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sábado, 29 de octubre de 2022

DONACIÓN RAFAEL BOTÍ. UN LEGADO CENTENARIO



Miguel Clementson Lope 

                29.10.2023.- Madrid.- La Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí fue creada en 1998 por acuerdo del pleno de la Diputación Provincial de Córdoba,1 recogiendo una iniciativa del propio hijo del artista, Rafael Botí Torres, que en esas fechas donó cincuenta y siete cuadros del padre a la corporación provincial. 

Por parte de la Diputación se activaron acciones para construir un nuevo centro de arte en la ciudad, que finalmente se acordó ubicar en la calle Manríquez, y cuya fachada conforma uno de los flancos laterales de la plaza de Judá Leví, en pleno corazón del histórico barrio de la Judería cordobesa. 

En junio de 2005 se puso la primera piedra de lo que iba a ser el Centro de Arte Rafael Botí, finalmente inaugurado en 2015, tras debatirse y consensuarse el enfoque final que habría de darse al contenido y funcionalidad del edificio, pues si el planteamiento inicial era la conservación y exhibición de los fondos artísticos de la Diputación, pasados unos años se consideró más conveniente dar cobertura, con carácter preferente, al “talento de los jóvenes creadores de la provincia”, de tal manera que la realización de exposiciones, el desenvolvimiento de talleres artísticos y el desarrollo de conciertos, constituirían las prioridades que atendería la agenda del centro, con la pretensión de revitalizar la vida cultural en la ciudad. 

Nacido con el siglo, RAFAEL BOTÍ se forma como artista de la mano de Julio Romero de Torres, que fue su profesor de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, en la que estuvo matriculado entre 1909 y 1916. En 1917 se trasladará a Madrid, ingresando en el Conservatorio para seguir estudios musicales, que le posibilitarán posteriormente los precisos recursos económicos a lo largo de su vida, al ingresar mediante oposición en la Orquesta Filarmónica de Madrid como profesor de viola. Al tiempo, se matricula igualmente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. 

En 1919 conoce al pintor Daniel Vázquez Díaz, quedando integrado entre su grupo de alumnos, y con el que mantendrá desde entonces una gran amistad.2 En 1921 participa en el II Salón de Otoño de Madrid, y al año siguiente dispone por vez primera su obra en la Nacional de Bellas Artes. Su primera muestra, en este caso conjunta, pues compartió espacio con el escultor Enrique Moreno, El fenómeno, tuvo desarrollo en 1923, en el Círculo de la Amistad de Córdoba, exponiendo individualmente por vez primera en Madrid, en 1927. 

En este periodo practicaba una suerte de postcubismo atemperado, de trasfondo lírico. En 1929 y 1931 viajó a París para ampliar estudios de pintura, pensionado por la Diputación Provincial de Córdoba. En 1929 intervino como cofundador del Grupo de Artistas Independientes, integrando la nómina de autores representados en la muestra inaugural del colectivo (I Salón de Artistas Independientes 1 Acuerdo tomado por el pleno de la Diputación Provincial, reunido en sesión de 12 de junio de 1998: se constituye la Fundación Provincial de Artes Plásticas “Rafael Botí” como Organismo Autónomo Local de naturaleza administrativa para la gestión directa de un servicio público de su competencia, de conformidad con lo previsto en la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local. 2 

La doble vertiente formativa de Botí le posibilitaba unos recursos ideales para la creación artística y una especial sensibilidad para la “composición”, tanto pictórica como musical. A este respecto, Vázquez Díaz se pronunció sobre su obra, argumentando que “ante sus paisajes hay que guardar silencio para escuchar su música”. de Heraldo de Madrid), participando en esta línea en la Exposición Internacional de Barcelona y en la de Arte Moderno de Granada. 

Fue, con Rodríguez Luna, uno de los activadores de la Agrupación Gremial de Artistas Plásticos (AGAP, Madrid, 1931), proclamando la renovación de la vida artística nacional mediante un manifiesto,3 y participando en la colectiva de la Federación de las Artes. En 1933 dispuso una muestra individual en la Asociación de Artistas Vascos de Bilbao, y en 1934 otra en el Museo de Arte Moderno de Madrid. 

