acaba de publicar su libro “Palabra de Rey, editado por Espasa. Tuvo una presentación de lujo con el presidente de las Cortes Españolas, Jesús Posada, número tres en el poder político, que habló del libro en Madrid.

         Urbiola, que actualmente dirige un gabinete de Comunicación para empresas y personas, ha escrito otros dos libros dedicados a personajes reales: “Nacida para reina. Fabiola, una española entre los belgas” y “La sonrisa que cautivó a España”, dedicado a la reina Sofía al cumplir sus 60 años, celebrados entre lágrimas por las críticas al libro que le hiciera Pilar Urbano.

La monarquía española no pasa por su mejor momento, frente a la inglesa, por ejemplo, que después del asunto Diana de Gales/Carlos de Inglaterra, ha sabido superarse por la Reina Isabel II, sobre todo en el último 60 aniversario de su reinado. En España los Reyes no celebraron sus bodas de oro (Atenas 1962porque no estaban los tiempos para fastos familiares. La Casa Real española se limitó a enviar un CD de fotos y a decir que no habría celebración.

Urbiola ha hecho un relato del Rey de España, que va de la legalidad a la legalidad, cumpliendo su palabra y su misión de llevar la democracia a los españoles desde una dictadura en la que él estuvo cerca de Franco, a una salida monárquica si n traumas, con su figura como poder compensador y conciliador.

Los discursos y mensajes a los españoles recogen su pensamiento, ideas y creencias como rey y se acogen en el libro. “Juan Carlos supo callar durante el régimen franquista, y liderar el cambio desde el inicio de su reinado en 1975”, se dice en el libro “Palabra de rey”, que a su vez reconoce la “inestimable colaboración de la reina, con su lealtad”.

Después de un prólogo, los capítulos recogen palabras textuales y entrecomilladas del monarca, que dan una cercanía de su figura, más allá de la imagen hierática de un rey distante.

Don Juan Carlos es nuestro Rey

Pese a sus defectos, queremos al rey porque es nuestro, el que de verdad enarbola la Corona de España tan necesaria para equilibrar un país centrífugo, pero nos gustaría que fuera más controlado y exigente en su vida privada, porque “un político no la tiene”, al decir del proverbio inglés y él es la primera Magistratura del Estado.

Nos gustaría un rey con más poder moderador antes de que sucedieran las cosas, como no sucedió o no lo hizo ante la inconveniente renovación de ciertos Estatutos de Autonomía, para así no dar la razón a Franco cuando hablaba de los “demonios familiares” que disgregan.

Querríamos un rey menos rico y más sobrio. Sus amigos ricos no siempre gustan y acaban por restarle prestigio y acaban laminarlos, según la habilidad clásica del borboneo. Incluidos algunos impresentables árabes del petróleo, de los que hay que huir aunque den comisiones.

El Rey de España es nuestra máxima institución y merece respeto y no esa broma sucia y macabra que le hicieron en la TV catalana. Pero el rey de España ha de saber ser leal a sus compromisos, incluidos los privados y matrimoniales. Un rey picaflores es patético, sobre todo ante las mujeres y esposas, la propia y las ajenas. “Nobleza obliga” y no debe caer en lo que Ortega y Gasset denunciaba: en España, la nobleza se desobliga. Él, don Juan Carlos, es Rey, pero no está por encima de nadie en el campo de la lealtad o fidelidad a los compromisos adquiridos.



        

         

jueves, 10 de marzo de 2011

Jaime Peñafiel, “El Rey no abdica”, otro libro polémico sobre la monarquía española



“El Rey no abdica”
Jaime Peñafiel
Editorial La Esfera de los Libros, 2ª edición
Madrid, 2011 (277 pags)




Julia Sáez-Angulo



“Un libro que dará que pensar” dice este volumen que ya ha causado polémica desde que salió y ha motivado una segunda edición. Jame Peñafiel sigue con su obsesión por a monarquía como no hubiera otro tema fiera de ella. Ciertamente es un experto, sabe mucho de dinastías y biografías reales, pero tiene obsesiones de filias y fobias que haría bien en limar.

“A un rey sólo debe jubilarle la muerte. Que muera en su cama y se pueda decir: El Rey ha muerto, viva el Rey”. No es urgente reformar la Constitución... ni el Rey está cansado ni el Príncipe impaciente... ¿Abdicar? ¡Nunca! El Rey no abdicará jamás... Ni lo hemos hablado nunca. Se da por sobrentendido”, ha dicho la Reina consorte, Doña Sofía, en sus declaraciones para los libros sobre su vida.

Al Rey lo hemos visto últimamente de operaciones y hospital, con grandes ojeras y moratones bajo los ojos, ciertamente nos preocupa la salud del Rey, porque pese a sus defectos o faltas de distinto tipo, los españoles lo quieren, lo queremos y le debemos algunos servicios clave en el desarrollo de la democracia, después de una larga dictadura.

España necesita un Rey con preparación y prestigio para evitar un presidente de República –pongamos por caso- al que pueda llegar un don Nadie como ha sucedido a la presidencia del Gobierno de España, con un personaje que no tiene peso específico alguno en lo internacional. Un rey se prepara en conocimientos, idiomas, protocolo y finura, algo que falta con frecuencia a nuestros políticos, que careen de la fineza de otros mandatarios, que empiezan por hablar el castellano con donosura como sucede con algunos jefes de estado o de Gobierno en América Latina (ciertamente no Chaves de Venezuela).

Nuestro Rey es hoy por hoy nuestro mejor diplomático y cortocircuita tanto los atrevimientos de los primos” del norte de África y es respetado en otros lugares. No hay más que ver lo bien que habla Hilary Clinton de don Juan Carlos.

Jaime Peñafiel (Granada, 1932) compara la trayectoria del Rey de España con la de sus homólogos –diez monarquías europeas entre reinos, principados y ducados- en edad y situaciones. El relevo dinástico y generacional es un tema más serio de lo que se pueda imaginar, apunta el autor. Las expectativas de vida son cada vez mayores, por lo que, en España, don Juan Carlos (Roma, 1938) puede vivir todavía en la plenitud mental y física diez o quince años. El rey y el autor del libro tienen la misma edad.

Un libro con situaciones comparadas

“El Rey no abdica” se divide en los siguientes apartados: Abdicaciones, Renuncias, Muertes; La mala salud de hierro; El futuro, ¿puede esperar?; Monarquías europeas, y Árboles genealógicos. El libro se acompaña de diversas fotografías en color sobre la familia real.

En el epílogo, Peñafiel recuerda la opinión de diversas personalidades que son contrarias a la abdicación del rey. “El historiador Luís Suárez dijo: “Es preferible que no haya una abdicación para que no exista una convivencia entre dos elementos. Recuerdo lo que pasaba con Don Juan, que uno no sabía a quien tenía que llamar Majestad, si al padre o al hijo”

“Al Rey se le ve cada día más cascado, más cansado, más triste. ¿Más infeliz? La felicidad es desear lo que uno no tiene. Seguramente don Juan Carlos no añora no ser un ciudadano normal para tomar decisiones drásticas que su corona y su Reina se lo impiden: dejar todo y a todos y abdicar”, escribía Miguel Ángel Mellado en “El Mundo”. El libro de Jaime Peñafiel “El rey no abdica” habla de todo esto.