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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Raúl Fuentes Acosta, Fotógrafo venezolano del Hiperrealismo Abstracto




Julia Sáez-Angulo


Afincado en Madrid, Raúl Fuentes Acosta (Caracas, 1969) es un fotógrafo singular, cuyas obras han llamado la atención entre los críticos y coleccionistas españoles. El hiperrealismo abstracto es motivo de su retina y su cámara, consiguiendo efectos visuales de gran impacto y belleza.

Economista de formación, se decantó por la actividad fotográfica que estudió a fondo y se definió en un campo nuevo para aportar su creatividad particular a la ya larga historia de la fotografía. Los resultados son asombrosos y el espectador de su obra imagina al autor recorriendo las ciudades o diversas geografías, en busca de lugares donde la geometría de las retículas, de las rejas, filamentos, metales, textiles o construcciones ofrece una imagen pura, congelada y abstracta.

Urban, Alquimia, Croma, Cuadrícula, Cubil, Dúctil, Mural, Vertex... son algunas de las series fotográficas de Fuentes Acosta, todas ellas cuidadas y de gran belleza. El cuerpo humano fue durante un tiempo motivo de su cámara, y con el jugaba a descubrir luces, sombras y sugerencias. El desudo como género, todo un reto ya que constituye un arquetipo en la Historia del Arte.

La fotografía de Fuentes Acosta tiene mucho de pictorialista, al menos en esta última serie de hiperrealismo abstracto, pero no un pictorialismo a la manera del XIX y principios del XX, en la que el fotógrafo buscaba encuadra paisajes naturales de la misma forma en que lo hacía un pintor al aire libre.

Pintores y movimientos plásticos de referencia

El autor venezolano que nos ocupa tiene en sus referencias la mirada de las vanguardias, con los constructivistas a la cabeza de su interés (Venezuela ha dado el gran nombre de Cruz Díez; también los vecinos Julio Le Parc o Negret... seguido del nuevo realismo o la abstracción gestual, pero todo ello tratado de modo renovado, en una vuelta de tuerca particular y genial.

Con estas referencias bien asumidas por Fuentes Acosta –un artista intelectual que trabaja el concepto-, algunas de sus fotografías traen a la memoria nombres como Hains, del nouveau realisme francés, con sus desgarramientos de carteles pegados en la pared; las abstracciones de los muros de Antony Tápies (incluidas algunas cruces), los trabajos de Tobby o Pablo Palazuelo.

Francisco Acosta Ramírez, de la Universidad de Colombia, titulado en Artes Plásticas Contemporáneas de la Universidad Complutense de Madrid, escribe con acierto sobre el fotógrafo venezolano: A medida que avanza en sus experimentos fotográficos y en el estudio del arte contemporáneo se va perfilando en un lenguaje emparentado con la pintura, el dibujo e incluso la escultura”

En resumen, Raúl Fuentes Acosta es un fotógrafo a tener en cuenta, a seguir su trabajo y a coleccionar sus obras en pleno proceso creativo lleno de audacia y energía. El fotógrafo artista se encuentra en su plenitud, en un momento dulce, clave para los espectadores y coleccionistas.

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miércoles, 28 de julio de 2010

Julia Sáez Angulo habla sobre “Nacimiento, muerte y resurrección de la Pintura” en el Ateneo Escurialense




L.M.A.

         28.07.10.- San Lorenzo de El Escorial.- La escritora y vicepresidenta de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte ha impartido una conferencia en el Ateneo Escurialense sobre “Nacimiento, muerte y resurrección de la Pintura”. La escritora fue presentada por la pintora Antonia Nieto Saltar, que dirige el seminario de arte en el citado Ateneo, con la colaboración de Jesús Timón Hontiveros, secretario de la institución.

El presidente del Ateneo Escurialense, el filósofo José María Calvo, que ha editado recientemente el libro “Filosofía para caminantes. Más distracción y menos medicación”, publicado por Libros en Red, clausuró el acto y el curso académico en el aula del citado Ateneo, que se reabrirá en septiembre.

Sáez-Angulo comenzó recordando la fábula de Plinio el Viejo (79 después de Cristo) y el mito de la caverna de Platón, sobre el nacimiento de la pintura para hacer seguidamente un recorrido rápido por los avatares del género artístico en Grecia, el Medievo y el Renacimiento.

El núcleo de la conferencia se centró sobre la visión de la pintura en las vanguardias históricas de los años 20 y sobre todo en las vanguardias radicales de los años 60 (conceptual, pop art, body-art, land-art, instalaciones, performances, video-arte, etc) en las que la pintura se puso en cuestión al considerarla un arte obsoleto y del pasado. La desmaterialización del objeto se iba imponiendo paulatinamente.

A comienzos de los 70 se llegó a hablar de que “la pintura había muerto”, así como los museos y el mismo Dios. Después de los excesos –como ha sucedido siempre en la Historia del Arte-, se produjo una vuelta al orden y respeto por la pintura, defendida en España por el célebre ensayo del pintor Antoni Tápies, que lideró el informalismo catalán, y en Madrid por Luís Gordillo, cabeza de fila de una serie de pintores que practicaban la “nueva figuración madrileña”.