La guerra y las vicisitudes vividas tras el conflicto le determinan a alejarse de la pintura, cuya práctica no retomará hasta 1947. A partir de entonces trabajó con renovado ímpetu, dando despliegue a su particular estilo, conformado tras vertebrar una selectiva síntesis que aglutinaba las mejores esencias de los que llegó a considerar sus grandes maestros: Cézanne, Matisse, Rousseau, Darío de Regoyos, Joaquín Mir y Vázquez Díaz. 

En estas fechas, los motivos que considera en su obra son los alrededores de Madrid, desde parajes solitarios hasta las vistas urbanas del extrarradio. A partir de los setenta, Botí retornará la mirada hacia su Córdoba natal, que se convertirá en motivo constante de inspiración, en especial sus patios y plazas, sin dejar a un lado el paisaje castellano, con series realizadas en Aranjuez, Torrelodones y en la Casa de Campo. Poco antes de morir, el Ayuntamiento de Madrid organiza una magna exposición antológica de toda su obra en el Centro Cultural de la Villa. 

            * * * 

En 2016 se amplió la colección legada por el hijo del artista a la Fundación Provincial de Artes Plásticas, alcanzándose entonces la cifra de 74 óleos. Para completar hasta el centenar este legado pictórico, Rafael Botí Torres vuelve a activar una nueva donación de 26 óleos más en marzo de 2021, que fue aceptada y aprobada por parte de la junta de gobierno de la Diputación con fecha 19 de abril de 2021, dando forma a la más completa y ambiciosa colección monográfica que sobre el pintor existe en este momento, y posibilitando para lo sucesivo poder contemplarse reunido este trascendente conjunto de trabajos, bien representativo de las distintas etapas recorridas a lo largo de su extensa biografía por uno de los autores más destacados de la historia del arte español del siglo XX, tan intenso como convulso, pero igualmente testimonial de una auténtica edad de plata para la plástica. 

El conjunto de obras que integran este último legado vienen a completar cualitativamente el repertorio argumental del maestro, que no en todos los contenidos programáticos estaba suficientemente representado. Como es habitual en un autor que ha tenido al paisaje como preferencia temática, son éstos los que predominan en la nueva dación, siendo siete los que integran este apartado: Fuente Goiri (Deusto); Desde mi ventana (Deusto); Hendaya, desde Fuenterrabía; El canal de Fuenterrabía; De la Casa de Campo (Madrid); una nueva versión De la Casa de Campo y Desde mi estudio (Madrid), correspondiendo los cuatro primeros títulos a la primera época del artista, siendo obras ejecutadas entre los años 1925 y 1926, y constituyendo éstas un conjunto revelador de las inquietudes e influencias que, aún en periodo de formación, van conformando ya lo que llegará a ser el núcleo visceral de su pintura. 

        Los tres últimos títulos corresponden, en cambio, a composiciones de plena madurez, realizadas entre los años 1955 y 1990. En ocasiones, es difícil deslindar una vista urbana de un paisaje, pues 3 “Manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales”, publicado en La Tierra, el 20-abril1931 ambas consideraciones se dan la mano en una única composición, como concurre en Iglesia de Deusto, de 1925, adquiriendo todo el protagonismo el claveteado herraje en Puerta manchega, de 1980, o la mágica luminiscencia lunar de Nocturno manchego, de 1985. Igual concurre con las bellas marinas insertas en este conjunto de obras, todas ellas elaboradas del natural en La Mata (Torrevieja, Alicante), enclave vacacional durante tantos años para la familia Botí Torres, donde el pintor solía abordar incansables jornadas de trabajo ante el mar, para eclosionar composiciones tan rotundas como La barca verde (1975) o La bandera en la barca (1974), ante las que hemos de entornar los ojos como consecuencia de la claridad fulgurante y del esplendente colorido. 

En Mar y pinos (1973) la masa azulada coexiste con una panorámica virginal de la costa, en la que cadenciosos ritmos vegetales evidencian una suerte de transitoriedad continuada ante la concreción calma y opalina del mar. Persevera aquí el áureo fulgor de la ensenada salpicada aquí y allá por los frutos de la tierra, el arrebolado celaje... una suerte de Arcadia rediviva en la que el tiempo histórico se ha erradicado para el disfrute gozoso de los sentidos.         En El árbol (1969), una acacia marina se convierte en central protagonista de la composición, desplegando su ardoroso ramaje multicolor, de concreción desenvuelta y flagrante. Una luz cegadora envuelve las plantas y anega el paisaje; es la hiperbólica y esplendente luminosidad del Mediterráneo, tan querida por el pintor como contrapunto a sus asuntos invernales y, sobre todo, a esas otras refulgencias atenuadas, jugosas y matizadas en el uso de los valores tonales, que caracterizan a sus obras realizadas en el País Vasco y en toda la Cornisa Cantábrica. 

Los enseres y entornos más cotidianos son asímismo trascendidos por el maestro, que consagra los objetos en el lienzo para habilitarlos en un universo lúdico y poético, tal y como podemos vislumbrar en Cántara y silla, de 1988. De igual modo, también la temática animal adquiere protagonismo, con títulos tan sugerentes como Guacamayo (1966), o Satán (1987), donde el color y la materia pictórica se erigen en auténticos protagonistas de cada una de estas obras.         La última serie considerada es, sin duda, de las más representativas en el contexto de su producción: la relativa a los jardines y flores, integrada por nueve trabajos: La casa del jardinero, obra realizada en el Jardín Botánico de Madrid, de 1932; Patio del Museo Romántico, Madrid, de 1946; Plantas (1980), La encina (1981) y Banco de los enamorados (1982), tres óleos elaborados en el jardín de su propia casa de Torrelodones, El Tomillar; Florero en la ventana (1986); Flores (1990); Abetos de Torrelodones (1990) y Flores (1991). Todas estas composiciones no son sino la confirmación de que los entes vegetales constituyen para el artista sujetos fundamentales de la Creación, y como tales los inviste de esencial protagonismo en sus obras.                 Quedan de este modo expuestos ante el espectador en su más absoluta esencialidad, que Botí sublimiza verificando un empático y sensitivo análisis de cada uno de estos motivos fitomórficos. Botí es un artista de exquisita sensibilidad, cuyo dominio del oficio se oculta tras una aparente ingenuidad. Su pintura, de atemperado colorido, ha ido evolucionando con el paso del tiempo, fluctuando desde las fórmulas que interiorizó en sus estancias parisinas ―ciertas notas cubistas y de tratamiento de color matissianas― hasta la consecución de un mayor rigor y consistencia constructiva determinados por el acertado uso del cromatismo, que encauzó bajo la tutela y el magisterio de Vázquez Díaz, para alcanzar finalmente sus particulares parámetros estéticos. 

La obra de Botí incorpora y hace suyos una serie de antecedentes en los que el lírico y puro pintor cordobés gusta reconocerse: así, la pureza de Fra Angélico, el ascetismo de Zurbarán, la organización del paisaje cezanniana, el ingenuismo de Rousseau, la fría luz plateada de Vázquez Díaz... a lo que habrá que añadir la intimidad y el silencio de los patios de Córdoba, su arquitectura escueta y germinal, verdadero leit motiv del hondo y cordobesísimo paisaje de Botí. 

        A nuestro entender, el artista intensifica, decanta y purifica la realidad, y la estiliza como una fina y gozosa nota musical, y todo bajo el signo de una armonía interior que inspira toda su obra. Su paisaje urbano, nada monumental, está conformado con una límpida sencillez, con una pulcra y esencial dicción que huye de todo lo solemne, abigarrado y barroco, hasta socavar lo esencial, para mostrarnos su verdadera y auténtica consistencia interior. Rafael Botí tuvo impresa incesantemente en su retina una imagen plural y al mismo tiempo sintética de la Córdoba más visceral, que convirtió en auténtico fundamento de su pintura. 

El magisterio de Vázquez Díaz, su gravedad, ceden ante el lirismo poético de este músico cordobés, que supo “orquestar” como nadie las claves lumínicas del color. Sus composiciones sencillas reordenan todo modelo visualizado por el artista, transmutando en esencia misma, por medio del cromatismo, cada propuesta figurativa. Títulos como Patio de Viana o Noche de Córdoba sintetizan dos de las lecturas predominantes en su obra: la objetivación hedonista, proclive a la complacencia voluptuosa en la materia y, de otra parte, la introspección reflexiva, vertiginosamente exteriorizada desde el yo interior del artista.