Ambos grupos en Cataluña y Madrid defendieron la pintura de modo renovado. La pintura tiene que reinventarse a sí misma con nuevos planteamientos, venían a decir. Lo mismo iba sucediendo en los circuitos artísticos internacionales, en los que la pintura se iba renovando hablando de sí misma o de la vida e interior del artista, más allá de la mimesis de la naturaleza o representación visual de la realidad

Tres exposiciones de reflexión pictórica

Sobre la persistencia o no de la pintura en el arte se han llevado a cabo tres exposiciones de interés en la galería Marlborough o en museos como el MACUF de La Coruña o el MUSAC de León.

“Lo único que a lo largo de la historia del arte no ha cambiado en la Pintura ha sido su propio término” ha señalado el profesor David Barro. La pintura ha ido reinventándose a sí misma a través del tiempo con distintos soportes y pigmentos, así como sobre la propia temática de los géneros.

Como conclusión, la conferenciante señaló que la Pintura no podía morir porque es una actitud antropológica del hombre, más allá de la misma forma de expresión artística que conlleva. El estado de la cuestión es que la pintura ha perdido su papel hegemónico en los museos y las exposiciones y que se ha expandido a otros soportes como la escultura, la arquitectura o el video.

Con la larga polémica sobre en la segunda mitad del siglo XX, la Pintura ha salido fortalecida y respetada, al abrir sus planteamientos y posibilidades dentro de sí misma y al hibridarse con otros géneros.

Entre los asistentes al acto se encontraban numerosos artistas como Juan Moral, Linda de Sousa, Ruslán, Purificación García, Héctor Delgado, Manuela Picó, Eduardo Cárcamo, Concha Hornero, Carmen Tabernero, Inga Ivanova y los comentaristas de arte Elisa Sáez y Benito de Diego.

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martes, 5 de enero de 2010

Álvaro Torroba, metamorfosis plástica y espíritu de la materia en el Arte

obra de A. Torroba


Julia Sáez-Angulo

Álvaro Torroba pertenece a la saga de arquitectos que indagan la creatividad plástica en la pintura, el relieve y la escultura o -más exactamente en su caso- en una sabia conjunción de técnica mixta. El artista ha expuesto recientemente en Madrid y en el Centro Cultural de Guadarrama.

Después de su paso en los 80 por cierto expresionismo de alusiones figurativas con disecciones del cuerpo humano, en cierta línea o tradición de Millares –algunos críticos citaban o mencionaban las reses abiertas en canal de Rembrandt o de Naim Soutine-, Álvaro Torroba (Málaga, 1950) derivó a un constructivismo más ordenado en la geometría. Una depuración acertada de formas.

Con maderas, chapas, textiles, arpilleras, cuerdas o hilos, el artista va elaborando sus obras de manera limpia y ordenada como si quisiera armonizar el caos del despojo y lo povera en una reconstrucción estética a la vez que ética. Una velada llamada, frente el despilfarro consumista- del posible reciclado en el arte.

Sus piezas aparecen ante el espectador como una metamorfosis sutil y refinada de lo aparentemente tosco y desechado por otros. Sólo la mano del creador –parece decirnos Torroba- es capaz de insuflar el hálito de vida a la materia, de devolver es espíritu a la naturaleza caída en el menosprecio. Una poética humilde y solemne al mismo tiempo.


Del objeto encontrado a la manipulación sabia

Amor frente al desdén del rechazo. Recreación ante los pecios del naufragio en una sociedad que tira sin mirar con delectación la materia como hace el artista salvador de la misma. Una tarea sotérica ante los materiales aparcados. El artista sabe recuperarlos y llevarlos con sus manos a una nueva existencia, a una vida trascendente y luminosa.

Álvaro Torroba se alinea de esta forma en la serie de artistas que han tomado el objet trouvé como punto de partida, como el sabio pobre de la fábula que recogía las hierbas que otro arrojó. Viene a la memoria el magisterio de Tápies, aunque sean muy distintos los presupuestos de partida, tanto en el pensamiento como en la ejecución. Washington Barcala, Gerardo Rueda o Amy Albers también estarían cerca en lo que a utilización de algunos materiales se refiere.

Los cuadros o relieves de Torroba están lejos del constructivismo de borde duro, inmaculado, impecable y al uso entre los constructivistas habituales. Su constructivismo trasciende más allá porque tiene alma sin que falte el humus. El despojo casi franciscano llevado a las alturas del espíritu.

La belleza y exquisitez del arte de Álvaro Torroba se aprecia en esas composiciones que, en su mayoría, denomina “Sin título”, como si no quisiera que nada, que ningún concepto o mención distrajeran de la propia génesis de la obra. Primero fue la creación y luego la kábala puso los nombres.

Asombra ver composiciones hermosas y silentes hechas a base de maderas –diversas tablillas rectangulares de pequeño tamaño en su cromatismo original- atravesadas finalmente por una chapa de hierro que subraya la proporción áurea de la composición.

Tramas y urdimbres de textiles y chapas

Otras veces son tramas, urdimbres, mallas o retículas de textiles o chapas metálicas a las que lleva a formar una especie de cruz a base de una caja oxidada, deshecha y aplastada.

Con tiras de lienzo pintado es capaz de urdir o recomponer, en la geometría la belleza olvidada y perdida o que quizás nunca tuvo. Surge así un cuadro en el que la pintura toma nuevo significado, más acorde con la tradición y el lenguaje de las vanguardias del XX. Una nueva epifanía de significados.

Álvaro Torroba tiene la inteligencia del arquitecto y las manos prodigiosas del buen artesano, para elaborar sus piezas artísticas presentadas siempre de manera elegante y exquisita. Nulla aethica sine aestetica