Más información


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jueves, 2 de junio de 2022

“La Córdoba de Rafael Botí”, libro ilustrado sobre la pintura y la figura de Rafael Botí

Portada del libro
Autorretrato de juventud, por Rafael Botí


Julia Sáez-Angulo

2/6/22.- Madrid.- Rafael Botí Gaitán (Córdoba 1900- Madrid 1995) fue un músico y pintor que dejó huella por su buen saber hacer y cuenta hoy con un Centro de Arte Contemporáneo y una Fundación Provincial de Artes Plásticas que llevan su nombre en Córdoba, su ciudad natal. Ahora la Diputación Provincial de la citada ciudad andaluza ha publicado un gran libro ilustrado ricamente de imágenes de la obra y fotografías, sobre la vida, la figura y la obra de Rafael Botí, que acoge los textos, estudios y comentarios sobre los distintos aspectos del personaje.

Entre los nombres que figuran en el libro para comentar como testigos, el trabajo artístico de Rafael Botí, se encuentran: Antonio Manuel Campoy, Antonio Ruiz Cruz, Carmelo Casaño, David Ledesma, Jaime Brihuega, Ángel Aroca, Carlos Clementson, Antonio Gala, Rosa Luque o Francisco Solano.

Al final del libro, Rosa Luque lleva a cabo una entrevista con el hijo del pintor, Rafael Botí Torres, coleccionista y mecenas, en la que dice: “Aunque yo no pinto nada, he vivido rodeado de arte y artistas”. Como mecenas este coleccionista ha donado 62 cuadros de su padre y una treintena de otros artistas como don Daniel Vázquez Díaz, Pedro Bueno, López Obrero… y con esa generosa donación al Centro de Arte Contemporáneo Rafael Botí de Córdoba.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2011/08/boti-ferrer-lopez-obrero-y-rodriguez.html

https://lamiradaactual.blogspot.com/2010/07/rafael-boti-octogenario-y-gran.html

https://lamiradaactual.blogspot.com/2017/08/rafael-boti-recuerdos-y-evocaciones-del.htm

"Córdoba", pintura de Rafael Botí

sábado, 25 de septiembre de 2021

Manzanares incrementa su patrimonio pictórico con un óleo de Rafael Botí

Donación de la familia al Ayuntamiento

Reproduce un patio manchego y fue pintado en 1938 cuando el prestigioso pintor cordobés vivió en Manzanares

Alumno aventajado de Julio Romero de Torres, Rafael Botí Gaitán (1900-1995) fue un reconocido músico y pintor cordobés que se refugió en Manzanares durante la guerra civil española. En esos años de barbarie, impartió clases en el instituto de esta ciudad y solo pintó un cuadro, un patio manchego que ahora, su familia, ha donado al Ayuntamiento manzanareño.

Rafael Botí Torres (dcha.) entrega el cuadro al alcalde (izda)


L.M.A.

    09-09-2021.- Madrid.- Rafael Botí Torres hizo entrega del cuadro de su padre al alcalde de Manzanares, para patrimonio del municipio.

    ‘Patio manchego’, título de la obra, es un óleo sobre cartón de 25 x 30 centímetros que Rafael Botí pintó en Manzanares en 1938. Tal fue el afecto que el autor y su familia tuvieron por esta obra que nunca se desprendieron de ella. Ahora, tras la donación efectuada este miércoles por su hijo, Rafael Botí Torres, formará parte del patrimonio pictórico municipal y ocupará un lugar relevante de su colección de arte. De momento, se expondrá en el Gran Teatro junto a las obras del 44º Certamen de Artes Plásticas que hoy ha abierto sus puertas.

    Esta donación se materializó en un sencillo y emotivo acto celebrado en el salón de plenos en presencia del alcalde, Julián Nieva, y del concejal de Cultura, Candi Sevilla, así como de quien actuó como catalizador de la misma, el investigador Antonio Bermúdez García-Moreno. Cuando trabajaba en la ampliación de la edición digital de su libro sobre la II República y la Guerra Civil en Manzanares encontró el nombre de Rafael Botí como profesor del instituto de la localidad. Entonces comprobó que se trataba del prestigioso pintor que da nombre a la fundación de artes plásticas de la Diputación de Córdoba y contactó con su hijo en Madrid.

    El estallido de la Guerra Civil sacudió a Botí en Madrid. Tras estudiar en París fijó su residencia en la capital de España, donde seguía formándose y tocaba la viola en la Orquesta Filarmónica madrileña. Su casa ardió en un bombardeo y, junto a su familia, se refugió en Manzanares, donde su mujer tenía parientes. Vivió en la calle Virgen de la Paz y no tardó en encontrar trabajo como profesor de dibujo y bibliotecario en el instituto de Secundaria situado en la mansión de los marqueses de Salinas. Uno de sus alumnos fue el pintor manzanareño Francisco Clemente Maeso, según explicó Bermúdez.

    Fue el propio investigador quien sugirió al hijo de Botí que esa única obra que su padre hizo en Manzanares volviera al lugar donde se pintó. La familia aceptó y decidió su donación al pueblo que les abrió las puertas en aquellos dramáticos años, reconoció con emoción Rafael Botí Torres.

    Tras dos años y medio en Manzanares, Botí volvió a Madrid acabada la guerra e ingresó en la Orquesta Nacional de España. Y tras mucho tiempo sin exponer, con un estilo modernista que no encajaba en aquel momento, en 1959 relanzó su actividad pictórica, siempre experimental y logrando que su obra, muy cotizada, formara parte de prestigiosas pinacotecas y colecciones privadas.

    El alcalde, Julián Nieva, agradeció la labor de Bermúdez y el altruismo de la familia Botí con la donación a la ciudad de esta obra de arte que tanto representa para ellos y que ahora se exhibirá en una ciudad que vive la cultura y apuesta por ella en todas sus facetas y ramas, destacó el primer edil.

domingo, 4 de octubre de 2020

Rafael Botí, pintor y músico. Reestructurada y abierta su nueva página Web


Museo Romántico. Madrid



L.M.A.

    5/10/20.- Madrid.- Ha quedado reestructura y abierta la nueva página Web del pintor y músico Rafael Botí: http://www.rafaelboti.es/
En el prefacio de la misma escribe el historiador de arte Jaime Brihuega:

    Por las circunstancias de su biografía la figura del cordobés Rafael Botí recorre todo el curso del arte español del siglo XX. A su vez, el hecho de que la historia de ese siglo esté partida en dos por la Guerra Civil de 1936 define la naturaleza asimétrica del díptico en el que se inscribe la andadura de este artista.
    Desde su primera formación en Córdoba bajo el magisterio de Julio Romero de Torres hasta la explosión del conflicto bélico, Rafael Botí es un artista cuya ejecutoria se entreteje en momentos muy importantes del intenso proceso de la renovación artística española. Por el contrario, en la segunda parte de su vida, el pintor va a moverse casi exclusivamente en los parajes de un mundo interior, donde percepción del presente y vigencia de la memoria se alean sobre el territorio de un lenguaje invariablemente fiel a sus propios presupuestos.
    Bastaría con detenerse en algunos cuadros de Rafael Botí para ver ilustrados con elocuencia los perfiles de tal situación. Así, por ejemplo, Alcornoques de la sierra de Córdoba (1922), Jardín Botánico (1923) o Fuente Goiri (1925) señalan cómo su vocación plástica, que abraza todavía los restos del decadentismo de fin de siglo, se va enfilando poco a poco hacia la potencia expresiva de una autonomía cromática atenta ya a estéticas pictóricamente más puras como la nabi o la fauve.
    En cambio, Estación de Atocha (1925) es un claro exponente de su implicación en esa lúcida sensibilidad, urbana y a la vez suburbial, asentada en la situación de arranque de nuestra vanguardia histórica. Con ello Botí participa de la conciencia crítica con la que, por las mismas fechas, artistas como Barradas, Maroto, Alberto, Palencia, Maruja Mallo, Tejada o un jovencísimo Dalí buscaban imbricar el proceso de modernización artística en nuestra realidad histórica concreta. Complementariamente a lo anterior, el Bodegón de los papeles (1928) confirma que esa generación renovadora también tuvo la aspiración de entroncar su actividad con las corrientes que en ese momento definían la modernidad en la escena internacional.
    En una obra tan significativa como El canal de Fuenterrabía (1926), por citar sólo la punta del iceberg de un brillante capítulo de su producción, se detecta hasta qué punto el magisterio de Vázquez Díaz ha ido inclinando a Botí hacia el sentido constructivo de la forma. Un camino que, sin embargo, no renuncia al equilibrio que procura la tradición clásica. Y hoy sabemos que esto último fue una pieza fundamental del discurso de la modernidad, como también que ese geometrismo sosegado supuso el centro de gravedad estética de la renovación plástica española de los años veinte.
    A diferencia de lo que ocurrió en otros artistas de su tiempo, el horror que produjo la Guerra Civil en Botí se muestra a través de la placidez isleña y melancólica de Patio manchego (1938). Pero, a continuación, la sórdida miseria de la posguerra asoma sin demasiados paliativos en obras como Paisanaje de Madrid (1942) o Ventorro del arroyo del Abroñigal (1942).
    Es a partir de este momento cuando se abre esa segunda hoja del díptico a que nos hemos referido, definida por el ensimismamiento pictórico. Paseo junto al Jardín Botánico (1970) o Fuente del olivo (1973) son cuadros capaces de retrotraernos a una sensibilidad muy próxima a la que Botí desplegaba a principios de los años veinte. A cambio, una obra como Campos de Castilla (1955) indica cómo en la pintura de Botí se entrevera a veces la voluntad de mirar el mundo en términos estéticos propios del momento que estaba viviendo.
Consecuentemente al pulso que se detecta en su obra, la presencia del artista en la cadena de acontecimientos que organizan la historia y la estructura de nuestra modernidad artística se concentra fundamentalmente en la primera mitad del siglo XX.
    Botí fue uno de los participantes en el madrileño Primer Salón de los Independientes, inaugurado el 30 de noviembre de 1929 en el Salón de El Heraldo de Madrid, que se agrupaba a artistas como Cobo Barquera, Insúa, Arronte, Servando del Pilar, Isaías Díaz, Félix de Torre, Ponce de León, Pablo Zelaya, Díaz Caneja y López-Obrero.
Igualmente, el pintor concurrió a otros tres importantes hitos del proceso de modernización del arte español que por esas fechas tuvieron lugar en Granada: la Exposición Regional de Arte (XI-1929, Casa de los Tiros) y los dos Salones Permanentes de Arte Moderno (ambos celebrados también en la Casa de los Tiros, durante 1930).
    En abril de 1931, la recién constituida Agrupación Gremial de Artistas Plásticos (AGAP) publicó en la prensa madrileña el famoso «Manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales», en el que se exhortaba al nuevo Gobierno republicano para que arbitrase medidas modernizadoras en el orden artístico. Rafael Botí figuraba en la nómina de sus firmas, todas ellas muy significativas para nuestra renovación artística: Souto, Climent, Díaz Yepes, Pérez Mateo, Renau, Planes, Mateos, Moreno Villa, Santa Cruz, Isaías Díaz, Pelegrín, Servando del Pilar, Puyol, Barral, Winthuysen, Castedo, Masriera, F. Maura, Badía, Dieste, Almela, Colinas, Valiente, C. Gómez, y Rodríguez Luna.
    Botí figuró también en otros tres importantes acontecimientos expositivos madrileños del periodo republicano. En una muestra organizada por la llamada Federación de las Artes (que no era otra que la propia AGAP transformada), en mayo de 1931 en la Biblioteca Nacional; exposición que reunió también obra de Planes, Pérez Mateos, Díaz Yepes, Cordón, Isaías Díaz, Castedo y Pelegrín. En una segunda edición de la muestra anterior (II Exposición de Pintura y Escultura, noviembre de 1931 en el Ateneo). E incluso en una tercera, en la que bajo el epígrafe «Nueva Federación de las Artes» (mayo de 1932, Museo de Arte Moderno) reaparece un grupo de artistas relacionado con las organizaciones antes mencionadas (Castedo, Climent, Isaías Díaz, Moreno Villa, Pelegrín, Servando del Pilar, Souto, Planes, Pérez Mateo, Díaz Yepes y Rodríguez Luna).
    Así pues, en la trayectoria de Rafael Botí se alean y concatenan en el tiempo dos cualidades importantes en la vocación artística contemporánea. La voluntad de acompasar el arte con la Historia y la fidelidad del artista a los perfiles de su propia experiencia estética, entendida como lenguaje de relación con el mundo. Dos rasgos aparentemente contradictorios, pero sin los cuales el arte perdería su papel de función necesaria de la condición humana.


Retrato del sobrino Juanito, por Rafael Botí


Estación de Atocha



jueves, 16 de febrero de 2017

“Vázquez Díaz y sus discípulos”, exposición en el Centro Cultural Moncloa de Madrid






Julia Sáez-Angulo

            “Vázquez Díaz y sus discípulos” es el titulo de la exposición colectiva de pintura que tiene lugar en el Centro Cultural Moncloa de Madrid, muestra que permanecerá abierta hasta el 31 de marzo de 2017. El comisario de la exposición es Tomás Paredes, presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, AECA.

            Además de obras del maestro don Daniel Vázquez Díaz, se muestran pinturas de Rafael Botí, José Caballero, afael Canogar, Luis Caruncho, Javier Clavo, J.M. Caneja, Agustín Ibarrola, Juan Antonio Morales y Pablo Celaya.

            En las palabras de presentación Tomás Paredes recordó que el cubismo y poscubismo llegó  a los artistas españoles a través del maestro Daniel Vázquez Díaz (Nerva. Huelva, 1882 – Madrid, 1969), que había residido en París quince años. Fue un artista decisivo en su magisterio para numerosos pintores españoles.

            Entre los asistentes se encontraba el crítico de arte Rafael Botí (hijo del pintor), que conoció muy de cerca de Vázquez Díaz, amigo de su padre, y del que ha coleccionado numerosas pinturas y dibujos, de estos últimos, una buena parte pasó a la colección de dibujos de la Fundación Mapfre.

            “Vázquez Díaz fue el gran maestro de varias generaciones. Cuando volvió de París necesitó dar clases de pintura para ayudar a su economía, pero terminó siendo la enseñanza alimento de su propia vocación de pintor”, ha escrito Rafael Canogar en el catalogo de la exposición.

            “Siento y pienso al compás de mi tiempo. El fuego del arte contemporáneo me hace vivir apasionadamente. Lo que yo no puedo hacer ya, quiero que lo hagan mis discípulos, transmitiendo ese fuego, esa pasión que a mí me ha hecho vibrar”, son palabras de Vázquez Díaz.

            Nerva, la ciudad natal de Vázquez Díaz cuenta con un interesante museo del pintor.

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Centro Cultural Moncloa
Plaza de Moncloa, 1
Madrid
Horario: Lunes a viernes de 16,30 a 21 de la tarde.
Sábados de 11 a 14.

domingo, 5 de julio de 2015

Manuel Molano, ganador del XVI Certamen de Pintura en directo Rafael Botí en Torrelodones





Torrelodones




Carmen Valero

         Manuel Molano López, que tuvo lugar en Torrelodones ha sido el ganador del XVI Certamen  de Pintura en directo Rafael Botí. El premio dotado con tres mil quinientos euros, fue entregado por la alcaldesa Elena Biurrun. Se trata de una gran cuadro en collage de madera, que alterna la figuración abocetada con la geometría.

         El segundo Premio Casino Gran Madrid, fue para Manuel Gracia, por un tondo neo-futurista que acogía imágenes de Torrelodones. Dotado con dos mil euros, fue entregado por Paula Arriaga Teruel.

         El tercer premio Pintor Rafael Botí fue para Francisco Javier Barco Pablos. Dotado con mil quinientos euros, fue entregado por el coleccionista Rafael Botí, hijo del pintor.

         Los tres accésit correspondieron a Irene Cuadrado Hernández, Beatriz Díaz Horcajo y Esther Fernández Rosa.

         El jurado estuvo compuesto por el coleccionista Rafael Botí Torres; el escenógrafo Alfonso López Barajas; los profesores de Bellas Artes Antonio Parralo y Francisco López Soldado; la crítica de arte Julia Sáez Angulo; el presidente de la Asociación de Críticos de Arte, AECA, Tomás Paredes Romero, Paula Arriaga Teruel , del Casino Gran Madrid en Torrelodones y Rosa Rivet Sánchez, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Torrelodones.

Laura Jack, directora del Centro Cultural de Torrelodones, lugar en que se efectuó el certamen y donde se exhibirán los 32 cuadros seleccionados de los 83 participantes en el certamen, estuvo presente durante la selección de obras, coordinando el evento. La exposición de los seleccionados permanecerá abierta hasta el 12 de septiembre.



Entre los artistas seleccionados figuran Lola Saelices Santos, Miguel Torrus, Antonio de Ávila, Pedro de Miguel, Juan Antonio Tinte Moreno o Carolina Rodríguez Grande.

Tanto el premio del Ayuntamiento como el de Rafael Botí pasan a enriquecer las colecciones de arte de Torrelodones, que cuenta ya con dieciséis convocatorias del certamen de pintura al aire libre.





domingo, 28 de diciembre de 2014

Agustín Romo, Homenaje de críticos de arte y de pintores en Madrid



Agustín Romo



Julia Sáez-Angulo

         El periodista y crítico de arte Agustín Romo ha sido homenajeado por un grupo de críticos de arte y de pintores en el transcurso de un almuerzo que ha tenido lugar en Madrid. Entre los asistentes, Tomás Paredes, presidente de la Asociación Española de críticos de Arte, AECA, el coleccionista Rafael Botí y los pintores Mercedes Ballesteros y Pablo Reviriego.

         El presidente de AECA recordó con simpatía la trayectoria de Agustín Romo, con el que compartió la gran amistad de un amigo común, el pintor y restaurador Antonio Arnau. Mercedes Ballesteros, como anfitriona elogió la labor crítica del periodista, así como su amistad sostenida en el tiempo.

         Agustín Romo Peco (Abanade. Guadalajara, 1929)  ha llevado a cabo una larga carrera profesional como periodista de radio y prensa escrita desde la década de 1950 en Madrid. Formó parte del equipo de redacción del célebre locutor Boby Deglané y con él trabajo en la Cadena Ser, Radio Intercontinental; La Voz de España, REM, y Radio España, en programas tan populares como Cabalgata de fin de semana.

         Agustín Romo ha trabajado principalmente en el periodismo cultural y ha entrevistado a grandes figuras del mundo del cine y la literatura como Ava Gadner, Marlon Brando, Edgard Neville, Ana Mariscal, María Dolores Pradera, Conchita Velasco, Celia Cruz…


Homenaje a Agustín Romo


Colección de números uno

         “Ava Gadner era la mujer más guapa que he conocido y con muy mal genio”, cuenta Agustín Romo. “A Conchita Velasco le hice su primera entrevista y ésta le ayudó mucho en su lanzamiento”. “Ana Mariscal era una de las mujeres más interesantes que he conocido”. “Marlon Brando me resultó un hombre humilde y paciente”. “Con la cubana Celia Cruz llegué a una gran amistad. Me mandaba postales de todos los lugares donde actuaba. Ella salió como chica de portada y quedó siempre muy agradecida”.

         Como crítico de arte, Agustín Romo colaboró entre otros medios en Correo del Arte, revista dirigida por Antonio Morales. Ha escrito numerosas críticas y textos de catálogos.  Entre los artistas que destacaría se encuentran Eduardo Naranjo y diversos acuarelistas como Julio Quesada, Félix Herráez, Pastor Calpena, José Azpilicueta, Pablo Reviriego, Ceferino Olivé, Francisco Noblejas, Manuel Cano, Rafael Alonso, Pedro Trapero, Edmudo Lloret… y “Mercedes Ballesteros, pinta los textiles de los manteles bordados como nadie es capaz de hacerlo”.
        
         El pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín hizo un retrato de Agustín Romo, que el periodista conserva con orgullo.

         Notable caricaturista, Agustín Romo coleccionó números uno de distintas publicaciones, que fueron saliendo en España, colección que acabó vendiendo al Faro de Vigo.

         Agustín Romo, que ha publicado distintos libros sobre artistas plásticos, prepara actualmente un libro titulado Las rimas de Romo, con numerosos romances que editará en breve Círculo Rojo. Igualmente tiene en cartera otro libro titulado Siglo nuevo, refranes nuevos, donde da la vuelta a más de trescientos refranes, como “Año de nieves, ni vas, ni vienes”.

        
Mercedes Ballesteros con Agustín Romo